Chales, pañuelos, bufandas, pashminas



Se amontonan doblados pese a sus diversas formas. Cuadrados, rectángulos, triángulos. Pura geometría que apenas cabe en el último cajón del mueble de la habitación. Los pedazos de tela son de colores, con hilos plateados, dorados, estampados de animales, corazones, flores, círculos y forms varias. Algunos son de simple algodón, otros de lana, seda, viscosa, unos más suaves que otros. De cachemir ninguno, no por falta de gusto sino de presupuesto. Vienen de distintos lugares y a todas partes van. Los pañuelos, chales, bufandas y pashminas que atesoro son una especie de abrazo que decido combinar casi todas las mañanas con la ropa y el estado de ánimo. Son los abrazos que me faltan y tal vez los que necesito para aventurarme al frío aire acondicionado de la oficina, al tiritar de las más de ocho hora que cumplo de lunes a viernes en una especie de castigo por existir en un mundo donde se nos van juntando las facturas de luz, teléfono y alquiler. Ellos ayudan a soportar la rutina de un trabajo aburrido y mediocre que cumplo con estoicismo como casi todos. Y probablemente sean el último reducto de rebeldía y creatividad que me puedo permitir.
Como los abrazos los chales se van adhiriendo capa sobre capa según las necesidades del día, a veces como hoy, un pañuelo azul con un estampado dorado se anuda a mi garganta hacia atrás, dejando al descubierto el cuello y en evidencia el escasísimo largo de mi cabello, que cumplió antes de tiempo la promesa de estar corto al llegar los cuarenta que aún no tengo. Muy pocas veces olvido o descarto ponerme alguno o llevarlo en la mano por si me da frío. Será que ante la nostalgia los chales cumplen la función de los brazos de mi madre que está lejos.  
 

Fernando Rendón, el poeta que fundó el abrazo




**  Fundador del Festival de Poesía de Medellín es una de las voces que más ha trabajado por la paz en Colombia, demostrando que al arte es fundamental en los procesos de transformación social.

Foto de Alba Ciudad
Tratar de enumerar los premios y reconocimientos con los que ha sido galardonado como poeta y como fundador del Festival de Poesía de Medellín es prácticamente imposible. Pero este poeta colombiano, amoroso en la tarea de construir un espacio para la paz, el reconocimiento y la ternura a través de la poesía, parece a lo lejos un tímido poeta que sabe sonreír a quien lo saluda. Fernando Rendón (Medellín, Colombia, 1951) estuvo en nuestro país para celebrar el Festival Mundial de Poesía de Venezuela que este año se hermanó con el de Medellín, en un abrazo que hizo posible que una vez más la poesía fuera espacio para lo más y mejor que nos habita.
Su voz, que tiene la cadencia de quien lee con el tono apasionado del vuelo de los pájaros cuando se anuncia la tormenta, estuvo con nosotros en la clausura del Festival los primeros días del mes de julio y probablemente sus versos se queden para siempre como una referencia poética y sobre todo vital, porque él mejor que nadie ha demostrado que con pasión es posible sostener durante años un proyecto capaz de ponerle alas y colores a calles, los llantos y la esperanza. Fernando Rendón y el grupo que integra el Festival de Poesía de Medellín hicieron la magia cuando abrieron una rendija para que en esa ciudad colombiana entrara el futuro a lomo de palabras.

Entre el verso y el periodismo
Además de poeta Fernando Rendón es editor y periodista, esto último lo constata su trabajo en los diarios colombianos El Correo, El Diario, La Opinión y el semanario VOZ. En 1982 fundó la revista latinoamericana de poesía Prometeo que aun hoy es referencia de las voces que participan cada año en el Festival de Poesía de Medellín.
Y si una revista literaria es capaz de conjugar el trabajo de promotor cultural, poeta y periodista, su condición de quijote de palabras y versos también queda de manifiesto en las piezas documentales en formato DV Cam, que convergen en el
seriado Tiempo de Poesía, una especie de antología audiovisual de los poetas que han participado en el Festival desde sus inicios.
Contrahistoria (1986); Bajo otros soles (1989); Canción en los Campos de Marte (1992); Los motivos del salmón (1998), La cuestión radiante (2006), publicado en Valencia, Venezuela; Canto de La Rama Roja (2010, La Habana) y En Flotación (publicado en 2012 por el fondo editorial El Perro y La Rana), son algunos de sus poemarios publicados. Y sus versos pueden leerse en inglés, chino, francés, portugués, italiano, alemán, árabe, catalán, croata, hindi, turco, ucraniano y uzbeko.

Entre el compromiso y la ternura
Con Fernando Rendón no hay duda de que la poesía y la militancia van juntas. Su voz es la voz del poeta que crece en las raíces del viento, donde anidan los dolores viejos y las esperanzas nuevas de los pueblos. Allí, en sus palabras, los lectores pueden reconocerse en el roce del amor y en los brotes de la noche. Y es que como él mismo afirmó en una entrevista publicada por Semana, “la aspiración más antigua de la poesía es la paz, la utopía, el sueño de un mundo armonioso con justicia social”.

 

De humanos
Fernando Rendón

Bosque.
Encantado.
Talado.
Bosque ingenuo.
De humanos.
Bosque convertido en una legión de sillas.
De camas.
Bosque de armarios.
De ataúdes.
De espejos.
De espejos que reflejan el bosque derribado.
Bosque de lanzas con puntas de acero.
Bosque de hachas.
Bosque de animales que sacrifican animales.
Bosque del Bosco medieval, sin edad,
del que se extrae la leña donde arderán los condenados.
Bosque de herejes que combaten, ardiendo en la causa.
Bosque de amor y resistencia.
Para repoblar la tierra de árboles, de agua, de animales y de humanos.
Bosque de fuego, guerra del amor contra los enemigos del bosque.

Cuerpos

F rente al espejo nos sentimos vulnerables. Al amor o a la soledad. Sin embargo, el cuerpo nos acompaña desde la primera memoria. Llega...