sábado, 7 de noviembre de 2009

Nicolás Guillén: voz del mundo

Toda la voz del África resuena en sus versos, toda la voz de América en sus palabras, todas las voces, todas, en sus manos y en sus ojos que supieron ser alas para atravesar los mares y puentes para encontrarnos. Nicolás Guillén, Camagüey, 10 de julio de 1902 - La Habana, 16 de julio de 1989, anduvo las calles de La Habana, dibujando sueños y cantando libertades.

“¿Lejos? / Hay un arco tendido / que hace viajar la flecha / de tu voz” cantan los versos de Guillén, poeta cubano en el que resuenan los ecos libres de los viejos esclavos. Su poética tiene el sabor de los tambores y besa con los labios dulces de la caña, sus manos prendidas de estrellas se agitan como banderas sobre los cielos de La Habana.

“Negrón, negrito, / ciruela y pasa, / salga y despierte, / que el sol abrasa, / diga despierto / lo que le pasa... / ¡Que muera el amo, / muera en la brasa! / Ya nadie duerme, / ni está en su casa: / ¡coco, cacao, / cacho, cachaza, / upa, mi negro, / que el sol abrasa!” (Canción de cuna para despertar a un negrito, fragmento)

Esta América que fue y que sigue siendo, esta Patria callada de heridas, encontró en los versos de Guillén la medida exacta de sus sueños, porque en él supo nacerse libre, como una mujer de morenas piernas y largos pasos, hambrienta de verdades y caricias, con el vientre colmado de mañanas.

“La sangre es un mar inmenso / que baña todas las playas... / Sobre sangre van los hombres, / navegando en sus barcazas: / reman, que reman, que reman, / ¡nunca de remar descansan! / Al negro de negra piel / la sangre el cuerpo le baña; / la misma sangre, corriendo, / hierve bajo carne blanca. / ¿Quién vio la carne amarilla, / cuando las venas estallan, / sangrar sino con la roja / sangre con que todos sangran? / ¡Ay del que separa niños, / porque a los hombres separa!” (La sangre es un mar inmenso, fragmento)

Las costas bañadas de barcos negreros con las velas izadas de nostalgias estallan por fin libres en los versos de este poeta nuestroamericano. Sus pasos supieron decir y decirnos lo nuestro, lo que arrebatado y presa de grilletes, encontró por fin la canción que lo libera y así las heridas, aunque aún abiertas, se secan de azules mares y altos vientos. Son versos cantarines que denuncian, infinitamente jóvenes, la opresión primera y la explotación que vino después desde el norte. En él la revolución cubana, vivida desde la lucha y la poesía, tiene el canto germinado de caricias, porque sus versos son en la música un fusil de margaritas.

“No me dan pena los burgueses vencidos./ Y cuando pienso que van a dar me pena,/ aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos. / Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas, / pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes, / pienso en mis largos días sin camisa ni sueños, / pienso en mis largos días con mi piel prohibida, / pienso en mis largos días Y / No pase, por favor, esto es un club. / La nómina está llena. / No hay pieza en el hotel. / El señor ha salido. / (…) / Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo, / ¿qué carajo me pide usted que haga? / Además, pregúnteles, / estoy seguro de que también / recuerdan ellos”. (Burgueses, fragmento)

Nicolás Guillén es poeta imprescindible, de esos que saben nacer una y otra vez, en los suelos de estas tierras y en las manos labriegas y en los ojos curiosos y en las ganas y en las luchas. Nicolás Guillén fue y seguirá siendo, siempre, poeta, voz de este sur de esperanzas.

“Haz que tu vida sea / campana que repique / o surco en que florezca y fructifique / el árbol luminoso de la idea. / Alza tu voz sobre la voz sin nombre / de todos los demás, y haz que se vea / junto al poeta, el hombre”. (Palabras fundamentales, fragmento)

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