lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre el Congreso y el Consejo Presidencial del Gobierno Popular con la Cultura


El Congreso Nacional de Cultura es una actividad vital para mirar desde distintos ángulos eso que llamamos cultura y a los hombres y mujeres involucrados en estos haceres y sentires, es decir a todo el pueblo, porque es imposible pensar en la cultura sino como un hecho transversal de la vida.

Esta actividad ha ratificado en el país la visión colectiva nacida de las inquietudes y propuestas de diversos movimientos sociales y agrupaciones culturales que trabajan por la difusión de las diversas manifestaciones culturales en el seno de las comunidades.

Y ha servido claro, para ratificar una vez más la entrega y compromiso que deben y debemos asumir los cultores, artistas e intelectuales con relación a la liberación de los seres humanos, y esto no tiene que ver con el panfleto fácil, sino más bien con contribuir desde la razón y el sentimiento a la conformación de una ética y una estética para los tiempos que estamos viviendo.

Por eso creo en el arte como un ejercicio contra el poder hegemónico que pretende vendernos e imponernos una visión única de la realidad, la historia y los sueños. Creo en la cultura como un espacio para la resistencia y sobre todo, para la construcción del mañana. Creo en el arte como vaso comunicante entre los hombres, como la posibilidad maravillosa de tender puentes que nos permitan encontrarnos y cómo no, reconocernos en el otro. Es decir, creo en el arte y en la cultura, como hechos profundamente humanos que están llamados a seguir dejando de manifiesto el poder creador y liberador de todos y de todas.

La Revolución Bolivariana democratizó (fundamentalmente en los grandes centros urbanos, mucho falta por hacer en el país del interior) el acceso a los bienes culturales. Recuperó para la gente importantes infraestructuras que estaban secuestradas por minorías. Así, cómo no asombrarse y agradecer que el Teresa Carreño por ejemplo, tenga sus salas abiertas al Pueblo. Y ni hablar de los teatros de Caracas donde ahora corren libres por sus salas festivales de cine y de teatro. Cómo no sentir emoción al constatar el esfuerzo por darle vida a los libros y a la lectura con la creación y fortalecimiento de las editoriales del Estado, las Librerías del Sur, las Ferias del Libro, el Festival Mundial de Poesía y haber editado miles y miles de libros de la Colección Bicentenario para nuestros niños, entre otros logros. Cómo no darle mérito al esfuerzo que hace el Centro Nacional de la Historia para devolvernos las voces más nuestras y más hondas, y al trabajo por visibilizar nuestros cantos y los cantos nuevos a través del Cendis. Esta es sin duda la revolución en la que creemos la mayoría, la que soñábamos vivir, la revolución de la cultura que nos devuelve la voz para nombrar el mundo nuevo.

Sin embargo, vale una alerta: tengamos mucho cuidado de no discriminar y excluir ahora en otro sentido el hecho cultural.

A veces pareciera que entra en contradicción lo popular con las bellas artes. Esta es una discusión absolutamente estéril. La idea es poner a disposición del disfrute de todas y de todos las creaciones más hermosas del ser humano. Lo popular no está y no debe estar reñido nunca con la creación “individual” de artistas y pensadores.

Que lo popular no se entienda nunca como querer andar en cambote para mezquinar los aportes de otras y de otros que, vinculados con los sentires del pueblo, necesitan espacios de creación individuales, que sin embargo siempre estarán impregnados del contexto social, porque nadie vive encerrado en una burbuja de cristal.

Que este Congreso y el Consejo Presidencial del Gobierno Popular con la Cultura sirva entonces para reconocernos en todo lo humano que existe en la música, sea ésta interpretada por cuatro y maracas o por violines y oboes, en la plástica sea de trazos o artes del fuego, en los bailes como el joropo y la danza clásica, en el teatro de calle y en el de las grandes tablas, en el de la literatura oral y en la de los versos y galerones. En fin, que el arte sea siempre el escenario que nos permita reconocernos venezolanos pero sobre todo parte de la humanidad.

Que el Congreso sirva también para continuar el camino de reivindicar a los creadores y creadoras, sean éstos titiriteros, magos, muñequeros, bailarines, músicos o escritores, porque a fin de cuentas todos ellos son parte del ejército de la alegría, el de la esperanza de fundar el mañana nuevo. Pero, que no se entienda el Congreso como un espacio para discutir meramente lo reivindicativo, sino más bien que sea para el encuentro y debate necesario que ayude a sentar las nuevas bases espirituales que urgen en estos tiempos recién inaugurados, porque finalmente nos hace falta una ética y estética para la revolución. Esto no quiere decir de ninguna manera que hayan fórmulas mágicas o que los creadores deben seguir al pie de la letra recetas dictadas ni por cúpulas ni por grupos que pudieran terminar por erigirse, si no tenemos cuidado, como un nuevo poder hegemónico. La creación debe ser libre, absolutamente libre, sin cortapisas de ningún tipo ni ninguna especie, porque si la propuesta creativa es libre será libertaria, será liberadora, cuestionadora y emancipadora, que es a final de cuentas a lo que debe aspirar cualquier revolución.

Sigamos entonces enarbolando banderas y alas para volar y tomar el cielo por asalto, que toda la música, la danza, la literatura, la plástica, que toda creación humana a fin de cuentas, sea el espacio propicio para reconocernos hermanos en esta jornada larga que hemos decidido transitar para conquistar el futuro que nos merecemos.

martes, 14 de octubre de 2014

Mejor seamos como Mafalda


Los vivos
los que se avivan
los aprovechados y oportunistas
los que compran barato para vender caro
extorsionistas de la buena fe de cuanto prójimo
caiga seducido ante su sonrisa de simpático
malabarista de esperanzas

los nietos de tío conejo y del correcaminos
que ganan a costa de los que perdemos
los chistosos sin escrúpulos
que te usan de escalera

los vivos
los que llegan lejos
sin importar qué queda en el camino
ni quién se derrumba en la polvareda

los que se avivan y se suman al coro
de la preventa de sonrisas y picardías fraudulentas

los que aprovechan las crisis para engordar las cuentas
y son capaces de comerse el último bocado sin mirar hacia los lados

los oportunistas que se visten del color de moda
y se cambian las camisas y las ideas
según quien vaya ganando en la cancha o en las urnas

esos,
los vivos
los que se avivan
los aprovechados y oportunistas
para quienes el país empieza en el bolsillo
y subsisten a cuanta bomba y miseria estalla
son los dueños de las bancarrotas de las alegrías verdaderas
y de ellos será el reino de este suelo
pero nunca el verso ni la memoria
ni la caricia ni el perdón
y menos aún el olvido.


Galeano siempre de ida y vuelta

** El autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, es sin duda uno de los escritores que mejor representa a esta América Nuestra, que de tanto silencio impuesto, olvidó durante mucho tiempo mirarse el ombligo.

Pasa con algunos escritores. A ciertos intelectuales y artistas que han sentado posición frente al mundo, la derecha como es lógico los rechaza por zurdos y cierta izquierda cuando a veces es mezquina trata de negar la magia de la sencillez con que llegan al pueblo. Unos y otros, los derechos y los zurdos, en sus poses se olvidan que los lectores decidimos por encima de cualquier acto de sospecha. Y así, sin permiso, nos entregamos a quienes han sabido darle nombre a nuestros dolores y sobre todo a nuestras esperanzas. Casos sobran. Ahí sigue Roque Dalton enseñándonos a volar, ni hablar de poetas españoles de la generación del 27 que se animaron a decir incluso cuando era un paredón de fusilamiento lo que tenían enfrente y si hablamos de José Vicente Abreu y Miguel Otero Silva, en Venezuela, pues ya nos enteramos por ejemplo de Guasina y las demás cárceles que pretenden lo mismo cortar las alas que hacer callar.
El Uruguay tiene dos grandes nombres que han sabido trascender la frontera de ese país chiquitito en dimensiones para instalarse en la ternura de todos los latinoamericanos que hemos tenido el privilegio de sentirnos reconocidos en sus palabras. Mario Benedetti y Eduardo Galeano nos regalaron y regalan la magia de la ternura inagotable, la de la que sabe tomar partido por la vida.

GALEANO, SIEMPRE
Contar las humanas pasiones, los pasos, las dudas y la esperanza, narrar la historia de los vencidos, la de los que desesperan de tanto esperar, y también la de los que sueñan el mundo y los mundos posibles e imprescindibles, es parte del quehacer de algunos escritores, que como Eduardo Galeano han hecho de la palabra un puente tendido al encuentro.
El autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, es sin duda uno de los escritores que mejor representa a esta América Nuestra, a este Sur, que de tanto silencio impuesto, olvidó durante mucho tiempo mirarse el ombligo y aunque sin querer, se calló su propia historia. Él, Eduardo Galeano, sin embargo nos devolvió todo aquello que se nos fue quedando en la piel a lo largo de siglos. Como un mago sacando conejos y estrellas de la chistera Galeano ha sabido devolvernos la voz, esa con que ahora pronunciamos el tiempo.

BREVÍSIMA SEMBLANZA
“Tuve una infancia muy mística; pero no me fue bien con la santidad”, se defendió hace años el propio Galeano, quien nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, en el seno de una familia católica de clase media.
“Gius” apareció pronto, cuando Eduardo Germán María Hughes Galeano, con poco más de una década de edad publicó sus primeras caricaturas en el diario El Sol, un periódico socialista que circulaba por aquellos años en Uruguay. Empezó a trabajar siendo muy joven, desempeñó cuanto oficio le ofrecía un salario, fue así que anduvo de obrero en una fábrica de insecticidas y fungió como recaudador, pintor de carteles, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco y editor.
La década del setenta sorprendió al sur de nuestro subcontinente con dictaduras militares. En Uruguay un grupo de extrema derecha encarceló a Galeano. Por esta razón se marchó al exilio en Argentina, pero en el país vecino la situación no era diferente y el régimen de Videla tomó el poder tras un alzamiento militar sangriento, que tiene en su haber miles de desaparecidos. Su nombre se sumó a la larga lista de aquellos condenados por los escuadrones de la muerte. De esos días de desarraigo y desesperanza nació su libro Días y noches de amor y de guerra.
Pronto tuvo que alzar el vuelo. Galeano encontró refugio en Cataluña, en Calella, al norte de Barcelona, donde publicó en revistas españolas, colaboró con una emisora radial alemana y un canal de televisión mexicano. La trilogía Memoria del fuego es de este período y tal vez sea uno de sus libros más hondos, descarnados y el que mejor retrata la larga historia de América.
Finalmente volvió a su país en 1985. Entre tantos libros escritos por Galeano se encuentran La canción de nosotros, El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Amares, Las palabras andantes, Úselo y tírelo, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba: Escuela del mundo al revés, Bocas del Tiempo, Espejos: Una historia casi universal y Los hijos de los días. Por su trabajo incansable y por ser una de las voces imprescindibles de nuestra América recibió doctorados Honoris Causa en Cuba, El Salvador, México y Argentina. Además ha sido galardonado con el Premio Casa de las Américas y el Premio Alba de las letras.
Cronista incansable de este tiempo, Galeano sigue de cerca los sucesos que van marcando el presente y ante ellos nunca permanece en silencio. Todo lo toca y su voz es certera cuando habla de la dictadura del capital, del neoliberalismo y su voracidad contra la tierra, del hombre y su capacidad infinita de volver a la ternura aunque haya vivido de cerca la miseria. Su palabra se teje y entreteje entre el periodismo, el ensayo y la narrativa, siempre con ese tono del poema que habrá de abrir los brazos para que pueda seguir naciendo el futuro.


La dignidad del arte
Por Eduardo Galeano

Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin
embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con
alma y vida; y fue una maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Luis Camilo Guevara emprendió camino al mar



** Justamente este 2014 el poeta fue uno de los tres homenajeados del Festival Mundial de Poesía de Venezuela, junto a Luis Alberto Crespo y Edmundo Aray.


Hace casi un año lo vi por última vez. Tuve la suerte de escuchar sus versos en una tarde de aire acondicionado con complejo de Polo Norte. Maracaibo nos recibía en la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2013 y Luis Camilo Guevara estaba esperándome con sus libros y sus poemas para enamorar, por lo menos eso quería creer yo, que apenas con el programa en la mano dejé maletas y salí corriendo al Centro Cultural Lía Bermúdez para encontrarme con una de las voces más entrañables de esta tierra de cantos en todos los tonos, que van desde el ordeño hasta la epopeya. El complejo cultural me recibió con un penetrable de Soto que siempre sabe abrazar y que invita a la alegría de la niñez, para viajar río adentro hasta llegar al mar. Así es precisamente la poesía de Luis Camilo, un andar de río que desemboca en el Atlántico. El Orinoco, presencia mágica de estas tierras del sur del país, es confidente de quienes andamos por sus orillas dejando versos y adivinando amores, probablemente este poeta del Delta del Orinoco, es quien más supo descifrar los murmullos del río viejo, del que próximo y prójimo nos encuentra siempre en su transcurrir de tiempo y de silencio.

De la mano de Dios al Sol
Luis Camilo Guevara nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, en 1937 y falleció en Caracas, el 03 de septiembre de 2014. El alumbró siempre con su palabra de soles y aguas. Su paso por el mundo tiene el tacto exacto de la tierra, la dimensión del paisaje de su infancia y la nostalgia del que siempre lleva consigo el rito primigenio. Supo temprano de barcos de La mano de Dios y es que su padre, Ramón Guevara, era un “capitán de verdad” como le contó a Antonio Trujillo, en una entrevista a propósito del poema El sol, publicada en el libro Regiones verbales, editado por Fundarte. “El sol es un lenguaje. Por eso el poema «El Sol» ya no pertenece a este libro, pertenece a todos los libros, este poema es el timón de todos mis libros, él significa para mí lo que era mi padre, aquella goleta «La Mano de Dios».
“El Río cuya magnitud / Deviene / A pesar del largo olvido / Ese color de sol / Untado a mi cuerpo para siempre / Estos huesos afincados a su errante dispersión / Por lugares nunca desertados”, reclama con voz de hasta siempre Luis Camilo. Y es que a veces a los poetas se les da por decir adiós, aunque en realidad se queden prendidos de las voces que volvemos a ellos para salvarnos de un lunes cualquiera, cuando todo sabe a día que no sabe pasar.

Sabana grande
Luis Camilo Guevara perteneció, a la Pandilla de Lautréamont, en Sabana Grande, en Caracas. Un grupo de transgresores entre quienes también estaban su amigo el Chino Valera Mora, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, quienes supieron conjugar el oficio de la palabra con el saber mirar el mundo y corregirlo en la denuncia, los versos y la amistad. De ese tiempo escribió Reverso de una navidad lejana, allí queda de manifiesto su amorosa profundidad, el eclipse entre en el asombro de la ternura y el vértigo, siempre con su andar de río que en el Delta se extiende como las lenguas de las mariposas besando una flor. “Déjame coger vuelo. Los muchachos del Chicken Bar se han ido convirtiendo en pequeños dioses, laberintos, pájaros y sedosas pieles de asombro. Estoy esperando aquí un pedazo de la otra estación que se nos ha ido olvidando, así, entre las manos, parecido a la carta de amor escondida ya en el curso de los caños, un poco más adentro de Tucupita, que es como decir lo que nos importa y se nos hace presente como para hacer este pequeño ejercicio de amor y de nostalgias”.
En fin, a Luis Camilo le debe haber quedado del río el tacto de las corrientes y el rumor de las orillas que se juntan en el Delta formando remansos y caños que despacito llegan al mar. Festejos y sacrificios; Las cartas del verano; La daga y el dragón; Vestigios rurales, Devociones, y un largo y memorioso relato cuyo título definitivo es Aún no se hace firme, son algunos de sus libros, allí vivirá siempre el poeta, allí nos esperará con rumor de aguas para contarnos cómo el paisaje le creció en el abrazo y se lo llevó a navegar con las velas hinchadas de buenos vientos por la eternidad.


El prestidigitador
Por Luis Camilo Guevara

Me convierto en un personaje múltiple
Busco el cubo de cristal y desde adentro
Reconozco cada lugar y piedra del presente
EI país vuela en un trampolín loco
Esgrime contra mí su desconcierto como si fuera demasiado
Elegante para caer
Con estrépito Su peso flotante
Sigue el curso de la cometa más desasistida
Intenta confundirme y fracasa bajo un sol pálido
Conjuro mis poderes
Someto el porvenir a la bola cuyos designios son inapelables
De esa forma la carta de juego adquiere brillante lucidez
Entreno con atletas dedicadas al fuego
Y hacedores de maleficios
Con ellos me insinúo en la partida que comienza
De antemano sé que resultará vano todo intento para envilecerme
Me ofrecen seguridades a plazo
Bajo un continuo asalto de calumnias
Sirvo para que los menos puros me elijan
Como tiro al blanco
Y ejecuten ciertas proezas al estilo de los ases
Sirvo para que se me señale como estigma
Puesto que llevo la marca de siempre
Mi elección fue echada al viento de tal manera
que resulto adverso para otros compromisos
Tomado como rehén por la discordia
Mi caminata sobre el vacío no destruye
El color del heliotropo en pleno descenso
Apenas ahora
Me convierto en mago y doy el último amor.


Tributo a Luis Camilo Guevara (fragmento)
Por Jorge Valero
“El juglar marinero ha iniciado su andar por las aguas inconclusas de la eternidad. Y en momentos en que se buscan poetas bisoños para que rimen en tiempos de terciopelo, Luis Camilo, con la profecía de su palabra esperanzada, es un oráculo del que puede beberse –como decía su hermano Víctor Valera Mora- en su benevolente corazón, ya que es… esquirla y alborada, abriendo todos los párpados caídos.
Paz perpetua a un alma buena y generosa que nos ofrenda, con su verbo encantado, todos los caños del Orinoco”.
Ginebra, 4 de Septiembre de 2014.

lunes, 1 de septiembre de 2014

En el Llano el futuro se llama Florentino



Imagen tomada de internet.
** Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen.

Región donde la realidad es parte del mito, los llanos venezolanos se fundan donde se pronuncian los ecos y las voces de la tierra y la magia. Allí todo es posible, será porque la mirada se une con la línea del horizonte y entonces el sol parece suspendido en los picos de dos gabanes.
En esta tierra de ganado, de caballos de crines de arcoiris, de grandes serpientes de agua, de ríos temperamentales y lagunas como espejos, donde el hombre es tan duro como la caricia dedicada al ordeño, y la voz se eleva tenue en una tonada que le da la bienvenida a la mañana, la vida se mezcla en los olores del campo y los aromas del viento y baila en las faldas floridas de una mujer que se abraza y se mueve livianita al ritmo de un joropo con golpe de arpa y de maracas.
Los grandes personajes del imaginario popular de los llanos se crecieron para transitar junto a los pasos de toda Venezuela. Allí el Silbón y el Jinete sin cabeza andan asustando a los niños de aquí y de allá, y el Hachador perdido y la Sayona a lo mejor terminan por encontrarse un día. Pero tal vez, el más temible sea el diablo que anda comprando almas, pero que en el Llano pierde siempre cuando se encuentra a un Florentino cantando el futuro.

Del mito al hombre
Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen. Tal vez por eso, esta región tiene tanto de misterio, tanto de invitación y de penumbra. Y si no, mire a Florentino que supo ganarle al Diablo apelando a esa fórmula llanera del contrapunteo.
El autor de este texto, Alberto Arvelo Torrealba, es uno de los grandes poetas del Llano y de toda Venezuela, y nació precisamente en el estado Barinas, el 4 de septiembre de 1905 y falleció el 28 de marzo de 1971 en Caracas.
El poema Florentino y el Diablo fue publicado en una primera versión en 1940, en el estado Barinas, y vale anotar, que es el punto de partida de la Cantata Criolla, obra sinfónica de Antonio Estévez. Luego, en 1957, fue editado en su versión final por Editorial Rex.
Arvelo Torrealba compuso además innumerables partituras que recogen las tradiciones de la región de los llanos, siempre haciendo uso de las formas métricas de la cultura popular, como el octosílabo, la copla y la décima o el corrido. Entre sus libros se encuentran: Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (es en este volumen donde se publica por primera vez Florentino y el Diablo, 1940), Caminos que andan (1952), Lazo Martí: vigencia en lejanía (1965), y en 1967 se publica Obra poética, una antología con sus textos.

Del poeta
Arvelo Torrealba creció en el seno de una familia de poetas, su madre Atilia Torrealba de Arvelo, y sus tíos, Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo, a lo mejor de allí su proximidad con la palabra que sabe contar mirando. Estudió la escuela primaria en su ciudad natal y la secundaria en Caracas, donde se graduó en 1927. Realizó estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde además obtuvo el grado de doctor en Ciencias Políticas en 1935.
Después de ejercer la docencia en algunos liceos de Caracas y Barquisimeto, desempeñó altos cargos públicos. Su paso y su mirada de hombre sabio lo recibieron como Presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940, gobernador del Estado Barinas entre 1941 y 1944, Consejero de la Embajada de Francia, Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia (1952), Embajador en Italia, y Ministro de Agricultura y Cría (1953).
Desde 1955 se dedicó al ejercicio de su profesión de abogado y en 1968 fue elegido Individuo de Número de la Academia de la Lengua.
Por su obra y su vida dedicada a guardar la memoria y por haber sabido cantar su tierra, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1964.

Florentino y el Diablo
La leyenda sobre el duelo entre Florentino y el Diablo ya había sido narrada por Rómulo Gallegos en su novela Cantaclaro, pero después de Alberto Arvelo Torrealba y su copla llanera, la historia de este hombre que encarna a la vida, la inteligencia y la astucia de los hombres de esta región y en especial de Santa Inés donde se realiza el duelo entre ambos personajes, quedó para siempre en la memoria de todos los venezolanos.
Este que es uno de sus textos más conocidos y cantados fue además adaptado al cine, el teatro y la televisión, y es que el poeta barinés supo darle vida a un personaje que se parece tanto a la historia del pueblo que pertenece ya al imaginario colectivo.




Florentino y el Diablo (fragmento)
Alberto Arvelo Torrealba

EL DIABLO
Al Diablo pasar trabajo.
No miente al que no conoce
ni finja ese desparpajo,
mire que por esta tierra
no es primera vez que viajo,
y aquí saben los señores
que cuando la punta encajo
al mismo limón chiquito
me lo chupo gajo a gajo.

FLORENTINO
Me lo chupo gajo a gajo.
Usté que se alza el copete
y yo que se lo rebajo.
No se asusten compañeros,
déjenlo que yo lo atajo,
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si le barajo;
déjenlo que suelte el bongo
pá'que le coja agua abajo;
antes que Dios amanezca
se lo lleva quien lo trajo;
alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
¡Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un par de postales...

Estela
36 años pasaron para que Estela por fin pudiera abrazar a su nieto. Ella que tanto luchó por recuperar los nombres y las vidas de otros nietos extraviados en el impuesto silencio de la dictadura se reencuentra con los ojos de su hija en él, que hoy la miran esperando los cuentos que nunca le pudo contar en las noches de miedo y de frío.


Sofía
Cada tanto se pone a desempolvar la biblioteca. Y de vez en cuando al abrir alguno de los libros la asalta una flor que después de tanto tiempo entre las hojas conserva la fragilidad de las alas de las mariposas. Los libros así engalanados tienen para Sofía el color y tal vez el tacto de un amor o de una tarde de parque en la que la soledad le obsequió un momento para guardar en la memoria.



Andrés Eloy el poeta que supo pintar angelitos negros



** El pueblo venezolano sabe de la obra del escritor cumanés porque anda siempre prendido a los caminos más hondos de esta tierra de ternuras y solidaridades.



En estos días nos sorprendió la muerte. Lo que pensábamos lejos nos tocó próximos y prójimos. Y convocados todos a la ternura nos conmueven los cientos de niños asesinados en Gaza. De ese dolor hondo vinieron los versos de Andrés Eloy Blanco, porque “Cuando se tienen dos hijos / se tiene todo el miedo del planeta, / todo el miedo a los hombres luminosos / que quieren asesinar la luz y arriar las velas / y ensangrentar las pelotas de goma / y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda”. Es el mismo poeta venezolano que nos cantó el Coloquio bajo la palma, animándonos a ser mejores, a “dar más sin decir lo que se ha dado” porque “lo que hay que dar es un modo de no tener demasiado y un modo de que otros tengan su modo de tener algo”.
Este poeta nuestro fue un escritor, dramaturgo, humorista, abogado y político, que nació en Cumaná el 06 de agosto de 1896 y falleció en Ciudad de México, el 21 de mayo de 1955.
El supo conjugar la vocación de quijote con la de poeta, para ser un político capaz de sumarse a las causas más justas y un escritor convencido de la magia y la palabra que tiene sabor a pueblo. En él todo fue canto y entrega. Y tal vez por esta razón, sea uno de los poetas venezolanos más queridos y más recordados. ¿O es que hay alguien que no sepa recitar “píntame angelitos negros”? ¿Y que no ponga alguna emisora AM, el 31 de diciembre, un ratito antes de las doce, para esperar el año nuevo con las Uvas del tiempo?
El poeta cumanés estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la agitada vida estudiantil de aquellos años lo envolvieron pronto en el encendido ejercicio de la libertad. Aunque ya desde antes, cuando apenas contaba ochos años, partió con sus padres a Margarita por desavenencias con el gobierno de Cipriano Castro.
Se incorporó al Círculo de Bellas Artes en 1913 y apenas cinco años después recibió su primer galardón por el poema “Canto a la Espiga y al Arado”, mientras publicó El huerto de la epopeya, su primera obra dramática. Ese mismo año (1918), siendo estudiante de derecho, fue encarcelado por participar en manifestaciones contra el régimen de Juan Vicente Gómez.
Luego de recibir el título de abogado, Andrés Eloy Blanco comenzó a ejercer pero sin abandonar jamás su vocación por la palabra. En 1923 obtuvo el primer premio en los Juegos Florales de Santander, en España, por su poema “Canto a España”. Durante su viaje a recibir el galardón decidió quedarse durante un año en la península ibérica y tuvo la oportunidad de relacionarse con los poetas españoles de esos tiempos. Nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en 1924, se trasladó a La Habana donde sostuvo encuentros con intelectuales y escritores cubanos, y venezolanos que se encontraban en el exilio.

El imparcial
Porque el ser humano siempre tiene cosas que contar y sueños por cumplir, empezó a editar en la clandestinidad, en 1928, el periódico disidente “El Imparcial”, que pronto se convirtió en el órgano de difusión de la Unión Social Constructiva Americana y el Frente de Acción Revolucionaria.
Tras el golpe de Estado del 7 de abril fue confinado en Puerto Cabello hasta 1932, cuando lo liberaron por motivos de salud. Encerrado escribió Barco de Piedra, dicen que son sus poemas más tristes. Cuando finalmente le devolvieron la libertad, se la dieron a medias, tenía prohibido realizar cualquier tipo de manifestación pública, por lo que se volcó nuevamente a las letras, publicando Poda en 1934, libro donde se encuentran Las uvas del tiempo y La renuncia, poemas entrañables del pueblo venezolano.
Fue nombrado jefe del Servicio de Gabinete en el Ministerio de Obras Públicas por Eleazar López Contreras. Aunque su posición siempre crítica y libertaria lo alejaron del gobierno después de la represión de las manifestaciones del 14 de febrero de 1936 y su militancia en la Organización Revolucionaria Venezolana.
Como diputado del Partido Democrático Nacional llegó al Congreso, pero jamás abandonó los versos. Y comenzando 1940 integró su partido en la recién fundada Acción Democrática, desde donde trabajó para la candidatura de Rómulo Gallegos.
Fue electo presidente de la Asamblea Nacional Constituyente en 1946. Y dos años después fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Gallegos. Tras su derrocamiento por Carlos Delgado Chalbaud, se exilió en México, donde dedicó el resto de su vida la poesía.
Andrés Eloy es una de las voces imprescindibles de la poesía venezolana, porque en él habitaron la belleza y la justicia. Supo darse entero a la construcción de un país que hoy sigue germinando en sus versos. Jamás se alejó de sus convicciones, por eso tal vez, su obra sigue sonando en los radios cada diciembre y en las calles las madres venezolanas se alegran cuando ven pintados angelitos negros que le dan la bienvenida al futuro.







Píntame angelitos negros (fragmento)

Por Andrés Eloy Blanco



“No hay un pintor que pintara

angelitos de mi pueblo.

Yo quiero angelitos blancos

con angelitos morenos.

Ángel de buena familia

no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,

si queda un pintor de cielos,

que haga el cielo de mi tierra,

con los tonos de mi pueblo,

con su ángel de perla fina,

con su ángel de medio pelo,

con sus ángeles catires,

con sus ángeles morenos,

con sus angelitos blancos,

con sus angelitos indios,

con sus angelitos negros,

que vayan comiendo mangos

por las barriadas del cielo”.

 

jueves, 7 de agosto de 2014

Buñuel sin discreciones

 
Ilustración de Xulio Formoso
** El cineasta español encontró en la magia del cine una manera de contar el mundo que hoy sigue invitando a pensar.


Nada pasó sin conmoverlo. Las grandes corrientes históricas y estéticas lo encontraron siempre dispuesto a defender los mejores sueños de los hombres. Luis Buñuel (Calanda, España, 22 de febrero de 1900 – Ciudad de México, 29 de julio de 1983), el gran hacedor de imágenes, se acercó al cine haciendo títeres y encendiendo las linternas mágicas que supieron alumbrarle el futuro.
Alentado por su padre, luego de terminar el bachillerato, partió cuando tenía 17 años a estudiar ingeniería agrónoma en Madrid. Alojado en la Residencia de Estudiantes, durante siete años compartió con el artista Salvador Dalí y los escritores Federico García Lorca, Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, entre otros. Allí se enamoró del cine, aunque de niño las puestas en escenas eran también su forma de volar. Por esos años participó en las tertulias ultraístas que dirigía Ramón Gómez de la Serna. Fueron éstos tiempos de encuentro y de exploración, tal vez por eso de la ingeniería pasó a la Historia, que después terminaría por contarla con los recursos infinitos de la imagen, el movimiento, la música y la palabra.
Cuentan que con sus compañeros de la Residencia llevó adelante sus primeros ensayos teatrales con versiones delirantes de Don Juan Tenorio en las que actuaban García Lorca y Dalí. La ciudad de Toledo se abrió infinita y esplendorosa, llena de nuevas ideas, cuando la visitó en 1921. El dadaísmo despertó su curiosidad y exploró la obra de Louis Aragon y André Bretón.
La segunda década del siglo lo tomó con la palabra por decir, desde 1922 comenzó a publicar poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias, en especial aquellas que sirvieron de espacio de encuentro para el ultraísmo y la Generación del 27, entre las que se encontraban Ultra, Horizonte, Alfar, Helix y La Gaceta Literaria.
En 1923 el padre de Buñuel falleció en Zaragoza. Justamente en ese tiempo inició el servicio militar. La palabra que en él era una ofrenda vital floreció en artículos, cuentos y poemas que publicaba en revistas de vanguardia, y que juntos dieron origen a un libro con el título de Un perro andaluz. Las imágenes de esos textos formaron parte de su discurso cinematográfico. Un año después, en 1924, se licenció en Historia y decidió partir a París donde todas las manifestaciones culturales de vanguardia se convocaban a quienes andaban buscando nuevas formas de expresión.

Surrealismo
cartel un perro andaluz Buñuel sin discrecionesEl filme Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang le abrió finalmente el mundo del cine ya para siempre. Luis Buñuel decidido a aprender sobre la magia de la imagen trabajó como asistente de dirección con el francés Jean Epstein.
Seducido por el surrealismo su vida fue el cine definitivamente. Era una voz entre muchas voces, una que encontraría un tono que ha quedado prendido en el tiempo.
En 1929 empezó a trabajar con Dalí en la película Un perro andaluz, que se estrenaría el 6 de julio de ese año en un cineclub parisino. El éxito alcanzado le abrió las puertas del grupo surrealista que se reunía en un café para sentar posición política, y escribir manifiestos y cartas. Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, fueron algunos de los exponentes de esa corriente con los que Buñuel trabó amistad.
Después vino La edad de oro, película que sería censurada por cincuenta años y que finalmente fue exhibida en 1980 en Nueva York y un año después en París.
Después de un viaje a Estados Unidos, en 1931, Luis Buñuel regresó a Madrid. La segunda República Española despuntaba los anhelos de libertad y justicia. Allí proyectó La edad de oro. Después de romper con los surrealistas, Buñuel asistió en 1932 a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios.
En abril de 1933, inició la filmación del documental Las Hurdes, tierra sin pan. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1935, Buñuel ya casado con Jeanne Rucar, fundó con Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, con la cual se produjo Don Quintín el amargao, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? y ¡Centinela alerta!, entre otras.
El golpe de Estado franquista tomó a Buñuel por sorpresa en Madrid. Decidido a estar al lado de la República española, durante 1937 se encargó de supervisar el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Terminada la Guerra Civil, en 1941, quedó desempleado en EEUU. A lo mejor por eso aceptó un puesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado para el área documental, y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos. En 1943 fue despedido por haber sido señalado por quien fuera su amigo de muchos años Salvador Dalí como un ateo y “hombre de izquierda”.
Superado el tránsito amargo volvió a Hollywood a trabajar con Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina.

Exilio mexicano
A México llegó a dirigir Gran Casino, una película comercial con el mexicano Jorge Negrete y la argentina Libertad Lamarque. Finalmente en 1950 rodó Los olvidados, película por la cual obtuvo en 1951 el premio al mejor director del Festival de Cannes.
En 1952 filmó Subida al cielo, con la que volvió a Cannes. Y ese mismo año salió Robinson Crusoe. Después siguieron La ilusión viaja en tranvía, El río y la muerte, y Así es la aurora (rodada en Francia).
Fiel a las ideas de paz y solidaridad con los pueblos, Luis Buñuel firmó un manifiesto contra la bomba atómica estadounidense, lo que junto a su apoyo a la revista antifascista España Libre le valió su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975.
Después vinieron en 1956 La muerte en ese jardín y Nazarín (1958). En 1959 rodó Los ambiciosos, una película de compromiso político y social. Regresó a España para dirigir Viridiana, una coproducción hispano-mexicana que obtuvo la Palma de Oro en Cannes de 1961 y que fue censurada por el franquismo hasta 1977. El ángel exterminador, tal vez una de sus filmes más personales, fue rodada en 1962. Con Diario de una camarera volvió a Francia. Y en 1966 filmó Belle de jour.
Luis Buñuel se convirtió en 1972 en ser el primer director español galardonado con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El discreto encanto de la burguesía sigue siendo una de los filmes más sugerentes y polémicos, que sabe abordar desde el humor las mañas y decires de los integrantes de esta clase social. Y vale anotar que junto a La Vía Láctea (1968) y El fantasma de la libertad (1974), componen una serie de cine con contenido social que fractura los cimientos de la narrativa cinematográfica convencional.
Buñuel sigue vivo en sus creaciones. Con él los espectadores nos dimos cuenta que hay cientos de formas expresivas que encuentran de la mano de los espectadores recrear la realidad desde la magia. Hay miles de formas de contar y Buñuel supo invitarnos a ser partícipes del mundo que en las pantallas sabe nombrarnos a pesar del tiempo.

** NOTA: Texto originalmente publicado en  Periodistas en español.com

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