martes, 17 de marzo de 2015

No volverá nunca más el silencio



Durante siglos supimos hacer la tarea. A la orden de la mudez, respondimos con silencio. Calladitos recorrimos la historia de la conquista. De vez en cuando, claro está, se levantó algún rebelde como José Leonardo o Andresote que no quisieron hacer buena letra y lanzaron un grito a mitad de la noche. Todos lo escuchamos, al grito. No es que no hubiéramos querido unirnos. A lo mejor no supimos cómo, a lo mejor los grilletes y las cadenas, el hambre y el fuego, pudieron más que todas nuestras ganas.
Con la llegada de la Independencia levantamos un poco más la voz aunque todavía hablábamos quedo. Cansados de que las palabras no dijeran nunca libertad, ni vuelo, ni sueño, ni esperanza empezamos a saborearlas muy lentamente, no sabíamos exactamente de qué se trataba, pero el gustito nos despertó. El bullicio lo armaron Gual y España primero, Miranda, Bolívar, Manuela, Sucre, Anzoátegui, Piar y Zamora después. Aunque la lista de los revoltosos es larga porque nos sumamos desde todos los puntos cardinales, en menos de lo que hubiéramos querido nos quedamos otra vez con la garganta seca de tanto llamar para desencontrarnos. Y así enterramos con camisa ajena al hombre que después, desde las plazas del país, nos arengaba apenas con los ojos porque el bronce es mudo en la solemnidad de las palomas. No sabíamos aún cómo hablar y cómo prolongar el grito. Nos pesaba la costumbre del miedo que sabe cómo andar en sigilo.
Siglos pasaron de mirarnos en un espejo sin siquiera poder pronunciar nuestro nombre. De pronto otra vez una voz, que eran algunas voces, ellas poblaron montes y ciudades, para decir esperanza. Entonces blandiendo la paz de los cementerios nos conminaron a cerrar la boca. Apretamos los dientes y pusimos los ojos en otro lado. No sé de dónde sacamos tanta fuerza para mantener los labios fruncidos en una mueca larga. Las palabras para describir todo aquello se quedaron en el estómago. La vida se nos fue pasando. La resistencia como ha demostrado el tiempo transcurrido la pusieron cerro arriba, monte y barrio adentro. Y aunque al principio fue como un murmullo, casi pisando la década del noventa las palabras tanto tiempo agolpadas contra las comisuras salieron disparadas en todas direcciones. Todas ellas decían rebeldía, justicia, pueblo… hablaban de nosotros y utopía. Para callarnos tuvieron que decir Peste y desaparecidos. Nosotros dijimos no más olvido.
Pocos años después otro quijote encendió la madrugada. Y dijo por ahora y volvió a decir esperanza. De este lado, con tanta memoriosa miseria creímos en un para siempre. Y aún creemos y no callamos. Porque recuperada la voz tenemos siglos de demora en las palabras que hacen falta para contarnos los sueños y para hacer nacer juntos el futuro.
No hay duda de que en estos dieciséis años han tratado - ellos, los de siempre- por toda las vías de llenarnos la boca de estopa para que las palabras se queden sin salir. Pero no han podido. Y ojalá no puedan nunca. Porque se siente bien esta hermosa conquista de tener voz. Finalmente después de tantos siglos los labios que sirven para el beso saben también de versos y de cantos. Aún no terminamos de ponernos al día. La mudez fue larga y el grito resulta corto. Pero tenemos todos los días que nos quedan para llamar las cosas por su nombre.
Esta voz que resuena ahora y que aprende hablar con lengua propia se niega a recoger lo que hemos dicho. Decimos Chávez, juntos, futuro, vida buena, todos, bandera, Patria en mayúsculas, niños con escuela, vejez digna, salud… decimos libros como decir historia y cultura como memoria, sueños, campos, siembra… decimos nosotros en este juntar voces que también tiene los ecos del dolor y el desgarro que ya no podrán nunca más volver a imponernos. Y en este decir nuevo también decimos que no volverá la oscura aspereza del silencio.

lunes, 9 de marzo de 2015

Las poetas hablan con voz de humanidad


Iván Lira para TodosAdentro

** Oficio que desde siempre pone el acento en el sentir y pensar, la poesía es el espacio donde converge la magia y lo terreno de hombres y mujeres que saltan al vacío del papel en blanco.

¿Cuáles son tus escritoras venezolanas preferidas?, me preguntó un poeta amigo no hace tanto en una Feria del Libro en Caracas. Debo confesar que me quedé en blanco, creo que hasta ahora no había pensando en la literatura en términos de sexo, porque me gusta en general lo que considero buenos libros y eso nada tiene que ver con si quienes escriben usan falda, minifaldas, pantalones, pintura de labios o bigotes. Por lo que en ese momento me tomé la cosa a chiste. Pero tratando de darle un poco más de profundidad al asunto, hay que decir (en tono muy personal) que en Venezuela hay poetas y narradoras extraordinarias. No hay duda de la belleza de la escritura de Teresa de la Parra y la inmensidad del mensaje de su Ifigenia, por ejemplo.
Si me vuelven a preguntar por mis preferencias esta vez no dudaría en nombrar a Luz Machado, Ida Gramcko, Lucila Palacios (seudónimo de Mercedes Carvajal de Arocha), Hanni Ossott, Lydda Franco Farías, Mimina Rodríguez Lezama y Ana Enriqueta Terán, entre algunas de las poetas de las constelaciones mayores. En la narrativa Laura Antillano y su mágica forma de contar conejos y sueños, estaría primera en la lista. En todo caso, sería una tarea de lo más personal y subjetiva, pero claro que pasaría lo mismo si me preguntaran por escritores hombres.
Lo interesante es que en el país con la llegada de la Revolución Bolivariana y su carácter feminista enunciado por el comandante de los sueños buenos Hugo Chávez, el tema del “género” ha tomado matices que van desde la reivindicación oportuna y merecida, hasta la exageración y el desenfreno. Nadie es “bueno” por ser mujer o ser hombre. Ser “bueno” se trata de una elección permanente de vida y de compromiso con la existencia humana.
Estas buenas escritoras lo son porque hicieron o hacen buena literatura, no por ser mujeres. Por eso cuando se trata de abarcar algún espacio de investigación o reflexión siempre prefiero pensar en poesía o narrativa escrita por mujeres y no en los calificativos de femenina o feminista, la primera porque no creo que hayan temas específicos que aborde la mujer y lo segundo porque se trata de una postura de militancia. ¿Acaso hay temas del pensamiento humano que atañan sólo a las mujeres o a los hombres?
La poesía es uno de los géneros literarios que tal vez más pliegues y despliegues posee. La vida toda cabe en la poesía. Y claro que no ha sido fácil para las mujeres ver y dejarse ver, como quien lee y se deja leer, en el complejo entramado de editoriales e imprentas. En un mundo casi todo dominado por hombres, a las mujeres no les quedó más remedio que refugiarse en las sombras.
Largas batallas han dado nuestras mujeres en el mundo entero. Desde Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin (a esta última le debemos la conmemoración del Día de la Mujer), pasando por el largo vuelo de las Hermanas Mirabal (por quienes se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer). La valentía de Luisa Cáceres y de Juana La Avanzadora, y el amor infinito de la Negra Matea, han dejado su huella en las que hoy seguimos levantando la voz en todas direcciones, incluso en la literatura.

Estas poetas de siempre
Ellas, las poetas hablan con voz propia. No la han pedido prestada más que al viento. Ellas, las buenas poetas, saben de todo lo humano y todo lo divino que las habita y nos habita, y sus versos se sostienen solos, no hacen faltan poses, ni pancartas, ni leyes, ni nada, justamente eso es lo que las trae hasta hoy.
El amor, la vida, las cotidianidades, la guerra, la política, el hambre, todo, todo está presente en los versos de estas poetas nuestras.
Si no me cree lea estos versos de Lydda Franco Farías (Falcón, 1943 – Maracaibo, 2004): 
«Es necesaria / Una huelga de risas y de llantos / Es imprescindible / Convivir con las raíces metálicas del tiempo / Es hora / De formar un sindicato de piernas y cerebros / Es el momento / De hacerse solidarios con los muertos / Propietarios, uníos, / Una tempestad de fusiles nos acecha / Pero aún / Nos quedan brazos para izar banderas, / Nuestra libertad viene de adentro / Como un incendio de gritos y latidos / Como ráfagas de voces en la sangre, / Como un canto ardido de palabras».

Estas poetas nuestras de ahora
Y si se trata de la poesía contemporánea, José Javier Sánchez, poeta y educador, dice en su blog (http://josejaviersanchez.blogspot.com) que “nuestras mujeres, nuestras jóvenes se hacen de un espacio con mucha fuerza. Sin revanchismos han sabido dignamente hacerse presente en todo el imaginario. Al leerlas vemos un país en pleno movimiento, un país escrito también por ellas”.
Difícil va a ser encontrarme con mi amigo en la próxima feria del libro y que me pida que referencie a las poetas contemporáneas que más me gustan, porque entonces el enredo va a atestiguar todo menos el silencio, la lista es larga.
Las voces de las poetas venezolanas se escuchan en todos los rincones, todas tienen cosas que decir, todas versos que leer, todas son este país que nace y se crece, todas son más visibles ahora que antes, el tiempo habrá de decir si sus obras trascienden.
Ingrid Chicote, Esmeralda Torres, Ana María Oviedo, Wafi Salih, Vielsi Arias, Coral Pérez, María Alejandra Rojas, Yanuva León, Katherine Castrillo, Morela Maneiro, Yuri Patiño, Sacha López y Dimitra Giagtzidakis, son algunas de las poetas que hay que leer. Ellas y también todas las que faltan nombrar aquí son la poesía venezolana del presente, ellas son las poetas, las nuestras.



LA POETISA CUENTA HASTA CIEN 
Y SE RETIRA
Por: Ana Enriqueta Terán

La poetisa recoge hierba de entretiempo,
pan viejo, ceniza especial de cuchillo;
hierbas para el suceso y las iniciaciones.
Le gusta acaso la herencia que asumen los fuertes,
el grupo estudioso, libre de manos y cerrado de corazón.
Quién, él o ella, juramentados, destinados al futuro.
Hijos de perra clamando tan dulcemente por el verbo,
implorando cómo llegar a la santa a su lenguaje de neblina.
Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,
carbón mucho frotado en mejillas de aldea lejana.
Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron,
retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.
La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

(Libro de los oficios, 1967).


sábado, 21 de febrero de 2015

Ludovico Silva un marxiano que invita a volar



** Este escritor que es uno de los más importantes intelectuales venezolanos del siglo XX se dedicó con ternura a enseñarnos por qué hace falta abrir las alas y tomar si es preciso el cielo por asalto.

Todas las pasiones humanas fueron para él prójimas y próximas. Desde la belleza y la poesía hasta la manera en que entendemos el mundo y sus giros inexorables se convirtieron en temas de estudio y elaboración de su pensamiento. Luis José Silva Michelena, conocido como Ludovico Silva (Caracas, 16 de febrero de 1937 - 4 de diciembre de 1988), ha llamado siempre la atención por su diálogo sobre el marxismo y es que la lectura de sus textos sigue dando hoy claves para comprender el devenir de la historia venezolana.
Sociólogo, politólogo, historiador y poeta tiene entre sus libros La plusvalía Ideológica (1970), Sobre el socialismo y los intelectuales (1970), Teoría y práctica de la ideología (1971), El estilo literario de Marx (1971), Marx y la alienación (1974), De lo uno a lo otro (1976) y Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos (1976).
¿Qué por qué terminó llamándose Ludovico? Por irreverente suponemos. Luego de haber llegado a Europa a estudiar Filosofía y Letras en Madrid un grupo de amigos le dieron este nombre con el que se quedó para siempre en las letras de nuestro país. Pero aunque llegó a España alrededor de 1954, estudió además de los dos años de Filosofía y Letras, uno de literatura francesa en La Sorbona y un año de Filología romántica en Alemania.
De la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela egresó como Summa Cum Laude, en 1969 y se mantuvo en las aulas de la UCV ejerciendo la docencia.
Siempre estuvo vinculado a la palabra que sabe decir, por eso durante la década de 1960 dirigió y produjo el programa radial La palabra libre. Como secretario general del Ateneo de Caracas, cargo que ejerció entre 1964 y 1968, participó en la fundación de la revista Papeles, de la cual fue miembro del comité de redacción. Además colaboró en el periódico Clarín que dirigió hasta su clausura José Vicente Rangel, donde publicó “Ludovico a pie”, y en la revista literaria Cal. Al lado de Miguel Otero Silva fundó la revista Lamigal. Durante los años ‘80 escribió la columna Belvedere, que salió publicada en El Nacional.
No hay duda de que Ludovico Silva fue uno de los intelectuales marxistas más influyentes del siglo XX venezolano. Él supo recoger de la obra de Marx aquellos elementos que le permitieron poner en tela de juicio al capitalismo pero desde un contexto latinoamericano.
Todo en él fue viento abierto, volandero y transeúnte, tanto que hoy su nombre evoca la libertad en mayúsculas, esa que no se compra ni se vende, ni se esconde en las iglesias, ni en los altares, ni en los bancos, ni en la bolsa de (anti)valores, ni mucho menos en las vitrinas, su pensamiento está recogido en sus libros y hoy está siendo reeditado por la Editorial Fundarte, en la colección Biblioteca Ludovico Silva.

POETA LIBERTARIO
Pero Ludovico reivindicó también con versos y sueños el lenguaje de las calles y los hombres. Dejó de lado los dogmatismos para enarbolar las banderas de un marxismo plenamente libertario y liberador de los poderes creadores del pueblo. Entre algunos de sus poemarios se encuentran Tenebra (México, 1964), Boom! (Caracas, 1965), In vino veritas (Caracas, 1977), Cuaderno de la noche (Caracas, 1979), Piedras y campanas (1979) y el libro publicado después de su muerte, Crucifixión del vino.
Su tarea pedagógica fue capaz de transcender la inmediatez para convertirse también en un poeta que sigue contando y cantando en presente los ires y venires de esta tierra.
Su vida, dedicada a la enseñanza sin cortapisas y dogmatismos, a la reflexión librepensadora, encontró la unión entre la filosofía y la literatura. Sus obras traducidas al italiano y al alemán siguen alumbrando las posibilidades de conocernos las heridas y las utopías hoy realizables. Por eso su palabra es siempre una luz bañada de verdades, de ganas, de pasiones que alcanzan y nos alcanzan.


SIEMPRE LO HA SIDO (fragmento)
Por Ludovico Silva
“Siempre lo ha sido
lo ha sido
siempre
siempre lo ha sido
Veo ciudades que nacen de un disparo
veo el Mar Muerto loco
echando hacia la playa
todos los papeles de la humanidad;
el Adriático extenso
levantado por una explosión,
y en tanto cancilleres y senadores estudian
la posibilidad
de serenar los mares y detener el suicidio
Veo levantarse una prosa de la tierra
y dirigirse en verso hacia los cielos;
Veo venir un gran músculo matemático
un tórax para la respiración de DIOS
un qué sé yo cerebro disparando toneladas
diciendo:
LLEGARON LOS MIL AÑOS,
siempre le están llegando los Mil Años al hombre
esta vez será terrible
tendrá el aire universal de siempre
será atómico el golpe temporal
pero
y Babilonia?
y Roma hecha de rabia radioactiva?
y Egipto
no sigue en su silencio atómico?
(…)
Mira como se estrellan sobre las piedras
semejantes a tortugas
los ESTADOS, las urbes
los templos
los relieves
los documentos
Y todas las palabras de la humanidad:
mira el descenso de los héroes en el océano
atraídos por lo profundo
hacia la prehistoria
HACIA MI SIGLO.

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