lunes, 28 de septiembre de 2015

El Chino nos convoca a ser mejores



** La obra poética de este escritor trujillano da testimonio de la coherencia ideológica y vital de un hombre que supo del compromiso y la entrega con lo más libre y justo que habita a los hombres.

Aún debe andar preguntándose cómo camina una mujer después de haber hecho el amor. Y con esa interrogante amanecemos de bala, como él, pero también de nubes y de sueños. Víctor Valera Mora, el Chino, nació en Trujillo el 27 de septiembre de 1935. De su infancia se sabe poco. Pero no es difícil imaginarlo contemplando el cielo y volando papagayos, corriendo libre a través del verdor, conmoviéndose con el color y el tacto de las flores, tal vez de allí le vienen el sentir de las gentes y sus llantos, sus risas y esperanzas.
Estudió el bachillerato en San Juan de los Morros, en el estado Guárico, y cuentan que precisamente en esos años empezó a delinear sus versos mientras leía poesía de los llanos venezolanos, escuchaba galerones y conocía poetas allende el mar.
En Caracas estudió sociología en la Universidad Central de Venezuela. Trabajó en la Universidad de Los Andes, en el antiguo Conac y en la biblioteca ambulante de los Ovalles,  conocida como La gran papelería del mundo.

De la poesía que sabe decirnos
Fue miembro del Partido Comunista cuando aún no cumplía veinte años y por rebelde fue encarcelado a finales de 1957, durante las manifestaciones contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Durante esos años el Chino fue un desenfrenado lector. En los años siguientes Venezuela vivió tiempos turbulentos, signados por la violencia ejercida desde el Estado. Levantamientos militares e insurrecciones estudiantiles y políticas, marcadas en la memoria por el Carupanazo y el Porteñazo.
La poesía del Chino siempre llevó en sus alforjas el sabor y el canto del Pueblo, por eso supo hacer nacer los versos que cantando y diciendo nos encuentran.
Acompañado de los escritores Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, Valera Mora fue miembro destacado de la Pandilla de Lautréamont, un grupo que proclamaba la necesidad de la poesía para todos.
En 1961 publicó La canción del soldado justo, un trabajo poético que enarboló las esperanzas y sueños revolucionarios de esa década. Luego, vinieron Amanecí de bala (1971) y Con un pie en el estribo (1972). Precisamente por su segundo libro fue catalogado de subversivo por un general de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM). El Chino no esperó la condena, ni la desaparición forzosa. Partió rumbo a Roma gracias a una beca. En la capital italiana escribió sus 70 poemas estalinistas, el último de sus libros publicado en vida, que le valió un premio en 1980.
El Chino Valera falleció el 30 de abril de 1984. Dicen que fue un mediodía acostado en su cama cuando le falló el corazón. Lo enterraron un 1 de mayo, como celebrando un oficio que con versos supo edificar la vida. Luego de su muerte fue editado el libro Del ridículo arte de componer poesía, donde se recoge su producción poética entre 1979 y 1984.

El Chino en versos
Probablemente no haya un poeta tan coherente entre sus versos y pensares. Vivió con la plenitud de los quijotes, sabiendo cómo se conquista el viento. El Chino fue de la generación de los 60, de esa que encontró al país entre los que se animaron a conquistar el cielo y los que se doblegaron. Él siempre supo estar del lado de la orilla en la que viven los que sueñan el mundo y se juegan la vida y como él, también la palabra.
Todo en su poesía tiene de amor, de tacto, de lucha y entrega. Aunque quisieron silenciarlo sus versos siguen incendiando la calma, son llama viva que ilumina el futuro que aún está por venir.
Earle Herrera, ese otro poeta y periodista, dice en el prólogo de la edición de Obras completas de Víctor Valera Mora, publicado por el Fondo Editorial Fundarte, en tercera edición en 2012, que “no hay artificio, no hay postura, no hay acomodo a una época o a una moda. El lector sabe y siente que lo que escribe el poeta, le sale de adentro, de lo más hondo”. Y esa hondura de la palabra del Chino Valera Mora, esa hechura humana capaz de trascender el papel, esa poética del compromiso que también sabe reír, es la que nos convoca siempre a ser mejores.



Tiempo de perros
VII
Por Víctor Valera Mora
“Os doy mi voz erguida
mi sangre de regreso hacia tu edad primera.
Juventud siempre antigua, recomenzada toda,
agonía, irreductible fusil de barricada.
El tiempo pide corazones enarbolados.
¡Uníos! ¡Uníos, fuertes picapedreros!
Implacable tormenta de puños
y metálicas lunas sea la marcha,
porque esta tierra es un río de rodillas,
hay que levantarlo.
Y yo, os aseguro,
la muerte de los lobos será de madrugada”.
(Del libro Canción del Soldado Justo. 1961)

Nuestro oficio (fragmento)
Por Víctor Valera Mora
“Podemos caer abatidos
por las balas más crueles
y siempre tenemos sucesor:
el niño que estremece las hambres consteladas
agitando feroz su primer verso.
O el otro, el de la disyuntiva,
que no sabe si hacerse flechero de nubes
o escudero del viento.
Jamás la canción tuvo punto final.
Siempre deja una brecha, una rendija,
algo así, como un hilito que sale,
donde el poema venidero pueda
ir halando, ir halando, ir halando,
halando hasta el mañana.
Nosotros los poetas del pueblo,
cantamos por mil años y más...”.

(Del poemario Canción del soldado justo. 1961)

sábado, 26 de septiembre de 2015

Biblioteca Ayacucho, referencia del pensamiento nuestroamericano



** Francisco Ardiles señaló que están trabajando en un volumen sobre el pensamiento filosófico y político de Hugo Chávez para ser incluido en la propuesta editorial de la institución.


Seguro que ha visto en cualquier edición de la Feria del Libro, que recorre el país todo el año, unos libros de tapas negras, con ilustraciones de artistas latinoamericanos, vistosos por la sobriedad con que invitan a la lectura. En las Librerías del Sur están alineados en unas estanterías destinadas especialmente para ellos, como si fueran un tesoro para recorrer tomo por tomo y sorprenderse con lo que cada uno contiene. De tapas duras o en ediciones llamadas rústicas, esos ejemplares  forman parte de la Colección Clásica de la Biblioteca Ayacucho. Probablemente una de las editoriales más importantes del continente americano.
La editorial venezolana insigne arribó este mes de septiembre a su 41 aniversario, un regalo para los lectores y las lectoras que encuentran en sus páginas no solo a grandes autores que han desarrollado sólidas obras literarias sino también el pensamiento filosófico y político de una geografía que empieza en la oralidad de la poesía maya, náhuatl o guaraní por ejemplo, hasta alcanzar la inmensidad de la palabra de Bolívar y la ternura del poeta venezolano Gustavo Pereira. Además cada libro tiene unos estudios introductorios sobre la obra de cada autor que son referencia obligada para investigadores del mundo entero.
El escritor Humberto Mata es el presidente de la Biblioteca Ayacucho, él es el continuador de una obra que empezó Ángel Rama y José Ramón Medina, en 1974, en el marco de la conmemoración de los 150 años de la Batalla de Ayacucho, tomando la idea de Don Andrés Bello que soñó con una gran enciclopedia del pensamiento latinoamericano.
Además de la colección clásica, Biblioteca Ayacucho lleva adelante su trabajo editorial con Claves de América, Expresión Americana, Documentos, Futuro, Paralelos y Ayacucho digital, en la que puede descargar cientos de tomos de forma gratuita (www.bibliotecayacucho.gob.ve).

En 1976 se publicó el primer volumen de Biblioteca Ayacucho, dedicado a la doctrina del Libertador Simón Bolívar. Y en 2015, en el marco de la Carta de Jamaica, el gran Libertador vuelve a Biblioteca Ayacucho, para conmemorar el bicentenario de uno de los textos fundamentales del pensamiento de Nuestra América.


¿Qué encuentra un lector en Biblioteca Ayacucho?


Francisco Ardiles, director ejecutivo de la editorial, señaló en el marco del aniversario de Biblioteca Ayacucho, que lo más importante que los lectores encontrarán en los libros que figuran en el catálogo de publicaciones es «el patrimonio cultural de las letras latinoamericanas, de aquello que fue escrito antes y después de la emancipación».
El Gobierno Bolivariano ha hecho en estos 16 años de Revolución un sostenido esfuerzo por garantizarle al pueblo el acceso a los bienes culturales. Es en ese sentido, que en materia editorial se creó el Perro y La Rana, y se le dio impulso a editoriales existentes como Monte Ávila Editores y Biblioteca Ayacucho. Hoy, frente a un nuevo aniversario de esta última, Ardiles comentó que «hay una lista original de ese primer consejo editorial de Ayacucho, de Rama y esa élite intelectual latinoamericana, de 500 títulos fundamentales». Sin embargo, señaló que fueron Stefania Mosca y Humberto Mata, ambos directores de la institución del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, quienes abrieron una brecha que permitió visibilizar parte de la obra de escritores venezolanos como Gustavo Pereira, Juan Calzadilla, Ramón Palomares y Ana Enriqueta Terán, que no estaban incluidos en la lista original de Rama.
«También notamos la ausencia de Ramón Díaz Sánchez, Salustio González Rincones y Ludovico Silva –señaló Francisco Ardiles- que son proyectos que se están realizando en este momento». Y en cuanto a escritores latinoamericanos contemplan incluir voces como las de Alejandra Pizarnik, Andrés Caicedo, José Ingenieros, Oswaldo Soriano, Rodolfo Walsh, Ernesto Cardenal y Roque Dalton, entre otros, aspirando así que la colección clásica se aproxime a los 600 títulos en los que las diversas voces de Nuestra América constaten la riqueza cultural e intelectual de esta región.



Ayacucho en el tiempo
«Para los próximos dos años –comentó el director ejecutivo de Biblioteca Ayacucho- tenemos en proyecto aproximadamente veinte títulos que están repartidos en las colecciones Clásica, Claves de Américas y Claves Políticas de América Latina». Agregó que precisamente en esta última el escritor Federico Ruiz Tirado trabaja junto a un grupo de intelectuales en un tomo dedicado al pensamiento de Hugo Chávez Frías. «Chávez es uno de los intelectuales primarios de América Latina, desde la oralidad y el discurso, llevó a cabo la construcción de un ideario político que removió las bases del continente», afirmó Ardiles.
El director ejecutivo de la editorial enfatizó que «el interés del presidente Nicolás Maduro y del ministro Reinaldo Iturriza, de quien hemos recibido mucho apoyo, es precisamente que lleguemos a los quinientos títulos, reimprimamos lo que está agotado de la Biblioteca Ayacucho e incorporemos a los que quedaron en la periferia. La meta es ambiciosa pero la lucha es larga».
Y es que 41 años no alcanzan para reunir en una sola biblioteca lo más y mejor de esta tierra que aún tiene tanto por decir, tanto por contar, por soñar y por pensar.

 

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