(RE)CONOZCO MIS MANOS en la extensión de tus silencios
vestigios del estallido con que tu cuerpo se anuncia
con el que tus ojos desnudan las dudas y otros llantos
más viejos y obsoletos como este sabor amargo
que sube desde la ceniza y el (des)aliento
del hambre que es, de los pies pequeños y descalzos
que deshojan los dedos impotentes y sordos

mayo de lluvias y otros cuentos
vienen desde la hondonada del cielo
de ese espacio en el que el verde
se cuela en todos los paisajes
y miente una vez más
naciendo en el Orinoco

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