sábado, 22 de marzo de 2008

IRAQ: La memoria incendiada


** Cuando se cumplieron cinco años de la invasión a Iraq, la memoria sigue siendo una herida abierta. Más de un millón de libros y cientos de miles de piezas arqueológicas han sido destruidas por el ejército invasor, en el primer atentado cultural del siglo XXI


Los pueblos se resisten a la desmemoria. Los bárbaros conquistadores han quemado millones de libros en la historia de la infamia universal. Sin contar las atrocidades cometidas por los españoles durante la dominación de América, el siglo XX fue escenario propicio para ultrajar la memoria colectiva de los pueblos. Los alemanes nazis durante la II Guerra Mundial incendiaron miles de libros, la dictadura franquista, los gobiernos de facto de Pinochet, Videla y Stroessner, en el sur del subcontinente, entre otros, fueron verdugos de cientos de hombres y mujeres, y de la palabra escrita que proclamaba verdades y sueños.

INVASIÓN A IRAQ
Con la excusa de una guerra preventiva, el gobierno de Estados Unidos invadió Iraq en marzo de 2003. Un genocidio al que tampoco han escapado los soldados estadounidenses que combaten una amenaza inexistente. La resistencia iraquí se mantiene cinco años después del atropello a todos los derechos e izquierdos humanos. Los muertos de la miseria humana tienen nombre, cada uno está vivo para decir y decirnos, que han podido asesinarlos, pero están vivos, volviendo cada día en el recuerdo de los que quedaron.

No escapó al fuego la Biblioteca Nacional de Bagdad. Allí, alrededor de un millón de textos, sucumbieron ante la violencia. La mágica tierra de Las Mil y una Noches canta ahora tras el humo de las casas y los sueños que se mantienen en pie y que se resisten a caer y volverse ceniza.

La Biblioteca de Bagdad fue objeto del fuego militar, al que no le interesa diferenciar los objetivos civiles y militares, porque según ellos, el enemigo se esconde incluso en las manos de un niño recién nacido.

Las salas de lectura y los estantes fueron arrasados y miles de manuscritos robados, ultrajados o destruidos. Incendiaron alrededor de un millón de volúmenes junto con miles de publicaciones periódicas, en las que estaban incluidas las primeras revistas impresas en lengua persa del mundo.

Asimismo, fue destruido el Archivo Nacional de Iraq. De allí desaparecieron millones de documentos, algunos del período otomano. Se calcula que además fueron robados más de 170 mil objetos de arte.

IRAQ: SÍMBOLO CULTURAL
Fue en Iraq donde nació el libro hace 55 siglos, hacia el año 3200 a.C. en la ciudad de Uruk, cuando florecía la civilización de los sumerios.

El único precedente a este crimen en Iraq fue en el año 1258, cuando los mongoles de Hulagu Khan entraron en Bagdad y arrojaron todos los manuscritos de esta ciudad al río Tigris. Aún no se puede saber, por ejemplo, cuántas tablillas y estelas de arcilla fueron destruidas o robadas del Museo Arqueológico.

Más de 700 manuscritos antiguos fueron acabados y más de 1500 desaparecieron en un centro de estudios religiosos. En la Academia de Ciencias de Iraq el sesenta por ciento de los textos se extinguió. Además la Madrasa Mustansiriyya, el centro de la ley, fue saqueada sin piedad, junto con la biblioteca de la Universidad de Bagdad.

LO QUE SE PERDIÓ
Aunque aún no se ha podido contabilizar con exactitud lo que desapareció de la tradición cultural iraquí, se puede concluir que la invasión estadounidense ha demostrado el poco respeto que ese gobierno posee por los seres humanos en el mundo. En el ámbito cultural las pérdidas son variadas e incalculables.

No sólo libros fueron destruidos en la Biblioteca. Se guardaban allí las tablillas del Código de Hamurabí, el primer registro de leyes del mundo. Este recinto guardaba textos de Súmer, Acadia, Babilonia, Asiria y Caldea, Persia y varias dinastías árabes. Desaparecieron muchas tablillas aún sin descifrar, algunas de las cuales se creía contenían datos sobre el origen de la escritura. Manuscritos con las primeras traducciones al árabe de Aristóteles, obras de Omar Khayyam, textos de la literatura persa antigua, poemas sufíes, novelas, crónicas árabes, mapas de Persia, donaciones de literatura occidental, una colección completa de literatura latinoamericana, y quién sabe qué más.

RESISTENCIA
A pesar del saqueo y la destrucción, algunos grupos de académicos han escondido textos religiosos, históricos, manuscritos iluminados y obras que constituyen parte de la identidad y del imaginario de los iraquíes. Y han revelado que los entregarán una vez que el ejército de ocupación desaloje el país.

Lo cierto, es que apenas se ha salvado alrededor del treinta por ciento del total de los libros que poseía la Biblioteca Nacional de Bagdad. De lo que sobrevivió, una parte fue robada. Otra parte de la colección está en la mezquita de Al Haq, donde hay más de 250 mil volúmenes. Hay también libros en lugares secretos. Pese a la destrucción la memoria no cerrará estas heridas. La agresión contra el pueblo iraquí, que posee más de siete mil años de historia, es parte de un proceso que tiene como objetivo la destrucción sistemática de su identidad cultural, para poder así dominarlo. Pero los pueblos resisten y éste no será la excepción.

sábado, 15 de marzo de 2008

Literatura por la memoria del sur

** El 24 de marzo de 1976 un golpe militar dejó abiertas las heridas de un pueblo. Para que le memoria de los pueblos siempre sea una llama encendida niños y desaparecidos cuentan su propia historia

Ecos de voces hace tiempo, de miradas extraviadas, la memoria es herida abierta, aunque hayan querido dormirla, cerrarla a fuerza de impuesto silencio. Pero de vez en cuando, vuelve y se hace grito, entonces los días idos se aproximan con todos los detalles de lo que fue y nunca más debe suceder.


El sur del subcontinente tiene mucho del desgarrado y desarraigado exilio, sus palabras llevan impresas las torturas y la llama encendida de la utopía realizable.


El 24 de marzo de 1976 Isabel Perón, presidenta de la República Argentina fue detenida. Una Junta de Comandantes, integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti, asumió el poder. Fue designado como presidente de facto Jorge Videla.


La Junta Militar impuso el terrorismo de Estado con el propósito de destruir toda forma de participación popular. Entre algunas de las medidas tomadas se encuentran la suspensión de la actividad política y de los derechos de los trabajadores, la prohibición de huelgas, disolución del congreso, la corte suprema de justicia y partidos políticos, la censura a los medios de comunicación y la quema de libros y revistas que ellos consideraran peligros.
Se inauguró el tiempo de la desaparición y el miedo.

VOCES
Pero la voz humana cuando tiene algo que contar siempre, siempre encuentra caminos para decir y decirse, los sueños, los miedos, la esperanza, los amores, la muerte… Y por eso, para recordar y recordarnos, es que la palabra debe tender puentes hacia el encuentro de las manos y los ojos de los otros, de nosotros, para construir juntos el mundo que no sólo es posible, sino y sobre todo, imprescindible.

Palabra Viva, Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974 – 1983, libro publicado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina en coedición con la Editorial José Martí (Instituto Cubano del Libro, 2006), recopila textos y biografías de ciento tres escritores que le rinden tributo a la memoria, a la vida, los amores, el combate y la resistencia.

Edades diversas y voces acalladas por la violencia se entretejen en las páginas de este libro que es sin duda, un canto infinito a la vida.


Jorge de la Cruz Agüero, tenía 17 años cuando desapareció, el 13 de enero de 1976. “Es que nos iremos / caminando despacio / por las calles y las plazas / como tristes baluartes de la risa, / como turbias hilachas de una época, / como mansos enfermos por la muerte? / Perdón señores grises, perdón / por ser tan pobres, / por vislumbrar el campo / y ahogarnos los puños entre sollozos escritos”.


Desaparecidos, nombre de una muerte que sembraron. Pero están, a través de éstas y otras páginas, están. ¿Quién puede acallarlos si sus voces, resurrectas y limpias, asaltan la conciencia? Están allí, diciendo, en cada verso, presente.


“Vamos, Patria, a caminar yo te acompaño / Yo bajaré los abismos que me digas / Yo beberé tus cálices amargos / Yo me quedaré ciego para que tengas ojos / Yo me quedaré sin voz para que cantes / Yo he de morir para que tú no mueras”, sigue diciendo Enrique Juárez, quien nacido el 12 de diciembre de 1944, fue desaparecido el 10 de diciembre de 1976.


Mientras que Ana María Ponce (10 de junio de 1952) detenida el 18 de julio de 1977 y desaparecida posteriormente, escribió “Que el silencio me devuelva tu voz, / que la sombra me entregue tu cuerpo, / que el aire me haga respirarte, / que esta muerte demorada / me dé tu vida. / Que haya una esperanza, / eso es lo que quiero / en definitiva decir, / que quede algo para decirme / que estás vivo. / Pero no estás”.

VOCES NIÑAS
Un periodista argentino, Hugo Paredero, después de culminada la dictadura militar, el 10 de diciembre de 1983, soñó con un libro que contuviera la historia argentina de esos años, narrada por niñas y niños menores de 12 años. Durante doce meses entrevistó a ciento cincuenta pequeños que contaron su propia historia.


El libro, que lleva el nombre de ¿Cómo es un recuerdo?, fue finalmente publicado en 2007, en una coedición entre la editorial argentina Libros del Zorzal y la venezolana Monte Ávila Editores Latinoamericana.


La lucidez con que los pequeños se sitúan frente a la historia, da cuenta de lo que significó ese período del país austral para ellos. Hoy, conmueven sus voces, al imaginar todo lo que perdieron esos chicos que hoy adultos, construyen otro presente.


Ocho años tenía Ernesto Roberto Ringa cuando sentenció que “No me gustan los militares, son malos, entran a las casas y matan a la gente… o los desaparecen, como a mi papá”. “Hicieron todo lo más feo que pudieron, con ellos todo se convirtió en miedo”, dijo Federico Guillermo Báez (10 años).


Paula Verónica Hoffman (12 años) comentó que “Todos conversábamos lo mismo, de los militares, que se vayan rápido. Pero no se podía decir mucho porque podíamos desaparecer nosotros también, la gente que opinaba desaparecía. Así sea gente que viva aquí, al lado, o más allá, en aquella casa, los que opinaban desaparecían”.

EL FUTURO IMPRESCINDIBLE
Están allí, con sus vivos y sus muertos, cantándole a la vida que nace desde la memoria. Están allí, nunca se han ido, no pudieron desaparecerlos, porque quedaron y quedamos para recordarlos.


“Tan rápido no va a cambiar, pero va a cambiar. El que trabaja debe tener esperanza, y hay que esperar. Imaginemos un país con justicia, con libertad, prosperidad, que trabaje y avance. Eso es posible, pero hay que tener buena voluntad, y trabajando tal vez lo logremos. Ahora sigamos, que después nos vamos a dar cuenta cómo va la cosa. Podría decirse que pasamos siete años podridos. Fueron el retroceso del país, el empobrecimiento moral e intelectual del país”, afirmó Federico Diego Verzura de once años. Mientras que Inés Soledad Loker Vilte (10 años) confirma que “tendríamos que luchar para que no vengan. Con armas no, porque va a haber mucha gente inocente que se va a morir. Con palabras vamos a luchar. Que todo el pueblo argentino se oponga con su palabra a que ellos vengan”.

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