lunes, 24 de abril de 2017

El abismo

Un niño de preescolar dice, grita más bien, para la alegría de quienes presencian la escena, -que se vaya, que se muera,- refiriéndose al presidente de un país electo democráticamente. La madre, una mujer de clase media, como tantas otras, aplaude la valentía de su hijo. Alrededor secundan la gracia infantil.
¿Qué sociedad nos espera cuando ese niño inoculado de odio sea un adulto? Sabemos cuándo y cómo se origina el fascismo más puro, la más terrible forma humana del desprecio al otro, que piensa y siente distinto, pero no sabemos dónde acabará.
¿Harán falta los treinta mil desaparecidos de Argentina durante la dictadura, los otros miles de exiliados y asesinados del franquismo, los ochocientos mil tutsis víctimas del más cruel genocidio en Ruanda, los millones de desplazados de Colombia, para darnos cuenta que estamos al borde de un precipicio que probablemente no tiene fondo? Y entonces pregunto, me pregunto, ¿somos capaces de lanzar a nuestros hijos a ese abismo?

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