Tomás Borge, los poemas como fusiles


** El comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional enarboló palabras y versos, para cantarle a la tierra libre de Nicaragua.

Gabriela, la incansable poeta chilena, llamaba a los hombres que luchaban junto a Augusto César Sandino, por la libertad de Nicaragua, el “pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio”. Lo decía con admiración, con afecto y tal vez con una pizca de picardía... Precisamente en esos años nació otro de los poetas, que integraron aunque  tiempo después ese batallón de quijotes que llevó el nombre de Sandino entre banderas rojinegras.
Tomás Borge Martínez, enarboló palabras y versos, para cantarle a la tierra libre de Nicaragua. Él nació en Matagalpa el 13 de agosto de 1930 y falleció el 30 de abril de 2012, en Managua, era el último de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional que continuaba con vida al lado de su pueblo, y ahora se suma a los imprescindibles que sueñan para siempre en los recuerdos de sus gentes.

Resistencia y revolución
Desde muy  joven se sumó a la lucha revolucionaria y antiimperialista. Realizó estudios en la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, durante los años en los que su país era gobernado por el dictador Anastasio Somoza, que en septiembre de 1956 murió en un atentado a manos del joven poeta opositor Rigoberto López Pérez. A Somoza le sucedió en la presidencia (1956 a 1963) su hijo mayor, Luis Somoza Debayle.
Junto a otros jóvenes, Tomás Borge participó en esta lucha, y fue detenido tras la represión que fue desatada después del atentado y la muerte de quien fundó la llamada “dinastía sangrienta”. Encarcelado y condenado a nueve años de prisión, permaneció tres años en  presidio. Se exilió luego en Honduras y desde allí se trasladó a El Salvador y a Costa Rica.
De vuelta a su patria, junto a Carlos Fonseca Amador, Santos López, Germán Pomares Ordóñez, Silvio Mayorga, Francisco Buitrago, Jorge Navarro y José Benito Escobar, fundó en 1961, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización política que agrupó a todas las fuerzas que luchaban contra la dictadura.
El movimiento de liberación que empezó con un puñado de jóvenes, una década después ya contaba con el apoyo de las bases campesinas y estudiantiles, fue así que el FSLN se convirtió pronto en el principal baluarte contra la dictadura somozista.
Tomás Borge participó a lo largo de los años de resistencia en diferentes acciones armadas. En 1967 tomó frente en la gesta de cerro Pancasán, en las montañas de Matagalpa, que aunque constituyó un fracaso militar se transformó en una importante victoria política, gracias a que hizo tomar conciencia al pueblo que la lucha armada era la única forma posible para conquistar la libertad y construir una auténtica y legítima democracia.
El 19 de julio de 1979 fue derrotado finalmente el régimen de la dinastía de Somoza. Y Tomás Borge fue uno de los nueve Comandantes de la triunfante Revolución. Durante los diez años del gobierno revolucionario sandinista, Tomás Borge se desempeñó como Ministro del Interior.
A lo largo de su vida Tomás Borge mantuvo siempre su coherencia ideológica y el compromiso de lucha. “Me siento orgulloso de seguir siendo sandinista, de seguir siendo fiel a la bandera rojinegra de nuestro partido, de seguir siendo fiel a nuestra organización revolucionaria; y morir orgulloso de tener la frente levantada, y no haber sido desleal con mis principios, ni desleal con mis amigos ni con mis compañeros, ni con mi bandera, ni con mis gritos de combate”, dijo en el 2010, durante una entrevista.

Revolucionario y poeta
Pero revolucionario como vivió también fue poeta y ensayista. Los que lo conocieron cuentan que cada vez que se paraba sobre un escenario para defender su revolución, las palabras le fluían colmadas de emocionalidad contagiosa y siempreviva.
En 1989 fue galardonado con el Premio Casa de las Américas por su obra “La paciente impaciencia”, un libro testimonial que tal vez sea la reivindicación del valor histórico de una generación durante un proceso histórico específico, se trata del recuento de los años de cárcel del comandante Borge, de la gestación de las primeras células guerrilleras en Nicaragua, de la lucha en la montaña y del recuerdo en fin, de aquellos primeros guerrilleros, de los primeros fundadores.
Un año después publicó La ceremonia esperada, cuyas páginas son un pronunciamiento poético en favor de los seres humanos que construyen con pasión y entrega un mundo posible. Y en 1992 salió editado Un grano de maíz, una entrevista que le fue concedida por Fidel Castro.
Sus versos serán siempre una luz encendida para los amores buenos y los futuros necesarios. Tal vez por eso dijo una vez que “los poetas deben empuñar sus poemas como si fueran fusiles y los fusiles como si fueran poemas”. Y aunque la revolución fue el tiempo de su vida, también hubo espacio para la ternura, para el amoroso presagio de la vida que exige dos para prolongarse en los días.
“Recomiendo tus labios / la perfecta ortografía de tus pecas. / Recomiendo tu pelo / la luz redonda de tus rodillas. / Recomiendo tus manos / la aritmética simple de tus pechos. / Recomiendo tus suspiros/ el azúcar quemado de tus ojos. / Recomiendo tu sonrisa / el fósforo de tu silencio. / Recomiendo tu paz / el sabor inevitable / tu extensa cercanía”.
En esos y todos sus versos, en todas sus luchas y en su ejemplo, vivirá para siempre Tomás Borge, el comandante poeta de la revolución sandinista.



El escritor y la revolución

Por Tomás Borge (durante los años 1984 y 1985, en dos entrevistas expuso su posición sobre la literatura y la revolución”)

“El papel del escritor dentro de la revolución, en primer lugar es escribir bien. Y en segundo lugar, escribir para el pueblo. Y en tercer lugar, recoger la enorme riqueza de la lucha popular, del heroísmo del pueblo, de sus sentimientos, de sus cosas cotidianas, del amor de todos los días, de manos que se encuentran, de ojos que se persiguen, de las expectativas cotidianas que surgen entre los seres humanos, de la realidad de todas las horas....
Creo sinceramente que no se puede crear nada más que en verde, o para decirlo de otro modo, no se puede crear nada más que en rojo... No se puede ni se debe marginar la creación artística de la lucha de clases, pero es un crimen ponerlo al servicio de los comerciantes y de los burócratas...”.



RENGIFO Y NAZOA, letras de la cotidiana urgencia y la ternura revolucionaria


Apamates de mayo de César Rengifo

** Los artistas imprescindibles son las voces que nos sueñan los dolores y las esperanzas.

En el libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, las palabras son todas como una bienvenida. En uno de esos textos que son para recordar toda la vida el uruguayo cuenta que el mundo es “un montón de gente, un mar de fueguitos” y que hay algunos que con sólo acercarse pueden encendernos. Sí, hay fueguitos que no se extinguen nunca, que son llama vibrando y se adentran para siempre en la memoria. Así hay gente y también hay libros e imágenes, que se quedan iluminando, que pasan como las hojas de un calendario, brillando día tras día y página tras página.
Se nos quedó por ejemplo en los campos sembrados y en las tablas de los teatros, César Rengifo. Su palabra y sus gentes pintadas sobre las paredes y los sueños son como un estandarte que sirve para abrazarse a todas las luchas. Agujereando la noche con sus estrellas, el incansable Aquiles Nazoa también está con nosotros, vibrando, brillando con voz propia. Mayo tiene sus nombres entre las alforjas... sus fuegos volanderos.

Rengifo
César Rengifo (Caracas, 14 de mayo de 1915 - 2 de noviembre de 1980) fue uno de esos hombres que supo atrapar lo más profundo de nuestra memoria entre sus trazos. En medio de lo que significaba la lucha contra el gomecismo, Rengifo fue miembro de una generación de jóvenes que supo pronto tener conciencia de las injusticias y se sumó a la resistencia larga que vivió Venezuela durante el siglo XX. Él se lanzó entre palabras y colores a dejar de manifiesto los dolores y esperanzas del pueblo. Entre 1930 y 1935 cursó estudios en la Academia de Bellas Artes y en 1936, cuando Rómulo Gallegos era  ministro de Educación, consiguió una beca para estudiar en Chile. Luego viajó a Ciudad de México donde conoció de cerca las técnicas del muralismo en las que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros eran maestros.
De vuelta a su país, en 1939, Rengifo realizó su primera exposición individual, en el Museo de Bellas Artes. Era el tiempo también en que su palabra germinaba en los mismos campos en los que pintaba.
Y es que los tonos ocres de las pinturas de Rengifo son los tactos de la tierra, los andares de los niños descalzos, la piel de la vida que tiene hambre de ella. Su palabra sabe también de derrotas y de batallas ganadas a sangre y fuego. Fue él, sin duda alguna, un creador polifacético que utilizó su arte como lenguaje indispensable para la denuncia social. Su legado  más prolífico y tal vez el que tiene mayor consistencia se encuentra en sus piezas teatrales. A Rengifo se le considera en nuestro país como el iniciador de la dramaturgia contemporánea venezolana.
Alrededor de cincuenta obras nos dejó este fuego irreverente. Los críticos literarios dividen su obra en cuatro ámbitos. El histórico donde convergen entre otras Lo que dejó la tempestad y Oscéneba;  el político, donde viven ¿Por qué canta el pueblo? y Muros  en la madrugada; el social con La fiesta de los  moribundos, La esquina del miedo o La sonata del  alba y finalmente el psicológico donde se enmarcan Yuma o cuando la tierra  esté verde o En mayo florecen los apamates.  César Rengifo fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro en 1980.

Nazoa
Y este otro quijote de nuestra tierra, de fuego encendido y encendedor de hogueras, que fue Aquiles Nazoa (Caracas, 17 de mayo de 1920 – 25 de abril de 1976), también eligió el arte para contarnos las heridas, las alegrías, los sueños y las voces que nos pueblan.
Con palabras retrató el siglo XX venezolano, a esa venezolanidad que transita las urbes con el paso apurado de quien busca y a lo mejor no encuentra.
Él fue amolador de estrellas, fabricante de mágicos cristales, creyente de la cualidad aérea del ser humano y ruiseñor de Catuche. Su palabra tejida al fragor de los cerros y al vaivén de las aguas, al trepidar de las calles y a la lluvia, se quedó para siempre enredada en nuestras miradas.
Nazoa, el poeta, periodista y narrador supo de calles y de plazas. Cuentan que su primer empleo fue el de empaquetador en el diario El Universal, después corrector de pruebas, mientras estudiaba francés e inglés, idiomas que le permitirían oficiar de guía en el Museo de Bellas Artes.
Entre otras cosas, fue corresponsal de El Universal en Puerto Cabello. Y en 1940, acusado de difamación e injuria, por señalar a las autoridades municipales de no trabajar lo suficiente para erradicar la malaria, fue encarcelado.
Trabajó en Radio Tropical, escribió la columna Punta de lanza y fue reportero de Últimas Noticias. También escribió en el semanario El Morrocoy Azul. Fundó los periódicos humoristas La Pava Macha y El Tocador de Señoras. En Colombia escribió para la revista Sábado y durante el año que vivió en Cuba fue director de Zig-Zag.
Asumió la dirección de la revista Fantoches en 1945. Y en 1948 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo, en la categoría escritores humorísticos y costumbristas. La dictadura de Marcos Pérez Jiménez lo expulsó del país en 1956, pero volvió dos años después.
Desprovisto de las todas las solemnidades, supo adentrarse en las miradas que este pueblo vislumbra tras los cristales de los amares, llantos, prejuicios y sueños. Aquiles Nazoa es referencia obligada del humor y la humana profundidad sin cortapisas.
A través de sus versos es posible dibujar a la sociedad venezolana, porque sus palabras ácidas y dulces, saben volar nuestros adentros para enfrentarlos a los espejos.
Poesía, teatro y breves narraciones componen el imaginario colectivo de Aquiles Nazoa. Los textos reunidos en Humor y Amor, uno de sus libros más conocidos, publicado en 1970, deja al descubierto cada uno de los pliegues del sentipensar de estas tierras. Justo por esos años llevó en Venezolana de Televisión un programa que con el nombre de Las cosas más sencillas nos enseñó a valorar lo frágil, lo mínimo, lo dulce del nosotros.
Él, poeta y periodista, y Rengifo pintor y dramaturgo siguen presentes uno en la estridencia y la música de los autobuses, el otro en los campos labrados de esperanzas, ambos en los rostros de los ninguneados, en la cadencia de los tambores y sobre todo en la alegría del mañana.

León Felipe desde lo alto de su voz


** Todo en su poesía tiene de viaje, de exilio, de llanto y también de descubrimiento. Del dolor de encontrarse solo frente a los vaivenes del mar, del darse cuenta que el mundo gira a pesar de las muertes injustas y de los amores sin destino ni retorno.

Parece que gritara, pero no. Es que su voz aún resuena entre los tiempos idos y las vidas vividas. Es como si el eco llevara su nombre inscrito en los versos que siguen prendidos al fuego y a la memoria, a la ternura, a la pasión, a las luchas...
“¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra / al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? / Los mismos hombres, las mismas guerras, / los mismos tiranos, las mismas cadenas, / los mismos farsantes, las mismas sectas  / ¡y los mismos poetas! / ¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!”. Eso decía León Felipe, el poeta español.
Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido como León Felipe nació en Tábara, Zamora, el 11 de abril de 1884 y falleció en Ciudad de México, el 18 de septiembre de 1968. Se licenció en Farmacia y de joven cuentan que tuvo una vida colmada de peripecias, que empezó cuando regentaba varias farmacias en algunos pueblos de España y recorriendo su país en una compañía de teatro en la que participaba como comediante.
Cuando inició su obra poética en Madrid, hacia 1919, llevaba en sus alforjas un matrimonio fracasado, tres años de cárcel y una vida bohemia con apremios económicos.
Trabajó durante tres años en la Guinea Ecuatorial como administrador de hospitales. Y viajó luego a México en 1922. En Veracruz fue bibliotecario y en Estados Unidos, profesor de literatura española en la Universidad Cornell.
Antes de empezar la Guerra Civil volvió a España y fue un militante de las ternuras necesarias al lado de los republicanos. Tuvo que exiliarse en 1938, en México, donde fue agregado cultural de la embajada de la República española en el exilio, única reconocida entonces por el gobierno mexicano. Y de esa época recuerda aún “Llegué a México / montado en la cola de la Revolución. / Corría el año 23... / aquí planté mi choza, / aquí he vivido muchos años, / aquí he vivido, / he llorado, / he gritado, / he protestado / y me he llenado de asombro. / He presenciado monstruosidades y milagros: / aquí estaba cuando mataron a Trotsky / y cuando asesinaron a Villa, / cuando fusilaron a 40 generales juntos... / y aquí he visto a un indito, / a todo México / arrodillado llorando ante una flor”.

Entre libros
León Felipe fue traductor de la obra de Walt Whitman y con él compartió los matices de su tono poético, enérgico en la proclama y en la arenga, así como en el canto con que siempre acarició la libertad.
Entre otros libros de poesía publicó Versos y oraciones de caminante (1920 y 1929), La insignia (1936), Español del éxodo y del llanto (1939), Ganarás la luz (1943), El ciervo (1954), Rocinante (1967). Además escribió las piezas teatrales La Manzana (1951), El Juglarón (1961) y Oh, este viejo y roto violín (1966).
El poeta español  tradujo también piezas de  Shakespeare como Macbeth o el asesino del sueño (1954) y Otelo o El pañuelo encantado. Narran sus biógrafos que las traducciones de León Felipe fueron abundantes, sobre todo las enmarcadas en el teatro renacentista inglés, lamentablemente se desconocen a la fecha varias de ellas.

Entre versos
Todo en la poesía de León Felipe tiene de viaje, de exilio, de llanto y sí, también de descubrimiento. Del dolor de encontrarse solo frente a los vaivenes del mar, del darse cuenta que el mundo gira a pesar de las muertes injustas y de los amores sin destino ni retorno. Por eso a lo mejor escribió pidiendo “Que no me tejan pañuelos / sino velas. / Que no me consuele nadie, / que no me enjuguen el llanto, / que no me sequen el río. / Lloro para que no se muera el mar, / mi padre el mar, el mar / que rompe en las dos playas, / en las dos puertas sin bisagras del mundo,  / con el mismo sabor viejo y amargo /
de mi llanto. Yo soy el mar. / Soy el navegante y el camino, / el barco y el agua... / y el último puerto de la ruta”.
A distancia de las posturas oficiales y cerca de su propia voz, buscándola y buscándonos con ella, León Felipe sigue presente, mirando y mirándonos con palabras que alumbran y con versos que encienden. De España le debe haber quedado la herida de guerra y de esta América Nuestra el color de la vida, las banderas libertarias y la esperanza, aunque fue siempre un desgarrado grito que pronunció sus ausencias.
“Yo no sé muchas cosas, es verdad. / Digo tan sólo lo que he visto. / Y he visto: / que la cuna del hombre la mecen con cuentos, / que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, / que los huesos del hombre los entierran con cuentos, / y que el miedo del hombre... / ha inventado todos / los cuentos. / Yo no sé muchas cosas, es verdad, / pero me han dormido con todos los cuentos... / y sé todos los cuentos”.
León Felipe es su tiempo y es el nuestro. Sus versos son nuestros versos, son el canto doloroso y apremiante de quien anda soñando mañanas y creciendo futuros. León Felipe es el poeta que supo hacer nacer los vientos que empujan la tierra hacia el mar.


Preceptiva poética de León Felipe (fragmento)

“Más bajo, poetas, más bajo...
hablad más bajo
no gritéis tanto
no lloréis tan alto
si para quejaros
acercáis la bocina a vuestros labios,
parecerá vuestro llanto
como el de plañideras, mercenario.

Y si el verso
poetas cortesanos
si el verso como el hombre
no fuese de cristal
sino de barro.

Poeta
ni de tu corazón,
ni de tu pensamiento,
ni del horno divino de Vulcano
han salido tus alas.
Entre todos los hombres las labraron
y entre todos los hombres en los huesos
de tus costillas las hincaron.
La mano más humilde
te ha clavado
un ensueño...
una pluma de amor en el costado”.



Letras y cantos del Uruguay en la voz de Viglietti

Imagen tomada de internet.
Uruguay fue el país invitado de honor en la octava Feria Internacional del Libro en Venezuela. En esta edición estuvo presente para cantar y cantarnos la memoria Daniel Viglietti, su voz cuenta las heridas y esperanzas de la América Nuestra y tiene en el recuerdo los versos siempre presentes de ese otro uruguayo infinito, Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920 - Montevideo, 2009).
Juntos cantaron a dos voces, uno guitarra en mano y el otro verso adentro. Ambos recorrieron la geografía contrahecha de heridas de nuestros pueblos para recordarnos que juntos podemos, que juntos abriremos las anchas alamedas por donde transite el hombre nuevo, como dijo también un latinoamericano sembrado para siempre en nuestras querencias, Salvador Allende.
Y es que la cita anual del libro en este país se ha convertido en un encuentro con y por la vida. Es un espacio que deja de manifiesto la ternura militante de las palabras que diciendo nos dicen el futuro que habremos de hacer nacer.
Viglietti está Todos Adentro, porque su canto es necesario y es llama encendida y es conciencia libertaria.

Desalambrado
El poeta Mario Benedetti decía en su libro Desalambrado, que tal vez dos de los versos que mejor definen la intención del quehacer de Daniel Viglietti son “Yo quiero romper la vida / como cambiarla quisiera”. Palabra y canto conjugan la ruptura y lo que viene después, el cambio, la transformación. Y añade que “vida es aquí mucho más que dimensión privada, aunque, por supuesto, también la incluya. Vida es aquí el hombre y su contorno, el recinto doméstico y el país, el texto y el contexto”.
Viglietti nació el 24 de julio de 1939. Criado en una familia de músicos, desde niño estuvo en contacto con la música clásica. Pronto adquirió una sólida formación como concertista, que luego convertiría en una dedicación casi exclusiva a la música popular y al canto de la tierra.
Durante la década de 1960 se desarrolló en todas las aristas del canto y la composición, además trabajó como docente y locutor en radio. Durante esos años participó en el semanario Marcha. Vino “Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas”, disco editado en 1963, y su obra se tiñó definitivamente de contenido y protesta, con letras asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica.
Luego de la cárcel y el exilio, Viglietti se encontró con ese otro uruguayo que nostalgiaba su tierra. De allí surgió el “a dos voces” en el que Benedetti y Viglietti consiguieron, tejiendo versos y cantos, cuerdas e imágenes, alzar la voz, enarbolar las voces. Y es que ambos fueron y serán siempre dos referentes de la palabra comprometida.
Por eso no es casual que hayan decidido reunirse. Juntos consiguieron abrir un espacio que se renovó a sí mismo una y otra vez a lo largo de casi tres décadas.
Durante veintisiete años el concierto A dos voces de Benedetti y Viglietti no sólo estuvo en cada rincón de nuestra geografía latinoamericana, sino que supo además ser homenaje a tantas mujeres y hombres silenciados por la historia y la opresión. Con ellos supimos cantar y recordar a Roque Dalton y Salvador Allende, entra tantas y tantos.
Benedetti escribió dos libros sobre el cantautor, Desalambrado, el último de ellos que hace referencia a una de sus canciones más conocidas, y Daniel Viglietti (Júcar, 1974). Precisamente en éste dice que “La voz de Daniel Viglietti no es la de un profeta ni la de un líder, pero tampoco la de un automarginado o la de un pusilánime; su voz es la de alguien que, con modestia y sinceridad, con dolor y con alegría, con esperanza y con trabajo, con pasión y con riesgo, participa (como puede y debe) en el proceso. Esa actitud es la que, más allá o más acá de su canto libre, los jóvenes rescatan. Por eso no lo escuchan sólo como una voz, sino también como a su portavoz”.
Por su parte, Viglietti ha dicho de Benedetti, después de su partida definitiva, que “nos hace falta su persona luminosa, su pluma tierna y fuerte a la vez, su conciencia crítica, su compromiso con la verdad y su ejemplar humildad”, pero “a Mario no le gustaría que el único modo de recordarlo sea nostalgiarlo”.
En todo caso, Viglietti es la guitarra de este sur memorioso que nace y crece. Y no podemos nombrarlo sin recordar la palabra y el verso necesario de Benedetti. Ellos son todo lo  que somos, todo lo que nos habita y nos nutre.


Otra voz canta /  Desaparecidos
Por Viglietti
Por detrás de mi voz
– escucha, escucha –
otra voz canta.
Viene de atrás, de lejos;
viene de sepultadas
bocas, y canta.
Dicen que no están muertos
– escúchalos, escucha –
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.
Escucha, escucha;
otra voz canta.

Por Benedetti
Dicen que ahora viven
en tu mirada.
Sostenlos con tus ojos,
con tus palabras;
sostenlos con tu vida
que no se pierdan,
que no se caigan.
Escucha, escucha;
otra voz canta.
cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

“Otra voz canta” (fragmento): música de Daniel Viglietti
“Desaparecidos” (fragmento) poema de Mario Benedetti

27F poesía memoria y revolución


** Hoy quedan los muertos, el recuerdo de sus voces, la caricia que no dieron, el crujir de sus pasos y la vida que vive en ellos.

Hay una poesía que nace de las entrañas, del grito más hondo y menos solo. Hay una poesía que protesta y aunque la tilden de panfletaria, le pertenece al pueblo, porque no calla y se vuelve abrazo.

Hay una poesía que nace de la memoria. Que es bandera alzada y tiene entre los pliegues la humedad de la sangre y el tacto de la tierra. En fin, hay versos que fueron paridos del dolor, de las infinitas heridas abiertas con que aún gime el mundo. Y es esa poesía capaz de mirarse las entrañas y llorar por la siembra, la que sabe de las libertades y la que construye con las manos todas el futuro que necesariamente habrá de ser.

Esa es la poesía imprescindible, la que sabe de los dolores y las luchas, de la ternura y la esperanza. Poesía en la resistencia de eso se trata, de resistir a los silencios impuestos y a la desmemoria como una mordaza.

Versos
Hay versos que son historia, que son canta imprescindible, que son pueblo, que son lucha... así son las lecturas de 27F, Poesía, memoria y revolución, una antología poética publicada por el Consulado General de la República Bolivariana de Venezuela en Sao Paulo.

Voces nuestras recrean desde el poema el grito que el pueblo venezolano enarboló aquel 27 de febrero de 1989. Juan Calzadilla, Gonzalo Ramírez, Luis Ernesto Gómez, William Osuna, José Javier Sánchez, Iris Tocuyo, Eduardo Viloria y Gregory Zambrano, entre otras y otros poetas, cuentan hoy a una misma voz la tierra que supo parir el presente.


El tiempo se divide en los aquí y en los ahora, en el pasado colmado de ecos capaces de derramarse en la mañana amarga del café colado. En la muerte que no debió, en el llanto que aún llueve sobre los cerros, en esa salobre soledad de muchos que sigue diciendo presente a los que quedaron.


Demasiado polvo y demasiada muerte se sumaron en aquel febrero que debe estar anclado siempre en la memoria. Demasiada verdad contra los muros cansados de tanta hambre y de tan poca luz. Tanto valiente estallido que fue capaz de abrir y abrirse el futuro, anunciando los días que estaban por venir.


“En Petare un estudiante de educación media ha sido acribillado / llevaba una bandera roja en su mano izquierda / y en su otra mano / un 38 smith and wesson / que hace más de una vida, un aliento, un sueño, / se ha quedado sin balas / espera a que los cerros sigan cantando / para que las víctimas / no se conviertan en ornamentos de la masacre”.
(Un llanto por el Caracazo, José Javier Sánchez, fragmento)


Esa fue la rabia que bajando de los cerros se estrelló contra los cristales, derribando a su paso el orden y el mundo. Y esa fue, esas fueron, las vidas entregadas con sus manos abiertas, con sus ojos abiertos y con la dulce esperanza clavada en las calles. Hoy quedan los muertos, el recuerdo de sus voces, la caricia que no dieron, el crujir de sus pasos y la vida que vive en ellos.


“te convoco al encuentro de los juntos / al abrazo de los que nacerán / de otra sangre y otro beso / a los desprendidos de dioses y amos / te convoco a la adoración de todos los afectos / para que el odio no sea más nuestro alimento”. (Insensibilidad, Ramón Mendoza, fragmento)


Venezuela en llamas, incendiando la memoria y el tacto, danzando sobre la lumbre. 27F para recordar, para alzar las banderas, para decir un poema y seguir haciendo la revolución.


I

“Alguien tenía que quedarse a redactar los epitafios
Alguien tenía la necesidad de traducir el mundo en llanto
Alguien tenía que guardar el eco doliente y mudo de una plegaria
Alguien tenía que sostener el incierto anhelo humano
de un alba aún por venir en lo oscuro
como una pura e imprevisible ofrenda”.
Gonzalo Ramírez (fragmento)

Los versos también saben de revolución


** La palabra del pueblo se hace verso cuando cuenta la historia que nació del por ahora, del 4 de febrero.Todos Adentro quiere rendir tributo a esa fecha y a los compañeros que enviaron su poesía para recordar ese día sigue encendido en la memoria.


Hay palabras que son trincheras de ternura, que signan la historia, que renuevan la esperanza, que madrugan la noche y que de alguna manera hacen nacer la vida. Ese por ahora que pronunció Hugo Chávez Frías aquel 4 de febrero de 1992 estalló en sus labios y fue a parar a manos del pueblo para arrullarlo y hacerlo crecer. Veinte años han transcurrido de aquel por ahora, veinte años de triunfos, cantos, dolores, sueños, revolución... veinte años para siempre a su lado, veinte años que escriben el futuro más luminoso de la Patria, que hacen aclarar los días que vienen y que ya nunca más se irán, porque el por ahora es para siempre y es para todos y es para todas.
Y claro, hay también palabras que son versos lanzados al viento y por eso destinados están a encendernos el futuro.
La palabra puede ser un arma para la dominación, impuesta a fuego y a sentencia, pero también puede ser para la libertad sin cortapisas, puede ser un grito que despierte, que llame, que nombre, que diga, que viva... y precisamente eso fue aquel por ahora...

A cantos siempre
Hay una poesía que sabe de los dolores viejos y las esperanzas todas... y entre coplas y décimas algunos compañeros de la vida nos acercaron estos textos que queremos compartir para conmemorar aquel 4F, que tal vez venga desde más lejos, de un 27 de febrero de 1989 que cruzó de heridas la memoria. Es la voz más honda que emerge de aquellos días que entre sombras y asombros nos dijo presente, como una bandera o un sueño, anidado entre el pecho y las manos. Febrero rebelde, febrero de luchas, de jugarse la vida por la vida misma, de edificar el mañana para vivirlo hoy.



Rebelión a cuestas

Por Pedro Estacio (fragmento)
Voy por un pedazo de amor
a reconquistar la vida perdida,
a buscar con los otros
el sueño de mejor vida.
Con las manos sudadas
y el miedo por dentro,
corro entre las balas
al recuperar mi aliento.
Y voy con mi rebelión a cuestas,
como gallo empedernido
a clavarle espuelas al enemigo
que tiene el mundo perdido.




Sé que pasó en febrero

Por Loel Henríquez
Sé que paso en febrero, de golpes y disparos a las ventanas de quienes no conocían, disparaba el ejército del gobierno, que vestía el mismo uniforme del ejército del pueblo que tú liderabas.
Sé que paso en febrero, como causa del viejo 27 de 1989 que nació en Guarenas.
Sé que paso en febrero, nuestro febrero rebelde.
Gracias por el esperanzador “Por ahora” porque hoy es realidad de quienes protagonizamos el presente y un futuro de Libertad.
Sé que paso en febrero y febrero es Rebelde.




Punto y aparte.
AHORA REVOLUCIÓN

Por Ricardo Caldera (fragmento)
Comienzan a ser verdad
En la frase Por ahora
Regamos con flor de mora
Recojan esa heredad
Y que en esta inmensidad
Que crezca la llamarada
Que desenvainen su espada
Indios, pardos, motilones
Para que crezca a montones
En esta hermosa explanada

Él es nuestro mensajero
Por las canciones que canta
Que es un  himno de  alabanza
Que es un canto bien certero
Que Ali las sembró primero
Para que el nieto e´ Maisanta
La recordara en la canta
De la fría madrugada
Que inició la llamarada
Del por ahora en la garganta.


Cuerpos

F rente al espejo nos sentimos vulnerables. Al amor o a la soledad. Sin embargo, el cuerpo nos acompaña desde la primera memoria. Llega...