domingo, 30 de diciembre de 2012

Deseos de fin de año

Estos días siempre son propicios para hacer balances de los días vividos, de las cosas y las gentes que hemos soñado, anhelado y sentido. Así como de lo tanto que nos falta por soñar y hacer realidad. Estos días traen siempre consigo el recuerdo de dolores viejos y otros recién adquiridos, el tacto de ausencias nuevas, gente y cosas que hemos perdido y otras que hemos ganado en el camino. En fin, este es un tiempo que casi siempre nos convoca a sacar cuentas, a echar de menos lo que falta y agradecer lo que tenemos y hemos sumado a la vida.
Aunque hay mucho de convención en este final de mes, hemos asistido y creo, espero, que no hayamos salido ilesos de este nuevo final del mundo, que resultó ser el comienzo de una nueva era para uno de los pueblos más originarios de Nuestra América. El mundito que nos tocó habitar ha pasado ya varios cataclismos mediáticos algunos más hollywoodenses que otros, que aunque no terminaron manifestándose en meteoritos o planetas estrellándose contra el nuestro o sistemas informáticos trastornando la normalidad, nos dejaron con la vulnerabilidad a flor de piel.
Lo cierto es que a lo mejor sin darnos cuenta, cada día que pasa es el final del mundo, o es la suma de ellos, porque en definitiva no hacemos nada o hacemos más bien poco, para que el mundo como lo conocemos sea un hogar digno, amable y amoroso para todos sus habitantes.
A veces, con cualquier paso de luna o día gris, me pregunto cómo es que nos asusta más un marciano verde y con antenitas que la imagen de un niño muriendo de sed o mutilado por bombas que llaman inteligentes, cómo es que nos conmueve con más ahínco la posibilidad de un diluvio universal y no las lluvias terribles que dejan sin casa y sin padres y sin hijos a tantos seres humanos. En fin, la barbarie es más descabellada en el mundo real que en las industrias del entretenimiento, pero aún así la Tierra es un lugar maravilloso, la casa más grande que podríamos tener, más luminosa y más viva que ninguna. Por eso, este fin de año propongo que levantemos las copas y las conciencias para que el mundo sea en el presente un mejor lugar para cada ser humano y cada ser viviente.
Ojalá aprendamos de una vez y para siempre a ser más sensibles, para que no nos asustemos del amor y podamos disfrutar por ejemplo de un atardecer frente al mar. Sería lindo que de verdad nos sintiéramos hermanos y unidos a todo lo que transpira, siente, vibra, canta, sea humano o sea árbol. Y podamos contemplar maravillados, el movimiento de las olas, de las hojas de los árboles mecidas por el viento y las formas caprichosas de las nubes.
Este diciembre de 2012 que ya termina según las cuentas de Occidente, que se quede con todas las sombras que nos habitan, que aprese para siempre el miedo al otro. Y que nos regale en las hojas nuevas del calendario la dicha de darnos cuentas que somos muchos y no estamos solos, y que entre todos podemos hacer que la vida sea más vida y que la muerte sea apenas la consecuencia de haber vivido. Que haga que la poesía sea materia obligatoria en escuelas y en la televisión para que aprendamos que las palabras son nuestras y nos definen. Que nos bañe con la lluvia que hace florear campos y suelos para que germinen los alimentos y en nosotros la convicción de que somos extensión infinita de la tierra.
Que el 2013 nos traiga por fin la paz y con ella a su hermana y amante la justicia. Que se funden miles y millones de escuelas que nos enseñen a todos a ser libres y hospitales que curen sin hacer de nosotros clientes.
Que el tiempo que viene nos haga aunque sea un tilín mejores como canta Silvio para que cuando crucemos la calle nos veamos a los ojos y nos reconozcamos. Que el tiempo que viene nos regale el placer infinito de leer un buen libro y la posibilidad hermosa de comentarlo con nuestros hijos en un almuerzo de domingo.
Deseo que el tiempo que viene nos permita tener la estatura de todos los niños y niñas para que aprendamos otra vez a mirar los juguetes como tesoros y el desorden como un universo en el que habitan las hadas y los mundos que solamente existen en sus cabezas despeinadas y alegres, y con ellos la risa más clara, la más honesta.
Pido también que nos ofrezca amanecer siempre al lado de un cuerpo amado, que nos de la dicha de sabernos completos y queridos en cada rincón de lo que somos. Que nos brinde cada amanecer un taza de café recién colado y que al abrir las ventanas entren los rayos del sol para que nos confirmen la vida que se funda en la luz. Y noches de estrellas y noches de truenos y relámpagos para dormir cobijados por el murmullo de la tierra húmeda y las gotas resbalando en las ventanas.
Que el 2013 nos permita los amigos incansables para conversar y reírnos y llorar y saber que hemos elegido a los hermanos de la vida. Que también, claro, nos traiga de cuando en vez la tristeza para confirmar que somos frágiles, vulnerables y tiernos, porque vivir a veces también duele.
Que los días que estamos por inaugurar nos traigan la picardía, la gracia, la alegría de estar vivos y de darnos cuenta que somos lo que somos no porque tengamos un auto y una casa grande o pasemos horas interminables en un gimnasio o un quirófano poniéndonos o quitándonos senos, glúteos o grasa. Somos la materia humana que tiene la bendición del canto, la palabra y el trazo, el don de escribir, forjar, tocar, soñar interpretar y transformar el mundo, y ojalá que sea siempre para el bien de todos, porque somos todos y todas, juntos, juntas, sino apenas el silencio.
Por eso, en estas fechas pido a la vida, la vida, la que nos pertenece aunque sea de prestado y por un rato no más, aunque sea sólo por un instante, para que aprendamos a cuidarla y a quererla, a venerarla y agradecerla, para que nos animemos en fin a luchar por ella porque es todo lo que tenemos para dejarle a las generaciones que están por venir.

¡Feliz año 2013!


domingo, 9 de diciembre de 2012

Escribimos una de las páginas más importantes de nuestra historia


Inauguramos el siglo XXI con la esperanza empeñada en el futuro, porque elegimos por fin amar lo más libre y lo más hondo de nuestras raíces, risas, llantos, miedos y dudas. Cargamos en nuestras alforjas todo lo que fuimos, lo que no cuenta la historia de los vencedores, para animarnos a transitar la vida seguros de que éramos capaces de tomar el futuro por asalto. Y lo logramos. Durante estos años hemos convertido la utopía en realidad.
Somos hacedores de la historia, parteros del tiempo nuevo. Aunque haya quienes proponen que seamos pasajeros de los días, desde hace más de una década decidimos ser protagonistas y dueños de nuestro futuro.
Con la memoria encendida y los versos todos, con los trazos de la vida, el fuego creador y el barro primigenio, seguiremos pintando escuelas, modelando libros, forjando el mañana a canto y golpe de tambor, porque escribimos juntos y juntas, mano a mano, brazo a brazo, los tiempos que aún están por venir.
Ya no estamos solos, somos pueblo junto, unido, como río indisoluble, como canto llano, como canto selva, con la certeza de nuestros ojos mirando el porvenir luminoso de la Patria buena, la de todos.
Hoy, escribimos una de las mejores páginas de nuestra historia, la que le debemos a nuestros hijos e hijas, las que soñaron antes para nosotros nuestros padres y abuelos, la que seguro le legaremos  a las generaciones que están por venir. Escribimos nuestra historia, elegimos cómo queremos vivir el futuro, cómo queremos que nos recuerden nuestros nietos. Hoy, estamos naciendo los días que vienen, hoy somos voz de todos, para seguir edificando un país más justo, más libre, más tierno y soberano. Hoy, ya somos el futuro.

Aquí te esperamos Comandante de la esperanza


A veces creemos que los conjuros no funcionan, que se nos escapan volanderos los deseos y que la esperanza se diluye en el rocío del amanecer de un domingo. A veces después de tanto esperar una estrella fugaz y apagar de un soplo seco una vela, el deseo se empeña en no cumplirse. Y entonces nos miramos en el espejo sin encontrar los signos de la victoria. Así nos pasó, creímos que de un golpe todo lo que juntos y juntas habíamos pedido se nos había cumplido, pero resulta que no, o que sí pero no nos hemos dado cuenta.
Nos sorprendió la noche cuando el Comandante nos dijo que va de vuelta a someterse a una operación. Y entonces, doliendo el alma y lo de adentro nos sentimos más solos. Hoy, cuando ya la mañana florea nubes y sombras, se viene la voz del Padre cantor de nuestro pueblo, diciendo una y otra vez que la Patria es el hombre. Y entonces, ¿cómo es que creemos que la esperanza se nos ha ido? La Patria es el hombre repito, es el niño con escuela, es el viejo que aprendió a leer, es la mujer que nace del vientre del mundo y tiene la certeza del futuro. La Patria es el hombre y es el pueblo florido de sueños... este pueblo que tiene nombre de estrellas, que lleva en las alforjas los ecos de tambores y cantos viejos, que tiene en la mirada el crepitar del fuego y en los labios el remanso del agua.
Parimos el futuro y andamos a galope por la América Nuestra. Despertamos al mañana en la voz de este hombre que vive ya para siempre en la historia, forjado a golpe de esperanzas y clamores populares. Él tiene en las manos la vida que nos dio como una bandera de ocho estrellas que surca infinita el tiempo que aún está por venir. Y no está solo, y no estamos solos, estamos juntos y juntas, haciendo verdad la promesa del futuro para nuestros hijos e hijas. Él no se va nunca, porque desde siempre habita en la mirada con que nuestros niños y niñas contemplan el porvenir. Y la mejor promesa y el mejor deseo que hoy podemos pedirle al cielo y a la tierra, al rocío y al vuelo del pájaro, es que su palabra nos atraviese siempre para andar los días que faltan, que su ejemplo de quijote imprescindible nos alumbre, que sus manos sean nuestras manos, que sus pasos sean los nuestros y que el espejo nos devuelva por fin la verdad, el deseo cumplido es que nos demos cuenta que el futuro nos pertenece, que el mañana nos responde en el reflejo y que su rostro es el nuestro, el que tiene el color de la tierra morena y fértil, los cabellos como un mar revuelto, los ojos como el café de la mañana y su voz como la brisa que levanta al sol.
El Comandante no se va, se queda en nuestros andares cotidianos, para encontrarnos cada día dispuestos a ser más y mejores, a no dejarnos arrebatar el futuro. Y por eso nos encontrará juntos, unidos, leales, fuertes, sabios, tiernos, convencidos de la caricia y de la vida que hemos elegido vivir.
Aquí te esperamos Comandante de la esperanza, aquí tu pueblo te acompaña, te siente, te vuela sobre la geografía multicolor de nuestras tierras y en toda la América que te invoca como savia y simiente. Aquí te esperamos para continuar haciendo realidad el futuro.
Viviremos siempre y venceremos...

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