domingo, 8 de junio de 2008

Alí Primera: que nuestro canto no se pierda


La voz de Alí Primera (1942 – 1985) es para nuestra geografía siempre verde y mineral una bandera enarbolada a todos los cantos y luchas. Su canción es palabra libertaria, eco de los sueños colectivos, que abrigan otro mundo, ya no sólo posible sino imprescindible. Pero no sólo es la voz de la protesta y la valentía del pueblo, sino que es verso, caricia nacida del tacto y la utopía realizable.
“Bienvenida a mi alma / bienvenida a mi costa, / bendita sea tu sed / que te trajo hasta mí / después de la tormenta. / Viento sur de mi vida / que si llegaste herida / te curé en mi remanso. / Blanquísima gaviota, / quiero ser agua clara / para tu sed oceánica” (Blanquísima gaviota)

El cancionero de Alí Primera, Que mi canto no se pierda, publicado por Euroamericana de Ediciones, en tercera edición en 1997, recoge gran parte de las letras de las canciones compuestas por él, y que hoy, siguen acompañando las manifestaciones populares en todos los rincones de la Patria. Tal vez, Alí, no fue un trovador de protesta, sino un hombre comprometido con las mujeres y hombres que habitamos esta Venezuela contradictoria, fue y seguirá siendo voz de los sin voz.
“Yo me siento feliz / con mi canto / porque son manos de obrero / y ellas quiero ser yo / las plantas de los pies / del que anduvo descalzo / de tanto andar el mundo / se volvieron canción” (Esconderse en la flor)
Las manos del hombre que construyen sueños, aman también el espeso ramaje de pieles y roces que se tejen en el recuerdo. La mujer amada encontró en la voz de Alí el tibio amanecer del tiempo. Y estará siempre allí, para los que necesiten cantar amores y libertades.
“Yo te dejé mi guitarra / y me traje tu sonrisa / para aliviarme este frío / del tiempo que nos separa, / me sigue cantando el alma, / porque se quedó en mis ojos / tu figurita morena / y navegando en mis labios / el sabor de esa tu boca / que no lo borra otra boca / que no lo borran mil bocas” (Cuando llueve llora el sol)
El amor en todas sus dimensiones se hace presente en Alí, sus labios cantan los deseos, las ganas de otros presentes, más dulces, más tiernos, más justos... Se le quedó la vida en sus luchas y sus gentes. Venezuela tiene tanto de Alí, que lo anunciamos cuando andamos arando la tierra libre y los amores buenos.
“Si hay que hacer la guerra, la guerra se hará / para ver los niños felices jugar / y a la gente vieja hablar de la paz / que después la guerra, estará de más. / Pirulí Giraluna, pirulí pirulero, / que la piel de mi niña huele a caramelo” (La piel de mi niña huele a caramelo)
Que su canto no se pierda, que viva siempre entre los que han desesperado de tanto esperar, que florezca bueno y sabio. Que su canto sea siempre presente, para alumbrar los días que habrán de venir, cuando sus versos nazcan verdad.
“Quiero que me escuchen / quiero que me entiendan / que mi canto no se pierda / espero que luchen / en la vida hay siempre por quien luchar / los niños descalzos / que mueren de hambre están / hay que luchar para construir / una nueva sociedad” (Quiero que me entiendan, quiero que me escuchen)
La canción de Alí Primera, voz urgente y libre, nombra lo más y mejor de nuestro suelo. Alí vive, como viven siempre los valientes, los héroes nacidos de los ríos y los vientos, vive en las manos, los ojos, los labios, la piel ardiendo. Vive en su canto, cantándole al pueblo.
“Quiero vestirme / con el sudor de tu lucha / para escapar de tu cuerpo / o meterte en mi cuerpo / y caminar despacito / el sendero hasta tu vientre / luego subir moribundo / hasta llegar a tu pecho / y en tus pichones morenos / dejar dos besos pequeños” (Los dos pichones morenos)

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