domingo, 15 de junio de 2008

Ernesto Guevara: “vengo a ustedes”


Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires por la América Mayúscula, derramado en las solidaridades y en las luchas, Ernesto Che Guevara (Rosario 1928 – Bolivia 1967) llegó a sus ochenta años más vivo que nunca, más vivo que siempre. Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en souvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba del tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta.
“El mar me llama con su amistosa mano. / Mi prado –un continente- / se desenrosca suave e indeleble / como una campanada en el crepúsculo” (El mar me llama con su amistosa mano).

Voz de los silenciados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y mañana. Guevara es el tibio Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura” y a valorar al ser humano en las coincidencias y en las diferencias. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.
“De una joven nación de raíces de hierba / (raíces que niegan la rabia de América) / vengo a ustedes, hermanos norteños. / Cargado de gritos, de desaliento y de fe, / vengo a ustedes, hermanos norteños (Autorretrato oscuro).
La América se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.
Soy mestizo, grita un pintor de paleta encendida, / soy mestizo, me gritan los animales perseguidos, / soy mestizo claman los poetas peregrinos, / soy mestizo resume el hombre que me encuentra / en el diario dolor de cada esquina” (Y aquí).
Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.
“Un día, aunque mi recuerdo sea una vela / más allá del horizonte / y tu recuerdo sea una nave / encallada en mi memoria, / se asomará la aurora a gritar con asombro / viendo a los rojos, hermanos del horizonte /marchando alegres hacia el porvenir” (Despedida a Tomás)
Su canción es himno de lucha, viento que despeina el polvo, lluvia que moja lo que no puede seguir siendo. Resurrecto en las horas, el Che permanece en la estatura de su ejemplo. Su mirada estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. Ochenta años y sigue cantándonos rebeldías, indicando caminos, señalando errores, amando la palabra y la tierra. El Che vive y vivirá siempre que alguien lo nombre, que alguien lo invoque a mitad de una tarde sin sombra. Vive en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.
Toma esta mano de hombre que parece de niño / entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo, / restriega los callos duros y los nudillos puros / en la suave vergüenza de mis manos de médico. Descansa en paz, vieja María, / descansa en paz, vieja luchadora, / tus nietos todos vivirán la aurora. LO JURO” (Vieja María, vas a morir)
* Publicado el domingo 15 de junio en el Diario de Guayana

domingo, 8 de junio de 2008

Eugenio Montejo: “el tiempo no me habla de la muerte”

** El Premio Nacional de Literatura de 1998, el poeta Eugenio Montejo, falleció el pasado jueves 05 de Junio, en la ciudad de Valencia a la edad de setenta años

Tal vez detendrá el paso de los años la página que guarda los versos, las canciones con que los amantes despiden una mañana poblada de fantasmas y soles, tal vez, será más bien la noche o la tarde en que se espera la desnudez con que se habitan algunas horas. Un minuto y el poeta se vuelve hombre, soplo de la pequeñez con que se transita la vida.
Eugenio Montejo (Caracas, 1938 – Valencia, 2008) anduvo con su palabra a cuestas el vaivén del tiempo, su paso y su palabra celebraron el transcurrir de los días. Supo de la condición humana y la hizo suya, para decir y decirnos, que la mujer y el hombre abrimos rendijas en el fuego.
Con sus contextos, vivencias, sus idas y vueltas, Montejo concibió una poética que sabe de viajes y amores, premoniciones y deseos. Su voz hecha papel alzó sus propias banderas para saberse cierto en el viaje, en el encuentro con las aguas, las calles, la luz derramada de pasos.
“En cada muro en que me acodo / siento el vaivén errante de los barcos. / Entre estas islas y mi casa / caben todas las aguas por siglos de este río, / el gris invierno de paredes rectas, / los vientos que nos tornan monosilábicos / y quedan leguas que llenar para acercarse”. (En el norte)
El poeta desespera de tanto esperar, se vuelve camino, jirones de nubes y cielos, canto estático en mitad de la sombra. Montejo hilvana sus sentipensares y se crece en la divinamente humana derrota. Una búsqueda que no termina sino que permanece y hace cómplice al lector, un final de guijarros incendiados en un día cualquiera.
“Con piedra viva escribiré mi canto / en arcos, puentes, dólmenes, columnas, / frente a la soledad del horizonte, / como un mapa que se abra ante los ojos / de los viajeros que no regresan nunca”. (Escritura)
La mujer como pretexto, como orilla, se desdibuja en la voz de Eugenio Montejo. Más cerca o más lejos, la desnudez suele ser un enigma para recrear los anhelos. A través de las paredes se alzan y se cuelan las imágenes, los olores, los colores, con que el deseo esboza la posibilidad del roce y del encuentro.
“Una mujer a solas tras los muros, / unos pasos, un oscuro deseo, / hasta mí llega de otro mundo / como alguien que he amado y que me habla / desde un ataúd lleno de piedras”. (Hotel antiguo)
El poeta hilvana en sus versos el andar sobre el mundo. Vuelve. Aunque se aleja y levanta muros, los pasos lo traen de vuelta, como si todo final fuera un punto de partida y de tanto escapar sus palabras lo anclaran en la tierra. En sus poemas se adivina el deambular de sus ocasos y su vigilia, tratando a lo mejor de componer el mundo que fue y el que seguirá siendo aunque sus palabras hayan inaugurado un nuevo silencio.
“Ya no hay más que silencio nivelado / bajo la sombra de un follaje extinto / donde se curte todo su misterio. / Fiel a sus tablas, sólo da reposo, / cuando en tardes la hemos recostado / a la pared, ahogando una memoria / de días que crecieron como un árbol / y la vida tronchó por cosa muerta, / claveteada con viejos pensamientos”. (Regreso)
La poética de Montejo trasluce al hombre que fue, al que seguirá siendo en sus palabras que cantan las cotidianidades y los sueños. Y nacerá una y otra vez en sus poemas, cuando la página lo nombre o cuando el azar lo invite a cantar y a cantarnos en la vida que seguirá siempre siendo.
“Vuelvo a contarme aquí mi vida / otra tarde de otoño / viejo de treinta y tres vueltas al sol. / Vuelvo a replegarme en esta silla / palpando su inocencia de madera / ahora que el año hace su estruendo / y me sacude fuerte, de raíz. / En la terraza inicio otro descenso / al infierno, al invierno. / Sangran en mí las hojas de los árboles”. (Un año)

Eduardo Galeano: "Espejos, una historia casi universal"


** Pensar el mundo real, presente, a través de las páginas de la historia humana, no la de los vencedores, sino la de los vencidos, es darse cuenta que la sociedad está dominada por la dictadura mundial del miedo


Contar el devenir humano, las idas y venidas del hambre y de los sueños, la historia de los vencidos, la de los que desesperan de tanto esperar, y también la de los que sueñan el mundo y los mundos posibles e imprescindibles, es parte del quehacer de algunas mujeres y hombres, que como Eduardo Galeano, han hecho de la palabra un puente tendido a los encuentros.
El escritor uruguayo, autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, entre otros, presentó recientemente Espejos, una historia casi universal. Alrededor de seiscientos breves relatos se reúnen para narrar el mundo de hoy.
Galeano es sin duda alguna, uno de los escritores que mejor representan a esta América Nuestra, a este Sur, que de tanto silencio impuesto y sangre sembrada ha olvidado mirarse el ombligo y se extravía muchas veces queriendo ser lo que no es, silenciada de su propia historia, que como un viejo amigo decía anda sobre su estómago y sus terribles pies descalzos.

ASOMBROS
Durante la presentación de su libro en Casa de América, en la capital española, Galeano consideró que esta nueva obra está llena “de asombros” que le llevaron a pensar que “el mundo está embarazado de otros mundos”, y esos son, precisamente, los que relata en las páginas de Espejos.
La obra, que fue publicada en el mes de Marzo, insta al lector a pensar sobre las circunstancias de la sociedad contemporánea, pero también le hace remontarse incluso hasta Adán y Eva, sobre los que se cuestiona si “eran negros”.

LA NEGRITUD

En ese sentido, Galeano recordó que si el hombre blanco también procede de África, entonces “somos todos africanos”, y en consecuencia todas y todos “somos negros”, lo que subrayó, “no viene mal recordar en estos tiempos”.
“De allí –de África- emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta... Ahora las mujeres y los hombres, tenemos más colores que el arco iris del cielo; pero somos todos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África”.
Y continuó contando que “en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido”, y añadió que las pateras -pequeñas embarcaciones de fondo plano y sin quilla- de hoy “son nietas de los navíos de negreros”.
Quienes van en las pateras “no se van, los empujan, porque nadie emigra porque quiere” y denunció que “la venta de carne humana sigue siendo el negocio más exitoso del sur”, pero los que llegan al norte “serán usados mientras sirvan y después serán arrojados”.

ENTRE MUROS
A pesar que durante décadas el “civilizado” mundo de Occidente se quejó del Muro de Berlín, mientras exigía a gritos su caída, “otros muros siguen surgiendo y, aunque son más grandes, no se dice nada”. Éstos, dijo, son por ejemplo el kilométrico muro que Estados Unidos construye en su frontera con México, por el que “pueden pasar el dinero y las mercancías pero no la gente, porque ésta no es digna de confianza” o las alambradas de Ceuta y Melilla o el de Cisjordania o el existente entre Marruecos y el Sáhara Occidental.

LOS NADIES
Los olvidados de la historia oficial, los nadies, que como el mismo Galeano escribió en el Libro de los Abrazos, “cuestan menos que las balas que los matan” son, aunque quieran negarlos los oficiantes del hambre y la desmemoria impuesta, protagonistas de las palabras divinamente humanas de este escritor uruguayo, tan latinoamericano que hace de su palabra, voz de los sin voz.
“Este es el libro de los olvidados... de las historias no vistas”, dijo Galeano en la presentación, en la que se declaró “unido a la causa saharaui porque es un pueblo al que le robaron la Patria”. Y sin embargo, el escritor señaló también que los humanos pueden “ser compatriotas de gente nacida en otros países y sentirse contemporáneos de personas que vivieron en otras épocas, y que, además de ser los exterminadores de todo, los creadores de la bomba atómica, los únicos que torturan o violan o matan por placer, también los humanitos –precisó-, son los únicos que sueñan despiertos, los que convierten la basura en hermosura, los que descubren colores que el arco iris no conoce, los que dan nuevas músicas a las voces del mundo y crean palabras, para que no sean mudas la realidad ni su memoria”.

GLOBALIZACIÓN

En su andar por el mundo Galeano aprendió y aprehendió qué es el “internacionalismo”, y en este sentido enfatizó que Espejos es fruto de su larga certeza internacionalista. Aclaró que ese concepto “no tiene nada que ver” con la globalización, que considera como el “libre el tránsito del dinero y de las mercancías, pero no el de las personas”, y lamentó que los países sur del mundo “han sido articulados al servicio del mercado mundial”. Por esto, consideró que esos países “desarrollados hacia afuera –los explotados del mal nombrado Tercer Mundo-, en función de las necesidades de otros, necesitan reconocer el camino hacia adentro”. (Texto basado en información de prensa)

ESPEJOS
Eduardo Galeano
"Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?
De deseo somos
La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también".

Alí Primera: que nuestro canto no se pierda


La voz de Alí Primera (1942 – 1985) es para nuestra geografía siempre verde y mineral una bandera enarbolada a todos los cantos y luchas. Su canción es palabra libertaria, eco de los sueños colectivos, que abrigan otro mundo, ya no sólo posible sino imprescindible. Pero no sólo es la voz de la protesta y la valentía del pueblo, sino que es verso, caricia nacida del tacto y la utopía realizable.
“Bienvenida a mi alma / bienvenida a mi costa, / bendita sea tu sed / que te trajo hasta mí / después de la tormenta. / Viento sur de mi vida / que si llegaste herida / te curé en mi remanso. / Blanquísima gaviota, / quiero ser agua clara / para tu sed oceánica” (Blanquísima gaviota)

El cancionero de Alí Primera, Que mi canto no se pierda, publicado por Euroamericana de Ediciones, en tercera edición en 1997, recoge gran parte de las letras de las canciones compuestas por él, y que hoy, siguen acompañando las manifestaciones populares en todos los rincones de la Patria. Tal vez, Alí, no fue un trovador de protesta, sino un hombre comprometido con las mujeres y hombres que habitamos esta Venezuela contradictoria, fue y seguirá siendo voz de los sin voz.
“Yo me siento feliz / con mi canto / porque son manos de obrero / y ellas quiero ser yo / las plantas de los pies / del que anduvo descalzo / de tanto andar el mundo / se volvieron canción” (Esconderse en la flor)
Las manos del hombre que construyen sueños, aman también el espeso ramaje de pieles y roces que se tejen en el recuerdo. La mujer amada encontró en la voz de Alí el tibio amanecer del tiempo. Y estará siempre allí, para los que necesiten cantar amores y libertades.
“Yo te dejé mi guitarra / y me traje tu sonrisa / para aliviarme este frío / del tiempo que nos separa, / me sigue cantando el alma, / porque se quedó en mis ojos / tu figurita morena / y navegando en mis labios / el sabor de esa tu boca / que no lo borra otra boca / que no lo borran mil bocas” (Cuando llueve llora el sol)
El amor en todas sus dimensiones se hace presente en Alí, sus labios cantan los deseos, las ganas de otros presentes, más dulces, más tiernos, más justos... Se le quedó la vida en sus luchas y sus gentes. Venezuela tiene tanto de Alí, que lo anunciamos cuando andamos arando la tierra libre y los amores buenos.
“Si hay que hacer la guerra, la guerra se hará / para ver los niños felices jugar / y a la gente vieja hablar de la paz / que después la guerra, estará de más. / Pirulí Giraluna, pirulí pirulero, / que la piel de mi niña huele a caramelo” (La piel de mi niña huele a caramelo)
Que su canto no se pierda, que viva siempre entre los que han desesperado de tanto esperar, que florezca bueno y sabio. Que su canto sea siempre presente, para alumbrar los días que habrán de venir, cuando sus versos nazcan verdad.
“Quiero que me escuchen / quiero que me entiendan / que mi canto no se pierda / espero que luchen / en la vida hay siempre por quien luchar / los niños descalzos / que mueren de hambre están / hay que luchar para construir / una nueva sociedad” (Quiero que me entiendan, quiero que me escuchen)
La canción de Alí Primera, voz urgente y libre, nombra lo más y mejor de nuestro suelo. Alí vive, como viven siempre los valientes, los héroes nacidos de los ríos y los vientos, vive en las manos, los ojos, los labios, la piel ardiendo. Vive en su canto, cantándole al pueblo.
“Quiero vestirme / con el sudor de tu lucha / para escapar de tu cuerpo / o meterte en mi cuerpo / y caminar despacito / el sendero hasta tu vientre / luego subir moribundo / hasta llegar a tu pecho / y en tus pichones morenos / dejar dos besos pequeños” (Los dos pichones morenos)

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