martes, 20 de enero de 2015

José “Pepe” Mujica, ¿un poeta metido a la política o viceversa?



** El siglo XXI trajo al sur del continente americano unos hombres que proclamados por sus pueblos han estado y están más cerca de la poesía que de la vieja tradición crematística de Occidente, de ellos es el presidente uruguayo.


Ilustración de Xulio Formoso
Cuenta Gustavo Pereira en un libro imprescindible, El peor de los oficios, publicado por Fundarte en 2012, que durante la dinastía Tang, la emperatriz china Wo Chao “queriendo proteger la poesía y a los poetas, y para dar a éstos jerarquía hasta entonces no disfrutada, dispuso que entre los temas examinados para optar a las altas dignidades públicas estuviese el de la poesía”. Largos siglos han transcurrido desde que la palabra sabía de versos. Probablemente la tradición se haya perdido en el tiempo y más probable aún es que Occidente jamás haya tomado en cuenta tan notable ejemplo. Más bien por estos lados de la tierra los altos funcionarios han sabido más de fuerza que de razón y más de prepotencia que de solidaridad, aunque muchas excepciones existan tal vez para confirmar la regla.
Pero el siglo XXI trajo al sur del continente americano unos hombres que proclamados por sus pueblos han estado y están más cerca de la poesía que de la vieja tradición crematística de Occidente. Lo casos son suficientes para darse cuenta que esta región del mundo lleva aún los cantos más profundos de la tierra. Si es capaz de mirar desprejuiciadamente se encontrará con la voz de caverna, de joropo y arpa, de aquel joven militar que supo decir por ahora y quedarse para siempre. ¿Acaso Chávez no fue un poeta popular, cantor de coplas y recitador de lo mejor de nuestra historia? Después apareció otro con hombre que sabía de los dolores de quienes tienen por techo nada más que el cielo. Y es que Lula supo siempre del trabajo arduo, del sudor y las estrellas. Y Néstor, al sur del sur, se animó a retirar los viejos cuadros de la crueldad para colgar los de la esperanza. Y como si tanto sueño hubiera sido poco la voz honda de América se prendió de los ojos de Evo y de las manos de Correa. Después para seguir ese ejemplo llegaron Dilma y Cristina, mujeres que saben también de utopías realizables.
En la República Oriental del Uruguay la poesía se hizo presidente cuando José Mujica (Montevideo, 20 de mayo de 1935), el Pepe, electo en 2009, llegó para inundarlo todo con las palabras que saben de puentes, de encuentros, de heridas y sobre todo de esperanzas. Mujica le entrega la presidencia ahora Tabaré Vásquez con la misma humildad con la que llegó. Uruguay, ese país chico en extensión se ha vuelto para Nuestra América y para el mundo entero en referencia obligada para pensar y repensar en los valores que deben prevalecer cuando se emprende el largo camino de recomponer tantas décadas de injusticias y silencios.
El Pepe nos ha enseñado que la praxis política debe ser coherente con el amor, la entrega y la honestidad, por eso dijo en alguna entrevista que “la política es la lucha por la felicidad de todos”.

La juventud
En diciembre de 2014 los países miembros de Unasur, reunidos en la sede de la organización regional en Ecuador, le rindieron homenaje al presidente poeta que llega este 2015 al final de su mandato.
Allí, Pepe Mujica dio un discurso que estuvo lleno de verdades absolutas, de palabras de aliento a la juventud a las que vale la pena volver siempre, porque son una brújula que marca el futuro.
Y es que este hombre que estuvo más de una década en prisión (desde 1972  hasta1985) y que representa tan bien la esencia de Uruguay, viene de una larga tradición de luchas y versos. Los Tupamaros, partido en el que militó desde su juventud escribió para la historia no sólo la resistencia del pueblo uruguayo sino sobre todo la ternura como la mejor arma para desplegar las alas y volar hacia el porvenir.
Algunas de las conquistas alcanzadas por Uruguay durante la presidencia de José Mujica son la disminución de la pobreza, el crecimiento del empleo que registra el nivel más alto en la historia del país; además de un crecimiento real de los salarios y de las pensiones por jubilación, lo que demuestra una vez más el avance de una América Latina que ha decidido por fin poner el acento en los seres humanos.
El Pepe Mujica entrega la presidencia de Uruguay, pero se queda con su ejemplo luminoso en todos los latinoamericanos que han decido soñar y hacer realidad los mejores sueños de la humanidad, a pesar de como dice él que “lo imposible cuesta un poco más”.



A los jóvenes latinoamericanos

“Lo imposible cuesta un poco más y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan. La vida te puede dar mil tropezones en todos los órdenes: en el amor, en el trabajo, en la aventura de lo que estás pensando, en los sueños que pensás concretar, pero una y mil veces estás hecho con fuerza para volverte a levantar y volver a empezar, porque lo importante es el camino. No hay una meta, no hay un arco del triunfo, no hay un paraíso que nos recibe, no hay odaliscas que te van a recibir porque moriste en la guerra, no, te quedaste y punto. Lo que hay es otra cosa, la hermosura de vivir al tope, de querer la vida en cualquier circunstancia y luchar por ella, y e intentar transmitirla, porque la vida no es solo recibir, es antes que nada dar algo de lo que tenemos, por jodido que estés siempre tenés algo para darle a los demás. (…)
A los jóvenes: si quieren vivir felices, levanten una idea en la que creer, vivan para hacer viva esa idea, no se dejen esclavizar por el mercado. El mundo que tendremos será el que seamos capaces de lograr y los latinoamericanos tenemos que ser, por haber llegado tarde y de atrás, un reservorio de lo mejor de la civilización humana, un continente de paz, un continente de justicia, de solidaridad, un continente donde es hermoso nacer y morir, un continente que le dice sí a la justicia, un continente sin odio, sin venganza, que dignifique la existencia del hombre arriba de la Tierra como animal que cuida lo portentoso de la creación que ha significado este barco de vida que es el planeta. Denle contenido a la existencia, porque si no lo hacen conscientemente el contenido va a ser la cuota que tienen que pagar cada fin de mes por el nuevo cacharro que tienen que comprar y así crónicamente hasta el fin de vuestros días. Hasta que un día los huesos no se levanten y adiós, no queda de ti ni el recuerdo ni el aliento”.

José “Pepe” Mujica
(Fragmentos del discurso del presidente uruguayo en Unasur. Diciembre de 2014)






miércoles, 10 de diciembre de 2014

Laura Antillano, titiritera que enseña a leer a la orilla del cielo



** Premio nacional de literatura en 2010, esta escritora es una ferviente promotora del libro y la lectura en los niños y jóvenes.




No se me ocurre mejor definición para ella que la de titiritera o maga que es capaz de sacar palabras como conejos del fondo de una luna que lleva al hombro. Ella es una militante amorosa que anda enseñando a leer y a querer leer sobre todo, como una manera tal vez de exorcizar prejuicios y otras sombras que habitan a los seres humanos, porque finalmente la lectura es uno de los más hondos haceres de los hombres y las mujeres que siempre tiene algo de conmoción y asombro.

Laura Antillano (Caracas, 1950) es una de las escritoras venezolanas contemporáneas que más libros publicados tiene, y entre ellos hay de cuentos, novelas, ensayos y de narrativa infantil. Como si fuera poco es poeta, crítica, guionista de cine y televisión, y docente universitaria.

Integrante del grupo literario La Mandrágora como reseña el Centro Nacional del Libro (Cenal) en su página web, Laura Antillano es profesora jubilada de la Universidad de Carabobo (UC,) donde también se desempeñó como Directora de Cultura entre los años 1998 y 2000.

Es una fervorosa promotora del libro y la lectura, y cuenta de ello lo dan la creación de la Fundación La Letra Voladora, la página de La Escuela Viva en el diario Notitarde, el programa radial La Palmera Luminosa de la Universidad de Carabobo y la realización del Encuentro internacional de literatura infantil y juvenil que organiza a través de la UC, entre otros.

Egresó de la Universidad del Zulia de la Escuela de Letras, como licenciada en Letras Hispánicas y además realizó estudios de especialización en Chile y Estados Unidos. Colaboró en distintas publicaciones periódicas como el Papel Literario de El Nacional, Zona Franca, Imagen y otras revistas literarias.

Según ella misma narra, su amor por los libros viene de antes, de una biblioteca que sus padres, dedicados a la docencia, le supieron ofrecer y en la que habían cientos de títulos por donde echarse a volar para ver el mundo desde todos los ángulos posibles y por qué no, los imposibles también.

Para escribir esta reseña me acordé del título de uno de sus libros, Leer a la orilla del cielo, una antología de cuentos venezolanos para niños, con una portada en tonos sepia ilustrada hermosamente por Richard León Leonice, publicado por la Editorial El Perro y La Rana. Es que probablemente a nadie más que a un hada se le hubiera ocurrido esa imagen que nos sitúa entre lo humano y lo divino del acto de la lectura. Pero todavía más, es precisamente eso de la imagen lo que hila la obra de Laura Antillano, ella sabe escribir para que podamos leer mirando no sólo las palabras, sino que su lenguaje es de vuelos y de tacto, que se inicia desde adentro, desde lo próximo y prójimo, pero que sabe ir encontrando la voz toda, la voz junta de las calles, la memoria, la tierra, las plazas y el viento. Ella sabe de nuestro canto común y su obra va desde su orilla hasta la nuestra en un largo abrazo que nos encuentra.

Entre sus novelas están La muerte del monstruo come-piedra (1971), Perfume de gardenia (1982), Solitaria Solidaria (1990) y Ciudad Abandonada (2012). Es autora de los libros de cuentos Un largo carro se llama tren (1975), Dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir (1983), Cuentos de película (1985) y La luna no es de pan-de-horno y otros relatos (2005). En su largo andar por la creación de literatura infantil ha publicado ¿Cenan los tigres la noche de Navidad? (1991), Diana en tierra wayúu (1992, con reediciones) y La araña (2010). El verbo de la madre (2005), Álbum de fotos (2007) y Libro de amigo (2007), son algunos de sus poemarios. Y en el género ensayo Laura Antillano ha escrito los libros Literatura infantil e ideología. Análisis crítico de nuestra realidad (1987); Apuntes de literatura para jóvenes y niños (1997), Elogio a la comunidad (2004) y Crónicas desde una mirada conmovida (2011).





Las piernas del bluejeans (fragmento)

"La abuela quiere que le lleven una taza de leche caliente a la cama, mamá la prepara colocando la pequeña paila sobre la hornilla, vertiendo la leche con riguroso cuidado, y parece que acariciara la cuchara cuando la usa para dar vueltas al líquido.

Yo la miro desde aquí, sentada en el pretil, puedo divisar la cocina y a ella dentro en sus movimientos lentos, hasta que llena la taza, la coloca sobre el plato y se va al cuarto de la abuela, se acerca a la cama, se sienta, y con el plato sobre sus piernas acaricia los cabellos de la abuela que en estos momentos es una niña y no abuela ni mamá. Entonces, yo regreso mis ojos para posarlos sobre este cielo abierto, inmenso, en donde las piernas de mi blue-jeans siguen flotando con el viento de atardecer, y en medio de las nubes apretaditas creo encontrar los ojos de Roberto, reviviendo esta complicidad nueva, este salto secreto, que nos hace mirar el mundo desde la baranda de un balcón.

¿Por qué mamá habla como si fuera a morirme…?"



(De Cuentos de Película (1997), editado por la Fundación Cinemateca Nacional, Caracas).

martes, 18 de noviembre de 2014

Benito Mieses, poeta que sabe pintar



** Uno de sus trabajos más recientes fue la imagen que acompañó a la Feria del Libro de Caracas, organizada por Fundarte, que este 2014 estuvo dedicada a la crónica, como el género para contar a la ciudad.

De la obra de Benito Mieses impacta el color. Desde los cálidos tonos de la tierra a los fríos de las montañas y las aguas. Su visión es como un caleidoscopio donde todo es posible, donde lo geométrico es a la vez un espacio tibio para el encuentro. Fundamentalmente constructivista, su arte invita a la tibieza, a adentrarse poco a poco a un universo donde las formas contienen al mundo de las gentes y sus pasiones cotidianas.
César Seco, poeta, ensayista, editor y crítico de arte, señaló sobre la obra de Benito, que un cuadro suyo “va a contener siempre una historia subyacente, sin que por esto su pintura pase a ser un anecdotario directo, sino más bien sugerente, con distintas posibilidades de interpretación”. Y así también es su poesía, porque de Benito Mieses conmociona su risa y el desparpajo de quien sabe que la palabra puede ser un pincel para concretar formas y cómo no sensaciones, sabores, tiempo, y también amores y sus contrarios.

Pintor y poeta
Benito Mieses es pintor sin duda alguna y poeta irreverente, aunque se sonría con picardía y se sepa de todas partes y de ninguna. Él es un hombre de este país, de todas partes, aunque nació en Maracaibo, en el estado Zulia, en 1958. Entre otras cosas, es traductor, economista, diseñador gráfico y un porfiado caminante que anda buscando las palabras en todos los rincones.
Uno de los trabajos más recientes que nos mostró a todos los que queriendo anduvimos por allí, entre libros, fue la imagen de la V Feria del Libro de Caracas, la que organiza Fundarte, que este año 2014 estuvo dedicada a la crónica, porque esa ciudad y todas ellas, son para contarlas.
Recientemente la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello publicó Destruido mas no derrotado, un poemario que además tiene unos trazos que dicen como dicen sus versos. En ese breve libro está más que nunca Benito, de pintor y de poeta, quien a modo de confesión cuenta en una entrevista que le realizaron en el marco de la presentación del libro, que ese “es un poemario en el que el amor, el despecho, la solidaridad, el sentimiento de vida frente a un país, se convierte en el motivo de una carta que se convierte en poesía”. Por cierto, que si quiere leerlo, el libro se encuentra en la Red de Librerías del Sur que hace vida cultural en todos los estados del país.

Derrotado, ¡nunca!
En la contraportada de Destruido mas no derrotado, Luis Enrique Belmonte, deja plasmado que “con estos poemas desprendidos y vinculantes, pergeñados en medio de mudanzas y trasiegos, Benito Mieses quiere comunicarnos que, aunque de vez en cuando la vida transcurra entre ruinas y escombros de insondables pérdidas, nunca, jamás seremos derrotados si aún persiste en nosotros la necesidad imperiosa de cercanías”. Y es que la poesía entre otras muchas cosas es una forma de buscar lo que ni siquiera sabíamos que estaba perdido. Por eso algunos versos asaltan la noche o se cuelan una tarde de café y de llovizna y al poeta no le queda más que agarrar al vuelo las palabras que se quedan inquietas en las servilletas o en cualquier trozo de papel, así precisamente advierte Benito que sucedió con este libro.
Benito, quien tiene sonrisa de sonajero y manos de mago que pinta arcoíris después de los aguaceros, posee una amplia formación en las artes plásticas. Realizó estudios de pintura en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en el Centro de Formación estética José Vargas y participó en el Taller “A”, en Adícora, estado Falcón. Algunos de sus trabajos pertenecen a las colecciones del Banco Central de Venezuela, del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y la Fundación Museos Nacionales.
Además participó en los talleres de poesía del Centro de Estudios Rómulo Gallegos (Celarg) y en los de Alfredo Silva Estrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Además de ser uno de los miembros fundadores de la Red Nacional de Escritores de Venezuela, colaboró en revistas como Común Presencia; Prisma; Luna Para Nocheros en Colombia; Imagen; Espada Rota; Solar; Sujeto Almado; Revista Nacional de Cultura y La Oruga Luminosa. Y entre sus libros publicados se encuentran Trece (1982); Antología de nadie (1993); Nombrarse con las cosas (1995-98); Alfredo, las noches y las calles (2001); Por los caminos de Charles Bukowski, traducción (2003), y Oscuro rumor (2004).



 
 

Destruido mas no derrotado


8
Si aparece la palabra
como un poema

como un grafía
sería
un incendio
sobre la página
inmaculada y tibia
esbozada apenas
por este lápiz
que traza su tránsito.

18
Concluida la noche y sus desvelos, me enfrento al día. Al
día fugaz, que trae campanas en su canto. La resaca trae
las palabras de a noche moradora, y este metal en el
aliento, inclina su balanza hacia el silencio.
Callo y dejo hablar al sol.

23
Alucinado, en los resplandores del día, busco en las
calles una palabra que sacie la sed y a la vez que me
embriague, tan hermosamente, como el próximo trago o
la inmensidad de tus ojos.

(Poemas del libro Destruido mas no derrotado. Publicado por Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. 2014)

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