miércoles, 10 de diciembre de 2014

Laura Antillano, titiritera que enseña a leer a la orilla del cielo



** Premio nacional de literatura en 2010, esta escritora es una ferviente promotora del libro y la lectura en los niños y jóvenes.




No se me ocurre mejor definición para ella que la de titiritera o maga que es capaz de sacar palabras como conejos del fondo de una luna que lleva al hombro. Ella es una militante amorosa que anda enseñando a leer y a querer leer sobre todo, como una manera tal vez de exorcizar prejuicios y otras sombras que habitan a los seres humanos, porque finalmente la lectura es uno de los más hondos haceres de los hombres y las mujeres que siempre tiene algo de conmoción y asombro.

Laura Antillano (Caracas, 1950) es una de las escritoras venezolanas contemporáneas que más libros publicados tiene, y entre ellos hay de cuentos, novelas, ensayos y de narrativa infantil. Como si fuera poco es poeta, crítica, guionista de cine y televisión, y docente universitaria.

Integrante del grupo literario La Mandrágora como reseña el Centro Nacional del Libro (Cenal) en su página web, Laura Antillano es profesora jubilada de la Universidad de Carabobo (UC,) donde también se desempeñó como Directora de Cultura entre los años 1998 y 2000.

Es una fervorosa promotora del libro y la lectura, y cuenta de ello lo dan la creación de la Fundación La Letra Voladora, la página de La Escuela Viva en el diario Notitarde, el programa radial La Palmera Luminosa de la Universidad de Carabobo y la realización del Encuentro internacional de literatura infantil y juvenil que organiza a través de la UC, entre otros.

Egresó de la Universidad del Zulia de la Escuela de Letras, como licenciada en Letras Hispánicas y además realizó estudios de especialización en Chile y Estados Unidos. Colaboró en distintas publicaciones periódicas como el Papel Literario de El Nacional, Zona Franca, Imagen y otras revistas literarias.

Según ella misma narra, su amor por los libros viene de antes, de una biblioteca que sus padres, dedicados a la docencia, le supieron ofrecer y en la que habían cientos de títulos por donde echarse a volar para ver el mundo desde todos los ángulos posibles y por qué no, los imposibles también.

Para escribir esta reseña me acordé del título de uno de sus libros, Leer a la orilla del cielo, una antología de cuentos venezolanos para niños, con una portada en tonos sepia ilustrada hermosamente por Richard León Leonice, publicado por la Editorial El Perro y La Rana. Es que probablemente a nadie más que a un hada se le hubiera ocurrido esa imagen que nos sitúa entre lo humano y lo divino del acto de la lectura. Pero todavía más, es precisamente eso de la imagen lo que hila la obra de Laura Antillano, ella sabe escribir para que podamos leer mirando no sólo las palabras, sino que su lenguaje es de vuelos y de tacto, que se inicia desde adentro, desde lo próximo y prójimo, pero que sabe ir encontrando la voz toda, la voz junta de las calles, la memoria, la tierra, las plazas y el viento. Ella sabe de nuestro canto común y su obra va desde su orilla hasta la nuestra en un largo abrazo que nos encuentra.

Entre sus novelas están La muerte del monstruo come-piedra (1971), Perfume de gardenia (1982), Solitaria Solidaria (1990) y Ciudad Abandonada (2012). Es autora de los libros de cuentos Un largo carro se llama tren (1975), Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (1983), Cuentos de película (1985) y La luna no es de pan-de-horno y otros relatos (2005). En su largo andar por la creación de literatura infantil ha publicado ¿Cenan los tigres la noche de Navidad? (1991), Diana en tierra wayúu (1992, con reediciones) y La araña (2010). El verbo de la madre (2005), Álbum de fotos (2007) y Libro de amigo (2007), son algunos de sus poemarios. Y en el género ensayo Laura Antillano ha escrito los libros Literatura infantil e ideología. Análisis crítico de nuestra realidad (1987); Apuntes de literatura para jóvenes y niños (1997), Elogio a la comunidad (2004) y Crónicas desde una mirada conmovida (2011).





Las piernas del bluejeans (fragmento)

"La abuela quiere que le lleven una taza de leche caliente a la cama, mamá la prepara colocando la pequeña paila sobre la hornilla, vertiendo la leche con riguroso cuidado, y parece que acariciara la cuchara cuando la usa para dar vueltas al líquido.

Yo la miro desde aquí, sentada en el pretil, puedo divisar la cocina y a ella dentro en sus movimientos lentos, hasta que llena la taza, la coloca sobre el plato y se va al cuarto de la abuela, se acerca a la cama, se sienta, y con el plato sobre sus piernas acaricia los cabellos de la abuela que en estos momentos es una niña y no abuela ni mamá. Entonces, yo regreso mis ojos para posarlos sobre este cielo abierto, inmenso, en donde las piernas de mi blue-jeans siguen flotando con el viento de atardecer, y en medio de las nubes apretaditas creo encontrar los ojos de Roberto, reviviendo esta complicidad nueva, este salto secreto, que nos hace mirar el mundo desde la baranda de un balcón.

¿Por qué mamá habla como si fuera a morirme…?"



(De Cuentos de Película (1997), editado por la Fundación Cinemateca Nacional, Caracas).

martes, 18 de noviembre de 2014

Benito Mieses, poeta que sabe pintar



** Uno de sus trabajos más recientes fue la imagen que acompañó a la Feria del Libro de Caracas, organizada por Fundarte, que este 2014 estuvo dedicada a la crónica, como el género para contar a la ciudad.

De la obra de Benito Mieses impacta el color. Desde los cálidos tonos de la tierra a los fríos de las montañas y las aguas. Su visión es como un caleidoscopio donde todo es posible, donde lo geométrico es a la vez un espacio tibio para el encuentro. Fundamentalmente constructivista, su arte invita a la tibieza, a adentrarse poco a poco a un universo donde las formas contienen al mundo de las gentes y sus pasiones cotidianas.
César Seco, poeta, ensayista, editor y crítico de arte, señaló sobre la obra de Benito, que un cuadro suyo “va a contener siempre una historia subyacente, sin que por esto su pintura pase a ser un anecdotario directo, sino más bien sugerente, con distintas posibilidades de interpretación”. Y así también es su poesía, porque de Benito Mieses conmociona su risa y el desparpajo de quien sabe que la palabra puede ser un pincel para concretar formas y cómo no sensaciones, sabores, tiempo, y también amores y sus contrarios.

Pintor y poeta
Benito Mieses es pintor sin duda alguna y poeta irreverente, aunque se sonría con picardía y se sepa de todas partes y de ninguna. Él es un hombre de este país, de todas partes, aunque nació en Maracaibo, en el estado Zulia, en 1958. Entre otras cosas, es traductor, economista, diseñador gráfico y un porfiado caminante que anda buscando las palabras en todos los rincones.
Uno de los trabajos más recientes que nos mostró a todos los que queriendo anduvimos por allí, entre libros, fue la imagen de la V Feria del Libro de Caracas, la que organiza Fundarte, que este año 2014 estuvo dedicada a la crónica, porque esa ciudad y todas ellas, son para contarlas.
Recientemente la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello publicó Destruido mas no derrotado, un poemario que además tiene unos trazos que dicen como dicen sus versos. En ese breve libro está más que nunca Benito, de pintor y de poeta, quien a modo de confesión cuenta en una entrevista que le realizaron en el marco de la presentación del libro, que ese “es un poemario en el que el amor, el despecho, la solidaridad, el sentimiento de vida frente a un país, se convierte en el motivo de una carta que se convierte en poesía”. Por cierto, que si quiere leerlo, el libro se encuentra en la Red de Librerías del Sur que hace vida cultural en todos los estados del país.

Derrotado, ¡nunca!
En la contraportada de Destruido mas no derrotado, Luis Enrique Belmonte, deja plasmado que “con estos poemas desprendidos y vinculantes, pergeñados en medio de mudanzas y trasiegos, Benito Mieses quiere comunicarnos que, aunque de vez en cuando la vida transcurra entre ruinas y escombros de insondables pérdidas, nunca, jamás seremos derrotados si aún persiste en nosotros la necesidad imperiosa de cercanías”. Y es que la poesía entre otras muchas cosas es una forma de buscar lo que ni siquiera sabíamos que estaba perdido. Por eso algunos versos asaltan la noche o se cuelan una tarde de café y de llovizna y al poeta no le queda más que agarrar al vuelo las palabras que se quedan inquietas en las servilletas o en cualquier trozo de papel, así precisamente advierte Benito que sucedió con este libro.
Benito, quien tiene sonrisa de sonajero y manos de mago que pinta arcoíris después de los aguaceros, posee una amplia formación en las artes plásticas. Realizó estudios de pintura en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en el Centro de Formación estética José Vargas y participó en el Taller “A”, en Adícora, estado Falcón. Algunos de sus trabajos pertenecen a las colecciones del Banco Central de Venezuela, del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y la Fundación Museos Nacionales.
Además participó en los talleres de poesía del Centro de Estudios Rómulo Gallegos (Celarg) y en los de Alfredo Silva Estrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Además de ser uno de los miembros fundadores de la Red Nacional de Escritores de Venezuela, colaboró en revistas como Común Presencia; Prisma; Luna Para Nocheros en Colombia; Imagen; Espada Rota; Solar; Sujeto Almado; Revista Nacional de Cultura y La Oruga Luminosa. Y entre sus libros publicados se encuentran Trece (1982); Antología de nadie (1993); Nombrarse con las cosas (1995-98); Alfredo, las noches y las calles (2001); Por los caminos de Charles Bukowski, traducción (2003), y Oscuro rumor (2004).



 
 

Destruido mas no derrotado


8
Si aparece la palabra
como un poema

como un grafía
sería
un incendio
sobre la página
inmaculada y tibia
esbozada apenas
por este lápiz
que traza su tránsito.

18
Concluida la noche y sus desvelos, me enfrento al día. Al
día fugaz, que trae campanas en su canto. La resaca trae
las palabras de a noche moradora, y este metal en el
aliento, inclina su balanza hacia el silencio.
Callo y dejo hablar al sol.

23
Alucinado, en los resplandores del día, busco en las
calles una palabra que sacie la sed y a la vez que me
embriague, tan hermosamente, como el próximo trago o
la inmensidad de tus ojos.

(Poemas del libro Destruido mas no derrotado. Publicado por Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. 2014)

lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre el Congreso y el Consejo Presidencial del Gobierno Popular con la Cultura


El Congreso Nacional de Cultura es una actividad vital para mirar desde distintos ángulos eso que llamamos cultura y a los hombres y mujeres involucrados en estos haceres y sentires, es decir a todo el pueblo, porque es imposible pensar en la cultura sino como un hecho transversal de la vida.

Esta actividad ha ratificado en el país la visión colectiva nacida de las inquietudes y propuestas de diversos movimientos sociales y agrupaciones culturales que trabajan por la difusión de las diversas manifestaciones culturales en el seno de las comunidades.

Y ha servido claro, para ratificar una vez más la entrega y compromiso que deben y debemos asumir los cultores, artistas e intelectuales con relación a la liberación de los seres humanos, y esto no tiene que ver con el panfleto fácil, sino más bien con contribuir desde la razón y el sentimiento a la conformación de una ética y una estética para los tiempos que estamos viviendo.

Por eso creo en el arte como un ejercicio contra el poder hegemónico que pretende vendernos e imponernos una visión única de la realidad, la historia y los sueños. Creo en la cultura como un espacio para la resistencia y sobre todo, para la construcción del mañana. Creo en el arte como vaso comunicante entre los hombres, como la posibilidad maravillosa de tender puentes que nos permitan encontrarnos y cómo no, reconocernos en el otro. Es decir, creo en el arte y en la cultura, como hechos profundamente humanos que están llamados a seguir dejando de manifiesto el poder creador y liberador de todos y de todas.

La Revolución Bolivariana democratizó (fundamentalmente en los grandes centros urbanos, mucho falta por hacer en el país del interior) el acceso a los bienes culturales. Recuperó para la gente importantes infraestructuras que estaban secuestradas por minorías. Así, cómo no asombrarse y agradecer que el Teresa Carreño por ejemplo, tenga sus salas abiertas al Pueblo. Y ni hablar de los teatros de Caracas donde ahora corren libres por sus salas festivales de cine y de teatro. Cómo no sentir emoción al constatar el esfuerzo por darle vida a los libros y a la lectura con la creación y fortalecimiento de las editoriales del Estado, las Librerías del Sur, las Ferias del Libro, el Festival Mundial de Poesía y haber editado miles y miles de libros de la Colección Bicentenario para nuestros niños, entre otros logros. Cómo no darle mérito al esfuerzo que hace el Centro Nacional de la Historia para devolvernos las voces más nuestras y más hondas, y al trabajo por visibilizar nuestros cantos y los cantos nuevos a través del Cendis. Esta es sin duda la revolución en la que creemos la mayoría, la que soñábamos vivir, la revolución de la cultura que nos devuelve la voz para nombrar el mundo nuevo.

Sin embargo, vale una alerta: tengamos mucho cuidado de no discriminar y excluir ahora en otro sentido el hecho cultural.

A veces pareciera que entra en contradicción lo popular con las bellas artes. Esta es una discusión absolutamente estéril. La idea es poner a disposición del disfrute de todas y de todos las creaciones más hermosas del ser humano. Lo popular no está y no debe estar reñido nunca con la creación “individual” de artistas y pensadores.

Que lo popular no se entienda nunca como querer andar en cambote para mezquinar los aportes de otras y de otros que, vinculados con los sentires del pueblo, necesitan espacios de creación individuales, que sin embargo siempre estarán impregnados del contexto social, porque nadie vive encerrado en una burbuja de cristal.

Que este Congreso y el Consejo Presidencial del Gobierno Popular con la Cultura sirva entonces para reconocernos en todo lo humano que existe en la música, sea ésta interpretada por cuatro y maracas o por violines y oboes, en la plástica sea de trazos o artes del fuego, en los bailes como el joropo y la danza clásica, en el teatro de calle y en el de las grandes tablas, en el de la literatura oral y en la de los versos y galerones. En fin, que el arte sea siempre el escenario que nos permita reconocernos venezolanos pero sobre todo parte de la humanidad.

Que el Congreso sirva también para continuar el camino de reivindicar a los creadores y creadoras, sean éstos titiriteros, magos, muñequeros, bailarines, músicos o escritores, porque a fin de cuentas todos ellos son parte del ejército de la alegría, el de la esperanza de fundar el mañana nuevo. Pero, que no se entienda el Congreso como un espacio para discutir meramente lo reivindicativo, sino más bien que sea para el encuentro y debate necesario que ayude a sentar las nuevas bases espirituales que urgen en estos tiempos recién inaugurados, porque finalmente nos hace falta una ética y estética para la revolución. Esto no quiere decir de ninguna manera que hayan fórmulas mágicas o que los creadores deben seguir al pie de la letra recetas dictadas ni por cúpulas ni por grupos que pudieran terminar por erigirse, si no tenemos cuidado, como un nuevo poder hegemónico. La creación debe ser libre, absolutamente libre, sin cortapisas de ningún tipo ni ninguna especie, porque si la propuesta creativa es libre será libertaria, será liberadora, cuestionadora y emancipadora, que es a final de cuentas a lo que debe aspirar cualquier revolución.

Sigamos entonces enarbolando banderas y alas para volar y tomar el cielo por asalto, que toda la música, la danza, la literatura, la plástica, que toda creación humana a fin de cuentas, sea el espacio propicio para reconocernos hermanos en esta jornada larga que hemos decidido transitar para conquistar el futuro que nos merecemos.

martes, 14 de octubre de 2014

Mejor seamos como Mafalda


Los vivos
los que se avivan
los aprovechados y oportunistas
los que compran barato para vender caro
extorsionistas de la buena fe de cuanto prójimo
caiga seducido ante su sonrisa de simpático
malabarista de esperanzas

los nietos de tío conejo y del correcaminos
que ganan a costa de los que perdemos
los chistosos sin escrúpulos
que te usan de escalera

los vivos
los que llegan lejos
sin importar qué queda en el camino
ni quién se derrumba en la polvareda

los que se avivan y se suman al coro
de la preventa de sonrisas y picardías fraudulentas

los que aprovechan las crisis para engordar las cuentas
y son capaces de comerse el último bocado sin mirar hacia los lados

los oportunistas que se visten del color de moda
y se cambian las camisas y las ideas
según quien vaya ganando en la cancha o en las urnas

esos,
los vivos
los que se avivan
los aprovechados y oportunistas
para quienes el país empieza en el bolsillo
y subsisten a cuanta bomba y miseria estalla
son los dueños de las bancarrotas de las alegrías verdaderas
y de ellos será el reino de este suelo
pero nunca el verso ni la memoria
ni la caricia ni el perdón
y menos aún el olvido.


Galeano siempre de ida y vuelta

** El autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, es sin duda uno de los escritores que mejor representa a esta América Nuestra, que de tanto silencio impuesto, olvidó durante mucho tiempo mirarse el ombligo.

Pasa con algunos escritores. A ciertos intelectuales y artistas que han sentado posición frente al mundo, la derecha como es lógico los rechaza por zurdos y cierta izquierda cuando a veces es mezquina trata de negar la magia de la sencillez con que llegan al pueblo. Unos y otros, los derechos y los zurdos, en sus poses se olvidan que los lectores decidimos por encima de cualquier acto de sospecha. Y así, sin permiso, nos entregamos a quienes han sabido darle nombre a nuestros dolores y sobre todo a nuestras esperanzas. Casos sobran. Ahí sigue Roque Dalton enseñándonos a volar, ni hablar de poetas españoles de la generación del 27 que se animaron a decir incluso cuando era un paredón de fusilamiento lo que tenían enfrente y si hablamos de José Vicente Abreu y Miguel Otero Silva, en Venezuela, pues ya nos enteramos por ejemplo de Guasina y las demás cárceles que pretenden lo mismo cortar las alas que hacer callar.
El Uruguay tiene dos grandes nombres que han sabido trascender la frontera de ese país chiquitito en dimensiones para instalarse en la ternura de todos los latinoamericanos que hemos tenido el privilegio de sentirnos reconocidos en sus palabras. Mario Benedetti y Eduardo Galeano nos regalaron y regalan la magia de la ternura inagotable, la de la que sabe tomar partido por la vida.

GALEANO, SIEMPRE
Contar las humanas pasiones, los pasos, las dudas y la esperanza, narrar la historia de los vencidos, la de los que desesperan de tanto esperar, y también la de los que sueñan el mundo y los mundos posibles e imprescindibles, es parte del quehacer de algunos escritores, que como Eduardo Galeano han hecho de la palabra un puente tendido al encuentro.
El autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, es sin duda uno de los escritores que mejor representa a esta América Nuestra, a este Sur, que de tanto silencio impuesto, olvidó durante mucho tiempo mirarse el ombligo y aunque sin querer, se calló su propia historia. Él, Eduardo Galeano, sin embargo nos devolvió todo aquello que se nos fue quedando en la piel a lo largo de siglos. Como un mago sacando conejos y estrellas de la chistera Galeano ha sabido devolvernos la voz, esa con que ahora pronunciamos el tiempo.

BREVÍSIMA SEMBLANZA
“Tuve una infancia muy mística; pero no me fue bien con la santidad”, se defendió hace años el propio Galeano, quien nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, en el seno de una familia católica de clase media.
“Gius” apareció pronto, cuando Eduardo Germán María Hughes Galeano, con poco más de una década de edad publicó sus primeras caricaturas en el diario El Sol, un periódico socialista que circulaba por aquellos años en Uruguay. Empezó a trabajar siendo muy joven, desempeñó cuanto oficio le ofrecía un salario, fue así que anduvo de obrero en una fábrica de insecticidas y fungió como recaudador, pintor de carteles, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco y editor.
La década del setenta sorprendió al sur de nuestro subcontinente con dictaduras militares. En Uruguay un grupo de extrema derecha encarceló a Galeano. Por esta razón se marchó al exilio en Argentina, pero en el país vecino la situación no era diferente y el régimen de Videla tomó el poder tras un alzamiento militar sangriento, que tiene en su haber miles de desaparecidos. Su nombre se sumó a la larga lista de aquellos condenados por los escuadrones de la muerte. De esos días de desarraigo y desesperanza nació su libro Días y noches de amor y de guerra.
Pronto tuvo que alzar el vuelo. Galeano encontró refugio en Cataluña, en Calella, al norte de Barcelona, donde publicó en revistas españolas, colaboró con una emisora radial alemana y un canal de televisión mexicano. La trilogía Memoria del fuego es de este período y tal vez sea uno de sus libros más hondos, descarnados y el que mejor retrata la larga historia de América.
Finalmente volvió a su país en 1985. Entre tantos libros escritos por Galeano se encuentran La canción de nosotros, El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Amares, Las palabras andantes, Úselo y tírelo, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba: Escuela del mundo al revés, Bocas del Tiempo, Espejos: Una historia casi universal y Los hijos de los días. Por su trabajo incansable y por ser una de las voces imprescindibles de nuestra América recibió doctorados Honoris Causa en Cuba, El Salvador, México y Argentina. Además ha sido galardonado con el Premio Casa de las Américas y el Premio Alba de las letras.
Cronista incansable de este tiempo, Galeano sigue de cerca los sucesos que van marcando el presente y ante ellos nunca permanece en silencio. Todo lo toca y su voz es certera cuando habla de la dictadura del capital, del neoliberalismo y su voracidad contra la tierra, del hombre y su capacidad infinita de volver a la ternura aunque haya vivido de cerca la miseria. Su palabra se teje y entreteje entre el periodismo, el ensayo y la narrativa, siempre con ese tono del poema que habrá de abrir los brazos para que pueda seguir naciendo el futuro.


La dignidad del arte
Por Eduardo Galeano

Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera. Y, sin
embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con
alma y vida; y fue una maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Luis Camilo Guevara emprendió camino al mar



** Justamente este 2014 el poeta fue uno de los tres homenajeados del Festival Mundial de Poesía de Venezuela, junto a Luis Alberto Crespo y Edmundo Aray.


Hace casi un año lo vi por última vez. Tuve la suerte de escuchar sus versos en una tarde de aire acondicionado con complejo de Polo Norte. Maracaibo nos recibía en la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2013 y Luis Camilo Guevara estaba esperándome con sus libros y sus poemas para enamorar, por lo menos eso quería creer yo, que apenas con el programa en la mano dejé maletas y salí corriendo al Centro Cultural Lía Bermúdez para encontrarme con una de las voces más entrañables de esta tierra de cantos en todos los tonos, que van desde el ordeño hasta la epopeya. El complejo cultural me recibió con un penetrable de Soto que siempre sabe abrazar y que invita a la alegría de la niñez, para viajar río adentro hasta llegar al mar. Así es precisamente la poesía de Luis Camilo, un andar de río que desemboca en el Atlántico. El Orinoco, presencia mágica de estas tierras del sur del país, es confidente de quienes andamos por sus orillas dejando versos y adivinando amores, probablemente este poeta del Delta del Orinoco, es quien más supo descifrar los murmullos del río viejo, del que próximo y prójimo nos encuentra siempre en su transcurrir de tiempo y de silencio.

De la mano de Dios al Sol
Luis Camilo Guevara nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, en 1937 y falleció en Caracas, el 03 de septiembre de 2014. El alumbró siempre con su palabra de soles y aguas. Su paso por el mundo tiene el tacto exacto de la tierra, la dimensión del paisaje de su infancia y la nostalgia del que siempre lleva consigo el rito primigenio. Supo temprano de barcos de La mano de Dios y es que su padre, Ramón Guevara, era un “capitán de verdad” como le contó a Antonio Trujillo, en una entrevista a propósito del poema El sol, publicada en el libro Regiones verbales, editado por Fundarte. “El sol es un lenguaje. Por eso el poema «El Sol» ya no pertenece a este libro, pertenece a todos los libros, este poema es el timón de todos mis libros, él significa para mí lo que era mi padre, aquella goleta «La Mano de Dios».
“El Río cuya magnitud / Deviene / A pesar del largo olvido / Ese color de sol / Untado a mi cuerpo para siempre / Estos huesos afincados a su errante dispersión / Por lugares nunca desertados”, reclama con voz de hasta siempre Luis Camilo. Y es que a veces a los poetas se les da por decir adiós, aunque en realidad se queden prendidos de las voces que volvemos a ellos para salvarnos de un lunes cualquiera, cuando todo sabe a día que no sabe pasar.

Sabana grande
Luis Camilo Guevara perteneció, a la Pandilla de Lautréamont, en Sabana Grande, en Caracas. Un grupo de transgresores entre quienes también estaban su amigo el Chino Valera Mora, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, quienes supieron conjugar el oficio de la palabra con el saber mirar el mundo y corregirlo en la denuncia, los versos y la amistad. De ese tiempo escribió Reverso de una navidad lejana, allí queda de manifiesto su amorosa profundidad, el eclipse entre en el asombro de la ternura y el vértigo, siempre con su andar de río que en el Delta se extiende como las lenguas de las mariposas besando una flor. “Déjame coger vuelo. Los muchachos del Chicken Bar se han ido convirtiendo en pequeños dioses, laberintos, pájaros y sedosas pieles de asombro. Estoy esperando aquí un pedazo de la otra estación que se nos ha ido olvidando, así, entre las manos, parecido a la carta de amor escondida ya en el curso de los caños, un poco más adentro de Tucupita, que es como decir lo que nos importa y se nos hace presente como para hacer este pequeño ejercicio de amor y de nostalgias”.
En fin, a Luis Camilo le debe haber quedado del río el tacto de las corrientes y el rumor de las orillas que se juntan en el Delta formando remansos y caños que despacito llegan al mar. Festejos y sacrificios; Las cartas del verano; La daga y el dragón; Vestigios rurales, Devociones, y un largo y memorioso relato cuyo título definitivo es Aún no se hace firme, son algunos de sus libros, allí vivirá siempre el poeta, allí nos esperará con rumor de aguas para contarnos cómo el paisaje le creció en el abrazo y se lo llevó a navegar con las velas hinchadas de buenos vientos por la eternidad.


El prestidigitador
Por Luis Camilo Guevara

Me convierto en un personaje múltiple
Busco el cubo de cristal y desde adentro
Reconozco cada lugar y piedra del presente
EI país vuela en un trampolín loco
Esgrime contra mí su desconcierto como si fuera demasiado
Elegante para caer
Con estrépito Su peso flotante
Sigue el curso de la cometa más desasistida
Intenta confundirme y fracasa bajo un sol pálido
Conjuro mis poderes
Someto el porvenir a la bola cuyos designios son inapelables
De esa forma la carta de juego adquiere brillante lucidez
Entreno con atletas dedicadas al fuego
Y hacedores de maleficios
Con ellos me insinúo en la partida que comienza
De antemano sé que resultará vano todo intento para envilecerme
Me ofrecen seguridades a plazo
Bajo un continuo asalto de calumnias
Sirvo para que los menos puros me elijan
Como tiro al blanco
Y ejecuten ciertas proezas al estilo de los ases
Sirvo para que se me señale como estigma
Puesto que llevo la marca de siempre
Mi elección fue echada al viento de tal manera
que resulto adverso para otros compromisos
Tomado como rehén por la discordia
Mi caminata sobre el vacío no destruye
El color del heliotropo en pleno descenso
Apenas ahora
Me convierto en mago y doy el último amor.


Tributo a Luis Camilo Guevara (fragmento)
Por Jorge Valero
“El juglar marinero ha iniciado su andar por las aguas inconclusas de la eternidad. Y en momentos en que se buscan poetas bisoños para que rimen en tiempos de terciopelo, Luis Camilo, con la profecía de su palabra esperanzada, es un oráculo del que puede beberse –como decía su hermano Víctor Valera Mora- en su benevolente corazón, ya que es… esquirla y alborada, abriendo todos los párpados caídos.
Paz perpetua a un alma buena y generosa que nos ofrenda, con su verbo encantado, todos los caños del Orinoco”.
Ginebra, 4 de Septiembre de 2014.

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