lunes, 14 de julio de 2014

Matisse y las musas

** El lunes 07 de julio de 2014 fue repatriada la Odalisca con pantalón rojo, obra del artista francés que pertenece a la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.



A lo mejor está esperando o tal vez solo mira a alguien que se va. Lo cierto es que ella está ahí, sentada, sola. A su lado un ramo de flores y apenas un poco más allá un baúl guarda quizá viejas cartas de amor. Apenas la cubre un pantalón rojo. Ella es una de las odaliscas del artista francés Henri Matisse.

La Odalisca con pantalón rojo data de 1925. Y en 1981 el cuadro fue incorporado a las piezas del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. El pasado lunes 07 de julio, después de doce años de ausencia, el cuadro que había sido sustraído del museo, retornó a Venezuela gracias al esfuerzo conjunto entre la Cancillería, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura y la Fiscalía General de la República, ratificando así la importancia que tienen los bienes patrimoniales para el Gobierno Bolivariano. Según declaraciones del titular de Cultura, Fidel Barbarito, la obra será expuesta nuevamente para el disfrute del pueblo venezolano, a quien a fin de cuentas le pertenece esta obra.



De la forma al color

Henri Matisse quien junto a Pablo Picasso está considerado como de los más grandes artistas representantes del siglo XX, nació en un pueblo al norte de Francia el 31 de diciembre de 1869 y falleció el 3 de noviembre de 1954.

Todo en su obra es color, fluir de pinceles que alumbran estrellas, barcos, rostros, música y movimiento.

El arte le vino del azar, cuando convaleciente de una enfermedad su madre le llevó colores y pinceles. Su camino se abrió ante la magia que nace de los lienzos y que siguen allí en la memoria de quien los disfruta para recordar el instante en que el color le dio sentido a una mirada.

Entonces, lo dejó todo y partió a París a aprender la técnica. En 1892 ingresó en la Escuela de Bellas Artes. En sus primeros años practicó el dibujo del natural, poco después la luz se instaló en su trabajo cuando pintó paisajes de Córcega y de la Costa Azul. Con el comienzo del siglo su obra adquirió paletas y trazos que rompieron con los patrones estéticos de ese tiempo, nació así el fauvismo. Nombre que le pusieron a un grupo de artistas que presentaron sus obras en el Salón de Otoño de París de 1905, entre los que se encontraban Matisse y Derain, otro artista francés. Aunque al principio el término resultó peyorativo (salvaje en español), los integrantes de esta vanguardia se animaron a buscar a través del color una nueva forma de expresarse.

No hay duda de que Matisse lo consiguió. Él sostenía que el color debía aportar la sensación de armonía y belleza a quien mirara la obra, el color más que la forma era el instrumento para interpretar la vida.



África y las musas

Durante la primera década del siglo XX, Matisse visitó Argelia y Marruecos y, como tantos otros pintores, el color y la luz del norte África se instalaron en su mirada y en el tacto con el que tomó los pinceles. Arabescos y odaliscas aparecieron en su obra como constatación de sus viajes.

A partir de los años veinte, Matisse recuperó la sensación de volumen y de espacio que había dejado a un lado en el período anterior, pero desde una perspectiva nueva, en una reinterpretación personal del mundo. Las odaliscas y sus interiores con ventana abierta son las obras más características de esta época, en la que precisamente se inscribe la Odalisca con pantalón rojo.

El color empieza a diluirse al entrar la tercera década del siglo XX, y la forma se sintetiza en leves curvas y contracurvas.

Lamentablemente sus últimos años estuvieron signados por una salud frágil. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana, llevó a la cárcel durante unos meses a su mujer y a su hija, más dolor en su vida de esos tiempos.

Tal vez por estar en cama incorporó a su obra una nueva técnica, los papeles pintados con la técnica gouache, una especie de acuarela opaca que posteriormente recortaba y pegaba sobre el soporte fuera lienzo, papel o tapiz, alcanzando así una pintura plana y sintética. En los años siguientes los detalles fueron diluyéndose para volverse cada vez más abstractos.

Matisse supo jugar con el color y la forma, supo regalarnos también las musas, algunas como la Odalisca con pantalón rojo, esperan el amor en los ojos de quienes ahora podrán disfrutarla nuevamente cuando visiten al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, uno de los tantos museos del país que ahora tienen abiertas las puertas al Pueblo.







Vuelta a la Patria

“Esto es un logro más de la Revolución Bolivariana, de un gobierno sensible a las artes, la cultura que ha abierto las puertas de los museos para el pueblo. Hace 15 años estas obras estaban dedicadas solamente para una élite de nuestra sociedad”, expresó el ministro Fidel Barbarito al recibir la Odalisca con pantalón rojo.

Recordó también que la recuperación de la obra es parte de una larga y continua labor del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su gestión como canciller del país. “Fue durante su gestión como canciller cuando se realizaron todas las diligencias para iniciar los trámites de repatriación de la obra”.

El titular de Cultura informó que la “Odalisca con Pantalón Rojo” es la única de la serie Odalisca del pintor francés Matisse que tiene un museo latinoamericano. Por lo tanto, anunció que la obra volverá a ser parte de una colección exclusiva del Museo de Arte Contemporáneo, la cual será permanentemente expuesta para el disfrute de todos los venezolanos.


(Con información de prensa)

lunes, 23 de junio de 2014

Fabricio Ojeda no renunció nunca a la esperanza


** En la clandestinidad asumió la presidencia de la Junta Patriótica que logró finalmente encontrar el camino a la paz y a la democracia, el 23 de enero de 1958.

A lo que no renunció nunca fue a la vida. Apostó por la esperanza y se quedó para siempre en la palabra que supo desde antes nombrarnos las heridas y con ellas alumbrar un camino que hoy tiene la dirección del futuro.
Fabricio Ojeda, el Comandante “Roberto”, (Boconó, estado Trujillo, el 6 de febrero de 1929 – Caracas, 21 de junio de 1966) se instaló en la juventud para alumbrar el tiempo que empezó a nacer de sus sueños y que hoy lleva su nombre, entre tantos otros amorosos quijotes que dieron su vida por las causas más justas y hermosas de la humanidad.
Cuentan que trabajó como maestro en Cabimas, y que luego anduvo libre y contestatario por las aulas de la escuela de periodismo de la Universidad Central de Venezuela, y que con su palabra que sabía encender la memoria trabajó en los diarios El Nacional, La Calle y El Heraldo.
Desde muy joven la política, esa que con mayúsculas anda tratando de hacer más libres a los pueblos, lo llamó a su lado. Eran los tiempos del silencio, de la fuerza sin la razón, por eso en agosto de 1952 fue detenido en Maturín, estado Monagas, por agentes de la Seguridad Nacional.
A partir de 1957 se dedicó a organizar un movimiento civil que fuera capaz de luchar por el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En la clandestinidad asumió la presidencia de la Junta Patriótica que logró finalmente encontrar el camino a la paz y a la democracia, el 23 de enero de 1958.
Fabricio Ojeda fue electo diputado al Congreso Nacional por su partido, Unión Republicana Democrática (URD). Pronto decidió dejar su curul para acompañar ell movimiento guerrillero que tomó las armas contra el régimen de Rómulo Betancourt de Acción Democrática.

Renuncia
Con la voz clara y rotunda de las verdades irrevocables, Fabricio Ojeda consignó ante la historia uno de los documentos políticos más importantes de una generación, una que se negó a traicionar al Pueblo. Cuando decidió dejar el Congreso para tomar el cielo por asalto, el líder revolucionario escribió una carta de renuncia que hoy sigue siendo una prueba fehaciente de sus sueños, de su convicción libertaria y una denuncia contra el Puntofijismo.
Ya convertido en el Comandante Roberto del Frente de Liberación Nacional, bajó de las montañas, para tratar de evitar lo que parecía una división de las fuerzas revolucionarias. En Caracas fue capturado por el Ejército el 12 de octubre de 1962, y condenado por el Consejo de Guerra Occidental a 18 años y 8 meses de prisión. De la cárcel de Trujillo donde se encontraba recluido logró evadirse, junto a un grupo de compañeros guerrilleros y militares, el 15 de septiembre de 1963.
Apenas tres años después, el 20 de junio de 1966, fue nuevamente capturado en La Guaira por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). El 21 de junio apareció en su celda muerto en extrañas circunstancias.
Él que se animó a cambiar un curul por las montañas, que transformó la fe en acción revolucionaria, sigue tan indeteniblemente joven, tan amante de la palabra que sabe decir las verdades, que siempre será ejemplo para los amorosos y los libres que aspiran a un mundo mejor.


“Si muero, no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad, lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo”.
       Fabricio Ojeda


Carta de renuncia de Fabricio Ojeda 
al Congreso de la República (fragmento)
“Estoy consciente de lo que esta decisión implica, de los riesgos, peligros y sacrificios que ella conlleva; pero no otro puede ser el camino de un revolucionario verdadero. Venezuela – lo sabemos y los sentimos todos -, necesita un cambio a fondo para recobrar su perfil de nación soberana, recuperar los medios de riqueza hoy en manos del capital extranjero y convertirlos en instrumento de progreso colectivo. Necesitamos un cambio a fondo para liberar al trabajador de la miseria, la ignorancia y la explotación; para poner la enseñanza, la técnica y la ciencia al alcance del pueblo: para que el obrero tenga trabajo permanente y sus hijos amparo y protección. Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías. Pero nada de esto podrá lograrse en un país subdesarrollado y dependiente, como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya con la conquista del Poder Político por parte del pueblo”.
(La carta completa puede leerla en la página del PSUV del Gobernador Aristóbulo Istúriz)

lunes, 9 de junio de 2014

Festival Mundial de Poesía en tres paisajes de Venezuela



** Bajo el lema “La letra y la paz” esta edición del encuentro poético reunirá las voces de Argentina, Chile, China, Colombia, Cuba, Brasil, Ecuador, El Salvador, Francia, Jamaica, Kenia, Nicaragua, Palestina, Perú, Sahara Occidental, Siria y Turquía junto a 29 poetas venezolanos, para cantarle a la vida.

Nadie sabe aun que fue primero, si la noche o el verso. Lo cierto es que el paisaje estalla en las palabras que lo nombran, o tal vez resulte que la caricia o la tormenta se hagan una y otra vez en el papel que trata de contenerlos.
Nadie sabe, pero en todo caso la poesía lleva entre sus pliegues el comienzo de aquel primer sonido que luego se hizo palabra o a lo mejor la mirada que luego nació en un beso.
Así lo hemos comprobado a lo largo de estos once años, en los que voces de los cinco continentes vienen a Venezuela a contarnos la tierra y las humanas pasiones que nos convocan siempre y desde tiempos inmemoriales.
Y es que el Festival Mundial de Poesía año a año nos encuentra para preguntarnos la vida y sobre todo para llenarla de versos.
Del 13 al 18 de junio en todos los estados del país se reunirán poetas para ofrecernos ese saber decir que cantando estremece certezas y dudas, porque la poesía cuando llega donde debe llegar no nos deja como antes. Eso tiene precisamente de magia y hechizo.

Homenajes
En cada oportunidad este encuentro que organiza el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de La Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, no solo rinde tributo a lectores de todo el país y ciudadanos desprevenidos que se encuentran queriendo o sin querer con los recitales, talleres de creación y libros que difunden la obra de poetas de aquí y más allá, sino que además sirve de homenaje a escritores venezolanos a los que se dedica el Festival. El encuentro poético pone entonces el acento en la difusión de su obra para que no se nos olviden nunca sus nombres y los versos que se hacen necesarios para pensar y repensar el país desde la ternura y la profundidad de la palabra. Nombres unidos a nuestra memoria han estado durante esta década dedicada a llenar de poesía la geografía enorme de esta Venezuela, entre ellos Ramón Palomares (2006); Ana Enriqueta Terán (2007); Gustavo Pereira (2008); Juan Calzadilla (2009) ; William Osuna (2010); Reynaldo Pérez Só (2011) y Enrique Hernández-D'Jesús (2012). Y justamente en el décimo Festival la poesía le ofrendó sus versos a Hugo Chávez, el más nuestro de los nuestros, el que hizo posible que este evento se hiciera cada año para mostrarnos que este es un país de utopías realizables que ha sabido izar las banderas de la solidaridad y la palabra para conquistar los mejores sueños de los seres humanos. Por cierto, que los diez años del Festival también supieron nombrar la poesía más honda de esta tierra en las voces de “Chelías” Villarroel, Carlos César Rodríguez y José Antonio Escalona Escalona.

Tres quijotes, tres paisajes
En esta oportunidad el Festival Mundial de Poesía nos encuentra con tres voces imprescindibles de las letras venezolanas. Tres poetas, tres lugares y tres paisajes que se dibujan en las páginas y que saben cada cual a su modo nombrarnos.
El primero dice sueños como quien hace llover sobre el Orinoco. Todo en Luis Camilo Guevara es transcurrir de aguas. Así, es el poeta que nació en Tucupita, en 1937. Del río le debe haber quedado el tacto de las corrientes y el rumor de las orillas que se juntan en el Delta formando remansos y caños que despacito llegan al mar. En su palabra estalla la luz que hace sombras sobre los árboles dibujando los fantasmas que cada quien lleva a cuestas y susurran amores y viejas pasiones anidadas en las copas. Festejos y sacrificios; Las cartas del verano; La daga y el dragón; Vestigios rurales, Devociones y un largo y memorioso relato cuyo título definitivo es Aún no se hace firme, son algunos de sus libros.
Edmundo Aray, nació en Maracay en 1936 y es un buscador de palabras, que anda entre poemas, cuentos, ensayos e imágenes y es el segundo de los homenajeados del XI Festival Mundial de Poesía. Pertenece al grupo de los rebeldes con causa que juntando sueños e irreverencias fundó El Techo de la Ballena (1963-1968). Atilio Rey fue el seudónimo que usó para firmar sus artículos de prensa. En él cabe el paso y el abrazo como si la ciudad irrumpiera siempre en sus versos o como si le pesara el andar distraído, por eso lleva memorioso todo lo que sabe de un grito que hace nacer el tiempo que viene.
Entre sus libros se encuentran La hija de Raghú; Nadie quiere descansar; Tierra roja, tierra negra; Cambio de soles; Cantata del Monte Sagrado; Heredades (2001) y Mi amado Martí, entre otros. Además, en 1991 obtuvo el Premio Nacional de Cine.
Cuando en la poesía se nombra al llano no hay caso, el nombre de Luis Alberto Crespo anda cabalgando versos repartidos en el aire. El paisaje de este poeta, también homenajeado en esta edición del Festival, nació con él, allá en Carora, en 1941. Periodista, crítico y columnista, Luis Alberto es un poeta que sabe de la heredad de la tierra recién amanecida, de ordeños y cantos, de provocaciones y amores que nacen con el sol para despedir siempre el día cuando atardece calladito el llano inmenso de Venezuela. Para leerlo están sus libros Si el verano es dilatado; Novenario; Costumbre de sequía; Sé y Por nada, pero la lista es más larga. Actualmente es embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Tres paisajes y tres poetas que son lectura necesaria de la literatura de nuestro país en esta edición del Festival Mundial de Poesía, con ellos y con todos hagamos nuestro el lema de este año, “la letra y la paz” que cantan los amores buenos del pueblo venezolano.


Si quiere acceder a la programación del Festival Mundial de Poesía, ver los afiches de ediciones anteriores o ampliar la información, los invitamos a visitar la página web de Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, que actualmente dirige el poeta William Osuna. La dirección es: http://casabello.gob.ve/

lunes, 26 de mayo de 2014

Angostura del Orinoco, la viajera

** Ciudad Bolívar fue fundada en varias ocasiones, finalmente trasladada a su sitio actual el 22 de mayo de 1764, bajo el nombre de Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco.







Será por su vocación de estar asentada en las orillas del río Orinoco que tomó de él su carácter de andariega, será por eso que toda su fuerza anida en las calles, como sumando aguas y creciendo al calor del paso del tiempo.

Fundada y refundada, la ciudad tiene la voz de todos los misterios, los de antes y los que se han ido incorporando en el asombro de quedarse por fin quieta, aunque nadie sabe por cuánto tiempo.

Cuentan que la primera fundación de Ciudad Bolívar fue el 21 de diciembre de 1595 por Antonio de Berrío y su emplazamiento original se encontraba cerca de la desembocadura del río Caroní en el Orinoco, ubicación que la ponía en indefensa posición ante el ataque de piratas y corsarios que navegaban aquellas aguas. Por esos años llevaba el nombre de Santo Tomás de Guayana, pero fue finalmente trasladada a su sitio actual el 22 de mayo de 1764, bajo el nombre de Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco, tanto nombre para tan poca gente, por lo menos cuando eso pasó. Finalmente sería renombrada en junio de 1846, con el nombre que conocemos, como una manera de rendirle tributo a quien desde una de las casas que hoy es emblema del paso de la historia, pronunció aquel discurso que sigue resonando en toda Venezuela. Y es que Ciudad Bolívar, fue sede del Congreso de Angostura donde aquel gigante de la América mayúscula, dirigió a los diputados asistentes una de sus más brillantes piezas políticas, una que marcó para siempre la historia del país.

Pero Angostura no estaba sola. El pueblo caribe, pueblo originario de estas tierras, era el morador y dueño de estos parajes en los que el río tiende su magia. Con ellos habitaba Amalivaca, el creador de la tierra y del Orinoco. Y más allá, apenas un poco, el mito de El Dorado se extendía entre éste y el Amazonas, tal vez por eso los conquistadores apuraron sus pasos para llegar sin saber que nunca más volverían.



La piedra del medio

La piedra del medio, es monumento natural, que identifica a la ciudad y ha quedado estampado como emblema en el escudo del Estado al culminar la Guerra Federal en 1864.

El naturalista Alexander von Humboldt la llamó el Orinocómetro porque gracias a las marcas del agua en ella, los antiguos pobladores sabían cuánto había crecido su caudal. Pero esta piedra inmensa en medio del río, justo donde la vista alcanza, es además parte del imaginario popular de esta región del país y hoy hasta sin querer cuando propios y extraños transitan por el paseo Orinoco se detienen a mirarla, sobre todo si es tiempo de sapoaras y el bullicio del ir y venir de las redes regalan el paisaje asombroso de la naturaleza y el hombre.

Cuentan que debajo de ella, de la piedra, vive una serpiente de siete cabezas que es dueña y causante de los flujos y reflujos de las aguas y sus largas extremidades reposan debajo de la ciudad. La existencia del animal mítico explica la desaparición de curiaras, nadadores, pescadores, y hasta de una chalana que con el nombre de “La Múcura” se hundió el martes de carnaval de 1952, repleta de vehículos. De ella y su pesada carga nunca más se supo, pero La piedra del medio, en el medio del Orinoco, sigue siendo testigo de los días que pasan y se enredan en el porvenir.



De la ciudad y sus gentes

Con más o menos suerte, la ciudad histórica, ha sido recordada y abandonada por sus gobernantes. Hoy luce remozada, en especial su cuadrilátero histórico que es patrimonio de los bolivarenses y de Venezuela toda, porque allí pasó Bolívar, porque hay un tiempo de vida de la Nación que se fundó justamente en esas calles.

Algunos de los habitantes del cuadrilátero histórico, conformado por la Plaza Bolívar, la Catedral, la casa del Congreso de Angostura y las calles adyacentes, aseguran escuchar en noches despejadas y silenciosas las cadenas que arrastraba el general Piar y los disparos que dieron contra su cuerpo, cuando cayó fusilado en la pared lateral que mira la estatua impasible de El Libertador, que en aquellos tiempos aun no se recortaba contra el cielo.

Si decide transitar las calles empinadas de Ciudad Bolívar, seguro los moradores de esas casas coloniales le contarán historias de fantasmas que sobrevivieron los dos siglos y medio que llevan diciendo el pasado. Las historias de amores no correspondidos, los rumores de la guerra, los enfermos y sus heridas, se quedaron también prendidas en las paredes de esas casas y como suele suceder, quedaron inmóviles para narrar el tiempo que fue.

Algunos de los monumentos declarados históricos que se pueden visitar son la Casa del Correo del Orinoco, la Nº28 en la calle Amor Patrio, la Casa Parroquial, la de los Gobernadores, la casa natal del general Tomás de Heres, la Casa de la Cultura Carlos Raúl Villanueva, la prisión de Piar, la de las Doce ventanas, la Lauro, la antigua cárcel y la San Isidro. Además tienen valor patrimonial las casas comerciales de tipología antillana en el Paseo Orinoco, el antiguo Hospital de la Cruz, la casa natal de Jesús Soto y el Palacio Legislativo. Para ahondar en la cultura de esta ciudad no se puede dejar de visitar el Mercado La Carioca, el sector El Zanjón, el Museo Jesús Soto, el Cementerio Centurión, el Jardín Botánico y se anima a montarse en una curiara llegar hasta la Piedra del Medio.

Pero las ciudades están hechas fundamentalmente por la gente. Ciudad Bolívar es una amalgama de pasos y de abrazos. De los antiguos caribes, dueños originarios de esos escenarios, la ciudad heredó tal vez la fiesta de la pesca, y la voz honda con que se nombra y se reverencia al Orinoco. De los colonizadores quedaron las casas y el rumor de los viejos esclavos, y el gusto por las altas paredes y los zaguanes en penumbra propicios para las conversas.

Pero nombrar a Ciudad Bolívar, es cantar bajito, mirando el transcurrir de las aguas. Viajera del río, ese vals de Manuel Yánez que Serenata Guayanesa nos regaló a todos, sigue mirando pasar la flor que perfuma el río. Y está como no Antonio Lauro, el gran compositor de piezas para guitarra clásica como Natalia y Angostura. De esta tierra es también Jesús Soto, el gran maestro del arte cinético.

Y entre tantos otros poetas, Luz Machado y Guillermina Rodríguez Lezama siguen, aunque ya no estén, alumbrando con versos la vida que se reclama y se funde en los saltos de las toninas que habitan el río y en las noches de estrellas.

Ciudad Bolívar, la otrora Angostura, cumple doscientos cincuenta años, pero sigue tan joven que aun siempre es un buen motivo para volver y dejarse conmover por la historia que cuentan sus calles a quien quiera escuchar.





Miro las puertas de la ciudad desde las nubes

Por Luz Machado


Quien le ha visto lamer ávidamente la tierra y apoderarse de los hombres y derrumbar sus casas, silenciosamente, puede entender el secreto del Paraíso para la gran aventura de concebir la Humanidad. Porque la Ciudad junto al Río no es más que una mujer. Y de esta conjugación de la Ciudad y el Río, nace el símbolo fecundo de la tierra guayanesa en un presente que no acaba de pasar, porque cada día tiene un nuevo don que ofrecer y un distinta ara en el oficio de su aventura y de su descubrimiento.

(Publicado originalmente en El Bolivarense, en mayo de 1964)

lunes, 5 de mayo de 2014

Chávez comunicador


Entre otros medios impresos, el líder bolivariano creó Todosadentro como una herramienta para la difusión de los valores y manifestaciones culturales del Pueblo venezolano.




Volvimos a tener voz. Después de años de silencio todo empezó a llenarse de palabras. Pero esta vez, las palabras sabían de roces, esperanzas, encuentros y sueños. Tenían la dimensión exacta del futuro y la memoria viva. Cuando aprendimos a decir Pueblo supimos que éramos para siempre fuerza indetenible y cuando gritamos Patria por primera vez entendimos que se trataba de la construcción colectiva del país de todos y de la casa nuestra. Así nos sorprendió el futuro a la vuelta de la página, con todas las palabras para decirnos el presente y hacer realidad el abrazo que asegure el porvenir. Y eso fue precisamente lo que nos enseñó Chávez.

Cuando aquel joven militar se paró delante de las cámaras de televisión, una madrugada de 1992, a asumir la responsabilidad de la intentona militar, y a confirmar que solo por ahora no se habían cumplido los objetivos, lo que realmente quiso decir es que las palabras servían para edificar el futuro y trazar la hoja de ruta que permitiera hacer realidad la utopía. Un poco por eso, propuso la redacción de una nueva carta magna. Y también tal vez sea una de las razones por las cuales la Constitución que por primera vez aprobó la mayoría del Pueblo, tiene como preámbulo la voz de un poeta. Porque Chávez, invicto en todas las batallas, entendió pronto que las palabras no son inocentes y para hacer una revolución hacen falta muchas ideas y muchos versos.

Hugo Chávez es sin duda uno de los más brillantes comunicadores que ha tenido Venezuela y buena parte del mundo. Él es el gran fabulador de la América posible, la que antes habían soñado Miranda y Bolívar, Martí, Mariátegui y el Che, entre tantos nombres imprescindibles de estas tierras y de nuestras gentes.



De la televisión al tuiter

Largas horas en radio y televisión demostraron que Chávez era un político de alto vuelo. Sus discursos tuvieron permanentemente el matiz de quien sabiéndose escuchado no perdería la oportunidad no sólo de esgrimir argumentos sino de poner el acento en el carácter pedagógico de la comunicación.

En la entrevista de años que Ignacio Ramonet le realizó al Comandante Chávez y que en Venezuela publicó la Editorial Hermanos Vadell con el título de Mi Primera vida, ya en la primera pregunta quien fue el Presidente venezolano más controversial y más amado del país, se remitió a la lectura. Y es que para Chávez los libros permitían no sólo la formación intelectual sino y sobre todo, el diálogo del lector con su tiempo y las infinitas aristas para abordar la realidad.

Con él se inauguró un tiempo nuevo. La información le dio paso a una comunicación abierta y directa con la gente. Chávez interpelaba durante sus encuentros con medios, pero sobre todo se dejaba interpelar por el pueblo. De allí que salió por primera vez al aire  “Aló, Presidente”, en Radio Nacional de Venezuela, el 23 de mayo de 1999. Un programa que pronto marcó la agenda política del país, por lo que pasó de radio a televisión en agosto del 2000.

Quince años demostraron lo importante que es la batalla comunicacional en todos los frentes. Al recibir el Premio Rodolfo Walsh, en Mar del Plata, Argentina, en marzo de 2011, el líder de la Revolución Bolivariana, subrayó que “este reconocimiento nos es para mí sino para el pueblo de Venezuela, el pueblo de Simón Bolívar, a los pueblos que luchan contra el colonialismo cultural y económico, contra la dominación. Contra la hegemonía imperialista, neoliberal y capitalista”. De allí se desprende lo que para Chávez significaba la comunicación, una de las herramientas para la liberación de los Pueblos.

Por este motivo, impulsó por un lado el fortalecimiento de todo el sistema de editoriales del Estado, la Biblioteca Ayacucho volvió a brillar y a ser  punto de referencia del pensamiento nuestroamericano, así como Monte Ávila Editores y las publicaciones de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, abrieron sus brazos a numerosos escritores del país, y la creación de la editorial El Perro y La Rana que acogió a centenares de voces nuevas que emergían desde cada uno de los estados. Y en segundo lugar, redimió la voz libertaria de Simón Bolívar con la creación en el 2009 del Correo del Orinoco, un periódico que tuvo y tiene la tarea ser portavoz desde la crítica y la profundidad, de los logros, aciertos y tropiezos del proceso de transformación.

Pero la comunicación en Chávez trascendió los medios impresos y entonces, decidió reimpulsar el canal de televisión del Estado que ahora cuenta con equipos tecnológicamente adecuados a los tiempos que corren. Telesur y la Radio del Sur son invenciones del Chávez comunicador. Dos espacios que son una rendija abierta a las voces diversas, originarias y populares de Nuestra América.

Después del Golpe de Estado de 2002 surgieron en Venezuela decenas de emisoras comunitarias, porque no sólo Chávez entendió que la comunicación en tiempos de revolución es una trinchera de lucha, sino que lo comprendió a cabalidad el pueblo que se organizó para gritar a los cuatros vientos con la voz que ya nunca más podrá ser silenciada.

No hubo medio en que la voz de Chávez no apareciera para convocarnos a ser mejores. Creó canales de televisión como Tves y Vive, le abrió espacio a la televisión digital abierta, conectó a miles de venezolanos con las nuevas tecnologías de la información gracias a la puesta en órbita del Satélite Simón Bolívar, entregó millones de computadoras a niños y niñas de las escuelas públicas, todo con el objetivo de abrir espacios de encuentro y de permitir la libre circulación del pensamiento. Hasta en tuiter, una de las más conocidas de las redes sociales, Chávez supo encender el debate y los venezolanos se zambulleron a encontrarse con él y a señalarle las debilidades del proceso cuando hizo falta.

Chávez es el gran comunicador, el amoroso quijote que palabra en voz supo decirnos de dónde veníamos para que juntos hiciéramos nacer el futuro. Su imagen y su palabra cierta, su hechura humana, se queda en cada venezolano que mirándolo supo reconocer el tiempo que aún está por venir.







Galardón Extraordinario a Chávez como comunicador


“Este año 2013, por unanimidad, el jurado decidió entregar un galardón Extraordinario del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2013 al Comandante Hugo Chávez Frías, quien fue creador e impulsor de medios públicos y populares, y le devolvió la palabra y el protagonismo al pueblo venezolano e hizo suya la causa de los oprimidos del mundo, especialmente de Latinoamérica y el Caribe. Además, el Comandante Chávez en su rol de comunicador social, de gladiador invicto en su batalla contra la mentira y la manipulación mediática, no solo contribuyó al rescate de nuestra historia, nuestras tradiciones y nuestra cultura, sino que luchó sin descanso y sin tregua, para que hoy los venezolanos y venezolanas podamos enarbolar con orgullo ante el mundo que tenemos patria como lo soñaron nuestros libertador, con Simón Bolívar a la cabeza”.

Fragmento del veredicto del jurado del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2013









Terrorismo mediático

“El terrorismo que ejercen algunos medios de comunicación es uno de los más grandes problemas que enfrenta la humanidad. Hay una gran maquinaria mundial, que utiliza medios muy poderosos para confundir, manipular, engañar y tratar que la hegemonía del capitalismo continúe su perversa dominación sobre los pueblos del mundo. Es uno de los más grandes problemas que enfrenta la humanidad”.



Hugo Chávez
(Fragmento del discurso en acto de graduación de Técnicos Superiores Universitarios de la Universidad Bolivariana de Venezuela, el 29 de marzo de 2008).



sábado, 26 de abril de 2014

Gabriel García Márquez: uno de los nuestros

(Imagen tomada de internet)

Gabriel García Márquez, el colombiano infinito que nos dejó Macondo como un refugio para sabernos más felices, vive en las palabras con que supo nombrar el mundo y hacerlo siempre un poco mejor.



Aunque a lo mejor pasó inadvertida una lluvia de diminutas flores amarillas, como mariposas, cayó lenta sobre toda América Latina el pasado jueves santo, para agradecer la existencia de Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927 - México, D. F., 17 de abril de 2014). Él, contento por la luz que irradiaba el batir de las alas y seguro de haber nacido para quedarse, se despidió con gesto cómplice. Nosotros, sus lectores, sabemos bien que quien se marcha es un hombre que nos hizo un poco más felices, porque el Gabo nos abrió hojas como puertas y de ellas salimos siendo un tilín mejores, como diría Silvio.

Sobre él todo está ya dicho. El gran inventor del mundo posible, el mago que fue capaz de crear Macondo para recordarnos la magia que habita en los gestos cotidianos y en la ternura del amor, se queda como el mejor pronóstico de los tiempos que aún están por venir. Ese Gabo infinito que hizo que los ojos del mundo nos vieran en la dimensión exacta de nuestra historia y de nuestro tiempo, está para siempre en esta geografía que descubrimos al calor del hielo y sobre todo, en el olor a guayabas que tiene el Caribe que lo acoge como a uno de sus hijos más amorosos.

Los recuerdos de su infancia y su familia –la figura del abuelo como ejemplo del patriarca familiar, la vibrante belleza del lenguaje campesino y la convivencia con lo mágico en lo cotidiano y en la voz de su abuela que contaba cuentos de fantasmas y aparecidos– son la base desde la cual se erige el reino posible de la magia sobre la tierra. Probablemente hasta entonces nadie que no fuera latinoamericano podría haber entendido los misterios de esta tierra de pájaros multicolores, de ríos que parecieran que no tienen orillas, de selvas infinitas que multiplican la luz en los aguaceros que recuerdan al diluvio universal. Eso fue lo que Gabriel García Márquez le contó a quien quisiera escuchar con ojos nuevos. William Ospina, escritor también colombiano y como Gabo galardonado con el Rómulo Gallegos, escribió recordándolo que “él mismo ha dicho que lo que encontró aquel día, por la ruta de Cuernavaca (cuando desentrañó lo necesario para iniciar la escritura de Cien años de soledad) fue el tono de la voz de su abuela, la capacidad de decir las cosas más inverosímiles con la cara de palo de quien las cree de verdad. Sus obras parecen derivar de la tradición oral. Como los poemas, quieren ser dichos en voz alta, porque tienen mucho de la virtud sonora del lenguaje”.

¿Que a dónde se fue Gabriel García Márquez? ¿Dónde pudiera irse ese mago de la palabra que amó lo más hondo y fecundo de estas tierras? Pues a ningún lugar, ningún olvido es posible para este hombre que nos contó todo lo que de fantástico tiene este territorio de sueños por cumplir. Y si de palabras se trata, pues el Gabo sí tiene quien le escriba y sobre todo tiene quien lo lea. Escritores entrañables, músicos fantásticos y lectores de todas las edades y países, han dedicado por todos los medios que existen su homenaje a este latinoamericano universal que no por ello dejó de ser siempre uno de los más nuestros.

Silvio Rodríguez, el trovador infinito, escribió una carta de despedida en la que asegura que a García Márquez “voy a conservarlo así, sonriente, gozando de la vida, a lo mejor en la voluta de una idea que la insondable alquimia de su talento dejará en una ínfima reseña”, y subraya que “seguro así” se sentirá “alguito menos huérfano”.

Por su parte, el uruguayo Eduardo Galeano en una entrevista telefónica al ser consultado sobre la muerte de uno de sus entrañables amigos afirmó que “lo que más duele está en las bellas palabras que la muerte nos ganó de mano y nos robó. Yo creo que ellas, las palabras robadas, se escapan a la menor distracción, huyen de las páginas de los libros de Gabo y se nos sientan al lado en algún café de Cartagena o Buenos Aires o Montevideo. O aquí, en Río de Janeiro”. Al final, el homenaje imprescindible es tenerlo cerca y para ello, están sus obras, La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de Mamá Grande (1962), Cien años de soledad (1967), Relato de un náufrago (1970), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994), Noticia de un secuestro (1996) y Vivir para contarla (2002), entre otros libros de cuentos, novelas y crónicas.

El Premio Nobel de Literatura de 1982, que diez años antes había sido galardonado en Venezuela con el Premio Rómulo Gallegos por Cien años de soledad, además de ser el creador del realismo mágico y uno de los principales exponentes del llamado boom latinoamericano, dejó un legado indiscutible para el ejercicio del periodismo que creía el mejor de los oficios. Y es que aunque estudió Derecho, abandonó pronto la carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. Sus crónicas y reportajes atestiguan el compromiso del hombre y del escritor con su tiempo y con sus gentes. Su palabra fue certera y abogó por el desempeño ético y la profundidad intelectual de las nuevas generaciones de periodistas. Allí queda como parte de su obra, no sólo la recopilación de numerosos escritos sino también su apoyo en los primeros años a Prensa Latina, agencia de noticias de Cuba en la que también participaba Rodolfo Walsh bajo la conducción de Ricardo Masetti, al igual que su participación en la fundación del periódico mexicano La Jornada y la creación de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en 1994, con sede en Cartagena de Indias, todas apuestas para la formación de quienes tienen a la palabra como instrumento para narrar el mundo. También fue un apasionado de la cinematografía. Y es que en él, palabra e imagen se conjugaron para contar lo que hacía falta leer.

En fin, el que se fue es uno de los nuestros. Uno que supo encender la escritura para nombrar lo mejor de nosotros, uno que supo hacer nacer la magia que nos habita y que nos convoca a mirarnos y desperezarnos para encontrarnos siempre un poco más nuevos con las ganas de fundar el futuro. Al Gabo lo despiden cientos de acordeones que cumbia en voz hacen subir y bajar a miles de mariposas amarillas para darle el mejor abrazo que el cielo y la tierra toda le ofrendan en el alborotado bullicio de este trópico inmenso que lleva su tacto como un adiós, pero sobre todo como una bienvenida.





“Por no querer que las cosas sigan así...”

“Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

Gabriel García Márquez

(Fragmento del discurso de aceptación del Premio Nobel)

viernes, 25 de abril de 2014

Ana Enriqueta Terán: volver a la poesía

Su obra es vital para pensar y repensar la literatura venezolana, ha sido traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de diversas universidades. En 2007, la cuarta edición del Festival Mundial de Poesía le rindió homenaje.


Ana Enriqueta Terán Madrid (Valera, estado Trujillo, 04 de mayo de 1918) es una poeta que sabe de los silencios y de los gritos, de las montañas y del sol, del cielo claro y la lluvia espesa. En su palabra cabe todo el rumor del agua y el viento despeinando las copas de los árboles, porque su poesía sabe también del roce y de la herida, del descubrimiento y la canción, del miedo y sus contrarios.
Es miembro de una familia de reconocidos intelectuales. Tal vez precisamente de su estirpe de luchadores heredó el amor por la lectura y por los sueños libres. Imposible no imaginársela vistiendo de gala para adentrarse en su primera juventud a los clásicos del Siglo de Oro Español. Y más tarde, conmoverse con los versos de Baudelaire y Rimbaud, y los poetas del romanticismo alemán.
Años más tarde, cumplió funciones diplomáticas. Entre 1946 y 1952 estuvo en el sur de Nuestra América, repartida entre Uruguay y Argentina. Justamente, en 1952 renunció a su cargo en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires en rechazo a la autoproclamación del dictador Marcos Pérez Jiménez como Presidente de la República. Y así, abandonó la cancillería para dedicarse completamente a las letras. Por esos años sus palabras y sus andares estuvieron en Norteamérica y París, para finalmente en 1954 instalarse nuevamente en la casa materna.

De versos como trincheras
Hermosa como pocas, Ana Enriqueta siempre ha estado comprometida con un cambio en las relaciones de poder. Quijota de ojos grandes nunca ha olvidado sus ideales progresistas y de tierna militancia con la izquierda latinoamericana.
Seguramente por conveniencia algunos críticos literarios han optado por marginar a la Ana Enriqueta revolucionaria y sólo reconocen a la gran escritora, pero su obra literaria tiene la fuerza y los matices de quién sabe bien en qué lado de la orilla del mundo se encuentra.
Precisamente en un artículo publicado en Correo del Orinoco, en 2013, la lúcida poeta trujillana contando sobre su infancia y la geografía que la rodeaba, dijo que con el río Santo Domingo comenzó su complicidad “con los ríos llaneros, esta vez, para siempre de la mano de Hugo Chávez, el héroe-poeta que cuando nombra al Arauca, al Apure, se siente lo que es un río de tierra plana: la superficie, espejo inmutable de aves, de árboles ribereños asomados al cauce. Por dentro, el gran empuje sin vuelta atrás, que ya no es cuerpo de agua sino esencia pura de amor patrio, de vigilancia por lo que debe cumplirse a cabalidad: Socialismo del Siglo XXI; Revolución bolivariana; unión del Sur (UNASUR). Así debe llamarse el continente suramericano. UNASUR. Yo quiero ser unasureña”.
La autora de libros como Al norte de la sangre (Caracas, 1946), Verdor secreto (Montevideo, 1949), Testimonio (Valencia, en 1954), De bosque a bosque (Caracas, 1970), El libro de los oficios (Caracas, 1975), Libro en cifra nueva para alabanza y Confesión de islas (textos escritos entre 1967 y 1975), Música con pie de salmo (de 1985, con textos escritos entre 1952 y 1964), Casa de hablas (Caracas, en 1991) y Décimas andinas (1998), entre otros, recibió en 1989 el Premio Nacional de Literatura y fue distinguida con un doctorado Honoris Causa por la Universidad de Carabobo.
Su obra es vital para pensar y repensar la literatura venezolana, ha sido traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de universidades como Princeton y Oxford. En 2007, la cuarta edición del Festival Mundial de Poesía le rindió homenaje.
Si aprovecha estos días para visitar la Feria Internacional del Libro de Venezuela o pasa por alguna de las Librerías del Sur en cualquiera de los estados del país, pregunte por la antología poética de Ana Enriqueta Terán, publicada por Monte Ávila Editores, en la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, en 2004. Allí están las voces de esta mujer imprescindible para nuestros decires de pueblo. Sus versos, son sus versos sí, pero son también los nuestros, porque la poesía nace de las entrañas de las gentes y sus tierras. Ana Enriqueta tiene en su palabra la dimensión exacta de esta geografía. Ella sabe de los miedos ancestrales, de las esperanzas todas, de los paisajes posibles, donde a veces también lloramos a los nuestros desandando la muerte.
Ana Enriqueta tiene en cada verso una canción. Su poesía es de las que cantan, de las que suenan y resuenan. A ella hay que volver cada vez que se nos pierda la tonada. Volver una y otra vez que se nos extravíe el tacto. Volver para reconocernos. Volver siempre a su palabra, al verso que llueve araguaneyes en flor una tarde de mayo. Volver para no irse más.



Yo apoyo a Nicolás Maduro
Por Ana Enriqueta Terán
“Amo el Sur. Traspaso nostalgias, saudades del Orinoco al Amazonas, del Río de la Plata al Paraná que recuerda este último el despliegue de la Victoria regia, nenúfares con hojas de casi dos metros de diámetro y supe de ella por la descripción que me hiciera Antonio de Undurraga, el gran poeta chileno.
Amo el Sur. Apoyo a Nicolás Maduro no sólo por su condición de Presidente de todos los venezolanos (ASÍ ES QUE SE GOBIERNA) sino por haber sido señalado, ya sabemos por quién y “tan pleno como la luna llena” para conducir una Venezuela que bracea fuerte contra una minoría signada por lo banal en todos los ámbitos que dignifican el ser humano.
Apoyo a Nicolás Maduro porque levanta el Pabellón Nacional tal como lo recibiera Hugo Chávez de nuestro Simón y lo ha puesto a ondear fino en MERCOSUR.
Desde esta casa: “Casa de Hablas”, tal vez sin mucha fuerza pero “coronada de buenos deseos” se apoya la gestión de Nicolás Maduro: prodigiosa mezcla de bondad y “mano dura”.
La Revolución Bolivariana es nuestra salvación. Amén”.

Fragmento de un artículo publicado en Correo del Orinoco, del 14 octubre 2013 (http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/yo-apoyo-a-nicolas-maduro-opinion/)

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails