miércoles, 30 de enero de 2008

Una mariposa disecada sobre el escritorio

Tiene (¿tuvo?) las alas blancas, tornasoladas más bien… supongo que su presencia, como tantas otras de ellas, fue una fiesta en el jardín, su batir de alas debe haber sido como los versos del viento o la brisa cuando muere la tarde. Su cuerpo minúsculo y negro contrasta con el arcoiris nácar de sus extremidades por el que surcan filamentos que parecen hojas, caídas del otoño de algún recuerdo.

Ahora está quieta, disecada sobre el escritorio que vela los incumplidos y después de las rutinas de una oficina como cualquiera. Su muerte, quién sabe si provocada, la suspendió entre dos vidrios y un marco de madera. Viene de Aruba la tornasolada mariposa que yace sobre el viejo escritorio. Su venganza es verme escribir institucionales y huecos sinsentidos durante ocho horas, cinco días a la semana.

lunes, 28 de enero de 2008


(RE)CONOZCO MIS MANOS en la extensión de tus silencios
vestigios del estallido con que tu cuerpo se anuncia
con el que tus ojos desnudan las dudas y otros llantos
más viejos y obsoletos como este sabor amargo
que sube desde la ceniza y el (des)aliento
del hambre que es, de los pies pequeños y descalzos
que deshojan los dedos impotentes y sordos

mayo de lluvias y otros cuentos
vienen desde la hondonada del cielo
de ese espacio en el que el verde
se cuela en todos los paisajes
y miente una vez más
naciendo en el Orinoco

lunes, 14 de enero de 2008

Refugiados de guerra


Matías como tantos otros jóvenes del Chile Mapuche buscaba que las tierras de sus antepasados volvieran a ser libres. Pero las ganas de los pueblos se asesinan a puntas de balas, sobre todo cuando los dueños de las tierras, los ríos y los cielos son los nuevos dioses del capital transnacional. Matías, de 22 años, murió a manos de la policía de un país que dirige una mujer cuyo padre fue torturado por la derecha torturadora que hoy hace alianzas con ella. (Enero de 2008)

Darío tenía 21 años cuando la impunidad lo mató y lo nació a las luchas piqueteras y nacionales. A finales de junio de 2002 Darío Santillán emergió de la sangre para recordar y recordarnos que la democracia es una y no mata. Que la verdad florece de las calles tomadas y de las avenidas cortadas que reclaman a gritos una Argentina para los jóvenes y sobre todo para la memoria. Una Argentina que tiene un gobierno que hoy discursea sobre derechos humanos pero sigue siendo neoliberal para beneficiar a los pocos que tienen mucho.

Emmanuel, un niño colombiano, nacido del vientre de una secuestrada de la guerrilla, tiene ante sí, después de casi tres años, la esperanza del tibio abrazo materno. Pero nadie le borrará de los ojos las cicatrices profundas del desarraigo de una guerra civil de años.

Se suman cientos y miles de nombres y de países y pueblos. Los asesinos siguen sueltos y devorando memorias sin tiempo.

A los que tratan de salvarse y deambulan geografías que no tienen, para ellos, más fronteras que las del papel que les da un número por nombre y una nacionalidad, los llaman desplazados, aunque sean más bien refugiados de la solemnidad del lujo y el hambre.

Hay en el desplazamiento una voluntad que los refugiados desconocen. Refugiados hay millones en el mundo, porque algunos han puesto al mundo en guerra. Y los pocos tienen las de ganar contra los muchos que poco tienen. El mundo de los pocos los llama desplazados y nos confunden con esa palabra que repiten las industrias fabricantes de conciencias y noticias.

Matías y Darío se refugiaron para siempre en la vida. Están vivos mientras alguien los nombre para llamar a la justicia y condene sin subterfugios a esos que dirigen al pueblo contra el pueblo.

Emmanuel en cambio es una llamita, un fueguito chico, que tal vez algún día consiga encender las voces y el tacto de miles de campesinos y mujeres y hombres para que hagan por una vez y para siempre la justicia de los muchos que tendrán lo necesario para ser libres.

Mientras tanto, nombraremos recordando a los idos. Y pondremos las manos alrededor de la vela para que no se apague nunca la esperanza del mañana imprescindible.

miércoles, 2 de enero de 2008




DESNUDA DE CUERPO Y OTRAS COSAS
escribo como sólo se puede escribir sobre el fuego

Es el tiempo de la quema, del ardor penitente
y provocado
de la mirada encendida en cenizas
del derrumbe del verde
de los días idos
de las despedidas de hojas y vuelos

desnuda, pero con los anillos puestos
para que las manos no se distraigan en mirarse
por primera vez al descubierto

desnuda y en una silla
con los ojos como orillas sin océano
bailando entre las letras
mientras la montaña sigue tiñéndose
de rojo

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