viernes, 19 de septiembre de 2014

Luis Camilo Guevara emprendió camino al mar



** Justamente este 2014 el poeta fue uno de los tres homenajeados del Festival Mundial de Poesía de Venezuela, junto a Luis Alberto Crespo y Edmundo Aray.


Hace casi un año lo vi por última vez. Tuve la suerte de escuchar sus versos en una tarde de aire acondicionado con complejo de Polo Norte. Maracaibo nos recibía en la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2013 y Luis Camilo Guevara estaba esperándome con sus libros y sus poemas para enamorar, por lo menos eso quería creer yo, que apenas con el programa en la mano dejé maletas y salí corriendo al Centro Cultural Lía Bermúdez para encontrarme con una de las voces más entrañables de esta tierra de cantos en todos los tonos, que van desde el ordeño hasta la epopeya. El complejo cultural me recibió con un penetrable de Soto que siempre sabe abrazar y que invita a la alegría de la niñez, para viajar río adentro hasta llegar al mar. Así es precisamente la poesía de Luis Camilo, un andar de río que desemboca en el Atlántico. El Orinoco, presencia mágica de estas tierras del sur del país, es confidente de quienes andamos por sus orillas dejando versos y adivinando amores, probablemente este poeta del Delta del Orinoco, es quien más supo descifrar los murmullos del río viejo, del que próximo y prójimo nos encuentra siempre en su transcurrir de tiempo y de silencio.

De la mano de Dios al Sol
Luis Camilo Guevara nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, en 1937 y falleció en Caracas, el 03 de septiembre de 2014. El alumbró siempre con su palabra de soles y aguas. Su paso por el mundo tiene el tacto exacto de la tierra, la dimensión del paisaje de su infancia y la nostalgia del que siempre lleva consigo el rito primigenio. Supo temprano de barcos de La mano de Dios y es que su padre, Ramón Guevara, era un “capitán de verdad” como le contó a Antonio Trujillo, en una entrevista a propósito del poema El sol, publicada en el libro Regiones verbales, editado por Fundarte. “El sol es un lenguaje. Por eso el poema «El Sol» ya no pertenece a este libro, pertenece a todos los libros, este poema es el timón de todos mis libros, él significa para mí lo que era mi padre, aquella goleta «La Mano de Dios».
“El Río cuya magnitud / Deviene / A pesar del largo olvido / Ese color de sol / Untado a mi cuerpo para siempre / Estos huesos afincados a su errante dispersión / Por lugares nunca desertados”, reclama con voz de hasta siempre Luis Camilo. Y es que a veces a los poetas se les da por decir adiós, aunque en realidad se queden prendidos de las voces que volvemos a ellos para salvarnos de un lunes cualquiera, cuando todo sabe a día que no sabe pasar.

Sabana grande
Luis Camilo Guevara perteneció, a la Pandilla de Lautréamont, en Sabana Grande, en Caracas. Un grupo de transgresores entre quienes también estaban su amigo el Chino Valera Mora, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, quienes supieron conjugar el oficio de la palabra con el saber mirar el mundo y corregirlo en la denuncia, los versos y la amistad. De ese tiempo escribió Reverso de una navidad lejana, allí queda de manifiesto su amorosa profundidad, el eclipse entre en el asombro de la ternura y el vértigo, siempre con su andar de río que en el Delta se extiende como las lenguas de las mariposas besando una flor. “Déjame coger vuelo. Los muchachos del Chicken Bar se han ido convirtiendo en pequeños dioses, laberintos, pájaros y sedosas pieles de asombro. Estoy esperando aquí un pedazo de la otra estación que se nos ha ido olvidando, así, entre las manos, parecido a la carta de amor escondida ya en el curso de los caños, un poco más adentro de Tucupita, que es como decir lo que nos importa y se nos hace presente como para hacer este pequeño ejercicio de amor y de nostalgias”.
En fin, a Luis Camilo le debe haber quedado del río el tacto de las corrientes y el rumor de las orillas que se juntan en el Delta formando remansos y caños que despacito llegan al mar. Festejos y sacrificios; Las cartas del verano; La daga y el dragón; Vestigios rurales, Devociones, y un largo y memorioso relato cuyo título definitivo es Aún no se hace firme, son algunos de sus libros, allí vivirá siempre el poeta, allí nos esperará con rumor de aguas para contarnos cómo el paisaje le creció en el abrazo y se lo llevó a navegar con las velas hinchadas de buenos vientos por la eternidad.


El prestidigitador
Por Luis Camilo Guevara

Me convierto en un personaje múltiple
Busco el cubo de cristal y desde adentro
Reconozco cada lugar y piedra del presente
EI país vuela en un trampolín loco
Esgrime contra mí su desconcierto como si fuera demasiado
Elegante para caer
Con estrépito Su peso flotante
Sigue el curso de la cometa más desasistida
Intenta confundirme y fracasa bajo un sol pálido
Conjuro mis poderes
Someto el porvenir a la bola cuyos designios son inapelables
De esa forma la carta de juego adquiere brillante lucidez
Entreno con atletas dedicadas al fuego
Y hacedores de maleficios
Con ellos me insinúo en la partida que comienza
De antemano sé que resultará vano todo intento para envilecerme
Me ofrecen seguridades a plazo
Bajo un continuo asalto de calumnias
Sirvo para que los menos puros me elijan
Como tiro al blanco
Y ejecuten ciertas proezas al estilo de los ases
Sirvo para que se me señale como estigma
Puesto que llevo la marca de siempre
Mi elección fue echada al viento de tal manera
que resulto adverso para otros compromisos
Tomado como rehén por la discordia
Mi caminata sobre el vacío no destruye
El color del heliotropo en pleno descenso
Apenas ahora
Me convierto en mago y doy el último amor.


Tributo a Luis Camilo Guevara (fragmento)
Por Jorge Valero
“El juglar marinero ha iniciado su andar por las aguas inconclusas de la eternidad. Y en momentos en que se buscan poetas bisoños para que rimen en tiempos de terciopelo, Luis Camilo, con la profecía de su palabra esperanzada, es un oráculo del que puede beberse –como decía su hermano Víctor Valera Mora- en su benevolente corazón, ya que es… esquirla y alborada, abriendo todos los párpados caídos.
Paz perpetua a un alma buena y generosa que nos ofrenda, con su verbo encantado, todos los caños del Orinoco”.
Ginebra, 4 de Septiembre de 2014.

lunes, 1 de septiembre de 2014

En el Llano el futuro se llama Florentino



Imagen tomada de internet.
** Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen.

Región donde la realidad es parte del mito, los llanos venezolanos se fundan donde se pronuncian los ecos y las voces de la tierra y la magia. Allí todo es posible, será porque la mirada se une con la línea del horizonte y entonces el sol parece suspendido en los picos de dos gabanes.
En esta tierra de ganado, de caballos de crines de arcoiris, de grandes serpientes de agua, de ríos temperamentales y lagunas como espejos, donde el hombre es tan duro como la caricia dedicada al ordeño, y la voz se eleva tenue en una tonada que le da la bienvenida a la mañana, la vida se mezcla en los olores del campo y los aromas del viento y baila en las faldas floridas de una mujer que se abraza y se mueve livianita al ritmo de un joropo con golpe de arpa y de maracas.
Los grandes personajes del imaginario popular de los llanos se crecieron para transitar junto a los pasos de toda Venezuela. Allí el Silbón y el Jinete sin cabeza andan asustando a los niños de aquí y de allá, y el Hachador perdido y la Sayona a lo mejor terminan por encontrarse un día. Pero tal vez, el más temible sea el diablo que anda comprando almas, pero que en el Llano pierde siempre cuando se encuentra a un Florentino cantando el futuro.

Del mito al hombre
Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen. Tal vez por eso, esta región tiene tanto de misterio, tanto de invitación y de penumbra. Y si no, mire a Florentino que supo ganarle al Diablo apelando a esa fórmula llanera del contrapunteo.
El autor de este texto, Alberto Arvelo Torrealba, es uno de los grandes poetas del Llano y de toda Venezuela, y nació precisamente en el estado Barinas, el 4 de septiembre de 1905 y falleció el 28 de marzo de 1971 en Caracas.
El poema Florentino y el Diablo fue publicado en una primera versión en 1940, en el estado Barinas, y vale anotar, que es el punto de partida de la Cantata Criolla, obra sinfónica de Antonio Estévez. Luego, en 1957, fue editado en su versión final por Editorial Rex.
Arvelo Torrealba compuso además innumerables partituras que recogen las tradiciones de la región de los llanos, siempre haciendo uso de las formas métricas de la cultura popular, como el octosílabo, la copla y la décima o el corrido. Entre sus libros se encuentran: Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (es en este volumen donde se publica por primera vez Florentino y el Diablo, 1940), Caminos que andan (1952), Lazo Martí: vigencia en lejanía (1965), y en 1967 se publica Obra poética, una antología con sus textos.

Del poeta
Arvelo Torrealba creció en el seno de una familia de poetas, su madre Atilia Torrealba de Arvelo, y sus tíos, Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo, a lo mejor de allí su proximidad con la palabra que sabe contar mirando. Estudió la escuela primaria en su ciudad natal y la secundaria en Caracas, donde se graduó en 1927. Realizó estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde además obtuvo el grado de doctor en Ciencias Políticas en 1935.
Después de ejercer la docencia en algunos liceos de Caracas y Barquisimeto, desempeñó altos cargos públicos. Su paso y su mirada de hombre sabio lo recibieron como Presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940, gobernador del Estado Barinas entre 1941 y 1944, Consejero de la Embajada de Francia, Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia (1952), Embajador en Italia, y Ministro de Agricultura y Cría (1953).
Desde 1955 se dedicó al ejercicio de su profesión de abogado y en 1968 fue elegido Individuo de Número de la Academia de la Lengua.
Por su obra y su vida dedicada a guardar la memoria y por haber sabido cantar su tierra, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1964.

Florentino y el Diablo
La leyenda sobre el duelo entre Florentino y el Diablo ya había sido narrada por Rómulo Gallegos en su novela Cantaclaro, pero después de Alberto Arvelo Torrealba y su copla llanera, la historia de este hombre que encarna a la vida, la inteligencia y la astucia de los hombres de esta región y en especial de Santa Inés donde se realiza el duelo entre ambos personajes, quedó para siempre en la memoria de todos los venezolanos.
Este que es uno de sus textos más conocidos y cantados fue además adaptado al cine, el teatro y la televisión, y es que el poeta barinés supo darle vida a un personaje que se parece tanto a la historia del pueblo que pertenece ya al imaginario colectivo.




Florentino y el Diablo (fragmento)
Alberto Arvelo Torrealba

EL DIABLO
Al Diablo pasar trabajo.
No miente al que no conoce
ni finja ese desparpajo,
mire que por esta tierra
no es primera vez que viajo,
y aquí saben los señores
que cuando la punta encajo
al mismo limón chiquito
me lo chupo gajo a gajo.

FLORENTINO
Me lo chupo gajo a gajo.
Usté que se alza el copete
y yo que se lo rebajo.
No se asusten compañeros,
déjenlo que yo lo atajo,
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si le barajo;
déjenlo que suelte el bongo
pá'que le coja agua abajo;
antes que Dios amanezca
se lo lleva quien lo trajo;
alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
¡Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un par de postales...

Estela
36 años pasaron para que Estela por fin pudiera abrazar a su nieto. Ella que tanto luchó por recuperar los nombres y las vidas de otros nietos extraviados en el impuesto silencio de la dictadura se reencuentra con los ojos de su hija en él, que hoy la miran esperando los cuentos que nunca le pudo contar en las noches de miedo y de frío.


Sofía
Cada tanto se pone a desempolvar la biblioteca. Y de vez en cuando al abrir alguno de los libros la asalta una flor que después de tanto tiempo entre las hojas conserva la fragilidad de las alas de las mariposas. Los libros así engalanados tienen para Sofía el color y tal vez el tacto de un amor o de una tarde de parque en la que la soledad le obsequió un momento para guardar en la memoria.



Andrés Eloy el poeta que supo pintar angelitos negros



** El pueblo venezolano sabe de la obra del escritor cumanés porque anda siempre prendido a los caminos más hondos de esta tierra de ternuras y solidaridades.



En estos días nos sorprendió la muerte. Lo que pensábamos lejos nos tocó próximos y prójimos. Y convocados todos a la ternura nos conmueven los cientos de niños asesinados en Gaza. De ese dolor hondo vinieron los versos de Andrés Eloy Blanco, porque “Cuando se tienen dos hijos / se tiene todo el miedo del planeta, / todo el miedo a los hombres luminosos / que quieren asesinar la luz y arriar las velas / y ensangrentar las pelotas de goma / y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda”. Es el mismo poeta venezolano que nos cantó el Coloquio bajo la palma, animándonos a ser mejores, a “dar más sin decir lo que se ha dado” porque “lo que hay que dar es un modo de no tener demasiado y un modo de que otros tengan su modo de tener algo”.
Este poeta nuestro fue un escritor, dramaturgo, humorista, abogado y político, que nació en Cumaná el 06 de agosto de 1896 y falleció en Ciudad de México, el 21 de mayo de 1955.
El supo conjugar la vocación de quijote con la de poeta, para ser un político capaz de sumarse a las causas más justas y un escritor convencido de la magia y la palabra que tiene sabor a pueblo. En él todo fue canto y entrega. Y tal vez por esta razón, sea uno de los poetas venezolanos más queridos y más recordados. ¿O es que hay alguien que no sepa recitar “píntame angelitos negros”? ¿Y que no ponga alguna emisora AM, el 31 de diciembre, un ratito antes de las doce, para esperar el año nuevo con las Uvas del tiempo?
El poeta cumanés estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la agitada vida estudiantil de aquellos años lo envolvieron pronto en el encendido ejercicio de la libertad. Aunque ya desde antes, cuando apenas contaba ochos años, partió con sus padres a Margarita por desavenencias con el gobierno de Cipriano Castro.
Se incorporó al Círculo de Bellas Artes en 1913 y apenas cinco años después recibió su primer galardón por el poema “Canto a la Espiga y al Arado”, mientras publicó El huerto de la epopeya, su primera obra dramática. Ese mismo año (1918), siendo estudiante de derecho, fue encarcelado por participar en manifestaciones contra el régimen de Juan Vicente Gómez.
Luego de recibir el título de abogado, Andrés Eloy Blanco comenzó a ejercer pero sin abandonar jamás su vocación por la palabra. En 1923 obtuvo el primer premio en los Juegos Florales de Santander, en España, por su poema “Canto a España”. Durante su viaje a recibir el galardón decidió quedarse durante un año en la península ibérica y tuvo la oportunidad de relacionarse con los poetas españoles de esos tiempos. Nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en 1924, se trasladó a La Habana donde sostuvo encuentros con intelectuales y escritores cubanos, y venezolanos que se encontraban en el exilio.

El imparcial
Porque el ser humano siempre tiene cosas que contar y sueños por cumplir, empezó a editar en la clandestinidad, en 1928, el periódico disidente “El Imparcial”, que pronto se convirtió en el órgano de difusión de la Unión Social Constructiva Americana y el Frente de Acción Revolucionaria.
Tras el golpe de Estado del 7 de abril fue confinado en Puerto Cabello hasta 1932, cuando lo liberaron por motivos de salud. Encerrado escribió Barco de Piedra, dicen que son sus poemas más tristes. Cuando finalmente le devolvieron la libertad, se la dieron a medias, tenía prohibido realizar cualquier tipo de manifestación pública, por lo que se volcó nuevamente a las letras, publicando Poda en 1934, libro donde se encuentran Las uvas del tiempo y La renuncia, poemas entrañables del pueblo venezolano.
Fue nombrado jefe del Servicio de Gabinete en el Ministerio de Obras Públicas por Eleazar López Contreras. Aunque su posición siempre crítica y libertaria lo alejaron del gobierno después de la represión de las manifestaciones del 14 de febrero de 1936 y su militancia en la Organización Revolucionaria Venezolana.
Como diputado del Partido Democrático Nacional llegó al Congreso, pero jamás abandonó los versos. Y comenzando 1940 integró su partido en la recién fundada Acción Democrática, desde donde trabajó para la candidatura de Rómulo Gallegos.
Fue electo presidente de la Asamblea Nacional Constituyente en 1946. Y dos años después fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Gallegos. Tras su derrocamiento por Carlos Delgado Chalbaud, se exilió en México, donde dedicó el resto de su vida la poesía.
Andrés Eloy es una de las voces imprescindibles de la poesía venezolana, porque en él habitaron la belleza y la justicia. Supo darse entero a la construcción de un país que hoy sigue germinando en sus versos. Jamás se alejó de sus convicciones, por eso tal vez, su obra sigue sonando en los radios cada diciembre y en las calles las madres venezolanas se alegran cuando ven pintados angelitos negros que le dan la bienvenida al futuro.







Píntame angelitos negros (fragmento)

Por Andrés Eloy Blanco



“No hay un pintor que pintara

angelitos de mi pueblo.

Yo quiero angelitos blancos

con angelitos morenos.

Ángel de buena familia

no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,

si queda un pintor de cielos,

que haga el cielo de mi tierra,

con los tonos de mi pueblo,

con su ángel de perla fina,

con su ángel de medio pelo,

con sus ángeles catires,

con sus ángeles morenos,

con sus angelitos blancos,

con sus angelitos indios,

con sus angelitos negros,

que vayan comiendo mangos

por las barriadas del cielo”.

 

jueves, 7 de agosto de 2014

Buñuel sin discreciones

 
Ilustración de Xulio Formoso
** El cineasta español encontró en la magia del cine una manera de contar el mundo que hoy sigue invitando a pensar.


Nada pasó sin conmoverlo. Las grandes corrientes históricas y estéticas lo encontraron siempre dispuesto a defender los mejores sueños de los hombres. Luis Buñuel (Calanda, España, 22 de febrero de 1900 – Ciudad de México, 29 de julio de 1983), el gran hacedor de imágenes, se acercó al cine haciendo títeres y encendiendo las linternas mágicas que supieron alumbrarle el futuro.
Alentado por su padre, luego de terminar el bachillerato, partió cuando tenía 17 años a estudiar ingeniería agrónoma en Madrid. Alojado en la Residencia de Estudiantes, durante siete años compartió con el artista Salvador Dalí y los escritores Federico García Lorca, Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, entre otros. Allí se enamoró del cine, aunque de niño las puestas en escenas eran también su forma de volar. Por esos años participó en las tertulias ultraístas que dirigía Ramón Gómez de la Serna. Fueron éstos tiempos de encuentro y de exploración, tal vez por eso de la ingeniería pasó a la Historia, que después terminaría por contarla con los recursos infinitos de la imagen, el movimiento, la música y la palabra.
Cuentan que con sus compañeros de la Residencia llevó adelante sus primeros ensayos teatrales con versiones delirantes de Don Juan Tenorio en las que actuaban García Lorca y Dalí. La ciudad de Toledo se abrió infinita y esplendorosa, llena de nuevas ideas, cuando la visitó en 1921. El dadaísmo despertó su curiosidad y exploró la obra de Louis Aragon y André Bretón.
La segunda década del siglo lo tomó con la palabra por decir, desde 1922 comenzó a publicar poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias, en especial aquellas que sirvieron de espacio de encuentro para el ultraísmo y la Generación del 27, entre las que se encontraban Ultra, Horizonte, Alfar, Helix y La Gaceta Literaria.
En 1923 el padre de Buñuel falleció en Zaragoza. Justamente en ese tiempo inició el servicio militar. La palabra que en él era una ofrenda vital floreció en artículos, cuentos y poemas que publicaba en revistas de vanguardia, y que juntos dieron origen a un libro con el título de Un perro andaluz. Las imágenes de esos textos formaron parte de su discurso cinematográfico. Un año después, en 1924, se licenció en Historia y decidió partir a París donde todas las manifestaciones culturales de vanguardia se convocaban a quienes andaban buscando nuevas formas de expresión.

Surrealismo
cartel un perro andaluz Buñuel sin discrecionesEl filme Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang le abrió finalmente el mundo del cine ya para siempre. Luis Buñuel decidido a aprender sobre la magia de la imagen trabajó como asistente de dirección con el francés Jean Epstein.
Seducido por el surrealismo su vida fue el cine definitivamente. Era una voz entre muchas voces, una que encontraría un tono que ha quedado prendido en el tiempo.
En 1929 empezó a trabajar con Dalí en la película Un perro andaluz, que se estrenaría el 6 de julio de ese año en un cineclub parisino. El éxito alcanzado le abrió las puertas del grupo surrealista que se reunía en un café para sentar posición política, y escribir manifiestos y cartas. Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, fueron algunos de los exponentes de esa corriente con los que Buñuel trabó amistad.
Después vino La edad de oro, película que sería censurada por cincuenta años y que finalmente fue exhibida en 1980 en Nueva York y un año después en París.
Después de un viaje a Estados Unidos, en 1931, Luis Buñuel regresó a Madrid. La segunda República Española despuntaba los anhelos de libertad y justicia. Allí proyectó La edad de oro. Después de romper con los surrealistas, Buñuel asistió en 1932 a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios.
En abril de 1933, inició la filmación del documental Las Hurdes, tierra sin pan. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1935, Buñuel ya casado con Jeanne Rucar, fundó con Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, con la cual se produjo Don Quintín el amargao, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? y ¡Centinela alerta!, entre otras.
El golpe de Estado franquista tomó a Buñuel por sorpresa en Madrid. Decidido a estar al lado de la República española, durante 1937 se encargó de supervisar el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Terminada la Guerra Civil, en 1941, quedó desempleado en EEUU. A lo mejor por eso aceptó un puesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado para el área documental, y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos. En 1943 fue despedido por haber sido señalado por quien fuera su amigo de muchos años Salvador Dalí como un ateo y “hombre de izquierda”.
Superado el tránsito amargo volvió a Hollywood a trabajar con Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina.

Exilio mexicano
A México llegó a dirigir Gran Casino, una película comercial con el mexicano Jorge Negrete y la argentina Libertad Lamarque. Finalmente en 1950 rodó Los olvidados, película por la cual obtuvo en 1951 el premio al mejor director del Festival de Cannes.
En 1952 filmó Subida al cielo, con la que volvió a Cannes. Y ese mismo año salió Robinson Crusoe. Después siguieron La ilusión viaja en tranvía, El río y la muerte, y Así es la aurora (rodada en Francia).
Fiel a las ideas de paz y solidaridad con los pueblos, Luis Buñuel firmó un manifiesto contra la bomba atómica estadounidense, lo que junto a su apoyo a la revista antifascista España Libre le valió su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975.
Después vinieron en 1956 La muerte en ese jardín y Nazarín (1958). En 1959 rodó Los ambiciosos, una película de compromiso político y social. Regresó a España para dirigir Viridiana, una coproducción hispano-mexicana que obtuvo la Palma de Oro en Cannes de 1961 y que fue censurada por el franquismo hasta 1977. El ángel exterminador, tal vez una de sus filmes más personales, fue rodada en 1962. Con Diario de una camarera volvió a Francia. Y en 1966 filmó Belle de jour.
Luis Buñuel se convirtió en 1972 en ser el primer director español galardonado con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El discreto encanto de la burguesía sigue siendo una de los filmes más sugerentes y polémicos, que sabe abordar desde el humor las mañas y decires de los integrantes de esta clase social. Y vale anotar que junto a La Vía Láctea (1968) y El fantasma de la libertad (1974), componen una serie de cine con contenido social que fractura los cimientos de la narrativa cinematográfica convencional.
Buñuel sigue vivo en sus creaciones. Con él los espectadores nos dimos cuenta que hay cientos de formas expresivas que encuentran de la mano de los espectadores recrear la realidad desde la magia. Hay miles de formas de contar y Buñuel supo invitarnos a ser partícipes del mundo que en las pantallas sabe nombrarnos a pesar del tiempo.

** NOTA: Texto originalmente publicado en  Periodistas en español.com

Earle Herrera y la magia de contar

Fotos de www.albaciudad.org
** Por su trabajo de investigación sobre medios este profesor y poeta ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo.

Es domingo. Se asoma la mañana en uno de esos días en que la vida pasa un poco más lenta. El ajetreo empieza después de hora. Cuando prendes el televisor, a las diez de la mañana, un kiosko se abre a la pantalla. Allí está él, entre periódicos y libros. Tiene un tipo algo desgarbado, como de poeta amanecido, de esos que saben rehacer el amor aunque esté a trasmano. Earle Herrera, ese profesor universitario que transitó por las aulas de la Universidad Central de Venezuela, a enseñarle a quien quiera leer en serio, reaviva el oficio esta vez junto al pueblo pero no ya en un recinto cerrado sino en la televisión del Estado. Con él andamos el descanso dominguero leyendo los diarios, es decir desenredando lo que los medios impresos que circulan en el país, quieren hacernos creer que es una verdad tajante. Análisis crítico de contenido de medios en tiempos de revolución es tarea imprescindible e impostergable, y este periodista, que es diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, lo asume como un compromiso con nosotros, sus kioskos videntes.
Por su trabajo en el área de medios de información ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo y su obra sobre la investigación literaria y periodística se encuentra en libros como ¿Por qué se ha reducido el territorio venezolano? (1978), Hay libidos que matan. Ecosonograma de un país (1984), La Magia de la crónica (1987-1991), Caracas 9 mm. Valle de balas (1993), Del desAmparo al 27 de febrero. Epílogo de la Gran Venezuela (1993), Memorias incómodas de una barragana (1996), Del amor constituyente al amor constituido (1999), El que se robó el periodismo que lo devuelva (2005) y Ficción y realidad en el Caracazo: Periodismo, literatura y violencia (2011), entre otros.
Este diputado y periodista es además de poeta, un cronista. Earle ha sabido a lo largo de su carrera abordar este género que cabalga entre el periodismo y la literatura, que lamentablemente se ha ido perdiendo de los grandes medios. Él mismo señaló que “La crónica es la necesidad del ser humano de contar su vida para perdurar. También es inherente a las personas de todos los tiempos relatar lo que se ve y lo que se oye”.
Pero con este escritor y político que nació en El Tigrito, estado Anzoátegui, en 1949, la crónica tiene un tono particular, y es el humor.
Los cronistas que he tenido la oportunidad de conocer, son todos unos señores de guayabera y de lentes de marcos gruesos que se toman muy en serio el cuento de contar. Porque ellos guardan para mantenerla viva, a la memoria colectiva. Por eso y hago un paréntesis, es toda una inspiración y una invitación a volver a contarnos para encontrarnos y reconocernos, que la quinta edición de la Feria del Libro de Caracas le rinda homenaje a la crónica y con ella a un venezolano que la ha asumido como amoroso quijote.
Venezuela tiene grandes cronistas como Aníbal Nazoa y Orlando Araujo, ellos también desde el humor supieron mostrarnos el país que todos callaban. Eso tiene precisamente de magia este oficio de contar desde la realidad, pero con el tono de lo subjetivo, es decir del hombre que siente, respira, llora y se da los pies contra las piedras, el hombre que aviva el fuego de la esperanza y es capaz de narrar desde el mínimo gesto cotidiano hasta los actos heroicos o las grandes tragedias, porque nada le es ajeno a la crónica. Tal vez muchos lo intentamos sin conseguirlo, porque la crónica tiene que atrapar al lector, como Earle hace con nosotros cuando publica sus microcrónicas en Ciudad Caracas.
Comparto una de esas instantáneas que Earle nos regala para pensar, son un destello de luz, la fotografía de un tiempo que queda detenido en las palabras de este periodista.

Fin de fiesta, publicado el 15 de julio.
“Cerró la fiesta del fútbol con el guayabo de América. Brasil puso el baile y lo sacaron de su casa. La lesión de Di María, la prueba masiva antidoping contra Costa Rica, la dura sanción a Luis Suárez y el tacle sin sanción que sacó a Neymar de la copa, las tarjetas a Thiago Silva, el penalti contra Higuaín, el premio a Messi que este no quería, colmaron el césped de sospechas. En lo inmediato, así seguirá el fútbol, con la FIFA poniendo la música y las grandes marcas la plata”.

Entre el humor y la denuncia Earle es cronista de su tiempo. Sus textos abordan el tema político nacional y todo aquello que levante sospechas en el manipulado mundo de los medios nacionales e internacionales. Y cierto es también que estas microcrónicas que se leen tan sabrosas, como un cafecito endulzado con papelón, requieren un vasto conocimiento del ejercicio y el oficio de narrar.
Seguro que dentro de poco Fundarte nos regala una antología de crónicas y microcrónicas de Earle, para que queden además como constancia de los tiempos que a esta generación nos ha tocado vivir.
Por cierto, que el mismo profesor que viste y calza, en una entrevista que le hicieron en el marco de la Feria, dice sobre sus crónicas que en ellas aborda “Un día la política, otro día un accidente, luego una fiesta”. Pero como del Tigrito se vino a Caracas asegura que sus textos brevísimos son reflejo de esta ciudad: “Pero a esa Caracas hay que quererla así. No es que sea una colcha de retazos, es Caracas, en sus distintas expresiones con sus múltiples voces y perspectivas que hacen la esencia de la ciudad. Más allá de los avisos de neón y las pantallas de televisión, es la Caracas humana, aquella Caracas que respira, que uno ve en la arepera, en el tránsito, en una parada y que la ves los fines de semana en la Guaira o en el Junquito. ¡Esa es Caracas!” y agrego yo, que a final de cuentas ese es el país. Y estos andares nuestros necesitan quien los cuente, quien los viva con nosotros, quien los reseñe y los guarde en la memoria, para que no se nos olvide nunca de dónde venimos y a dónde queremos llegar. Para eso hay que registrar los pequeños gestos, las caricias con que la vida nos despierta y los sobresaltos que nos estremecen para replantearnos y crecernos siempre mejores, siempre más juntos. Por eso la crónica es un género indispensable para retratar este tiempo de nacimientos, este de nacernos al futuro. Eso es lo que hace precisamente Earle Herrera con sus párrafos, incisivos, en los que no falta nada ni nada sobra.
Pero a todas estas habíamos asomado que el profesor, político y periodista, es también, y sobre todo, poeta. Será por eso que le habrá dado por desmorir de amor.
Es un poeta que milita en las mejores causas, las del amor y sus reversos, las de la vida que nace del vientre de la luna y sus entuertos, de la esperanza que germina una noche de mayo y reverdece una mañana de febrero.
El tiempo y el país se hacen presentes también en los versos del poeta. La geografía que sabe de nomeolvides y cantos más viejos nacen de la palabra de Earle como un hondo suspiro, como una lluvia a destiempo, como un sol de sabanas, como un crujir del aguacero. Y aquí estos versos...

“Por todos los mayos de tus ojos
mayo para la cruz o los velorios 
de caña y canto 
procesión y credo 
de luna y contracanto 
y yo tan lejos (…) 
Rosas regadas en París 
aquel Mayo del 68 
O rosas fusiladas en Praga 
otra oscurecida primavera 
Mayo también 
aquella mirada la primera 
que se quedó en la tuya 
hasta la última mirada de tus mayos 
por todos los mayos de tus ojos.”
(Te amaré en mayo, fragmento)

Y como poeta también nos regaló en Al sur canto al sur, este sur indeleble...

“Venir a este mundo 
Nacer en el Sur 
es un compromiso 
No un azar. 
Un camino 
no un destino 
Demasiada historia 
Para llegar a ti 
Demasiada lucha 
para ser fortuito 
Por más que migres 
el Sur andará en ti 
como tu sombra 
como tu luz 
como tu norte”.

Entre sus libros de poemas y cuentos se encuentran Penúltima tarde (1978), con el que obtuvo el Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Caracas en 1977, Los caminos borrados (1979), Sábado que nunca llega (1982), Piedra derramada (1995), Desmorir de amor (2009), Penúltima Tarde y Otras Tardes (2010) y Al sur canto al sur, entre otros.
En fin, este es Earle Herrera, el homenajeado de esta quinta edición de la Feria del Libro de Caracas, la que dedica el encuentro a la crónica y nos invita a contar y a contarnos. Vale la pena intentar darle forma a la mirada, conservarla en el papel, compartirla una tarde y echarse a andar por esta ciudad donde la magia transita a plena luz del día, como contagiándonos con las ganas de ser una voz entre todas las voces de esta Venezuela donde hemos hecho que la esperanza se hiciera realidad. Caracas, ustedes, nosotros, tenemos la palabra.

Caracas, 25 de julio de 2014


** NOTA: Texto leído en la V Feria del Libro de Caracas que organiza la Alcaldía de Libertador que rindió homenaje a la palabra de Earle Herrera.

Cien veces Chávez reúne minocrónicas de Earle Herrera, está editado por Fundarte y es una belleza de libro.
 

lunes, 14 de julio de 2014

Matisse y las musas

** El lunes 07 de julio de 2014 fue repatriada la Odalisca con pantalón rojo, obra del artista francés que pertenece a la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.



A lo mejor está esperando o tal vez solo mira a alguien que se va. Lo cierto es que ella está ahí, sentada, sola. A su lado un ramo de flores y apenas un poco más allá un baúl guarda quizá viejas cartas de amor. Apenas la cubre un pantalón rojo. Ella es una de las odaliscas del artista francés Henri Matisse.

La Odalisca con pantalón rojo data de 1925. Y en 1981 el cuadro fue incorporado a las piezas del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. El pasado lunes 07 de julio, después de doce años de ausencia, el cuadro que había sido sustraído del museo, retornó a Venezuela gracias al esfuerzo conjunto entre la Cancillería, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura y la Fiscalía General de la República, ratificando así la importancia que tienen los bienes patrimoniales para el Gobierno Bolivariano. Según declaraciones del titular de Cultura, Fidel Barbarito, la obra será expuesta nuevamente para el disfrute del pueblo venezolano, a quien a fin de cuentas le pertenece esta obra.



De la forma al color

Henri Matisse quien junto a Pablo Picasso está considerado como de los más grandes artistas representantes del siglo XX, nació en un pueblo al norte de Francia el 31 de diciembre de 1869 y falleció el 3 de noviembre de 1954.

Todo en su obra es color, fluir de pinceles que alumbran estrellas, barcos, rostros, música y movimiento.

El arte le vino del azar, cuando convaleciente de una enfermedad su madre le llevó colores y pinceles. Su camino se abrió ante la magia que nace de los lienzos y que siguen allí en la memoria de quien los disfruta para recordar el instante en que el color le dio sentido a una mirada.

Entonces, lo dejó todo y partió a París a aprender la técnica. En 1892 ingresó en la Escuela de Bellas Artes. En sus primeros años practicó el dibujo del natural, poco después la luz se instaló en su trabajo cuando pintó paisajes de Córcega y de la Costa Azul. Con el comienzo del siglo su obra adquirió paletas y trazos que rompieron con los patrones estéticos de ese tiempo, nació así el fauvismo. Nombre que le pusieron a un grupo de artistas que presentaron sus obras en el Salón de Otoño de París de 1905, entre los que se encontraban Matisse y Derain, otro artista francés. Aunque al principio el término resultó peyorativo (salvaje en español), los integrantes de esta vanguardia se animaron a buscar a través del color una nueva forma de expresarse.

No hay duda de que Matisse lo consiguió. Él sostenía que el color debía aportar la sensación de armonía y belleza a quien mirara la obra, el color más que la forma era el instrumento para interpretar la vida.



África y las musas

Durante la primera década del siglo XX, Matisse visitó Argelia y Marruecos y, como tantos otros pintores, el color y la luz del norte África se instalaron en su mirada y en el tacto con el que tomó los pinceles. Arabescos y odaliscas aparecieron en su obra como constatación de sus viajes.

A partir de los años veinte, Matisse recuperó la sensación de volumen y de espacio que había dejado a un lado en el período anterior, pero desde una perspectiva nueva, en una reinterpretación personal del mundo. Las odaliscas y sus interiores con ventana abierta son las obras más características de esta época, en la que precisamente se inscribe la Odalisca con pantalón rojo.

El color empieza a diluirse al entrar la tercera década del siglo XX, y la forma se sintetiza en leves curvas y contracurvas.

Lamentablemente sus últimos años estuvieron signados por una salud frágil. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana, llevó a la cárcel durante unos meses a su mujer y a su hija, más dolor en su vida de esos tiempos.

Tal vez por estar en cama incorporó a su obra una nueva técnica, los papeles pintados con la técnica gouache, una especie de acuarela opaca que posteriormente recortaba y pegaba sobre el soporte fuera lienzo, papel o tapiz, alcanzando así una pintura plana y sintética. En los años siguientes los detalles fueron diluyéndose para volverse cada vez más abstractos.

Matisse supo jugar con el color y la forma, supo regalarnos también las musas, algunas como la Odalisca con pantalón rojo, esperan el amor en los ojos de quienes ahora podrán disfrutarla nuevamente cuando visiten al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, uno de los tantos museos del país que ahora tienen abiertas las puertas al Pueblo.







Vuelta a la Patria

“Esto es un logro más de la Revolución Bolivariana, de un gobierno sensible a las artes, la cultura que ha abierto las puertas de los museos para el pueblo. Hace 15 años estas obras estaban dedicadas solamente para una élite de nuestra sociedad”, expresó el ministro Fidel Barbarito al recibir la Odalisca con pantalón rojo.

Recordó también que la recuperación de la obra es parte de una larga y continua labor del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su gestión como canciller del país. “Fue durante su gestión como canciller cuando se realizaron todas las diligencias para iniciar los trámites de repatriación de la obra”.

El titular de Cultura informó que la “Odalisca con Pantalón Rojo” es la única de la serie Odalisca del pintor francés Matisse que tiene un museo latinoamericano. Por lo tanto, anunció que la obra volverá a ser parte de una colección exclusiva del Museo de Arte Contemporáneo, la cual será permanentemente expuesta para el disfrute de todos los venezolanos.


(Con información de prensa)

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