lunes, 21 de septiembre de 2009

Miguel Márquez: memorias


“Naufragar / es sólo esto: / callarse”.

Otea la memoria. Sus ojos se pasean por los paisajes recopilados en los dedos. Se interroga. Se mira, mirándonos. Está allí. Él y todas sus voces. Y estas páginas que vienen a pronunciarnos con el sabor del café recién colado y la mañana inaugurada de sombras.


Miguel Márquez (Caracas, 1955) tantea los espacios, viene, va, con la palabra a cuestas, creando el mundo que nace y se rehace en cada imagen que podamos enunciar. Nos lega La memoria y el anzuelo, para asirnos a la realidad y sus aristas, sus miradas múltiples y todos los sueños y todas las ganas que caben en ella. “El alma / está de noche y la luna / redonda está allá arriba / y sola / sin saber / que un cangrejo la mira, / le sigue el paso / durante horas”.

Publicado por la Editorial El Perro y La Rana, en la colección Poesía Venezolana, en 2006, La memoria y el anzuelo es una antología poética que recoge en su seno diferentes etapas y publicaciones del autor, “con la particularidad que no se limitan a un orden cronológico o bibliográfico, sino que están organizados como las piezas de ajedrez de un tablero cuyas variantes se presentan en el tiempo de acuerdo a las decisiones y estrategias que asumimos y trazamos en un momento determinado”, refiere el poeta en la nota introductoria.


Tiempos, imágenes, memoria hecha verso, andante, humana, en su humedad y en sus giros. Movimiento, vida y adiós. El poema es el abismo, la cima, la gracia, la magia, la vida con que el poeta enumera los minutos vividos y por vivir. El poema es la respiración y el último aliento.


“Aquella conversación / que hacía del mundo, hasta de las más modesta / de sus cacerolas, una ocasión / para que espigara el lujo, / echara flores como el viento, / hoy rueda calle abajo / como una hoja de periódico”.


Germina en la página la mirada próxima y ajena. El verso propio, el impropio y del otro. Poema que alza la mirada y la voz, y se encuentra y se pierde en la noche de un mar sin espuma. Miguel Márquez, desnudo de máscaras se sabe aguas y sudores, grano de arena y anzuelo con el que atrapar los días que siempre terminan por huir.


“En la disolución del mundo / que a cada instante agoniza, / estoy solo, nuevamente solo / como tú, como él, como cualquiera”.


Y también lo amado y por amar, o sus contrarios, afloran en La Memoria y el Anzuelo. El poeta, hombre como cualquiera, como todos, seduce y se deja seducir por la caricia y el abandono. El poeta, titiritero de las estrellas y las ganas, traduce en el papel cada humana conmoción, cada lágrima y cada goce, y nos la entrega convertida en canción para el futuro.

“Sé como el sol / que es maniático / y relincha de gusto / al aceitar sus crines / Haz que florezca / el cuerpo, el claro / deseo de vivir; / de amanecer entre algas. Sé un río / de rápidos peces, / la mano / que hace girar / la tierra. / Que tu piel / sea la raíz / de los helechos / Ítaca / la tierra prometida”


Al final el poema define al hombre, a su capacidad infinita de creación, de sentirse vivo en el otro, en la prolongación de la historia y de los sueños. El poema es la palabra que aunque no salve el mundo, lo devela, lo intuye, lo crece, lo abona. El poeta es el asombro de saberse canto y saberse grito, gemido y susurro, pleno y único en cada otro u otra que se asoma a sus rendijas.


“En voz baja, / cuando nadie los piensa, /surgen / (…) / El relámpago del amor los estremece / y brota de la tierra un árbol. / (…) / Surgen los poemas en voz baja, / cuando nadie los piensa / y nadie tampoco los merece”. (En voz baja, fragmento)


* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 20 de septiembre de 2009

sábado, 19 de septiembre de 2009

Colombia: Tríptico de la indignación


“El prisionero / sólo tiene para protestar / su propio cuerpo”, versos de Fernando Vargas que definen una poética de la resistencia, en una Colombia llena de matices y de aristas, de sueños y de sangres sembradas en la tierra.


Tres poetas colombianos, Fernando Vargas, Darién Giraldo y Fernando Cely se encuentran en las páginas de Tríptico de la Indignación, publicado por el Proyecto Editorial Independiente Isla Negra, en el marco de la Feria Internacional y Popular del Libro, Colombia 2009.

Se trata de recuperar la memoria para abrir la senda de un mañana que no sólo es posible sino imprescindible, se trata de construir colectivamente una visión del mundo que debe necesariamente tener en cuenta el dolor venido de décadas de barbarie y asombro, porque en Colombia la vida se volvió un acontecimiento extraordinario. Sobrevivir es el signo de los muchos que nada tienen y pasan los días deambulando los impuestos silencios. El lenguaje que no tiene nada de inocente sigue llamando desplazados a los refugiados de una guerra en la que el inocente paga con hambre, miedo y destierro, de ahí que nace una poética capaz de nombrar con voz propia la vida y sus sombras a cuestas.

“He inventado un país de cuerpo derrochado, / de dinamita mojada por el tiempo, / por la lágrima mortal de los desheredados. / Un país que detenta sus misterios / con golpes de instante e imágenes de victoria, / un país que nace y respira / al compás de una brújula que no marca el Norte” (Fernando Vargas, Épica del desheredado, fragmento)

Y es que la palabra poética pronuncia el mundo y sus realidades, se adueña de los ecos para hacerlos grito, para echarnos en cara todo el dolor que callamos y vendemos, todo lo que pensamos que no nos pasa, porque les pasa a otros. Como si el dolor ajeno, no fuera también nuestra propia derrota. Así, los versos de Fernando Cely narran el odio anidado en los hijos que no alcanzaron a nacer, huérfanos de vientres, desnutridos de amores y esperanzas. “Pero estoy aquí / para gritar / de frontera a frontera / de trinchera a trinchera / lo que la palabra reclama / con poesía o sin ella”.

Palabra justa, honesta, decantada de poses. Poetas que sabiéndose las heridas abiertas encuentran en los versos un estandarte para enumerar las ausencias. Esta poesía colombiana, tan americana, tan nuestra, dibuja los surcos de la vida que es, la que pasa con los ojos en las trastiendas del alma.

“Quiero encontrar un verso / que detenga las balas / que inundaron de muerte / aceras y veredas, / las lágrimas perdidas / de madres desmembradas / y huérfanos sonámbulos. / Quiero encontrar un verso / para iniciar un capítulo nuevo / en nuestra historia” (Fernando Cely, Urabá, fragmento)

Vienen y van, estas y otras muertes, estas y otras vidas, mientras los poetas no callan la ira, sino que la izan en los mástiles y en las hojas, para que no sean olvido, sino memoria de la tierra, de los olvidados y de los vencidos. Estos versos de hoy, que saben a café, a selva y a flor marchita tienden puentes de encuentro, para abrazarnos las dudas y anudarnos las ganas. Saben, sabiéndonos mudos y por eso estallan desde las esquinas del silencio.

“Madre: / Mira los muertos sobre las flores / míralos desnudos en la danza / en el rito del tiempo / bajo el empeine desolado de esta tierra / que va quedando sola” (Darién Giraldo, fragmento)

Dejo aquí estos versos y estos poetas, vecinos a los sueños. Son ellos los que agitan las banderas y sin vientos nortes van amainando las balas y las babas con que el odio detiene la respiración del próximo prójimo a desmembrar. Son ellos y otros ellos los que andan soñando más y mejores mañanas, a ellos siempre la bienvenida.
* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 13 de septiembre

lunes, 7 de septiembre de 2009

Jotamario Arbeláez: saudade


Las historias individuales siempre están entretejidas con las idas y venidas de las otras historias, la de los otros, las que saludan desde la oscuridad de algún ropero o al doblar la esquina. Tienen que ver siempre con el cuento de los años idos, esos que incluso no alcanzamos a vivir. Porque aunque nos sintamos de cuando en vez con la soledad a cuestas, no estamos solos porque somos el resultado de lo que fue antes nuestro, aquí y allá. Esta vida que vivimos es gracias a los que estuvieron antes, a los que siguen estando y a los que ya no están, gracias incluso a esos anónimos que no registran los libros y ni siquiera alguna crónica roja local.

Y esas historias mínimas, la de las vidas sin grandiosas hazañas y sin estatuas en los parques son las que cuenta poetizando Jotamario Arbeláez (Cali, Colombia, 1940), en Paños menores, libro ganador de la segunda edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, publicado por el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en 2008.

El jurado del premio galardonó este poemario por la “fuerza vital de sus imágenes, su poética contemporánea y la renovación que hace del lenguaje coloquial entretejiendo en el mismo la ironía y el humor”. Son sus recuerdos, el país que vivió, el que se le quedó adherido a la piel, el que surge con fuerza de la humedad del alma o las entrañas y se estampa terriblemente humano en las páginas de “Paños menores”.

“Padre / Con esta mano que me diste / Bendigo el mundo que me diste / Gracias te doy por la obra de tus manos / Y por la obra de tu amor / Desde mi nacimiento no tuvo paz tu pie sobre los pedales / Y la música de tu máquina de coser arrulló mi infancia / Y te debo no sólo el ánima que ambula con sus tejidos corporales / Sino el ropero que me has hecho” (Paño de lágrimas, fragmento)

Verso a verso y poema tras poema Arbeláez reconstruye su memoria, con algún que otro dejo de añoranza y sobre todo con la alegría divertida de haber vivido y tener la oportunidad de mirar hacia atrás y darse cuenta de que lo que fue ya no volverá. Es una poética de la memoria, de la propia y de la que se cruzó en sus veredas, la que salpicó de nomeolvides esto que día a día consumimos sin más remedio. Arbeláez deja en sus palabras el sabor de toda esta América Nuestra, de esta patria hecha de ganas y de hambres, de veredas rotas y escuelas sin banderas en los mástiles.

“En la vida política de esta tierra ha corrido mucha sangre / y mucho sancocho de gallina / y políticos del siglo de este poema / no han terminado de hartarse de la una ni de lo otro” (Carnal de violencia, fragmento)

Llueve la vida sobre Paños Menores. La que no claudica, la que está mientras estemos, la que conduce siempre al mismo lugar, al mismo silencio… la vida de Jotamario es la vida del hombre, con sus bemoles y sus aciertos y sus viceversas, es la vida también de la maestra, del padre, del que arregla los motores, del que irrumpe en la panadería por un trozo menos de hambre, es la vida, la de él y la de todos nosotros, que leyéndolo lo recreamos en nuestro propio imaginario.

“Estamos en la tierra desde que tenemos memoria, porque / la condenación comienza con el recuerdo. Y aquí / hemos podido hacer las nuestras. / menos mal que nos expulsaron del paraíso. Hubiésemos / terminado por destruirlo” (Destrucción del paraíso, fragmento)

Las preguntas son lo que somos y lo que hemos podido ser. Somos al final de cuentas más nuestras dudas, que nuestras certezas… y el poeta pregunta, como quién sabe cuál es el eco que desde la primera página lo inunda todo, para naufragar al cerrar las últimas.

“Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando / Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta / invasión de bárbaros (…) Mis antepasados nos robaron la tierra / Mis antepasados no pudieron recuperarla / Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo / de mis antepasados / ¿De parte de cuáles de mis antepasados me pondré contra cuáles?” (Antepasados, fragmento)
* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 06 de septiembre de 2009

Festival Internacional y Popular del Libro


** Más de diez organizaciones culturales de escritores y editoriales alternativas de Colombia, periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de diversos países de América Latina y más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México, participarán en la segunda edición del Festival

Daniela Saidman
La palabra como un hecho liberador y profundamente humano abre espacios de encuentro y de libertades en un festival, que tiene como objetivo fundamental la recuperación de la memoria colectiva de los pueblos latinoamericanos y en especial del colombiano.
Más de diez organizaciones culturales de escritores y editoriales alternativas de Colombia, periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de diversos países de América Latina y más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México, se darán cita en Colombia del 07 al 13 de septiembre, en la segunda edición del Festival Internacional y Popular del Libro.
Entre las actividades previstas en el marco de la Feria se encuentran conversatorios, lanzamiento y presentación de libros, revistas, folletos y periódicos, así como obsequio y trueque de publicaciones. En el Festival de la Memoria se realizarán talleres de creación literaria con personas en situación de desplazamiento forzado y otras víctimas del conflicto armado, mientras que durante el Festival de la Paz y la Integración Latinoamericana se llevarán adelante diálogos con periodistas y líderes de movimientos de víctimas del conflicto armado. Otras actividades previstas son recitales, charlas, conferencias, talleres, mesas redondas y la inauguración de la primera Biblioteca Latinoamericana Comunitaria en Bogotá, esfuerzo posible gracias a la solidaridad militante de los invitados nacionales e internacionales.

CAUSAS Y AZARES
Con un manifiesto político estético, la convocatoria a la actividad fundamenta su accionar en la necesidad de una literatura para las mayorías, comprometida con la creación como oficio que debe nacer de la mirada conjunta y diversa a la realidad, y a las utopías realizables. Por esta razón, los organizadores de la Feria y sus participantes rechazan “la relación incestuosa de los llamados artistas representativos, que a nombre de todos los artistas y escritores colombianos y aprovechándose inicuamente de su posición en el mundo de la farándula; vienen desde los últimos meses y sin ningún pudor usando la bandera de la paz y la reconciliación y utilizando perversamente los deseos de paz mayoritarios del pueblo colombiano como plataforma para promulgar un discurso en esencia inequitativo y que posiciona a estos artistas en el rol de publicistas del actual gobierno de Colombia y del gobierno de Estados Unidos”.
El Festival Internacional y Popular del Libro convoca a escritores, gestores culturales, maestros, estudiantes, intelectuales y a todos aquellos que de manera franca y abierta apoyan y hacen arte y cultura popular, a no ver la cultura como una mera mercancía, sino como un derecho inalienable de los pueblos y las generaciones por venir.
Asimismo, consideran “que todo aquel o aquella que se sienta impelido por un genuino sentimiento de reconciliación y paz no puede hacerlo desde el apoyo al régimen actual (Colombia) y debe asumirse vocero de la memoria frente al grado de descomposición, violencia, ilegitimidad e ilegalidad del estado de cosas actualmente imperante en un contexto en el que aumenta la desaparición forzada por parte del gobierno nacional (colombiano) de sus opositores, los crímenes de Estado, los asesinatos extrajudiciales, la violación del DIH, entre otras situaciones alimentadas por el secreto y el olvido”.

RECHAZOS
El Festival Internacional y Popular del Libro rechaza abierta y enérgicamente “las bases estadounidenses en territorio colombiano y la utilización de bases colombianas por el ejército de los Estados Unidos”, debido a que éstas se diseñan y consolidan como una “estrategia del imperio por acallar al pueblo colombiano en nombre de la guerra contra el terrorismo y se configura además como punta de lanza para el ataque militar y mediático contra los caminos emancipadores que hoy recorren los pueblos de nuestra América y que son ineluctables”.
En todo caso, este encuentro será escenario propicio para contar y contarnos la memoria de un pueblo que limita geográficamente con el nuestro, pero que es uno en los sueños y en las ganas. La Feria Internacional y Popular del Libro, en esta segunda edición, se encontrará con la ternura y la rebeldía de escritoras y escritores de esta América Nuestra que sueña los sueños de un mundo más libre y más justo.




POR UNA LITERATURA LIBERTARIA
¿Existe una feria del libro para los barrios empobrecidos de la ciudad de Bogotá y sus municipios aledaños? ¿Existe un evento cuyos protagonistas sean las escritoras, escritores y comunicadores que cuentan las historias de sus pueblos y de sus barrios?
¿Existe un evento para los libros de los autores que se auto-editan y que no tienen apoyo para publicar sus obras?
¿Existe una feria del libro para los desplazados, para los familiares de los desaparecidos y asesinados, para los familiares de los falsos positivos? ¿Existe una feria que sea una fiesta de la memoria en un país del olvido?
¿Existe una feria donde los escritores interactúen con los lectores y donde las editoriales regalen y no vendan sus libros?
El Segundo Festival Internacional y Popular del Libro se realizará del 7 al 13 de septiembre en Bogotá, Soacha, Tunja y Chiquinquirá, y contará con la presencia de más de diez colectivos culturales, de escritores y editoriales alternativas de Colombia, más de diez periodistas de medios comunitarios y de comunicación popular de Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina y con más de quince escritoras y escritores de El Salvador, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela, Perú y México.
(Fragmento del Manifiesto de la Feria Internacional y Popular del Libro)

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