martes, 29 de diciembre de 2009

Deseos de fin de año…


Se termina otro año, por lo menos para una buena parte de los habitantes del mundo. Otras culturas y otras gentes celebran en otras fechas, no menos importantes que la nuestra. Así, este mes de fines y de principios, representa para nosotros la culminación de un tiempo y desde estas voces del sur, aprovechamos el espacio para desear, para seguir soñando, para continuar ratificando que la palabra nos dota de la dimensión humana, que con ellas podemos nombrar el mundo, decirnos los miedos y cantarnos las esperanzas.

Ojalá el 2010 nos traiga la sensibilidad y la humanidad para sentir como propias, porque propias son, las ajenas hambres. Ojalá nos duela el niño que muere de sed y nos conmueva el que juega con chapitas de botellas en cualquier barrio del mundo. Ojalá sepamos reconocernos en los otros, en sus miradas, en sus pasos, en sus heridas. Ojalá tengamos la valentía para luchar por un mundo mejor, uno que es imprescindible para que nuestros niños y nuestras niñas puedan crecer, alegres, completos y libertarios.

Ojalá seamos más humanos y nos dejemos conmover por un atardecer y por el aroma de una flor que crece risueña en los resquicios de la acera. Ojalá sepamos cómo detener en el recuerdo el sonido de las hojas de un árbol mecido por la lluvia y nos embargue los recuerdos una tarde sin sol en cualquier parque con cielo y no en un centro comercial con vidrios y vidrieras.

Les deseo, y me deseo, para este 2010, toda la risa y todo el dolor que nace de la aventura del vivir, de amar, de rozar lo amado y recordar lo perdido. Que nos amanezca siempre el olor del café recién colado y nos duerma con tibieza un cielo limpio de humos y contradicciones.

Que nos regalen nuestros hijos, nuestros sobrinos y nuestros nietos, el color con que miran el mundo en los papeles garabateados de la vida recién inaugurada, que nos presten de vez en cuando su estatura para aprender a mirar las ventanas y las pelotas, que desde sus tallas de mágicos enanos tienen otro sabor y otras texturas. Que nos den en concesión por un par de minutos sus ojos para mirar y mirarnos las estrecheces y las sombras que vamos adquiriendo y acumulando con los años y que nos regalen un poco de su desparpajo y su risa para espantar los dobleces del alma.

Deseo, nos deseo, un domingo que tenga el sabor del pan recién horneado y la lectura de un diario que no dé cuenta de las muertes, sino de las vidas vividas. Que un día nos amanezca el amor más hondo, el más limpio de culpas para que nos devuelva la alegría de amar y ser amados.

Y que de vez en cuando y sin previo aviso nos asalte al doblar una esquina, una duda, un silencio, un llanto, llano y prolífico que nos muestre y nos demuestre que humanos somos y que no caben en nosotros más certezas que la de la muerte.

Nos deseo también una tarde de buenas conversas y buenos amigos. Una noche de soledades. Un libro para meterse y perderse, un poema de amor, una sonrisa a solas, un roce amado, una madrugada de pasiones, un insomnio, una buena pregunta que no tenga respuesta y una respuesta a algo que aún no hemos preguntado. Deseo en fin, que este 2010 nos encuentre dispuestos a jugarnos la vida por la vida misma, por nuestra infinita capacidad de amar, de sumar voluntades y de juntar sueños. Ojalá seamos capaces en este 2010 que se aproxima a ser mejores, mejores seres humanos, pero no por miedo a infiernos de mentira ni por temores a dioses diversos, sino porque nos nace del centro mismo de la convicción que no estamos solos, y que las otras y otros que pisan la misma Tierra, son al final de cuentas un claro y llano “nosotros”.


Nos leemos nuevamente en 2010…

¡Feliz Año Nuevo!

sábado, 19 de diciembre de 2009

José Javier Sánchez, memorias de hace poco


Hay una poesía que surge de las nuevas voces, de las voces jóvenes, que sin embargo llevan entre sus pliegues todo el dolor y la memoria de las gentes, sus sueños y sus derrotas. Hay una poesía que aunque joven tiene el sabor de otros años, la textura de la vida ida, de las ancestrales desgarraduras del alma. Esa es la voz de José Javier Sánchez (Caracas, 1970), poeta venezolano, palabreante de la magia que sabe nacer del papel y entregarnos sin envoltorios los ecos de las calles de Caracas, de la vida que nace y muere en un país colmado de ausencias y de esperanzas.

“El hambre de los barrios no es igual al hambre de los pueblos, / ni a la de las urbanizaciones, ni a la de los conventos. / Es un hambre distinta. / A fin de cuentas lo importante es no ser desnutridos del alma / y aunque el niño, el joven o el anciano le dan un distinto tratamiento / si usted es un niño del barrio y llega a ser del barrio anciano / seguro pasará por todo esto”.
(Allá arriba en los barrios de Caracas, fragmento)

Fragmentos para una memoria, publicado por la Editorial El Perro y La Rana, en 2007, es una colección de imágenes, de fotografías que muestran barriadas y amores, hambres y anhelos. Cada verso es un trazo, una pincelada… cada poema un grito, una angustia, una verdad sin cortapisas, sin sombras. Tiene su poética las voces todas, las risas y los llantos, el amanecer de un día cualquiera y la bala que cruza la rabia en cada palabra.

“lástima que la muerte insista en imponerse / y le ofrezca pistolas o pipas de crack a los adolescentes / y les garantice una nota de prensa en el mejor de los casos / lástima que ya no sea tan muchacho / la mayoría de ellos no crea en lo que escribo / y ahora los vea desde la otra acera / pistola en cintura soñando con comerse una parrilla en El Junquito / o tener una moto o pisar los dieciséis a regañadientes”.
(Estos versos que no pretender ser un epitafio, fragmento)

El poema es también denuncia, porque el poeta es pueblo y sabe del café colado y del hambre y de la muerte. Sabe también de amores y buenos vientos, aunque de vez en cuando se le crucen borrascas de llantos. Esta poesía joven bañada de augurios y de algunas certezas encuentra en el poeta el silbido y el naufragio, porque en la voz de José Javier Sánchez bullen todas las otras voces, las nuestras.

“Allá arriba en los barrios de Caracas / El hambre es el sol y el firmamento / los niños la espantan en la calle jugando fusilando callejero / se le ocultan jugando al escondite, / en un papagayo la elevan al cielo. / La baten contra el piso con sus trompos / le golpean con sus metras el rostro / con sus gurrufíos la mutilan, la aniquilan, / siempre la corren con sus juegos”.
(Allá arriba en los barrios de Caracas, fragmento)

Y un poema de amor que no salva el mundo, como escribió Pereira, estalla en el papel. Amando los odios y los cuerpos José Javier Sánchez desanda los caminos y desata las humedades. Una mujer como una imagen, como un susurro, como una caricia que se convierte en la palabra justa, en el roce y en el verso.

“Esperaré a que usted llegue y se desnude / para endulzar mi aliento con sus besos, / calmar mi sed en el mar de sus entrañas, / encontrar la paz en el regazo de su orgasmo. / Luego la adoraré; la haré santa; Diosa Africana. / Será usted mía y le daré la libertad de partir cuando le plazca”.
(Despójese de sus harapos y sus trastos, fragmento)

Se presiente la calidez de los sonrojos en los versos de José Javier, como una invitación a recorrer sus versos para adentrarse en esa Venezuela de roces, de contradicciones, de luchas, de avanzadas. Todo lo humano, lo divinamente humano, cabe en su poesía, por eso es tal vez es un descubrimiento hallar sus palabras que tienen la dimensión exacta de la memoria y del eco.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Juan Gelman, hacia el sur


La poesía no se hace sola, no la escriben los poetas encerrados en sus soledades, sino que es más bien, voz y verso de todos. Son ecos de los ecos, de los tiempos idos y de los bares, de las calles, de las plazas, de los sueños. Así son precisamente los versos de Juan Gelman (Buenos Aires, mayo de 1930), ese poeta que sabe de torturas, de desapariciones, de exilios, de luchas y de esperanzas. En él, en sus palabras que esgrimen el canto y el fusil, cabe la América mayúscula, la que duele y resuella la siembra y la sangre. Gelman poeta imprescindible de estas tierras y estas gentes, poeta que a viva voz denuncia el miedo y el atropello, la pérdida y la memoria, escribe y canta el poema, escribiéndonos y cantándonos las risas y los llantos.

“A este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre”
(Arte poética, fragmento)
Se trata de resistir, a la muerte, al odio y sobre todo al olvido. Resistir, resistiendo juntos, amando en los odios y en las desgarraduras del alma. A Gelman le asesinó la dictadura lo más hondo de sus entrañas y siguió resistiendo, aunque un poco más muerto. Trataron de acallarlo y su silencio estalló en todas las esquinas, desempolvando las sombras con las que incendiaron el Sur. Por eso su palabra es siempre presente y es grito y faro y es nomeolvides.

“Sentado al borde una silla desfondada, / mareado, enfermo, casi vivo, / escribo versos previamente llorados por la ciudad donde nací. / Hay que atraparlos, también aquí / nacieron hijos dulces míos / que entre tanto castigo te endulzan bellamente. / Hay que aprender a resistir. / Ni a irse ni a quedarse, / a resistir, / aunque es seguro / que habrá más penas y olvido”.
(Mi Buenos Aires querido)

Gelman interroga con sus versos y las respuestas son las lecturas que cada quien y cada cual hace de sus palabras. Y porque calla la certeza es que despierta la duda en cada página. Son sus poemas un viaje al sur, al sur de América y a América del Sur, donde anidan los cóndores y las altas cordilleras. Su poética es la del combatiente que no ha perdido jamás la ternura y se entrega con la hondura de todas las humanas pasiones.

“te escribo en una hojita de papel / caída del cuaderno del hijo / con una baca un vurro / sumas restas / esta carta que enviaré jamás / tiene delicias y tristezas / y cuando la leías te ponías muy dulce / porque yo no escribía nada / pero cantaban los pájaros / azules de la izquierda / volaban a tu sombra y callaban / con los ojos abiertos / como memorias en la noche”.
(Carta)

El amor con todos sus nombres aparece en los versos del poeta argentino. Es la mujer con nombre de patria, de tierra olorosa al campo y a la labranza, a la ciudad y sus recovecos y a los ecos del alma. Cada vértice, cada cóncavo sentimiento emerge de las fronteras, la de la piel y la de los mapas.

“ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mí paciencia para mí dime qué diablos hago por qué te necesito quién eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte acabarte mezclarme en tus huesitos y eres única patria contra las bestias el olvido”
(Preguntas)
Es el poeta y el poema un gesto, una caricia, un batir de alas, una mañana, una duda, la sombra, la noche, la tregua, la mirada. Poesía que sabe mostrar y mostrarse abierta al recuerdo y a las entrañas, la voz de Gelman es voz del sur que aún reclama
.

Rafael Alberti, poesía marinera

Vive en su voz la mar, las aguas del destierro, el vaivén de la esperanza y la vida que no muere ni espera sino que se agita libre entre las olas. Poesía marinera es la de Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 16 de diciembre de 1902 - ibídem, 28 de octubre de 1999), poesía que supo y sabe cantar las sombras, los musgos, el sexo, la muerte, los ires y los venires de todo cuanto está vivo y late en la memoria. Rafael Alberti poeta de la República Española, el que tiene voz de exilio, voz de aguas, de ríos, de mares, de sueños. Rafael Alberti el poeta marinero que surca las hojas con que llega libre y colorido a esta otra orilla que también lo nombra.

“Hoy las nubes me trajeron, / volando, el mapa de España. / ¡Qué pequeño sobre el río, /y qué grande sobre el pasto / la sombra que proyectaba! / Se le llenó de caballos / la sombra que proyectaba. / Yo, a caballo, por su sombra / busqué mi pueblo y mi casa”.
(Canción 8, fragmento)

Alberti amó lo más libre, lo más alto y lo más hondo de las gentes. En sus andares llegó al Chile de Allende de la mano de Neruda y desgarró su voz y su suerte con sus muertes. Porque supo del compromiso del poema y abonó la tierra con sus versos es que viven los que mueren por la vida, como cantó Alí Primera. Por eso, por su palabra profunda, por su canto encendido de esperanzas, por sus verbos libres y adjetivos justos es que Alberti, poeta marinero, es voz de la España que quiso ser República y que hoy renace en estas tierras.

“No los creáis, cubría / su rostro la misma máscara. / La lealtad en la boca, / pero en la mano una bala. / Al fin, los mismos en Chile / que en España. / Ya se acabó. Mas la muerte, / la muerte no acaba nada. / ¡Mirad! Han matado a un hombre. / Ciega la mano que mata. / Cayó ayer. Pero su sangre / hoy ya mismo se levanta”.
(Al presidente de Chile, Salvador Allende)

La mar es en Alberti una mujer. Enamorado de su silueta, de sus formas y sus orillas, el poeta marinero, alza la humedad en el verso. Su poética del compromiso, sabia y paciente, le abre espacios al deseo, savia y simiente. La mar dice Alberti, la mar con sus estrepitosas olas, con sus vientos y sus sales, sus aromas. La mar es una mujer y el verso la desnuda.

“Subes del mar, entras del mar ahora. / Mis labios sueñan ya con tus sabores. / Me beberé tus algas, los licores / de tu más escondida, ardiente flora. / Conmigo no podrá la lenta aurora, / pues me hallará prendido a tus alcores, / resbalando por dulces corredores / a ese abismo sin fin que me devora. / Ya estás del mar aquí, flor sacudida, / estrella revolcada, descendida / espuma seminal de mis desvelos. / Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta, / éntrate toda entera en mi garganta, / y para siempre vuélame a tus cielos”.
(Canciones para Altair, fragmento)

Alberti, poeta y pintor de los mañanas imprescindibles, ese que supo decir el color y pintar la palabra, fue y será siempre voz necesaria. Hay que volver, una y otra vez al recuerdo, al futuro. Decir presente a los presentes y no olvidar nunca. Ese es el amor poema, versos nacidos desde el siempre y el ahora. Artista plástico y poeta, Alberti no vendió su palabra, sino que vivió el tiempo y el mañana. Fundó con su obra una proclama, una bandera sin mástil, creyó lo creíble y cantó la esperanza.

“Creemos el hombre nuevo / cantando. / El hombre nuevo de España, / cantando. / El hombre nuevo del mundo, / cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo, desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. / (…) / Nada hay solitario en la tierra. / Creemos el hombre nuevo cantando”.
(Canción 37, fragmento)

Roque Dalton, la palabra al viento

Lo cierto es que lo asesinaron, pero siguió diciendo. Lo cierto es que cayó por las balas, pero siguió escribiendo. Lo cierto que es lo mataron, pero se empeñó en seguir viviendo. Ese es Roque Dalton, el de la muerte compañera y traicionada, poeta de ese El Salvador de contradicciones y de luchas, de palabras, de sones, de vidas, de lluvias.

La Taberna y Otros lugares, libro de poemas con el que Dalton ganó en 1969 el Premio Casas de las Américas, es un irreverente viaje a la memoria de las luchas de esta América mayúscula. Roque Dalton (San Salvador, 14 de mayo de 1935 - 10 de mayo de 1975) late en los sueños y vibra en las palabras con que narró el mundo, el suyo, el nuestro… Este poeta fue más que un poeta, fue un combatiente, un fiel amante de las libertades, las individuales y las colectivas, por eso su nombre es un puente y una bandera, una invitación sin despedidas.


“Carlos Marx / maravillado ante una mariposa. / ¿Es que eso / tiene algo de confesión? / El Secretario General del Comité Central / se mete el dedo gordo en la nariz. / Por el contrario / eso, / ¿bulle de humana hermosura? / El bello niño / (recién expulsado de nuestras filas, pero aún bello) / recibe un tiro en el ojo / y todos los buitres del mundo / piden permiso para entrar en la ciudad. / Oh mariposas para enmudecer! / AH oficinas de la Revolución! / Lo que soy yo me compro una pistola”.
(Por las dudas)


También el amor se enciende en sus versos, el cuerpo infinito del deseo, la caricia sin dobleces, el amasijo de sudores y humedades, las manos, la duda, los ojos… lo humano sin sombras, la pregunta que de tanto silenciarse se vuelve eco de otras voces.


“Cuando anochece y tibia / una forma de paz se me acerca, / es tu recuerdo pan de siembra, hilo místico, / con que mis manos quietas / son previsoras para mi corazón. / Diríase: para el ciego lejano / ¿qué más dará la espuma, el polvo? / Pero es tu soledad la que puebla mis noches, / quien no me deja solo, a punto de morir. / Somos de tal manera multitud silenciosa…”
(Tu compañía)

Estos poemas nacieron al calor de susurros y conversaciones que el poeta escuchó de otros revolucionarios y obreros en una taberna de Europa del Este, son la suma de muchas noches y otras tantas reflexiones que dan cuenta del pensamiento y la utopía de una época, de un tiempo que no termina, porque cabalga a pelo sobre la historia. Son sus palabras voz profunda que se levanta contra las injusticias, porque Dalton fue de esos poetas comprometidos con las gentes y sus heridas, de allí que su palabra siga viva, cálida en las lecturas de nuestros roces y éstos, sus mismos sueños.

“Encallecido privilegio este orgulloso sufrir, / no se rían. / Yo, que he amado hasta tener sed de agua, luz sucia; / yo que olvidé los nombres y no las humedades, / ahora moriría fieramente por la palabrita de consuelo de un ángel, / por los dones cantables de un murciélago triste, / por el pan de la magia que me arrojara un brujo / disfrazado de reo borracho en la celda de al lado…”
(Algunas nostalgias)


No hay ni habrá nunca un sepulcro que aprese las incendiarias palabras de este hombre, poeta y revolucionario. No habrá porque no se pueden cortar las alas de los pájaros en vuelo, y la muerte no es más que un intento de acallar lo que gritó en todas las esquinas y en todas las hojas que sus manos cubrieron de tinta. Los buenos poetas, los rebeldes con causa, los quijotes del tiempo, los labriegos, los obreros, los militantes de la esperanza no mueren, sino que viven para siempre en la memoria.


“País mío vení / papaíto país a solas con tu sol / todo el frío del mundo me ha tocado a mí / y tú sudando amor amor amor”.
(Temores, fragmento)

sábado, 7 de noviembre de 2009

Nicolás Guillén: voz del mundo

Toda la voz del África resuena en sus versos, toda la voz de América en sus palabras, todas las voces, todas, en sus manos y en sus ojos que supieron ser alas para atravesar los mares y puentes para encontrarnos. Nicolás Guillén, Camagüey, 10 de julio de 1902 - La Habana, 16 de julio de 1989, anduvo las calles de La Habana, dibujando sueños y cantando libertades.

“¿Lejos? / Hay un arco tendido / que hace viajar la flecha / de tu voz” cantan los versos de Guillén, poeta cubano en el que resuenan los ecos libres de los viejos esclavos. Su poética tiene el sabor de los tambores y besa con los labios dulces de la caña, sus manos prendidas de estrellas se agitan como banderas sobre los cielos de La Habana.

“Negrón, negrito, / ciruela y pasa, / salga y despierte, / que el sol abrasa, / diga despierto / lo que le pasa... / ¡Que muera el amo, / muera en la brasa! / Ya nadie duerme, / ni está en su casa: / ¡coco, cacao, / cacho, cachaza, / upa, mi negro, / que el sol abrasa!” (Canción de cuna para despertar a un negrito, fragmento)

Esta América que fue y que sigue siendo, esta Patria callada de heridas, encontró en los versos de Guillén la medida exacta de sus sueños, porque en él supo nacerse libre, como una mujer de morenas piernas y largos pasos, hambrienta de verdades y caricias, con el vientre colmado de mañanas.

“La sangre es un mar inmenso / que baña todas las playas... / Sobre sangre van los hombres, / navegando en sus barcazas: / reman, que reman, que reman, / ¡nunca de remar descansan! / Al negro de negra piel / la sangre el cuerpo le baña; / la misma sangre, corriendo, / hierve bajo carne blanca. / ¿Quién vio la carne amarilla, / cuando las venas estallan, / sangrar sino con la roja / sangre con que todos sangran? / ¡Ay del que separa niños, / porque a los hombres separa!” (La sangre es un mar inmenso, fragmento)

Las costas bañadas de barcos negreros con las velas izadas de nostalgias estallan por fin libres en los versos de este poeta nuestroamericano. Sus pasos supieron decir y decirnos lo nuestro, lo que arrebatado y presa de grilletes, encontró por fin la canción que lo libera y así las heridas, aunque aún abiertas, se secan de azules mares y altos vientos. Son versos cantarines que denuncian, infinitamente jóvenes, la opresión primera y la explotación que vino después desde el norte. En él la revolución cubana, vivida desde la lucha y la poesía, tiene el canto germinado de caricias, porque sus versos son en la música un fusil de margaritas.

“No me dan pena los burgueses vencidos./ Y cuando pienso que van a dar me pena,/ aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos. / Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas, / pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes, / pienso en mis largos días sin camisa ni sueños, / pienso en mis largos días con mi piel prohibida, / pienso en mis largos días Y / No pase, por favor, esto es un club. / La nómina está llena. / No hay pieza en el hotel. / El señor ha salido. / (…) / Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo, / ¿qué carajo me pide usted que haga? / Además, pregúnteles, / estoy seguro de que también / recuerdan ellos”. (Burgueses, fragmento)

Nicolás Guillén es poeta imprescindible, de esos que saben nacer una y otra vez, en los suelos de estas tierras y en las manos labriegas y en los ojos curiosos y en las ganas y en las luchas. Nicolás Guillén fue y seguirá siendo, siempre, poeta, voz de este sur de esperanzas.

“Haz que tu vida sea / campana que repique / o surco en que florezca y fructifique / el árbol luminoso de la idea. / Alza tu voz sobre la voz sin nombre / de todos los demás, y haz que se vea / junto al poeta, el hombre”. (Palabras fundamentales, fragmento)

viernes, 16 de octubre de 2009

Cintio Vitier: adiós a un poeta

Nacido en Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 1921, el poeta Cintio Vitier falleció en La Habana, Cuba, el 01 de octubre de 2009. Cubano de hablares y sentires, de amores trascendentales y palabras hondas, Vitier es una de las voces latinoamericanas más arraigadas en el imaginario poético de estas tierras y estas gentes.


Todo en él era y será poesía, su mirada del mundo, sus sudores, compromisos, sus pasos por esa ciudad de mares y calles de olores dulces y libertades. Cintio Vitier late siempre vivo en cada uno de sus versos y en los ojos de los amantes que detendrán la caricia para evocar el deseo, trémulo en el papel que los aguarda y los nombra.

“Y no hay reposo para ti, / única almohada / donde puede mi cabeza reposar. Y yo / me vuelvo / de las alucinantes esperanzas / que son una sola, / de los actos infinitos del amor / que son uno solo, / de las velocísimas palabras devorándome / que son una sola, / despegado eternamente de mí mismo, / a tu seno indecible, ignorándolo todo, / a tu rostro sin rasgos, a tu salvaje flor, / amada mía”. (Palabras a la aridez, fragmento)

Cuba es territorio poético y Vitier supo amarla y armarla, tantearla y transcribirla, hacerla suya y crearla. Abonó el país con sus palabras y se creció sobre Nuestra América, con esa honda mirada de las desgarraduras del alma y también de las otras. Por eso su partida, es una herida y la hoja en blanco no alcanza para nombrarlo.


“Mirándome está el deseo, / nocturno, solo, infinito; / callada va la nostalgia / llameando eternos vestigios. / No llega nunca mi gesto / a la tierra del destino; / la vida acaba inconclusa, / quedan los sueños en vilo”. (Algo le falta a la tarde, fragmento)


Fue él con sus trepidantes fuegos y sueños, sus adjetivos y sobre todo sus verbos en juego, el que supo contarse y contarnos las esquinas de La Habana, el contorno de la piel amada y el sonido metálico y tañido de las olas contra la corriente. La poética de Vitier fue capaz de enumerar las carencias y sobre todo volar amorosamente sobre ellas para darse cuenta de que la revolución es poesía en la medida en que es divinamente humana y perfectible.


“Estás / haciendo / cosas: / música, / chirimbolos de repuesto, / libros, / hospitales / pan, / días llenos de propósitos, / flotas, / vida, / con tan pocos materiales. / A veces / se diría / que no puedes llegar hasta mañana, / y de pronto / uno pregunta y sí, / hay cine, / apagones, / lámparas que resucitan, / calle mojada por la maravilla, / ojo del alba”. (Estamos, fragmentos)


Cintio Vitier aunque nació lejos, en la otra orilla, siempre estuvo y estará cerca, porque eligió el vértigo de saberse próximo y libre, optó por las pequeñas derrotas cotidianas que al final resultaron ser una gran victoria y terminó por anclar sus pasos a la ciudad de los ecos y echó sus velas a volar con los amantes.


“Lejos, lejos nací, / lejos de mi alma: / separada la vida / de la mirada. / Lejanía que fue / toda la patria, / como una cicatriz / que no cerrara. / No pude atravesar / la tarde rara: / lejos, lejos de mí, / no me abarcaba. / He visto, comprendiendo, / la mar morada, / el confín misterioso, / la doble playa”. (Lejos)


Se fue el poeta, como quedándose, como instalándose sobre la arena a contemplar un atardecer encendido de anhelos. Se fue sin haberse ido, porque vive en los labios de los que lo pronunciaremos en los venideros futuros y en todas las voces que lo bienvendrán en cada página.


“Nada serán mis palabras / si no encuentran otra boca / que las cante y las olvide /
y las devuelva a la sombra. / (…) / Nada será lo que soy / si en los otros no se apoya: / mi presencia en otro hombro, / mi esperanza en su congoja”.
(Nada serán mis palabras, fragmento).

domingo, 4 de octubre de 2009

La Negra Mercedes le cantará siempre a la vida


Hay voces y hay sueños que perdurarán mientras la historia sigan escribiéndola los pueblos. Hay palabras que nacieron para quedarse, porque en ellas habita lo más hondo y lo más alto de las gentes y sus anhelos. Hay cómo no, dolorosas despedidas y largos desconsuelos, y hay siembras que germinan infinitamente en los días por vivir.


Y así es la voz de Mercedes. Porque a la Negra aprendimos a quererla de la mano y los discos de nuestros padres, en las largas reuniones, en la vida que era, en la que queríamos que fuera.
Ella y toda la fuerza de los pueblos de esta América tan poco nuestra vivirá siempre en la memoria de éstos que fuimos y que de alguna seguimos sobreviviendo, como cantaba, como canta La Negra.

Cada Madre de Plaza de Mayo es Mercedes, cada niño, cada niña, cada anciano, cada joven capaz de levantar una bandera de lucha, cada pueblo en revolución, cada intento de liberación es Mercedes. Cada sueño de todos, cada canto libertario, cada grito, cada memoria es Mercedes. Por eso vive y vivirá siempre, porque con ella muchas y muchos aprendimos el canto de esta tierra, su voz nos enseñó a ser rebeldes y soñadores, porque cada uno de sus cantos acompañó los nuestros.

LA TUCUMANA
Haydée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1935. Un hogar humilde cobijó sus primeros años y precisamente de allí viene su apego por el arte del pueblo.
En octubre de 1950, con el seudónimo de Gladys Osorio, ganó un certamen radial, cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora.


Una década después, el nombre de Mercedes Sosa ya estaba comprometido con el canto popular, integraba el Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente renovadora del folclore, que surgió en la provincia de Mendoza.


En esos años, diversos escenarios abrían sus telones para recibir su canto. Fue cuando La Negra grabó su primer disco: “Canciones con fundamento”.


Y en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en 1965, Argentina pudo conocer a esta cantante.

En marzo de 1966, grabó “Yo no canto por cantar”, tal fue la aceptación de este disco, que siete meses después, fue invitada a grabar “Hermano”. A fines de 1967, La Negra hizo conocer “Para cantarle a mi gente”, un disco que acumuló un importante caudal de poesía argentina y latinoamericana.

En abril de 1967 se había presentado en Europa y Estados Unidos con exitosas actuaciones en Miami, Lisboa, Porto, Roma, Varsovia, Leningrado, Kislovo, Sochi, Gagri, Bakú y Tiflis. Durante esa gira conoció a Ariel Ramírez quien le propuso, de inmediato, ser la voz de “Mujeres Argentinas”, trabajo que se concretaría en 1969, luego de la aparición de “Zamba para no morir”, una recopilación con los temas de mayor trascendencia grabados hasta ese momento, y “Con sabor a Mercedes Sosa”, en el que registró por primera vez “Al jardín de la República”.

CANCIÓN DEL COMPROMISO
Después de haber grabado “La voz de Mercedes Sosa”, “Homenaje a Violeta Parra” y “Hasta la victoria”, un disco lleno de canciones cargadas de contenido social y político. "Mercedes Sosa" y "Traigo un pueblo en mi voz", aparecieron en 1973. En 1977, "La Negra" le rindió un homenaje a uno de los grandes compositores y cantores populares argentinos con "Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui". El clima político que vivía el país cada vez se sentía más opresivo.


En 1979, se editó "Serenata para la tierra de uno". Aún en medio de la violencia que sacudía a Argentina, Mercedes seguía cantándole a la vida. El hostigamiento y el cerco que se fue formando en torno de ella la obligaron a exiliarse. Ese año fue detenida en la ciudad de La Plata junto con todo el público que había ido a verla cantar. Ese mismo año se instaló en París y en 1980 se mudó a Madrid.

Aunque supuestamente, Mercedes podía entrar y salir del país, porque no tenía causa judicial alguna, no podía cantar. Pudo regresar a un escenario argentino el 18 de febrero de 1982, un par de meses antes que la dictadura se embarcara en la Guerra de Las Malvinas. El régimen militar que desde poco más de un lustro atrás sometía al país, había comenzado a agonizar. En el Teatro Ópera de Buenos Aires realizó más de una docena de conciertos.

Con estas actuaciones Mercedes no sólo se reencontró con su público de siempre, sino que allí la vieron por primera vez miles de jóvenes que desde entonces la convirtieron en su voz. Poco tiempo después regresó definitivamente a su país.

REGRESO
A finales de 1983, se conoció "Mercedes Sosa", un disco en el que grabó varias canciones que serían algunos de sus grandes éxitos: Un son para Portinari, María María, Inconsciente colectivo, de Charly García, La maza y Unicornio, de Silvio Rodríguez, Corazón maldito, de Violeta Parra y Me voy pa'l mollar, junto con la cantante Margarita Palacios.

EN DEMOCRACIA
Como productora, organizó Sin fronteras, uno de los espectáculos más importantes presentados en Argentina, en el que reunió en el estadio Luna Park de Buenos Aires, a siete cantantes latinoamericanas: las argentinas Teresa Parodi y Silvina Garré, la colombiana Leonor González Mina, la venezolana Lilia Vera, la brasileña Beth Carvalho y la mexicana Amparo Ochoa.

RECONOCIMIENTOS
A lo largo de su trayectoria Mercedes Sosa fue declarada Ciudadana ilustre de Tucumán, recibió la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania; la Medalla al Mérito Cultural del Ecuador; la Placa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, en reconocimiento a sus 30 años de difusión del canto latinoamericano; el Premio ACE 1993, por su disco "Sino" y el Martín Fierro 1994 al mejor show musical en televisión, así como también recibió el Gran Premio CAMU-UNESCO 1995, otorgado por el Consejo Argentino de la Música y por la Secretaría Regional para América Latina y el Caribe, del Consejo Internacional de la Música de la UNESCO; el Premio de la UNIFEM, organismo de las Naciones Unidas; Konex de Platino 1995 a la Mejor Cantante Femenina de Folclore y Konex de Brillante a la Mejor Artista Popular de la Década. También el Gobierno del Estado de Rio Grande do Sul le otorgó la Medalla Simöes Lopes Neto en honor a sus méritos artísticos y personales puestos al servicio de la unidad de los pueblos.

MEMORIA VIVA
La Negra Mercedes dedicó su vida a cantar la tierra y sus gentes. Por eso su voz jamás dejará de estar presente, de ser una bandera que baila con el viento de los tiempos por venir. En ella se hicieron universales otras voces y otras palabras. En ella siguen anidados y anudados los mejores sueños latinoamericanos.
En ella cantan todas las voces y toda la América. Mercedes es territorio de lo posible, de esa Patria que hecha jirones se crece en las ganas y en las luchas.
Es cierto, despedirse a veces es una herida abierta, Mercedes estando ya no estará. Pero cada vez que alguien cante sus canciones dirá presente, porque ella siempre le cantará a la vida. “Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto, y el canto de todos que es mi propio canto… Gracias a la vida, gracias a la vida”.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Miguel Márquez: memorias


“Naufragar / es sólo esto: / callarse”.

Otea la memoria. Sus ojos se pasean por los paisajes recopilados en los dedos. Se interroga. Se mira, mirándonos. Está allí. Él y todas sus voces. Y estas páginas que vienen a pronunciarnos con el sabor del café recién colado y la mañana inaugurada de sombras.


Miguel Márquez (Caracas, 1955) tantea los espacios, viene, va, con la palabra a cuestas, creando el mundo que nace y se rehace en cada imagen que podamos enunciar. Nos lega La memoria y el anzuelo, para asirnos a la realidad y sus aristas, sus miradas múltiples y todos los sueños y todas las ganas que caben en ella. “El alma / está de noche y la luna / redonda está allá arriba / y sola / sin saber / que un cangrejo la mira, / le sigue el paso / durante horas”.

Publicado por la Editorial El Perro y La Rana, en la colección Poesía Venezolana, en 2006, La memoria y el anzuelo es una antología poética que recoge en su seno diferentes etapas y publicaciones del autor, “con la particularidad que no se limitan a un orden cronológico o bibliográfico, sino que están organizados como las piezas de ajedrez de un tablero cuyas variantes se presentan en el tiempo de acuerdo a las decisiones y estrategias que asumimos y trazamos en un momento determinado”, refiere el poeta en la nota introductoria.


Tiempos, imágenes, memoria hecha verso, andante, humana, en su humedad y en sus giros. Movimiento, vida y adiós. El poema es el abismo, la cima, la gracia, la magia, la vida con que el poeta enumera los minutos vividos y por vivir. El poema es la respiración y el último aliento.


“Aquella conversación / que hacía del mundo, hasta de las más modesta / de sus cacerolas, una ocasión / para que espigara el lujo, / echara flores como el viento, / hoy rueda calle abajo / como una hoja de periódico”.


Germina en la página la mirada próxima y ajena. El verso propio, el impropio y del otro. Poema que alza la mirada y la voz, y se encuentra y se pierde en la noche de un mar sin espuma. Miguel Márquez, desnudo de máscaras se sabe aguas y sudores, grano de arena y anzuelo con el que atrapar los días que siempre terminan por huir.


“En la disolución del mundo / que a cada instante agoniza, / estoy solo, nuevamente solo / como tú, como él, como cualquiera”.


Y también lo amado y por amar, o sus contrarios, afloran en La Memoria y el Anzuelo. El poeta, hombre como cualquiera, como todos, seduce y se deja seducir por la caricia y el abandono. El poeta, titiritero de las estrellas y las ganas, traduce en el papel cada humana conmoción, cada lágrima y cada goce, y nos la entrega convertida en canción para el futuro.

“Sé como el sol / que es maniático / y relincha de gusto / al aceitar sus crines / Haz que florezca / el cuerpo, el claro / deseo de vivir; / de amanecer entre algas. Sé un río / de rápidos peces, / la mano / que hace girar / la tierra. / Que tu piel / sea la raíz / de los helechos / Ítaca / la tierra prometida”


Al final el poema define al hombre, a su capacidad infinita de creación, de sentirse vivo en el otro, en la prolongación de la historia y de los sueños. El poema es la palabra que aunque no salve el mundo, lo devela, lo intuye, lo crece, lo abona. El poeta es el asombro de saberse canto y saberse grito, gemido y susurro, pleno y único en cada otro u otra que se asoma a sus rendijas.


“En voz baja, / cuando nadie los piensa, /surgen / (…) / El relámpago del amor los estremece / y brota de la tierra un árbol. / (…) / Surgen los poemas en voz baja, / cuando nadie los piensa / y nadie tampoco los merece”. (En voz baja, fragmento)


* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 20 de septiembre de 2009

sábado, 19 de septiembre de 2009

Colombia: Tríptico de la indignación


“El prisionero / sólo tiene para protestar / su propio cuerpo”, versos de Fernando Vargas que definen una poética de la resistencia, en una Colombia llena de matices y de aristas, de sueños y de sangres sembradas en la tierra.


Tres poetas colombianos, Fernando Vargas, Darién Giraldo y Fernando Cely se encuentran en las páginas de Tríptico de la Indignación, publicado por el Proyecto Editorial Independiente Isla Negra, en el marco de la Feria Internacional y Popular del Libro, Colombia 2009.

Se trata de recuperar la memoria para abrir la senda de un mañana que no sólo es posible sino imprescindible, se trata de construir colectivamente una visión del mundo que debe necesariamente tener en cuenta el dolor venido de décadas de barbarie y asombro, porque en Colombia la vida se volvió un acontecimiento extraordinario. Sobrevivir es el signo de los muchos que nada tienen y pasan los días deambulando los impuestos silencios. El lenguaje que no tiene nada de inocente sigue llamando desplazados a los refugiados de una guerra en la que el inocente paga con hambre, miedo y destierro, de ahí que nace una poética capaz de nombrar con voz propia la vida y sus sombras a cuestas.

“He inventado un país de cuerpo derrochado, / de dinamita mojada por el tiempo, / por la lágrima mortal de los desheredados. / Un país que detenta sus misterios / con golpes de instante e imágenes de victoria, / un país que nace y respira / al compás de una brújula que no marca el Norte” (Fernando Vargas, Épica del desheredado, fragmento)

Y es que la palabra poética pronuncia el mundo y sus realidades, se adueña de los ecos para hacerlos grito, para echarnos en cara todo el dolor que callamos y vendemos, todo lo que pensamos que no nos pasa, porque les pasa a otros. Como si el dolor ajeno, no fuera también nuestra propia derrota. Así, los versos de Fernando Cely narran el odio anidado en los hijos que no alcanzaron a nacer, huérfanos de vientres, desnutridos de amores y esperanzas. “Pero estoy aquí / para gritar / de frontera a frontera / de trinchera a trinchera / lo que la palabra reclama / con poesía o sin ella”.

Palabra justa, honesta, decantada de poses. Poetas que sabiéndose las heridas abiertas encuentran en los versos un estandarte para enumerar las ausencias. Esta poesía colombiana, tan americana, tan nuestra, dibuja los surcos de la vida que es, la que pasa con los ojos en las trastiendas del alma.

“Quiero encontrar un verso / que detenga las balas / que inundaron de muerte / aceras y veredas, / las lágrimas perdidas / de madres desmembradas / y huérfanos sonámbulos. / Quiero encontrar un verso / para iniciar un capítulo nuevo / en nuestra historia” (Fernando Cely, Urabá, fragmento)

Vienen y van, estas y otras muertes, estas y otras vidas, mientras los poetas no callan la ira, sino que la izan en los mástiles y en las hojas, para que no sean olvido, sino memoria de la tierra, de los olvidados y de los vencidos. Estos versos de hoy, que saben a café, a selva y a flor marchita tienden puentes de encuentro, para abrazarnos las dudas y anudarnos las ganas. Saben, sabiéndonos mudos y por eso estallan desde las esquinas del silencio.

“Madre: / Mira los muertos sobre las flores / míralos desnudos en la danza / en el rito del tiempo / bajo el empeine desolado de esta tierra / que va quedando sola” (Darién Giraldo, fragmento)

Dejo aquí estos versos y estos poetas, vecinos a los sueños. Son ellos los que agitan las banderas y sin vientos nortes van amainando las balas y las babas con que el odio detiene la respiración del próximo prójimo a desmembrar. Son ellos y otros ellos los que andan soñando más y mejores mañanas, a ellos siempre la bienvenida.
* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 13 de septiembre

lunes, 7 de septiembre de 2009

Jotamario Arbeláez: saudade


Las historias individuales siempre están entretejidas con las idas y venidas de las otras historias, la de los otros, las que saludan desde la oscuridad de algún ropero o al doblar la esquina. Tienen que ver siempre con el cuento de los años idos, esos que incluso no alcanzamos a vivir. Porque aunque nos sintamos de cuando en vez con la soledad a cuestas, no estamos solos porque somos el resultado de lo que fue antes nuestro, aquí y allá. Esta vida que vivimos es gracias a los que estuvieron antes, a los que siguen estando y a los que ya no están, gracias incluso a esos anónimos que no registran los libros y ni siquiera alguna crónica roja local.

Y esas historias mínimas, la de las vidas sin grandiosas hazañas y sin estatuas en los parques son las que cuenta poetizando Jotamario Arbeláez (Cali, Colombia, 1940), en Paños menores, libro ganador de la segunda edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, publicado por el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en 2008.

El jurado del premio galardonó este poemario por la “fuerza vital de sus imágenes, su poética contemporánea y la renovación que hace del lenguaje coloquial entretejiendo en el mismo la ironía y el humor”. Son sus recuerdos, el país que vivió, el que se le quedó adherido a la piel, el que surge con fuerza de la humedad del alma o las entrañas y se estampa terriblemente humano en las páginas de “Paños menores”.

“Padre / Con esta mano que me diste / Bendigo el mundo que me diste / Gracias te doy por la obra de tus manos / Y por la obra de tu amor / Desde mi nacimiento no tuvo paz tu pie sobre los pedales / Y la música de tu máquina de coser arrulló mi infancia / Y te debo no sólo el ánima que ambula con sus tejidos corporales / Sino el ropero que me has hecho” (Paño de lágrimas, fragmento)

Verso a verso y poema tras poema Arbeláez reconstruye su memoria, con algún que otro dejo de añoranza y sobre todo con la alegría divertida de haber vivido y tener la oportunidad de mirar hacia atrás y darse cuenta de que lo que fue ya no volverá. Es una poética de la memoria, de la propia y de la que se cruzó en sus veredas, la que salpicó de nomeolvides esto que día a día consumimos sin más remedio. Arbeláez deja en sus palabras el sabor de toda esta América Nuestra, de esta patria hecha de ganas y de hambres, de veredas rotas y escuelas sin banderas en los mástiles.

“En la vida política de esta tierra ha corrido mucha sangre / y mucho sancocho de gallina / y políticos del siglo de este poema / no han terminado de hartarse de la una ni de lo otro” (Carnal de violencia, fragmento)

Llueve la vida sobre Paños Menores. La que no claudica, la que está mientras estemos, la que conduce siempre al mismo lugar, al mismo silencio… la vida de Jotamario es la vida del hombre, con sus bemoles y sus aciertos y sus viceversas, es la vida también de la maestra, del padre, del que arregla los motores, del que irrumpe en la panadería por un trozo menos de hambre, es la vida, la de él y la de todos nosotros, que leyéndolo lo recreamos en nuestro propio imaginario.

“Estamos en la tierra desde que tenemos memoria, porque / la condenación comienza con el recuerdo. Y aquí / hemos podido hacer las nuestras. / menos mal que nos expulsaron del paraíso. Hubiésemos / terminado por destruirlo” (Destrucción del paraíso, fragmento)

Las preguntas son lo que somos y lo que hemos podido ser. Somos al final de cuentas más nuestras dudas, que nuestras certezas… y el poeta pregunta, como quién sabe cuál es el eco que desde la primera página lo inunda todo, para naufragar al cerrar las últimas.

“Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando / Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta / invasión de bárbaros (…) Mis antepasados nos robaron la tierra / Mis antepasados no pudieron recuperarla / Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo / de mis antepasados / ¿De parte de cuáles de mis antepasados me pondré contra cuáles?” (Antepasados, fragmento)
* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 06 de septiembre de 2009

Festival Internacional y Popular del Libro


** Más de diez organizaciones culturales de escritores y editoriales alternativas de Colombia, periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de diversos países de América Latina y más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México, participarán en la segunda edición del Festival

Daniela Saidman
La palabra como un hecho liberador y profundamente humano abre espacios de encuentro y de libertades en un festival, que tiene como objetivo fundamental la recuperación de la memoria colectiva de los pueblos latinoamericanos y en especial del colombiano.
Más de diez organizaciones culturales de escritores y editoriales alternativas de Colombia, periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de diversos países de América Latina y más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México, se darán cita en Colombia del 07 al 13 de septiembre, en la segunda edición del Festival Internacional y Popular del Libro.
Entre las actividades previstas en el marco de la Feria se encuentran conversatorios, lanzamiento y presentación de libros, revistas, folletos y periódicos, así como obsequio y trueque de publicaciones. En el Festival de la Memoria se realizarán talleres de creación literaria con personas en situación de desplazamiento forzado y otras víctimas del conflicto armado, mientras que durante el Festival de la Paz y la Integración Latinoamericana se llevarán adelante diálogos con periodistas y líderes de movimientos de víctimas del conflicto armado. Otras actividades previstas son recitales, charlas, conferencias, talleres, mesas redondas y la inauguración de la primera Biblioteca Latinoamericana Comunitaria en Bogotá, esfuerzo posible gracias a la solidaridad militante de los invitados nacionales e internacionales.

CAUSAS Y AZARES
Con un manifiesto político estético, la convocatoria a la actividad fundamenta su accionar en la necesidad de una literatura para las mayorías, comprometida con la creación como oficio que debe nacer de la mirada conjunta y diversa a la realidad, y a las utopías realizables. Por esta razón, los organizadores de la Feria y sus participantes rechazan “la relación incestuosa de los llamados artistas representativos, que a nombre de todos los artistas y escritores colombianos y aprovechándose inicuamente de su posición en el mundo de la farándula; vienen desde los últimos meses y sin ningún pudor usando la bandera de la paz y la reconciliación y utilizando perversamente los deseos de paz mayoritarios del pueblo colombiano como plataforma para promulgar un discurso en esencia inequitativo y que posiciona a estos artistas en el rol de publicistas del actual gobierno de Colombia y del gobierno de Estados Unidos”.
El Festival Internacional y Popular del Libro convoca a escritores, gestores culturales, maestros, estudiantes, intelectuales y a todos aquellos que de manera franca y abierta apoyan y hacen arte y cultura popular, a no ver la cultura como una mera mercancía, sino como un derecho inalienable de los pueblos y las generaciones por venir.
Asimismo, consideran “que todo aquel o aquella que se sienta impelido por un genuino sentimiento de reconciliación y paz no puede hacerlo desde el apoyo al régimen actual (Colombia) y debe asumirse vocero de la memoria frente al grado de descomposición, violencia, ilegitimidad e ilegalidad del estado de cosas actualmente imperante en un contexto en el que aumenta la desaparición forzada por parte del gobierno nacional (colombiano) de sus opositores, los crímenes de Estado, los asesinatos extrajudiciales, la violación del DIH, entre otras situaciones alimentadas por el secreto y el olvido”.

RECHAZOS
El Festival Internacional y Popular del Libro rechaza abierta y enérgicamente “las bases estadounidenses en territorio colombiano y la utilización de bases colombianas por el ejército de los Estados Unidos”, debido a que éstas se diseñan y consolidan como una “estrategia del imperio por acallar al pueblo colombiano en nombre de la guerra contra el terrorismo y se configura además como punta de lanza para el ataque militar y mediático contra los caminos emancipadores que hoy recorren los pueblos de nuestra América y que son ineluctables”.
En todo caso, este encuentro será escenario propicio para contar y contarnos la memoria de un pueblo que limita geográficamente con el nuestro, pero que es uno en los sueños y en las ganas. La Feria Internacional y Popular del Libro, en esta segunda edición, se encontrará con la ternura y la rebeldía de escritoras y escritores de esta América Nuestra que sueña los sueños de un mundo más libre y más justo.




POR UNA LITERATURA LIBERTARIA
¿Existe una feria del libro para los barrios empobrecidos de la ciudad de Bogotá y sus municipios aledaños? ¿Existe un evento cuyos protagonistas sean las escritoras, escritores y comunicadores que cuentan las historias de sus pueblos y de sus barrios?
¿Existe un evento para los libros de los autores que se auto-editan y que no tienen apoyo para publicar sus obras?
¿Existe una feria del libro para los desplazados, para los familiares de los desaparecidos y asesinados, para los familiares de los falsos positivos? ¿Existe una feria que sea una fiesta de la memoria en un país del olvido?
¿Existe una feria donde los escritores interactúen con los lectores y donde las editoriales regalen y no vendan sus libros?
El Segundo Festival Internacional y Popular del Libro se realizará del 7 al 13 de septiembre en Bogotá, Soacha, Tunja y Chiquinquirá, y contará con la presencia de más de diez colectivos culturales, de escritores y editoriales alternativas de Colombia, más de diez periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina y con más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México.
(Fragmento del Manifiesto de la Feria Internacional y Popular del Libro)

sábado, 22 de agosto de 2009

Entran
tierra viento cuerpo
adentro

salen
sudor palabra mar
afuera
miran para escuchar
promesas sueños verdades
escuchan para sentir
el miedo que pasa y también el que queda
sienten para gustar
el refugio y la bandera
degustan
y se quedan ciegos
y los dejan mudos
son éstos que siendo no son
espejismos de la última página del diario

Los viajes de Antonio Machado




Camina hacia el infinito, hacia la memoria abierta de ecos, de roces, de pueblos. Camina siempre sobre la vida, nombrando y nombrándonos, reconociéndonos en los amores abiertos y en las ganas justas. Antonio Machado (España, 1875 – Francia, 1939) poeta cantor, sigue vivo en sus versos y en los ojos que tropezamos en ellos, recuperando su batir de alas en pleno vuelo.

Todo en él sigue siendo presente, la infancia, el recuerdo todo y la gracia de saberse vivo por sobre el hambre y el miedo, vivo para entonar poemas como fusiles, como banderas, como utopías, como sueños.

Antonio Machado hombre y mago, que supo encantar las palabras para trocarlas en palomas blancas le escribió a las heridas y a los anhelos, al tiempo que fue y al que será, empeñado en las cotidianidades que han sabido alzarse a los días que vinieron después.

“Y cuando llegue el día del último viaje / y esté a partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar”. (Retrato, fragmento)

Amante de las libertades, Antonio Machado falleció con un verso escondido en el bolsillo, un verso que es definición de su existencia y de sus sentires. “Estos días azules y este sol de la infancia". Recuperar su palabra, es de algún modo reencontrarse con lo mejor del ser humano, con su capacidad inquebrantable de amar lo más libre y más hondo que nos habita. Antonio, un marinero de océanos y de vidas…

“Algunos lienzos del recuerdo tienen / luz de jardín y soledad de campo; / la placidez del sueño / en el paisaje familiar soñado. / Otros guardan las fiestas de días aún lejanos; / figurillas sutiles / que pone un titerero en su retablo”.

En sus manos la palabra fue pincel para esbozar el mundo y sus paisajes, tal vez por eso la magia y el eclipse y el sol que sabe alumbrar el día. Sencillo en la exacta dimensión del hombre, Machado, exponente de la Generación del 98, es voz entre todos los ecos.

“Este hombre del casino provinciano / que vio a Carancha recibir un día, / tiene mustia la tez, el pelo cano, / ojos velados por melancolía; / bajo el bigote gris, labios de hastío, / y una triste expresión, que no es tristeza, / sino algo más y menos: el vacío / del mundo en la oquedad de su cabeza. / (…) / Este hombre no es de ayer ni es de mañana, / sino de nunca; de la cepa hispana / no es el fruto maduro ni podrido, / es una fruta vana / de aquella España que pasó y no ha sido, / esa que hoy tiene la cabeza cana”. (Del pasado efímero, fragmentos)

A Antonio Machado supo cantarlo Joan Manuel Serrat, un español que canta a otro y cantándolo nos canta también a nosotros aunque estemos más lejos. Universal en la evocación y en el anhelo, Machado es presente de los presentes, por eso hoy sus versos que saben decirnos la tierra y sus campos y sobre todo, los andares por el mundo y sus mares. Machado, limpio de peros… en sus versos anidan los vuelos y algún que otro naufragio.

“Guitarra del mesón que hoy suenas jota, / mañana petenera, / según quien llega y tañe / las empolvadas cuerdas. / Guitarra del mesón de los caminos, / no fuiste nunca, ni serás, poeta. / Tú eres alma que dice su armonía / solitaria a las almas pasajeras... / Y siempre que te escucha el caminante / sueña escuchar un aire de su tierra”.

Todo fue posible en su palabra, la sal, el llanto, el sueño, la vida, la risa y el cauce viejo. Machado, poeta de esa España que no pudo ser y que tal vez hoy sea en otras geografías, aquí tu voz de pasos y abrazos, aquí nosotros saltándonos los ecos.

“Poetas, con el alma / atenta al hondo cielo, / en la cruel batalla / o en el tranquilo huerto, / la nueva miel labramos / con los dolores viejos, / la veste blanca y pura / pacientemente hacemos, / y bajo el sol bruñimos / el fuerte arnés de hierro”.




* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 16 de agosto de 2009

Otero Silva: La muerte de Honorio


“El Barbero los escuchó pensativo, evidentemente conmovido bajo las tolvaneras de ternura que el solo nombre de su hijo despertaba en sus cuatro compañeros de cárcel”, narra Miguel Otero Silva (Barcelona, Venezuela, 26 de octubre de 1908 - Caracas, 28 de agosto de 1985), en uno de los pasajes de La Muerte de Honorio, publicado en 2000, en su primera reimpresión, por Monte Ávila Editores.

La muerte de Honorio, cuarta novela del escritor venezolano, es un llamado de humanidad, una caricia lenta, un batir de alas en medio de la brutalidad desatada por la dictadura de Pérez Jiménez.

Otero Silva, escritor del compromiso, supo abrazar la palabra para decirnos que era posible seguir luchando y conquistar así, los sueños. Lo dijo desde la pasión infinita de quien se sabe libre para enumerar las verdades, para elevarlas en las alas de los pájaros que cruzan nuestros horizontes.

Cinco hombres y cinco historias yacen leves en las páginas de este libro. Llegué a ellas en la adolescencia y marcaron cálidas y desgarradas los años que vinieron después, supieron desatar las preguntas que aún no tienen respuestas y limpiaron con sales y ojos, los dolores de otras geografías. Lectura imprescindible es La muerte de Honorio, porque sabe de amores y tormentos que no cesan a pesar de la mordaza, del silencio, de la oscurana, del hambre y del miedo. Aquí lo más humano de los humanos, su grito y su recuerdo, surcando el papel que dice presente, aunque nos hayamos ido.

“Tras dos meses de encierros en las bóvedas del fortín, me anunciaron el veredicto del tribunal militar. (…) y se me condenaba a doce años de cárcel. Pero lo dictadura se vendrá abajo muchísimo antes de esos doce años y yo regresaré al ejército a castigar a quienes mancharon sus charreteras con sangre de crímenes y botín de saqueos”.

El Periodista, el Barbero, el Tenedor de Libros, el Capitán y el Médico son los personajes que van hilando sus historias, una tras otra entre las cuatro paredes de la prisión que los contiene. Cada uno describe las torturas recibidas, pero sobre todo sus sueños, sus ganas, sus verdades, que no son más distintas ni distantes que las nuestras, sus lectores. A través de ellos reconstruimos esa Venezuela de rejas y angustias, ese país que no habrá de volver a ser, porque aprendió a resistir y a resistirse a la violencia y a la hecatombe.

Otero Silva, periodista y narrador, abordó el tiempo que fue para que aprendamos a recordar mejor, porque la desmemoria nos condena a repetir el pasado. De la lectura de este libro siempre queda la conmoción, el asombro y la certeza de que la fuerza no puede ser la razón, sino su viceversa.

Honorio mantiene viva la esperanza entre los otros cuatro, aunque sea un invento del Barbero, de sus ganas, de su imaginación o la narración necesaria a falta de otras. Es una tregua, un espacio de tiempo para permitirse la ternura y la cotidianidad que extraviaron muros afuera.

“La noche de la muerte de Honorio un presentimiento daba tumbos contra las paredes del calabozo, como un pajarraco oscuro y torpe”.

A pesar del encierro la voz humana siempre tiene algo que decir. Algo guardado en el recuerdo o en las entrañas clama por brotar y ser oído. La historia y el tiempo que será a veces duermen y a veces estallan como un ronco alarido de la tierra.

“¿Cuántos hechos trascendentales estremecían al mundo? ¿Cuántos grandes hombres morían? ¿Cuántos libros extraordinarios se escribían? ¿Cuántas conquistas científicas realizaban los sabios en sus laboratorios? El latido de la historia se había detenido bruscamente para ellos como las manecillas de un reloj sin cuerda”.
* Publicado en el Diario de Guayana, 02 de agosto de 2009

Poesía en la Resistencia

Hay una poesía que nace de las entrañas, del grito más hondo y menos solo. Hay una poesía que protesta y aunque la tilden de panfletaria, le pertenece al pueblo, porque no calla y se vuelve abrazo y se torna bandera. Esa es la poesía imprescindible, la que sabe de los dolores y las luchas, de la ternura y la esperanza. Poesía en la resistencia de eso se trata, de resistir a los silencios impuestos y a la desmemoria como una mordaza.

La Antología de la Poesía en la Resistencia, publicada por Ediciones Centauro, Caracas 1982, da cobijo a las voces que se pronunciaron durante la dictadura de Pérez Jiménez. Allí convergen Alarico Gómez, José Vicente Abreu, Arnaldo Acosta Bello, Juan Liscano, Guillermo Sucre Figarella y Lucila Velásquez, entre otros poetas del compromiso.

Cuando nos negaron y nos fracturaron el derecho de ser nosotros mismos, de ser pueblo, saltaron estos versos como fusil de encuentros. En medio de la oscuridad nacieron para conquistar y sembrar la Patria luminosa.

José Vicente Abreu supo recobrar la memoria de Guasina, uno de los campos de concentración y tortura de esos años, escribió bajo el seudónimo de Máximo Miliciano…

“Si estallan las guerrillas del sur, / si estallan… Yo soy el guerrillero: / Búscame entre las sombras, / en el humo, / en el polvo, en el camino, / en un grano de pólvora encendida… / Búscame entre los gritos, / en el saqueo, entre las horcas, / en las huellas del canto / y en la sangre del latifundio derramada…! / Porque yo vivo en los ojos / de los fusilados…! / Ya te digo: si estallan las guerrillas del sur…”. (fragmento)

Alzó versos como despedidas, como alertas y abrazos, como las últimas primeras palabras de la desgracia, pero sobre todo no calló… no cayó, sino que cantó y se levantó entre los barrotes para saberse acompañada para decirse en su nombre y en el nuestro. Lucila Velásquez germinó en el papel el beso que supo decir hasta siempre.

“Te mueres en la cárcel, donde se niega todo, / donde tu pueblo es patria enterrada sin lápida, donde la sangre lleva cadenas en sus huesos, / donde la libertad perdió los ojos y anda / tocando en las paredes la frente de los hombres”. (Plegaria por las horas de su vida, fragmento)

Es al ser humano que cantan estos versos, al hombre de la calle, el que cruza la avenida, el que encerrado entre las opresiones gira en torno a las verdades, el que se fue al monte con sus fusiles y sus sueños. A ese que fue y que muriendo venció en los tiempos nuevos.

“Al hombre, sólo al hombre / le dedico la letra de mi mano, / a él le doy mis voces, / la sangre de mis brazos, / el hilo de mi frente, mi costado. / Al hombre, sólo al hombre / este inmenso sentir venezolano…!” (Helí Colombani, escrito en la cárcel de “El Obispo”, en Caracas)

Ni los poetas ni los libertarios gritos mueren. Están presentes en el presente. Vivos en nosotros, que leyendo sus versos inauguramos el sol y nos bebemos la vida. A ellos que se sembraron irremediablemente jóvenes debemos el futuro, porque su sangre no puede ser en vano. Demasiado dolor y demasiada lucha para que la Patria sea una hoja en blanco.

“Tú has resuelto vivir, yo fui testigo de tu juramento. De nuestra sangre, / y de otras, / y de otras, / viene naciendo el alba. / Entremos con sonrisa / hacia la vida, / hacia la hoja del árbol, / hacia el agua y la luz, / y hacia toda la tierra”. (En Guasina nace el hombre, fragmento. Artemio Yupanquí, seudónimo de Arnaldo Acosta Bello).

A ellas y a ellos, poetas de la vida y de los sueños, de las esperanzas y los anhelos, debemos la utopía que edificaremos realidad, desde lo más hondo y lo más claro de nuestro pueblo.
* Publicado en el Diario de Guayana, el domingo 26 de julio de 2009

Galeano: úselo y tírelo


Lo que está en juego en el mundo es la vida. El modo de producción de este planeta que tenemos por hogar hace más pobres a los pobres. No sólo están muriendo las aguas y los árboles, sino el ser humano. Parece que nos hemos empeñado en destruirnos, en avanzar indetenibles y raudos hacia la nada. Para salvar y salvarnos no basta con pintar los carros de verde y usar gasolina verde y productos verdes, y hacer caridad, se trata más bien de tener conciencia de que es el modelo que Occidente ha impuesto a sangre y fuego el que nos borrará de la historia humana, porque no habrá historia que contar ni quién la cuente.
Y ese es precisamente el cuento que cuenta Eduardo Galeano en Úselo y tírelo, El mundo visto desde una ecología latinoamericana, publicado en su cuarta edición por Booket, en 2008, un libro que reúne textos desde Las venas abiertas de América Latina hasta Las palabras andantes, sumados a otros que fueron especialmente escritos para esta edición.
Galeano recoge la denuncia, muestra el dolor y llora las tristezas de todos, en estas páginas levanta los estandartes del mundo que necesariamente debe ser, ese que se merecen las hijas y los hijos por venir.

“Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra propia perdición, y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra porfiada costumbre de abrazos, nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo y cierta tendencia a la resurrección inexplicable”.
Los más que menos tienen viven tratando de sobrevivir y los pocos que mucho ostentan viven para consumir más. Es el mundo patas arriba, absurdo, y cínico, injusto e inhumano, tanto que nos condena a la soledad. Mientras seguimos convencidos de comprar lo que las pantallas venden y el sistema abona, nos volvemos cada vez más indiferentes al dolor del otro, a su hambre y a su miseria de siglos y de penas.
“El precario equilibrio del mundo, que rueda al borde del abismo, depende de la perpetuación de la injusticia. Es necesaria la miseria de muchos para que sea posible el derroche de pocos. Para que pocos sigan consumiendo de más, muchos deben seguir consumiendo de menos. Y para evitar que nadie se pase de la raya, el sistema multiplica las armas de guerra”. (Ser como ellos, fragmento)
Así, Galeano va narrando lo que nos pasa, lo que hemos dejado que nos pase, porque diciendo y reconociendo nuestros miedos damos el primer paso hacia el futuro irrevocable, ese que hay que construir a punta de cantos, de sueños, de manos y de abrazos. Porque para ser tendremos necesariamente que soñar juntos el mismo sueño, esa es la utopía realizable, la que nacerá de los vientres de los pueblos.

“Los usurpadores se irán a los confines del agua… Ya no habrá devoradores de hombres… Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo”. (Se desatará la cara del mundo, fragmento)
La farsa de este principio de siglo se pinta de verde, pero no aquel “verde que te quiero verde” del poeta español, sino este color que ha engendrado el comercio, el de las plantas de plástico, las aguas estancadas y los billetes del norte. Promueven la ecología quienes cometen los ecocidios y después nos culpan a todos y nos venden desodorantes que no afectan la capa de ozono y transgénicos. Y sí, nos venden productos verdes, especies verdes, pero no firman protocolos ambientales, y prefieren mudar las fábricas donde la mano de obra es más barata y la tierra se muere de sed.

“Este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo. Extirpación del comunismo, implantación del consumismo: la operación ha sido todo un éxito, pero el paciente se está muriendo”. (Cinco frases que hacen crecer la nariz de Pinocho, fragmento)
* Publicado en el Diario de Guayana, el domingo 19 de julio de 2009

lunes, 29 de junio de 2009

COMUNICADO DE LA REDE ESCRITORAS Y ESCRITORES POR EL ALBA

CONDENAMOS EL BRUTAL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS

El domingo 28 de junio de 2009 marca un capítulo más dentro de las páginas oscuras de Nuestra América. El ejército hondureño, y las fuerzas políticas de la derecha, han dado un vergonzoso Golpe de Estado al gobierno democráticamente elegido de Manuel Zelaya. El hecho ocurrió en Tegucigalpa, cuando cuatro comandos de aproximadamente 200 soldados llegaron a la residencia del presidente hacia las 06:00 horas, tiempo local. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue secuestrado y trasladado a Costa Rica por los militares. Mientras el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, se autodesignó como presidente interino de la Nación, hecho que es rechazado por los miles de hondureños que en las calles exigen el retorno del Presidente constitucionalmente electo.

En solidaridad con los miles de hermanos hondureños que han declarado su intención de mantenerse en la calle hasta que retorne el presidente Manuel Zelaya, que rechazan categóricamente la posición del Congreso y ratifican que no reconocerán a un presidente de facto, la red de escritoras y escritores por el ALBA nos declaramos en resistencia hasta que este retorno se logre.

Por lo tanto, no reconoceremos ningún otro gobierno hondureño que no sea el encabezado por el presidente Manuel Zelaya. Nos comprometemos a denunciar, a manifestarnos en las calles, en nuestros distintos medios escritos y electrónicos, y en todo momento, sobre este brutal golpe de estado, al igual que todas las acciones de represión que se desaten a partir de él. Condenamos entonces la ilegalidad e ilegitimidad de este Golpe de Estado y exigimos la restitución del gobierno democrático del presidente Manuel Zelaya.

Reconocemos la valentía de los pueblos nuestro americanos y enarbolamos sus voces que han sabido resistir en diferentes tiempos históricos. Alzamos la voz y la lucha de Allende, Sandino, el Che y de todas las mujeres y hombres que resistiendo nos han dado la fuerza y la razón para vencer. La construcción de la paz y la democracia, sólo puede darse sobre la base de la justicia y la solidaridad, y porque somos responsables de nuestro futuro lucharemos por un presente donde se respeten las decisiones que libremente hemos tomados los pueblos de Nuestra América.



Firman:
Iván Cruz Osorio (México), María Eugenia López (Argentina), Gladys Mendía (Venezuela-Chile), Benjamín Morales (México), Daniela Saidman (Venezuela), Horacio Cavallo (Uruguay), Isaac Morales Fernández (Venezuela), Rosa Chávez (Guatemala), Pablo Benítez (El Salvador), Norys Saavedra (Venezuela), Pablo Villarreal (Argentina), Juan Manuel Parada (Venezuela), Julia Erazo (Ecuador), Yuri Patiño (Venezuela), Augusto Rodríguez (Ecuador), José Javier Sánchez (Venezuela), Gabriel Figueredo (Venezuela), Inti Clark (Venezuela), Kathya M. Rodríguez (Panamá), Yanuva León (Venezuela), Katherine Castrillo (Venezuela), Dannybal Reyes (Venezuela), Raúl Aguiar (Cuba), Ennio Tucci (Venezuela), Germán Gana (Chile), Leonardo Cabrera (Uruguay), Eduardo Mariño (Venezuela)

Simpatizantes de la red:

Saúl Ibargoyen (México-Uruguay), Ambar Past (México), Max Rojas (México), Gabriela Astorga (México), Luis Téllez-Tejeda (México), Santiago Robles Bonfil (México), Galo Ghigliotto (Chile), Daniela Moreno Urdaneta (Venezuela), Leonardo Delgado (Venezuela), Julio Valderrey (Venezuela), Jesús Ricardo Alustiza (Venezuela), Lenín Santiago Márquez (Venezuela), Omar Alfonso Requena (Venezuela), Javier Pérez (Venezuela), Usbaldo Volcán (Venezuela), Gabriel Impaglione (Argentina), Johnny Figueroa (Venezuela), Daciel Pérez (Venezuela), Benito Mieses (Venezuela), Mirian Angélika Pulido (Venezuela), Alfonsina Piña (Venezuela), Diego Navarro (Venezuela), Luis Rivero (Venezuela), Felipe Montes (Venezuela), Danis Gentile (Venezuela), Javier Monagas (Venezuela)

miércoles, 13 de mayo de 2009

Oleaje

Con los párpados cargados de sueños
y uno que otro desvelo a cuestas
llevo entre las manos la noche del mundo
silente en sus hambres
valiente para continuar torturando el futuro
desando sus geografías
para encontrarme en medio del cauce
extraviada y finita
rendida ante su oleaje

lunes, 11 de mayo de 2009

García Lorca: un abanico de sueños


Era la noche arrancada de versos, estaba allí, parado, alumbrando con sus ojos la oscuridad, en sus manos un abanico de sueños caía rendido a sus pies. Armado de todo lo humano, con sus poemas y sus credos, miraba al pelotón que abriría su corazón a tiros. Y luego, su voz infinita recordándonos para siempre, la vida. Era la madrugada del 18 de agosto de 1936.


Federico García Lorca (Granada, 5 de junio de 1898) está vivo en todos los poemas y obras de teatro que nos legó para recordarlo, y recordarnos lo más y mejor del ser humano. Creyente de todas las libertades, de los vuelos del alma y de las almas en vuelo, sus ojos y sus manos se asoman en las lecturas que estas otras y otros que somos hacemos a través del tiempo. Con él y a través de él es posible reanudar los ires y venires que cantando cantan los paisajes de la tierra. Él le escribió al amor en todas sus formas, en las imaginables y en las que habrán de ser, con su Granada de fondo dando testimonio de los pasos y sus gentes.


“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda / verde carne, pelo verde, / con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana, / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas”.
(Fragmento de Romance sonámbulo)



Reconocido como uno de los poetas más importantes del siglo XX español, miembro de la Generación del 27, García Lorca escribió romanzas y poemas a su Granada, a su cultura salpicada de cantos, a la Alhambra y al imaginario gitano que puebla aún Andalucía. Sus versos son cantos para la noche alumbrada por los sueños y las voces que tienen todavía tanto que contar.

“Por el olivar venían, / bronce y sueño, los gitanos. / Las cabezas levantadas / y los ojos entornados. / Cómo canta la zumaya, / ¡ay, cómo canta en el árbol! / Por el cielo va la luna / con un niño de la mano. / Dentro de la fragua lloran, / dando gritos, los gitanos. / El aire la vela, vela. / El aire la está velando”.(Fragmento del Romance de la luna, luna)



Sin más fronteras que las de la humana capacidad de verse reflejado en las otredades, el poeta acunó entre las hojas el sentir de las mujeres y hombres que a su paso se iban revelando mudos de miedo y opresiones. Su voz de camino, anduvo desatando las pasiones para saberse uno más, para encontrarse encontrándonos, para buscar las velas abiertas y surcar las aguas.

“No, no, no, no; yo denuncio. / Yo denuncio la conjura / de estas desiertas oficinas / que no radian las agonías, / que borran los programas de la selva, / y me ofrezco a ser comido / por las vacas estrujadas / cuando sus gritos llenan el valle / donde el Hudson se emborracha con aceite”. (Fragmento de Vuelta a la ciudad Nueva York de Poeta en Nueva York)


Y después de haber visto el odio, de haber hallado el grito desgarrado, de haber sentido como suya el hambre, el “poeta llega a La Habana”. Sus sueños son los sueños de todas y todos. Y allí también se reconoce y esboza en el aire el tiempo que habrá de ser.


“Pero el dos no ha sido nunca un número / porque es una angustia y su sombra, / porque es la guitarra donde el amor se desespera, / porque es la demostración de otro infinito que no es suyo / y es las murallas del muerto / y el castigo de la nueva resurrección sin finales”. (Fragmento de El poeta llega a la Habana, Pequeño poema infinito, de Poeta en Nueva York)
García Lorca cayó esa madrugada de agosto, con sus ojos mirando el cielo despeñado de estrellas, pero aunque intentaron no pudieron fusilarlo, sus versos siguen diciendo la vida.


* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 10 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

Gioconda Belli: Waslala

Tal vez pudiéramos hacer que exista, tal vez…
Waslala es una invitación a construir el mundo posible, el imprescindible, un lugar imaginario, un espacio dónde las humanas pasiones siembran y cosechan el tiempo. Waslala es utopía…

Publicada en su segunda edición en 2007, por Seix Barral, esta novela de la nicaragüense Gioconda Belli (Managua), narra la historia de Melisandra, una joven que sale en busca de sus padres, quienes antes que ella partieron rumbo a Waslala y nunca volvieron. Waslala vive en la memoria colectiva de esas tierras y sus gentes, cantando y contando que un lugar mejor, una sociedad más humana y solidaria, habita las selvas y los sueños.
Pequeñas y grandes historias que son la memoria misma de toda Nuestra América, la geografía que cuenta pudiera ser en cualquier rincón de esta Latinoamérica sembrada de esperanzas.
“Mi única advertencia es la siguiente: no permitás que la idea, el sueño, se vuelva más importante que el bienestar del más humilde de los seres humanos. Ése es el dilema, el acertijo, el desafío que te dejo, que muero soñando algún día podamos resolver”.
Lo divinamente humano se funde en los sentires, en la mirada con que la aventura va cabalgando las páginas de este libro, que suma amores, roces, reflexiones, sentires, muertes, olores y todos los colores que caben en el suelo y sus alrededores. Waslala no es más que la aventura humana, esa que queremos para los mañanas que están por venir o los que tal vez no sean, sino apuramos el paso. Es un libro para compartir los anhelos, para disfrutarlos sabiendo que no estamos solos, que hay otras y otros soñando el mismo sueño.
Waslala es también la voz humana, esa que es capaz de decir y decirnos los miedos, los recuerdos. De eso se trata la memoria, de acortar la distancia para sabernos menos solos, más compañeros, eso cuenta Belli en Waslala.
“Sí –musitó Melisandra- . Hay que hacer mucho ruido en este mundo para dejar al menos un eco. Si mi sonido se repite en otro ser humano, esa casualidad me salva, hace que la vida valga la pena”.
Poetas fueron los que crearon a Waslala, por lo que uno se pregunta si será el amor el que pueda redimirnos. Si esta especie que somos, tiene destino más allá de lo que conocemos hasta ahora. Sensual en la manera de narrarnos el viaje hacia lo posible, Belli enciende con Waslala el recuerdo de lo que habremos de ser. Las voces, todas, soñando y evocando un lugar que nace en el centro de todas peguntas que aún hemos de preguntar.
“Lo más grande de Waslala es que fuimos capaces de imaginarla, que fue la fantasía lo que, a la postre, la hizo funcionar. Hay quienes, aunque nos quedemos solos, tenemos que seguir manteniendo las Waslalas de la imaginación. Imaginar la realidad sigue siendo tan importante como construirla”.
La búsqueda de Waslala está signada por lo mejor y lo peor de los seres humanos y las sociedades que con nosotros han sido y son. El fin de la expedición es apenas el comienzo, una rendija para recordar el futuro, la memoria de lo que habremos de ser.
Tal vez haya alguna manera de asir la utopía para no volverla a extraviar, para creer, para tener la certeza, que Waslala es un lugar posible, la utopía realizable que Belli nos regala para seguir soñando irrevocablemente juntos el porvenir.
“Todos los personajes de esta historia, igual que nosotros, de vez en cuando encuentran Waslala. Y la vuelven a perder”.
* Publicado en el Diario de Guayana, domingoo 03 de mayo de 2009

Galeano: Las venas abiertas de América Latina

Hay libros que son ventanas, que son puertas, rendijas siempre abiertas. Hay libros a los que es necesario volver una y otra vez, para recuperar el rumbo y sobre todo, para no desmemoriarse. De esos es precisamente, Las venas abiertas de América Latina. Publicado en su primera edición en 1971, narra el porqué del hambre, la miseria, la esperanza y las luchas de esta geografía sembrada de cantos y de sangre.
Interesante, porque representa una inflexión en la historia, que un Presidente en cuyo rostro reverbera toda la mezcla de sueños y de pueblos de aquí y de más allá, le haya regalado precisamente este libro a un Presidente negro, un Presidente estadounidense. Por eso, y aunque ya se ha hablado bastante de uno de los libros más leídos de Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), sobre todo después del obsequio, aprovechamos la oportunidad para hablar de él, como quién cuenta la historia de nuestras historias.
Todo esto que somos, este enredo de idiomas, sones, guerras, hambres, pasiones, miserias y a eces también victorias, se entrecruzan en este libro y nos deja asomarnos a lo que fue y a lo que necesariamente será.
Las venas abiertas de América Latina narra la historia de los vencidos, de esta América tan poco nuestra, que ha estado casi siempre al servicio de los poco que mucho tienen, por eso es que no ha perdido vigencia y por eso mismo, hay que volver a él cada vez que olvidemos de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
“Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial”.
Desde las páginas de Las venas abiertas de América Latina, Galeano acusa al sistema capitalista, opresor por naturaleza, de ser el responsable del atraso y la miseria latinoamericana. Es un libro para abrir los ojos, para encontrarse y encontrarnos, para sabernos compañeras y compañeros en la lucha por las libertades, las individuales y sobre todo, las colectivas.
Tal vez más que nunca o por lo menos más que antes, los pueblos de esta tierra saqueada y hambreada durante centurias andan en busca de un nuevo orden socioeconómico, ahora cuando es precisamente el sistema capitalista el que cayendo sobre sus propios pueblos ha demostrado ser, incluso para el norte desarrollado, inviable.
“Para que el imperialismo norteamericano pueda, hoy día, integrar para reinar en América Latina, fue necesario que ayer el Imperio británico contribuyera a dividirnos con los mismos fines. Un archipiélago de países, desconectados entre sí, nació como consecuencia de la frustración de nuestra unidad nacional”.
Memoria del tiempo que vivimos, Las venas abiertas es un libro que dice, que sigue diciendo, que lo hará siempre. Porque el presente es la oportunidad que tenemos, como pueblos, de gritar los dolores para parir el mañana, para hacerlo nacer con justicia, con libertad, con respeto, y sobre todo con y desde la solidaridad. Este libro, escrito desde el amor, hace nacer desde lo más profundo todos los llantos que se nos han ido sumando desde hace más de quinientos años, lleva también entre sus pliegues la risa, esa que despierta en el ALBA de nuestros días.
“Toda memoria es subversiva”, dice Galeano, y así es.

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