sábado, 27 de marzo de 2010

27F: Poesía, Memoria y Revolución

Hay una literatura que nace de la memoria. Que es bandera alzada y tiene entre los pliegues la humedad de la sangre y el tacto de la tierra. Hay versos que fueron paridos del dolor, de las infinitas heridas abiertas con que aún gime el mundo. Y es esa poesía capaz de mirarse las entrañas y llorar por la siembra, la que sabe de las libertades y la que construye con las manos todas el futuro que necesariamente habrá de ser.

Hay versos que son historia, que son canta imprescindible, que son pueblo, que son lucha... así son las lecturas de 27F, Poesía, memoria y revolución, antología poética publicada por el Consulado General de la República Bolivariana de Venezuela en Sao Paulo.

Voces nuestras recrean desde el poema el grito que el pueblo venezolano enarboló aquel 27 de febrero de 1989, aquí se leen a Juan Calzadilla, Luis Ernesto Gómez, William Osuna, Norys Saavedra, José Javier Sánchez, Iris Tocuyo, Eduardo Viloria y Gregory Zambrano, entre otras y otros poetas, todos gritando a una misma voz la tierra desgarrada de llantos.

“Alguien tenía que quedarse a redactar los epitafios / Alguien tenía la necesidad de traducir el mundo en llanto / (…) / Alguien tenía que guardar el eco doliente y mudo de una plegaria / Alguien tenía que sostener el incierto anhelo humano / de un alba aún por venir en lo oscuro / como una pura e imprevisible ofrenda” 
(I, de Gonzalo Ramírez, fragmento)

El tiempo se divide en los aquí y en los ahora, en el pasado colmado de ecos capaces de derramarse en la mañana amarga del café colado. En la muerte que no debió, en el llanto que aún llueve sobre los cerros, en esa salobre soledad de muchos que sigue diciendo presente a los que quedaron.

“Un cementerio en medio del caribe Los ojos volteados blancos morados Huesos reventados enterrados sin nombre Viene el toque y la queda La bala en el tuétano Tres días con nombre de febrero Cercas de alambres Barricadas en el cielo Hay la mudez de los ángeles caídos Balidos como el rebaño emboscado en luna llena por los vampiros”. 
(Febrero Balas Balidos, Norys Saavedra, fragmento)

Demasiado polvo y demasiada muerte se sumaron en aquel febrero que debe estar anclado siempre en la memoria. Demasiada verdad rebelada contra los muros cansados de tanta hambre y de tan poca luz. Tanto valiente estallido que fue capaz de abrir y abrirse el futuro, anunciando los días que estaban por venir.

“En Petare un estudiante de educación media ha sido acribillado / llevaba una bandera roja en su mano izquierda / y en su otra mano / un 38 smith and wesson / que hace más de una vida, un aliento, un sueño, / se ha quedado sin balas / espera a que los cerros sigan cantando / para que las víctimas / no se conviertan en ornamentos de la masacre”. 
(Un llanto por el Caracazo, José Javier Sánchez, fragmento)

Esa fue la rabia que bajando de los cerros se estrelló contra los cristales, derribando a su paso el orden y el mundo. Y esa fue, esas fueron, las vidas entregadas con sus manos abiertas, con sus ojos abiertos y con la dulce esperanza clavada en las calles. Hoy quedan los muertos, el recuerdo de sus voces, la caricia que no dieron, el crujir de sus pasos y la vida que vive en ellos. 

“te convoco al encuentro de los juntos / al abrazo de los que nacerán / de otra sangre y otro beso / a los desprendidos de dioses y amos / te convoco a la adoración de todos los afectos / para que el odio no sea más nuestro alimento”. 
(Insensibilidad, Ramón Mendoza, fragmento)

Venezuela en llamas, incendiando la memoria y el tacto, danzando sobre la lumbre. 27F para recordar, para alzar las banderas, para decir un poema y hacer la revolución.

domingo, 14 de marzo de 2010

Ismael Serrano, trovando la vida

Hay poemas y canciones que son un instante de tregua. Un minuto que se salta las rutinas, que siembra y hace germinar los silencios, la memoria de los viejos y los buenos amores, el dolor de la tierra y la esperanza por el tiempo por vivir. Así canta Ismael Serrano (Madrid, 9 de marzo de 1974), trovador necesario, mago del sortilegio hecho palabra y canción.

Tiene voz de caverna y su palabra canta, canta el sueño, el encuentro, los cuerpos, la historia. Por la casualidad de aprehenderlo, por las ganas que provoca, por el recuerdo que llega con sus versos es que es voz del sur, de la imprescindible historia que escriben los pueblos.

“Ni un momento, ni un recuerdo, / para los que perdieron, los que construyeron / la tumba, el mausoleo, de la miseria, del carnicero. / ¿Cómo esperas ganar sin ellos / las batallas que anteriormente perdieron?/ Si han de callar, que callen aquellos, / los que firmaron pactos de silencio”.
(Al bando vencido, fragmento)

La canción necesaria se hace en él presente. Son los sueños todos, las manos que hilan los anhelos, la caricia niña, el agua en la calle donde navegan infinitos los barcos de papel de la infancia. En su voz caben los matices de la historia mínima, la de los días vividos, la de todos, la de todas...

“Puede que las redes traigan / cuellos rotos, negras plumas de cormorán,/ que tiemblen los semáforos, / las radios callen y se derrumbe la ciudad. / Puede que te saque de mis brazos / tu marido o el despertador, / que te interrumpa el desayuno / el vuelo de un B-52”. 
(Principio de incertidumbre, fragmento)

El tiempo que transcurre entre hora y hora, sueño y realidad, amor y soledad, se hace presente en la voz de Serrano como canto y espejo que nos devuelve entre castañuelas y nomeolvides, el reflejo de nuestros pasos por una ciudad que podría estar en cualquier habitada estancia. Es él y somos nosotros transitando los espacios de la vida colmada de causas y salpicada de azares, esos que sin querer a veces nos empujan a la insospechada alegría de verse en la mirada de un ajeno por reconocer.

“Estamos a salvo del mar y su pureza, / de libros que escribieron preguntas sin respuestas, / de estar sin cobertura, de hablar con el vecino / que duerme en la escalera, del azar y sus hijos. / Del aire estás a salvo en que tiemblan mis ladridos./ De ti estamos a salvo. Mi vida estoy perdido”. 
(Estamos a salvo, fragmento)

Capaz de recomponer la tierra ultrajada por esa España dolorosa, que sembró la rabia y el miedo, Serrano canta la voz de América. La dulce pequeña que anda buscándose a través de los siglos, que anda cantando y cantándonos, mecidos por el rumor del agua y el calor de la madera ardiendo en la memoria. América niña, dulce estancia del mundo, esperanza y utopía posible.

“Duerme, mi pequeño, / que en el país al que vas dormido / escriben la verdadera historia los vencidos / No temas despertarte, / que la luz que se cuela por el tamiz de tus sueños / alumbra esta noche y limpia el cielo del mundo./ Duérmete y que vuestro sueño custodie el futuro. / Duerme mi wawa,/ la Pachamama besa tu frente y en su interior / guarda su oro negro y volátil, para ofrecértelo a ti, mi amor. / Duerme que un sueño nos salvará de tanto olvido, / y espantará al águila que acecha al puma herido”. 
(Nana para un niño indígena, fragmento)

Su voz tiene el color de la vida y su trova le canta, nos canta, abriendo las rendijas por donde asomarse al mundo... para salvarse y salvarnos del quieto silencio y de la muda soledad.

miércoles, 10 de marzo de 2010

José Martí: Nuestra América

“Le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real” afirma el prócer cubano José Martí (La Habana, 1853 – 1895), en un texto que a pesar de haber sido escrito en 1891, está más vivo que nunca. Se trata, de Nuestra América, reeditado por la Biblioteca Ayacucho, en 1985. La América en Mayúsculas, se dibuja en la voz de Martí como bandera henchida de sueños y esperanzas, sobre todo como una utopía necesariamente realizable.

Voz comprometida de la gesta de Independencia de Cuba y de la América toda, José Martí, esboza el perfil de esta tierra en la que los cantos originarios se entrelazan con la sangre de las heroínas y héroes sembrada en las luchas libertarias de los países de Latinoamérica y el Caribe.

“Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

Con un lenguaje claro y premonitorio, Martí, insiste en Nuestra América, en la necesidad de la unidad de los pueblos latinoamericanos para alcanzar la libertad y la justicia. Solidaridad que debe sostenerse sobre la base del conocimiento de las diversas culturas que convergen en la geografía amenazada por las conquistas políticas, económicas, sociales… que provienen de Europa y de Estados Unidos.

“Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. (…) Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

Martí enfatizó en Nuestra América que para los gobernantes era menester el conocimiento de las raíces culturales propias, y sobre todo que fueran capaces de crear un nuevo orden social, que interpretara las necesidades populares, para no continuar ensayando modelos teóricos traídos de otros continentes, que poco o nada tenían que ver con el sabor, el ritmo y los sueños de los países recién nacidos a la Independencia.

“El buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto. (…) El gobierno ha de nacer del país”.

Edificar libertades, crear puentes para el encuentro, construir realidades y sueños… tarea en la que el poeta, autor de los Versos Sencillos, arma el rompecabezas de una tierra profundamente contradictoria y rebelde.

Esta América nacida hace poco a las libertades y que aún se debate y se rebela contra la opresión y la injusticia, ayer como hoy, sigue estando amenazada. Así, las palabras de Martí surgen con la fuerza de un canto desgarrado que nos nombra como pueblo, como torrencial río de sangre y de manos que deben sembrar para siempre la libertad.

“De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos”.

Y allí, vuelve ésta, Nuestra América, a ser portavoz de la esperanza. Hoy, las palabras de Martí son eco de los días que habrán de venir. Cuando los hombres y las mujeres de la tierra, vuelvan a ser los luminosos hijos del sol, del maíz y del barro originario, libre y profundamente humano.

“El deber urgente de Nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños”

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