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El polvo me mordió el cuello y desató una nube de nostalgia. Viejas cartas de amor aparecieron en la búsqueda desesperada de un documento legal que necesito con urgencia. Con el tiempo las palabras que nos fueron destinadas se olvidan y cuando por azar los papeles vuelven se convierten en una caricia que nos recuerda que antes también estuvimos vivos y que alguna vez también fuimos amados.
Colecciono recuerdos. Con ellos he andado autopistas y aeropuertos. Algunos se han ido quedando en el fondo de maletas en los que conviven junto a cartas de referencias, títulos y constancias de trabajo. Todo lo que he sido duerme en la sombra.
Como caracoles llevamos con nosotros lo que fuimos, pero tal vez lo que más pesa son los sueños incumplidos, los amores que no fueron, los amigos que perdimos, los paisajes que sabemos que no volveremos a ver y sobre todo, los abrazos que debimos dar y que por alguna razón se quedaron en un gesto, inconclusos.

De la búsqueda sin resultado me quedé con este sabor de la nostalgia y las manos sucias del tamo que van juntando los fragmentos de memoria que han vuelto a encenderme.

Las puestas de sol


Cada tarde, justo cuando se pone el sol, suena la notificación de un mensaje entrando al teléfono. Casi siempre intuyo lo que viene a continuación. Un viejo, muy viejo amor, manda cada día la foto del atardecer que contempla desde su ventana. Aunque probablemente no sea la única destinataria de sus imágenes, cuando por alguna razón faltan, las echo en menos.
Esos gestos que al pasar se van haciendo cotidianos, no nos devuelven lo que sentimos, pero encienden las cenizas, ¿acaso el amor no tiene la dimensión de la memoria? Un ave Fénix aletea cuando la línea del horizonte enciende la pantalla del celular.

Poder

Poder poner el corazón donde hace falta, es decir entre los amigos para poder aguantar el naufragio y entre todos devolver al mar, el mar que se nos ha ido metiendo en el bote y amenaza con hundirnos.
Poder hacer café cada mañana y mirar el amanecer, mirarlo, mirándonos en él.
Poder cruzar la calle con la certeza de que no seremos atropellados por el tipo que se empeña en saltarse el semáforo y pararse sobre el rallado peatonal, obligándonos a maromas de circo.
Poder trabajar y saber que ese trabajo sirve para algo más que enriquecer a los pocos que mucho tienen, pero que no trabajan.
Poder votar, teniendo la posibilidad de elegir el futuro entre todos.
Poder prender la tele, sea curva, plana o el viejo armatoste que agarra color a trompicones, ver un noticiero y enterarse de la vida de los otros y no de las fantasías de un país inexistente.
Poder viajar por el mero placer de hacerlo, sin sentirse obligado a Disney o al exilio.
Poder leer lo que nos plazca en libros de papel.
Poder hablar sin que el vecino te censure, y te acuse, cuando asoma la divergencia, del mal tiempo y los malos presagios.
Poder ver caer la lluvia sin sentir el pavor de los techos derrumbándose.
Poder amar sin miedo a que se rompa el corazón o se contraiga una enfermedad inconfesable.
Poder caminar la ciudad sin el temor al asalto.
Poder mirar algo más que las paradas de los buses atestadas de gente porque no hay cómo volver a casa y la desazón en los ojos de los transeúntes.
Poder llorar a pleno pulmón porque no bajamos de peso o porque nos aplazaron, en todo caso, poder llorar porque sí.
Y claro, poder reír solos o acompañados, pero reír sin fingimientos.
Poder bailar un domingo, solos, con el paso del aire sabiendo que nadie nos mira.
Poder amar.
Poder ser en toda la dimensión de la humanidad.
Poder, el único poder que vale la pena, es el nuestro, el que escribe la vida cotidiana que se va haciendo grande y contando la historia de todos nosotros. Poder para amar, soñar, volar, creer… poder para ser libres… poder para hacer algo, para cambiar lo que está mal y que la vida, la de todos pueda ser mejor.
El otro, el poder por el poder mismo, ese que ejercen la mayoría de los políticos, no nos sirve, porque para tenerlo tienen que poder meternos miedo y el miedo, es el poder para ellos, que quieren apagar la luz. 

Hermanas


Una muñeca, una pelea, un tirón de cabellos, una sonrisa, una discusión por las tazas amontonadas en el baño, una disputa interminable por pantalones desaparecidos que resucitan en otro armario. Un no me gusta con quién andas, que siempre encuentra como respuesta un qué me importa. Un llanto en un hombro que sabe todo sobre nuestro abandono. Un pedido de la cena favorita. Una película vista mil veces que no dejamos de sintonizar después de años porque nos recuerda que es la preferida de nuestra más querida contrincante y compañera. La complicidad encerrada en una mirada y entenderse apenas con un gesto. El llanto de a dos que siempre es mejor que el de uno solo. Lo que no entendemos pero acompañamos. La defensa como si fuéramos una leona protegiendo a su cría. La prolongación del afecto en otro cuerpo. El desconsuelo por las separaciones que duran ya demasiado tiempo.
Una hermana es el principio y el fin de la vida. La mía con ella me ha hecho mejor persona. Sin ella los días son una larga noche que se extiende en el deseo de saberla feliz al otro lado del mundo.

En una guitarra

En una guitarra cabe el mundo. Las cuerdas son los ríos que cantan las voces de la tierra. La madera de su contorno son los árboles cansados de estar mudos.
En una guitarra cabe la humanidad. En una guitarra vive el hombre que moja sus manos en las aguas que danzan y se tensan, y con ese sonido alumbra la memoria.

En una guitarra duerme el hombre todos los sueños, en una guitarra que lleva su nombre y todos los nuestros. En una guitarra la muerte no es posible, ella es mundo, río y tierra. Una guitarra es sobre todas las cosas el hombre que tensa las cuerdas y con ellas rasga la noche para que sea eterna. 


A José Luis Lara, guitarra que rasgó la noche más oscura para quedarse en los ríos que alcancen a ver nuestros ojos.

Poesía

Llegó para salvarme. La encontré en una hoja de cuaderno, en el estruendo de los juegos en un patio de escuela. Estuvo en cada mirada nueva, en los cielos abiertos, en las tormentas a buen resguardo, en los amores correspondidos y en los que no lo fueron. Me tomó de la mano y me empujó en cada abismo, y siempre me esperó abajo para que la caída no fuera la última. La he amado y he odiado cada vez cada vez que no me ha dejado tocarla y decirla, cada vez que ha enmudecido conmigo y sin embargo... está en todas las voces que fueron y que en su palabra se juntan. Es tan vieja como la voz humana que se hizo primero grito. La poesía es la voz, son las voces, que la humanidad pronuncia para trascender. Tal vez sea la única memoria que nos salvará del olvido.

Patria

En los cuadernos Rivadavia que mi viejo llenaba de flores con mi nombre cuando inauguraba cada nuevo año de primaria. En la biblioteca a medida de mis abuelos donde Espartaco compartía estante con Nikolái Ostrovski, que se salvó de las redadas de la triple A porque creían que Así se forjó el acero era un libro de ingeniería. En la ternura de mi bisabuela que lloró cuando se disolvió la Urss. En las agujas de tejer de mi abuela que hacía pulóvores siempre a dos tallas, igualitos los dos, para que mi hermana y yo disfrutáramos con ellos la textura de su abrazo. En el taller donde el abuelo se internaba para salir siempre más sucio y con juguetes para sus nietos que tenían el tacto de su caricia. En el adiós de mi madre cuando se fue pero se quedó en las largas conversas por whatsapp que cruzan la extensión de Nuestra América. En la voz de mi sobrina. En aquella esquina de La Favorita donde esperé por horas a un viejo amor. En un atardecer frente al mar Caribe donde me enamoré otra vez. En las conversaciones eternas con las hermanas que me ha dado la vida. En el balcón donde la brisa acompaña tantas lecturas. En los domingos de madrugada que huelen siempre a café recién colado. En la nostalgia, la infinita nostalgia de todos los lugares que he visitado y donde dejé mis fragmentos. En la esperanza que persiste pese a todo. Allí, sólo allí, está la Patria. 

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E l polvo me mordió el cuello y desató una nube de nostalgia. Viejas cartas de amor aparecieron en la búsqueda desesperada de un docum...