sábado, 21 de febrero de 2015

Ludovico Silva un marxiano que invita a volar



** Este escritor que es uno de los más importantes intelectuales venezolanos del siglo XX se dedicó con ternura a enseñarnos por qué hace falta abrir las alas y tomar si es preciso el cielo por asalto.

Todas las pasiones humanas fueron para él prójimas y próximas. Desde la belleza y la poesía hasta la manera en que entendemos el mundo y sus giros inexorables se convirtieron en temas de estudio y elaboración de su pensamiento. Luis José Silva Michelena, conocido como Ludovico Silva (Caracas, 16 de febrero de 1937 - 4 de diciembre de 1988), ha llamado siempre la atención por su diálogo sobre el marxismo y es que la lectura de sus textos sigue dando hoy claves para comprender el devenir de la historia venezolana.
Sociólogo, politólogo, historiador y poeta tiene entre sus libros La plusvalía Ideológica (1970), Sobre el socialismo y los intelectuales (1970), Teoría y práctica de la ideología (1971), El estilo literario de Marx (1971), Marx y la alienación (1974), De lo uno a lo otro (1976) y Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos (1976).
¿Qué por qué terminó llamándose Ludovico? Por irreverente suponemos. Luego de haber llegado a Europa a estudiar Filosofía y Letras en Madrid un grupo de amigos le dieron este nombre con el que se quedó para siempre en las letras de nuestro país. Pero aunque llegó a España alrededor de 1954, estudió además de los dos años de Filosofía y Letras, uno de literatura francesa en La Sorbona y un año de Filología romántica en Alemania.
De la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela egresó como Summa Cum Laude, en 1969 y se mantuvo en las aulas de la UCV ejerciendo la docencia.
Siempre estuvo vinculado a la palabra que sabe decir, por eso durante la década de 1960 dirigió y produjo el programa radial La palabra libre. Como secretario general del Ateneo de Caracas, cargo que ejerció entre 1964 y 1968, participó en la fundación de la revista Papeles, de la cual fue miembro del comité de redacción. Además colaboró en el periódico Clarín que dirigió hasta su clausura José Vicente Rangel, donde publicó “Ludovico a pie”, y en la revista literaria Cal. Al lado de Miguel Otero Silva fundó la revista Lamigal. Durante los años ‘80 escribió la columna Belvedere, que salió publicada en El Nacional.
No hay duda de que Ludovico Silva fue uno de los intelectuales marxistas más influyentes del siglo XX venezolano. Él supo recoger de la obra de Marx aquellos elementos que le permitieron poner en tela de juicio al capitalismo pero desde un contexto latinoamericano.
Todo en él fue viento abierto, volandero y transeúnte, tanto que hoy su nombre evoca la libertad en mayúsculas, esa que no se compra ni se vende, ni se esconde en las iglesias, ni en los altares, ni en los bancos, ni en la bolsa de (anti)valores, ni mucho menos en las vitrinas, su pensamiento está recogido en sus libros y hoy está siendo reeditado por la Editorial Fundarte, en la colección Biblioteca Ludovico Silva.

POETA LIBERTARIO
Pero Ludovico reivindicó también con versos y sueños el lenguaje de las calles y los hombres. Dejó de lado los dogmatismos para enarbolar las banderas de un marxismo plenamente libertario y liberador de los poderes creadores del pueblo. Entre algunos de sus poemarios se encuentran Tenebra (México, 1964), Boom! (Caracas, 1965), In vino veritas (Caracas, 1977), Cuaderno de la noche (Caracas, 1979), Piedras y campanas (1979) y el libro publicado después de su muerte, Crucifixión del vino.
Su tarea pedagógica fue capaz de transcender la inmediatez para convertirse también en un poeta que sigue contando y cantando en presente los ires y venires de esta tierra.
Su vida, dedicada a la enseñanza sin cortapisas y dogmatismos, a la reflexión librepensadora, encontró la unión entre la filosofía y la literatura. Sus obras traducidas al italiano y al alemán siguen alumbrando las posibilidades de conocernos las heridas y las utopías hoy realizables. Por eso su palabra es siempre una luz bañada de verdades, de ganas, de pasiones que alcanzan y nos alcanzan.


SIEMPRE LO HA SIDO (fragmento)
Por Ludovico Silva
“Siempre lo ha sido
lo ha sido
siempre
siempre lo ha sido
Veo ciudades que nacen de un disparo
veo el Mar Muerto loco
echando hacia la playa
todos los papeles de la humanidad;
el Adriático extenso
levantado por una explosión,
y en tanto cancilleres y senadores estudian
la posibilidad
de serenar los mares y detener el suicidio
Veo levantarse una prosa de la tierra
y dirigirse en verso hacia los cielos;
Veo venir un gran músculo matemático
un tórax para la respiración de DIOS
un qué sé yo cerebro disparando toneladas
diciendo:
LLEGARON LOS MIL AÑOS,
siempre le están llegando los Mil Años al hombre
esta vez será terrible
tendrá el aire universal de siempre
será atómico el golpe temporal
pero
y Babilonia?
y Roma hecha de rabia radioactiva?
y Egipto
no sigue en su silencio atómico?
(…)
Mira como se estrellan sobre las piedras
semejantes a tortugas
los ESTADOS, las urbes
los templos
los relieves
los documentos
Y todas las palabras de la humanidad:
mira el descenso de los héroes en el océano
atraídos por lo profundo
hacia la prehistoria
HACIA MI SIGLO.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Carlos Noguera se fue a volar en la noche y sus cristales de estrellas



** Escritor, sicólogo y docente este hombre que supo contar grandes historias donde el ser humano, sus relaciones, pasiones y sueños fueron protagonistas se adentró ya para siempre en la larga calle de una noche que lleva desde ahora su nombre.


En 2005 Carlos Noguera (Tinaquillo, estado Cojedes, 1943) publicó la novela Cristales de la noche. La editó Alfaguara y lamentablemente no la tenemos en la actualidad a disposición en Venezuela, aunque fue finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2007. Él mismo contó en una entrevista publicada en marzo de 2014 en Todosadentro, que es precisamente el libro que quisiera que se agotara en la Filven (Feria Internacional del Libro de Venezuela), justamente el que no está. Hasta ahora no fue reeditada (la novela), porque haciendo gala de su personalidad de quijote amorosísimo fue incapaz de hacerla llegar a una editorial del Estado cumpliendo él funciones en Monte Ávila Editores como presidente de una de las editoriales más importantes del país. Y es que hay hombres así. Pocos tal vez, pero son los que alumbran el futuro con su vocación de ángeles terrestres.
 
Con su boina y su barba clara Carlos Noguera decidió despedirse de las calles de Caracas, de los viejos cafés de Sabana Grande que en su juventud fueron propicios para el verso primero y el cuento después. Y es que la muerte, esa señora antojada vino a buscar a este narrador el 03 de febrero de 2015.

Claro que quedan sus obras y fundamentalmente dan testimonio de su andar por el mundo los jóvenes escritores del país que pasaron durante treinta años por sus talleres de expresión literaria y eso no es poca cosa, la entrega de este escritor comprometido con su tiempo deja las palabras que ahora escriben quienes se animaron a abrir las ventanas del sueño para hacer realidad todo lo que aún está por decirse.

Por su obra fue galardonado en dos oportunidades con el Premio Nacional de Literatura, en 1969 y en 2003. Además fue merecedor del Premio Conac de Narrativa en 1994.

Noguera se decidió por la literatura bien pronto, a lo mejor en el cuartito de los santos de su casa de infancia en donde estaba la biblioteca, con alguna vela se le hizo el milagro de la palabra.

Desde joven supo que sería escritor. Empezó de niño con versos sencillos que después, ya en la Universidad Central de Venezuela estudiando sicología y en medio de la vorágine política que vivía Venezuela desde de la década del sesenta, cambió por la narrativa y es que para él los versos eran para las cosas íntimas, mientras que la prosa servía mejor para dejar de manifiesto el mundo que era necesario cambiar.

En su juventud trabajó en diversas revistas literarias y tiempo después se dedicó a ser editor, así fue que llegó precisamente a Monte Ávila Editores, donde atendió no sólo a los jóvenes escritores que tocaron la puerta de la editorial sino a quienes año tras año se postularon para participar en los talleres literarios. Por eso apostó a una nueva narrativa venezolana en la que las voces irrumpieran el escenario para inundarlo todo de una luz recién descubierta con la que mirar las palabras.

Y sí, quedan de Noguera sus libros, Laberintos (1965), Eros y palas (1967), Historias de la calle Lincoln (1971), Inventando los días (1979), El adolescente caraqueño (1989), Juegos bajo la luna (1994), Dos libros (1995), La flor escrita (2003), Los cristales de la noche (2005) y Crónica de los fuegos celestes (2010). Queda su palabra, la ternura con la que acogió a los jóvenes y su vocación de renovar el mundo, queda su ejemplo, su voz de cuenco, su imagen de bohemia caraqueña andando las calles, sus ojos descubriendo páginas, sus manos haciendo libros, queda él, cómo no va a quedarse si aún hay tanto para decir en presente.

“Carlos Noguera, querido traductor del viento, que la calle del para siempre te sea amable. Cuidaremos tu obra y beberemos de ella. ¡Amén!” dijo en su cuenta de la red social Twitter, el poeta Freddy Ñáñez cuando supo del adiós de este grande de la literatura venezolana. Hacemos votos porque así sea y los Cristales de la noche estén presentes en la próxima Filven para agotar en su memoria la palabra que desde ahora nos pertenece para siempre.





Carlos

Por Marialcira Matute

Ilustración de Iván Lira para TodosAdentro
Monte Ávila Editores Latinoamericana, su gestión de años frente a nuestra gran editorial del Estado hasta que la vida le dio permiso para estar allí. Los merecidos reconocimientos por su obra minuciosamente escrita, cuidada, admirable. Las conversaciones sobre sus libros con mi esposo Isidoro, ávido lector de su obra entera. Su Premio Nacional de Literatura. Ese andar de su “flor escrita” como finalista del Rómulo Gallegos. Sus charlas eruditas, su hablar pausado, su amor por el Quijote, su conocimiento y su curiosidad sobre ese y sobre tantos temas; el compartir espacios con Carlos en nuestros “Vacílate al Quijote” aquellos viernes en el CELARG. Su afán permanente de auspiciar el diálogo entre personas de pensar distinto. Su paciencia. Cuando compartimos como jurados del Premio Nacional de Cultura. Recuerdos. Las entrevistas en radio y TV para La Librería Mediática sobre los más diversos asuntos. Carlos en las FILVEN. Su interés en descubrir y divulgar nuevos valores literarios en Venezuela. Su generosidad al compartir sus conocimientos. Su sempiterna boina. Cada uno de nosotros guarda entrañables memorias de Carlos Noguera. Releer sus libros, divulgar su obra de la que se sentía y nos sentimos orgullosos todos los venezolanos es sentido homenaje a su entrega total a nuestras letras.

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