viernes, 19 de septiembre de 2014

Luis Camilo Guevara emprendió camino al mar



** Justamente este 2014 el poeta fue uno de los tres homenajeados del Festival Mundial de Poesía de Venezuela, junto a Luis Alberto Crespo y Edmundo Aray.


Hace casi un año lo vi por última vez. Tuve la suerte de escuchar sus versos en una tarde de aire acondicionado con complejo de Polo Norte. Maracaibo nos recibía en la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2013 y Luis Camilo Guevara estaba esperándome con sus libros y sus poemas para enamorar, por lo menos eso quería creer yo, que apenas con el programa en la mano dejé maletas y salí corriendo al Centro Cultural Lía Bermúdez para encontrarme con una de las voces más entrañables de esta tierra de cantos en todos los tonos, que van desde el ordeño hasta la epopeya. El complejo cultural me recibió con un penetrable de Soto que siempre sabe abrazar y que invita a la alegría de la niñez, para viajar río adentro hasta llegar al mar. Así es precisamente la poesía de Luis Camilo, un andar de río que desemboca en el Atlántico. El Orinoco, presencia mágica de estas tierras del sur del país, es confidente de quienes andamos por sus orillas dejando versos y adivinando amores, probablemente este poeta del Delta del Orinoco, es quien más supo descifrar los murmullos del río viejo, del que próximo y prójimo nos encuentra siempre en su transcurrir de tiempo y de silencio.

De la mano de Dios al Sol
Luis Camilo Guevara nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, en 1937 y falleció en Caracas, el 03 de septiembre de 2014. El alumbró siempre con su palabra de soles y aguas. Su paso por el mundo tiene el tacto exacto de la tierra, la dimensión del paisaje de su infancia y la nostalgia del que siempre lleva consigo el rito primigenio. Supo temprano de barcos de La mano de Dios y es que su padre, Ramón Guevara, era un “capitán de verdad” como le contó a Antonio Trujillo, en una entrevista a propósito del poema El sol, publicada en el libro Regiones verbales, editado por Fundarte. “El sol es un lenguaje. Por eso el poema «El Sol» ya no pertenece a este libro, pertenece a todos los libros, este poema es el timón de todos mis libros, él significa para mí lo que era mi padre, aquella goleta «La Mano de Dios».
“El Río cuya magnitud / Deviene / A pesar del largo olvido / Ese color de sol / Untado a mi cuerpo para siempre / Estos huesos afincados a su errante dispersión / Por lugares nunca desertados”, reclama con voz de hasta siempre Luis Camilo. Y es que a veces a los poetas se les da por decir adiós, aunque en realidad se queden prendidos de las voces que volvemos a ellos para salvarnos de un lunes cualquiera, cuando todo sabe a día que no sabe pasar.

Sabana grande
Luis Camilo Guevara perteneció, a la Pandilla de Lautréamont, en Sabana Grande, en Caracas. Un grupo de transgresores entre quienes también estaban su amigo el Chino Valera Mora, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, quienes supieron conjugar el oficio de la palabra con el saber mirar el mundo y corregirlo en la denuncia, los versos y la amistad. De ese tiempo escribió Reverso de una navidad lejana, allí queda de manifiesto su amorosa profundidad, el eclipse entre en el asombro de la ternura y el vértigo, siempre con su andar de río que en el Delta se extiende como las lenguas de las mariposas besando una flor. “Déjame coger vuelo. Los muchachos del Chicken Bar se han ido convirtiendo en pequeños dioses, laberintos, pájaros y sedosas pieles de asombro. Estoy esperando aquí un pedazo de la otra estación que se nos ha ido olvidando, así, entre las manos, parecido a la carta de amor escondida ya en el curso de los caños, un poco más adentro de Tucupita, que es como decir lo que nos importa y se nos hace presente como para hacer este pequeño ejercicio de amor y de nostalgias”.
En fin, a Luis Camilo le debe haber quedado del río el tacto de las corrientes y el rumor de las orillas que se juntan en el Delta formando remansos y caños que despacito llegan al mar. Festejos y sacrificios; Las cartas del verano; La daga y el dragón; Vestigios rurales, Devociones, y un largo y memorioso relato cuyo título definitivo es Aún no se hace firme, son algunos de sus libros, allí vivirá siempre el poeta, allí nos esperará con rumor de aguas para contarnos cómo el paisaje le creció en el abrazo y se lo llevó a navegar con las velas hinchadas de buenos vientos por la eternidad.


El prestidigitador
Por Luis Camilo Guevara

Me convierto en un personaje múltiple
Busco el cubo de cristal y desde adentro
Reconozco cada lugar y piedra del presente
EI país vuela en un trampolín loco
Esgrime contra mí su desconcierto como si fuera demasiado
Elegante para caer
Con estrépito Su peso flotante
Sigue el curso de la cometa más desasistida
Intenta confundirme y fracasa bajo un sol pálido
Conjuro mis poderes
Someto el porvenir a la bola cuyos designios son inapelables
De esa forma la carta de juego adquiere brillante lucidez
Entreno con atletas dedicadas al fuego
Y hacedores de maleficios
Con ellos me insinúo en la partida que comienza
De antemano sé que resultará vano todo intento para envilecerme
Me ofrecen seguridades a plazo
Bajo un continuo asalto de calumnias
Sirvo para que los menos puros me elijan
Como tiro al blanco
Y ejecuten ciertas proezas al estilo de los ases
Sirvo para que se me señale como estigma
Puesto que llevo la marca de siempre
Mi elección fue echada al viento de tal manera
que resulto adverso para otros compromisos
Tomado como rehén por la discordia
Mi caminata sobre el vacío no destruye
El color del heliotropo en pleno descenso
Apenas ahora
Me convierto en mago y doy el último amor.


Tributo a Luis Camilo Guevara (fragmento)
Por Jorge Valero
“El juglar marinero ha iniciado su andar por las aguas inconclusas de la eternidad. Y en momentos en que se buscan poetas bisoños para que rimen en tiempos de terciopelo, Luis Camilo, con la profecía de su palabra esperanzada, es un oráculo del que puede beberse –como decía su hermano Víctor Valera Mora- en su benevolente corazón, ya que es… esquirla y alborada, abriendo todos los párpados caídos.
Paz perpetua a un alma buena y generosa que nos ofrenda, con su verbo encantado, todos los caños del Orinoco”.
Ginebra, 4 de Septiembre de 2014.

lunes, 1 de septiembre de 2014

En el Llano el futuro se llama Florentino



Imagen tomada de internet.
** Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen.

Región donde la realidad es parte del mito, los llanos venezolanos se fundan donde se pronuncian los ecos y las voces de la tierra y la magia. Allí todo es posible, será porque la mirada se une con la línea del horizonte y entonces el sol parece suspendido en los picos de dos gabanes.
En esta tierra de ganado, de caballos de crines de arcoiris, de grandes serpientes de agua, de ríos temperamentales y lagunas como espejos, donde el hombre es tan duro como la caricia dedicada al ordeño, y la voz se eleva tenue en una tonada que le da la bienvenida a la mañana, la vida se mezcla en los olores del campo y los aromas del viento y baila en las faldas floridas de una mujer que se abraza y se mueve livianita al ritmo de un joropo con golpe de arpa y de maracas.
Los grandes personajes del imaginario popular de los llanos se crecieron para transitar junto a los pasos de toda Venezuela. Allí el Silbón y el Jinete sin cabeza andan asustando a los niños de aquí y de allá, y el Hachador perdido y la Sayona a lo mejor terminan por encontrarse un día. Pero tal vez, el más temible sea el diablo que anda comprando almas, pero que en el Llano pierde siempre cuando se encuentra a un Florentino cantando el futuro.

Del mito al hombre
Lucha y resistencia cultural, esta tierra de sonoridades y texturas, sigue respirando la autenticidad de su gente que ha sabido guardar la memoria de su origen. Tal vez por eso, esta región tiene tanto de misterio, tanto de invitación y de penumbra. Y si no, mire a Florentino que supo ganarle al Diablo apelando a esa fórmula llanera del contrapunteo.
El autor de este texto, Alberto Arvelo Torrealba, es uno de los grandes poetas del Llano y de toda Venezuela, y nació precisamente en el estado Barinas, el 4 de septiembre de 1905 y falleció el 28 de marzo de 1971 en Caracas.
El poema Florentino y el Diablo fue publicado en una primera versión en 1940, en el estado Barinas, y vale anotar, que es el punto de partida de la Cantata Criolla, obra sinfónica de Antonio Estévez. Luego, en 1957, fue editado en su versión final por Editorial Rex.
Arvelo Torrealba compuso además innumerables partituras que recogen las tradiciones de la región de los llanos, siempre haciendo uso de las formas métricas de la cultura popular, como el octosílabo, la copla y la décima o el corrido. Entre sus libros se encuentran: Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (es en este volumen donde se publica por primera vez Florentino y el Diablo, 1940), Caminos que andan (1952), Lazo Martí: vigencia en lejanía (1965), y en 1967 se publica Obra poética, una antología con sus textos.

Del poeta
Arvelo Torrealba creció en el seno de una familia de poetas, su madre Atilia Torrealba de Arvelo, y sus tíos, Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo, a lo mejor de allí su proximidad con la palabra que sabe contar mirando. Estudió la escuela primaria en su ciudad natal y la secundaria en Caracas, donde se graduó en 1927. Realizó estudios de derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde además obtuvo el grado de doctor en Ciencias Políticas en 1935.
Después de ejercer la docencia en algunos liceos de Caracas y Barquisimeto, desempeñó altos cargos públicos. Su paso y su mirada de hombre sabio lo recibieron como Presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940, gobernador del Estado Barinas entre 1941 y 1944, Consejero de la Embajada de Francia, Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia (1952), Embajador en Italia, y Ministro de Agricultura y Cría (1953).
Desde 1955 se dedicó al ejercicio de su profesión de abogado y en 1968 fue elegido Individuo de Número de la Academia de la Lengua.
Por su obra y su vida dedicada a guardar la memoria y por haber sabido cantar su tierra, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1964.

Florentino y el Diablo
La leyenda sobre el duelo entre Florentino y el Diablo ya había sido narrada por Rómulo Gallegos en su novela Cantaclaro, pero después de Alberto Arvelo Torrealba y su copla llanera, la historia de este hombre que encarna a la vida, la inteligencia y la astucia de los hombres de esta región y en especial de Santa Inés donde se realiza el duelo entre ambos personajes, quedó para siempre en la memoria de todos los venezolanos.
Este que es uno de sus textos más conocidos y cantados fue además adaptado al cine, el teatro y la televisión, y es que el poeta barinés supo darle vida a un personaje que se parece tanto a la historia del pueblo que pertenece ya al imaginario colectivo.




Florentino y el Diablo (fragmento)
Alberto Arvelo Torrealba

EL DIABLO
Al Diablo pasar trabajo.
No miente al que no conoce
ni finja ese desparpajo,
mire que por esta tierra
no es primera vez que viajo,
y aquí saben los señores
que cuando la punta encajo
al mismo limón chiquito
me lo chupo gajo a gajo.

FLORENTINO
Me lo chupo gajo a gajo.
Usté que se alza el copete
y yo que se lo rebajo.
No se asusten compañeros,
déjenlo que yo lo atajo,
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si le barajo;
déjenlo que suelte el bongo
pá'que le coja agua abajo;
antes que Dios amanezca
se lo lleva quien lo trajo;
alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
¡Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

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