viernes, 16 de octubre de 2009

Cintio Vitier: adiós a un poeta

Nacido en Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 1921, el poeta Cintio Vitier falleció en La Habana, Cuba, el 01 de octubre de 2009. Cubano de hablares y sentires, de amores trascendentales y palabras hondas, Vitier es una de las voces latinoamericanas más arraigadas en el imaginario poético de estas tierras y estas gentes.


Todo en él era y será poesía, su mirada del mundo, sus sudores, compromisos, sus pasos por esa ciudad de mares y calles de olores dulces y libertades. Cintio Vitier late siempre vivo en cada uno de sus versos y en los ojos de los amantes que detendrán la caricia para evocar el deseo, trémulo en el papel que los aguarda y los nombra.

“Y no hay reposo para ti, / única almohada / donde puede mi cabeza reposar. Y yo / me vuelvo / de las alucinantes esperanzas / que son una sola, / de los actos infinitos del amor / que son uno solo, / de las velocísimas palabras devorándome / que son una sola, / despegado eternamente de mí mismo, / a tu seno indecible, ignorándolo todo, / a tu rostro sin rasgos, a tu salvaje flor, / amada mía”. (Palabras a la aridez, fragmento)

Cuba es territorio poético y Vitier supo amarla y armarla, tantearla y transcribirla, hacerla suya y crearla. Abonó el país con sus palabras y se creció sobre Nuestra América, con esa honda mirada de las desgarraduras del alma y también de las otras. Por eso su partida, es una herida y la hoja en blanco no alcanza para nombrarlo.


“Mirándome está el deseo, / nocturno, solo, infinito; / callada va la nostalgia / llameando eternos vestigios. / No llega nunca mi gesto / a la tierra del destino; / la vida acaba inconclusa, / quedan los sueños en vilo”. (Algo le falta a la tarde, fragmento)


Fue él con sus trepidantes fuegos y sueños, sus adjetivos y sobre todo sus verbos en juego, el que supo contarse y contarnos las esquinas de La Habana, el contorno de la piel amada y el sonido metálico y tañido de las olas contra la corriente. La poética de Vitier fue capaz de enumerar las carencias y sobre todo volar amorosamente sobre ellas para darse cuenta de que la revolución es poesía en la medida en que es divinamente humana y perfectible.


“Estás / haciendo / cosas: / música, / chirimbolos de repuesto, / libros, / hospitales / pan, / días llenos de propósitos, / flotas, / vida, / con tan pocos materiales. / A veces / se diría / que no puedes llegar hasta mañana, / y de pronto / uno pregunta y sí, / hay cine, / apagones, / lámparas que resucitan, / calle mojada por la maravilla, / ojo del alba”. (Estamos, fragmentos)


Cintio Vitier aunque nació lejos, en la otra orilla, siempre estuvo y estará cerca, porque eligió el vértigo de saberse próximo y libre, optó por las pequeñas derrotas cotidianas que al final resultaron ser una gran victoria y terminó por anclar sus pasos a la ciudad de los ecos y echó sus velas a volar con los amantes.


“Lejos, lejos nací, / lejos de mi alma: / separada la vida / de la mirada. / Lejanía que fue / toda la patria, / como una cicatriz / que no cerrara. / No pude atravesar / la tarde rara: / lejos, lejos de mí, / no me abarcaba. / He visto, comprendiendo, / la mar morada, / el confín misterioso, / la doble playa”. (Lejos)


Se fue el poeta, como quedándose, como instalándose sobre la arena a contemplar un atardecer encendido de anhelos. Se fue sin haberse ido, porque vive en los labios de los que lo pronunciaremos en los venideros futuros y en todas las voces que lo bienvendrán en cada página.


“Nada serán mis palabras / si no encuentran otra boca / que las cante y las olvide /
y las devuelva a la sombra. / (…) / Nada será lo que soy / si en los otros no se apoya: / mi presencia en otro hombro, / mi esperanza en su congoja”.
(Nada serán mis palabras, fragmento).

domingo, 4 de octubre de 2009

La Negra Mercedes le cantará siempre a la vida


Hay voces y hay sueños que perdurarán mientras la historia sigan escribiéndola los pueblos. Hay palabras que nacieron para quedarse, porque en ellas habita lo más hondo y lo más alto de las gentes y sus anhelos. Hay cómo no, dolorosas despedidas y largos desconsuelos, y hay siembras que germinan infinitamente en los días por vivir.


Y así es la voz de Mercedes. Porque a la Negra aprendimos a quererla de la mano y los discos de nuestros padres, en las largas reuniones, en la vida que era, en la que queríamos que fuera.
Ella y toda la fuerza de los pueblos de esta América tan poco nuestra vivirá siempre en la memoria de éstos que fuimos y que de alguna seguimos sobreviviendo, como cantaba, como canta La Negra.

Cada Madre de Plaza de Mayo es Mercedes, cada niño, cada niña, cada anciano, cada joven capaz de levantar una bandera de lucha, cada pueblo en revolución, cada intento de liberación es Mercedes. Cada sueño de todos, cada canto libertario, cada grito, cada memoria es Mercedes. Por eso vive y vivirá siempre, porque con ella muchas y muchos aprendimos el canto de esta tierra, su voz nos enseñó a ser rebeldes y soñadores, porque cada uno de sus cantos acompañó los nuestros.

LA TUCUMANA
Haydée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1935. Un hogar humilde cobijó sus primeros años y precisamente de allí viene su apego por el arte del pueblo.
En octubre de 1950, con el seudónimo de Gladys Osorio, ganó un certamen radial, cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora.


Una década después, el nombre de Mercedes Sosa ya estaba comprometido con el canto popular, integraba el Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente renovadora del folclore, que surgió en la provincia de Mendoza.


En esos años, diversos escenarios abrían sus telones para recibir su canto. Fue cuando La Negra grabó su primer disco: “Canciones con fundamento”.


Y en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en 1965, Argentina pudo conocer a esta cantante.

En marzo de 1966, grabó “Yo no canto por cantar”, tal fue la aceptación de este disco, que siete meses después, fue invitada a grabar “Hermano”. A fines de 1967, La Negra hizo conocer “Para cantarle a mi gente”, un disco que acumuló un importante caudal de poesía argentina y latinoamericana.

En abril de 1967 se había presentado en Europa y Estados Unidos con exitosas actuaciones en Miami, Lisboa, Porto, Roma, Varsovia, Leningrado, Kislovo, Sochi, Gagri, Bakú y Tiflis. Durante esa gira conoció a Ariel Ramírez quien le propuso, de inmediato, ser la voz de “Mujeres Argentinas”, trabajo que se concretaría en 1969, luego de la aparición de “Zamba para no morir”, una recopilación con los temas de mayor trascendencia grabados hasta ese momento, y “Con sabor a Mercedes Sosa”, en el que registró por primera vez “Al jardín de la República”.

CANCIÓN DEL COMPROMISO
Después de haber grabado “La voz de Mercedes Sosa”, “Homenaje a Violeta Parra” y “Hasta la victoria”, un disco lleno de canciones cargadas de contenido social y político. "Mercedes Sosa" y "Traigo un pueblo en mi voz", aparecieron en 1973. En 1977, "La Negra" le rindió un homenaje a uno de los grandes compositores y cantores populares argentinos con "Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui". El clima político que vivía el país cada vez se sentía más opresivo.


En 1979, se editó "Serenata para la tierra de uno". Aún en medio de la violencia que sacudía a Argentina, Mercedes seguía cantándole a la vida. El hostigamiento y el cerco que se fue formando en torno de ella la obligaron a exiliarse. Ese año fue detenida en la ciudad de La Plata junto con todo el público que había ido a verla cantar. Ese mismo año se instaló en París y en 1980 se mudó a Madrid.

Aunque supuestamente, Mercedes podía entrar y salir del país, porque no tenía causa judicial alguna, no podía cantar. Pudo regresar a un escenario argentino el 18 de febrero de 1982, un par de meses antes que la dictadura se embarcara en la Guerra de Las Malvinas. El régimen militar que desde poco más de un lustro atrás sometía al país, había comenzado a agonizar. En el Teatro Ópera de Buenos Aires realizó más de una docena de conciertos.

Con estas actuaciones Mercedes no sólo se reencontró con su público de siempre, sino que allí la vieron por primera vez miles de jóvenes que desde entonces la convirtieron en su voz. Poco tiempo después regresó definitivamente a su país.

REGRESO
A finales de 1983, se conoció "Mercedes Sosa", un disco en el que grabó varias canciones que serían algunos de sus grandes éxitos: Un son para Portinari, María María, Inconsciente colectivo, de Charly García, La maza y Unicornio, de Silvio Rodríguez, Corazón maldito, de Violeta Parra y Me voy pa'l mollar, junto con la cantante Margarita Palacios.

EN DEMOCRACIA
Como productora, organizó Sin fronteras, uno de los espectáculos más importantes presentados en Argentina, en el que reunió en el estadio Luna Park de Buenos Aires, a siete cantantes latinoamericanas: las argentinas Teresa Parodi y Silvina Garré, la colombiana Leonor González Mina, la venezolana Lilia Vera, la brasileña Beth Carvalho y la mexicana Amparo Ochoa.

RECONOCIMIENTOS
A lo largo de su trayectoria Mercedes Sosa fue declarada Ciudadana ilustre de Tucumán, recibió la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania; la Medalla al Mérito Cultural del Ecuador; la Placa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, en reconocimiento a sus 30 años de difusión del canto latinoamericano; el Premio ACE 1993, por su disco "Sino" y el Martín Fierro 1994 al mejor show musical en televisión, así como también recibió el Gran Premio CAMU-UNESCO 1995, otorgado por el Consejo Argentino de la Música y por la Secretaría Regional para América Latina y el Caribe, del Consejo Internacional de la Música de la UNESCO; el Premio de la UNIFEM, organismo de las Naciones Unidas; Konex de Platino 1995 a la Mejor Cantante Femenina de Folclore y Konex de Brillante a la Mejor Artista Popular de la Década. También el Gobierno del Estado de Rio Grande do Sul le otorgó la Medalla Simöes Lopes Neto en honor a sus méritos artísticos y personales puestos al servicio de la unidad de los pueblos.

MEMORIA VIVA
La Negra Mercedes dedicó su vida a cantar la tierra y sus gentes. Por eso su voz jamás dejará de estar presente, de ser una bandera que baila con el viento de los tiempos por venir. En ella se hicieron universales otras voces y otras palabras. En ella siguen anidados y anudados los mejores sueños latinoamericanos.
En ella cantan todas las voces y toda la América. Mercedes es territorio de lo posible, de esa Patria que hecha jirones se crece en las ganas y en las luchas.
Es cierto, despedirse a veces es una herida abierta, Mercedes estando ya no estará. Pero cada vez que alguien cante sus canciones dirá presente, porque ella siempre le cantará a la vida. “Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto, y el canto de todos que es mi propio canto… Gracias a la vida, gracias a la vida”.

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