miércoles, 13 de mayo de 2009

Oleaje

Con los párpados cargados de sueños
y uno que otro desvelo a cuestas
llevo entre las manos la noche del mundo
silente en sus hambres
valiente para continuar torturando el futuro
desando sus geografías
para encontrarme en medio del cauce
extraviada y finita
rendida ante su oleaje

lunes, 11 de mayo de 2009

García Lorca: un abanico de sueños


Era la noche arrancada de versos, estaba allí, parado, alumbrando con sus ojos la oscuridad, en sus manos un abanico de sueños caía rendido a sus pies. Armado de todo lo humano, con sus poemas y sus credos, miraba al pelotón que abriría su corazón a tiros. Y luego, su voz infinita recordándonos para siempre, la vida. Era la madrugada del 18 de agosto de 1936.


Federico García Lorca (Granada, 5 de junio de 1898) está vivo en todos los poemas y obras de teatro que nos legó para recordarlo, y recordarnos lo más y mejor del ser humano. Creyente de todas las libertades, de los vuelos del alma y de las almas en vuelo, sus ojos y sus manos se asoman en las lecturas que estas otras y otros que somos hacemos a través del tiempo. Con él y a través de él es posible reanudar los ires y venires que cantando cantan los paisajes de la tierra. Él le escribió al amor en todas sus formas, en las imaginables y en las que habrán de ser, con su Granada de fondo dando testimonio de los pasos y sus gentes.


“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda / verde carne, pelo verde, / con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana, / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas”.
(Fragmento de Romance sonámbulo)



Reconocido como uno de los poetas más importantes del siglo XX español, miembro de la Generación del 27, García Lorca escribió romanzas y poemas a su Granada, a su cultura salpicada de cantos, a la Alhambra y al imaginario gitano que puebla aún Andalucía. Sus versos son cantos para la noche alumbrada por los sueños y las voces que tienen todavía tanto que contar.

“Por el olivar venían, / bronce y sueño, los gitanos. / Las cabezas levantadas / y los ojos entornados. / Cómo canta la zumaya, / ¡ay, cómo canta en el árbol! / Por el cielo va la luna / con un niño de la mano. / Dentro de la fragua lloran, / dando gritos, los gitanos. / El aire la vela, vela. / El aire la está velando”.(Fragmento del Romance de la luna, luna)



Sin más fronteras que las de la humana capacidad de verse reflejado en las otredades, el poeta acunó entre las hojas el sentir de las mujeres y hombres que a su paso se iban revelando mudos de miedo y opresiones. Su voz de camino, anduvo desatando las pasiones para saberse uno más, para encontrarse encontrándonos, para buscar las velas abiertas y surcar las aguas.

“No, no, no, no; yo denuncio. / Yo denuncio la conjura / de estas desiertas oficinas / que no radian las agonías, / que borran los programas de la selva, / y me ofrezco a ser comido / por las vacas estrujadas / cuando sus gritos llenan el valle / donde el Hudson se emborracha con aceite”. (Fragmento de Vuelta a la ciudad Nueva York de Poeta en Nueva York)


Y después de haber visto el odio, de haber hallado el grito desgarrado, de haber sentido como suya el hambre, el “poeta llega a La Habana”. Sus sueños son los sueños de todas y todos. Y allí también se reconoce y esboza en el aire el tiempo que habrá de ser.


“Pero el dos no ha sido nunca un número / porque es una angustia y su sombra, / porque es la guitarra donde el amor se desespera, / porque es la demostración de otro infinito que no es suyo / y es las murallas del muerto / y el castigo de la nueva resurrección sin finales”. (Fragmento de El poeta llega a la Habana, Pequeño poema infinito, de Poeta en Nueva York)
García Lorca cayó esa madrugada de agosto, con sus ojos mirando el cielo despeñado de estrellas, pero aunque intentaron no pudieron fusilarlo, sus versos siguen diciendo la vida.


* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 10 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

Gioconda Belli: Waslala

Tal vez pudiéramos hacer que exista, tal vez…
Waslala es una invitación a construir el mundo posible, el imprescindible, un lugar imaginario, un espacio dónde las humanas pasiones siembran y cosechan el tiempo. Waslala es utopía…

Publicada en su segunda edición en 2007, por Seix Barral, esta novela de la nicaragüense Gioconda Belli (Managua), narra la historia de Melisandra, una joven que sale en busca de sus padres, quienes antes que ella partieron rumbo a Waslala y nunca volvieron. Waslala vive en la memoria colectiva de esas tierras y sus gentes, cantando y contando que un lugar mejor, una sociedad más humana y solidaria, habita las selvas y los sueños.
Pequeñas y grandes historias que son la memoria misma de toda Nuestra América, la geografía que cuenta pudiera ser en cualquier rincón de esta Latinoamérica sembrada de esperanzas.
“Mi única advertencia es la siguiente: no permitás que la idea, el sueño, se vuelva más importante que el bienestar del más humilde de los seres humanos. Ése es el dilema, el acertijo, el desafío que te dejo, que muero soñando algún día podamos resolver”.
Lo divinamente humano se funde en los sentires, en la mirada con que la aventura va cabalgando las páginas de este libro, que suma amores, roces, reflexiones, sentires, muertes, olores y todos los colores que caben en el suelo y sus alrededores. Waslala no es más que la aventura humana, esa que queremos para los mañanas que están por venir o los que tal vez no sean, sino apuramos el paso. Es un libro para compartir los anhelos, para disfrutarlos sabiendo que no estamos solos, que hay otras y otros soñando el mismo sueño.
Waslala es también la voz humana, esa que es capaz de decir y decirnos los miedos, los recuerdos. De eso se trata la memoria, de acortar la distancia para sabernos menos solos, más compañeros, eso cuenta Belli en Waslala.
“Sí –musitó Melisandra- . Hay que hacer mucho ruido en este mundo para dejar al menos un eco. Si mi sonido se repite en otro ser humano, esa casualidad me salva, hace que la vida valga la pena”.
Poetas fueron los que crearon a Waslala, por lo que uno se pregunta si será el amor el que pueda redimirnos. Si esta especie que somos, tiene destino más allá de lo que conocemos hasta ahora. Sensual en la manera de narrarnos el viaje hacia lo posible, Belli enciende con Waslala el recuerdo de lo que habremos de ser. Las voces, todas, soñando y evocando un lugar que nace en el centro de todas peguntas que aún hemos de preguntar.
“Lo más grande de Waslala es que fuimos capaces de imaginarla, que fue la fantasía lo que, a la postre, la hizo funcionar. Hay quienes, aunque nos quedemos solos, tenemos que seguir manteniendo las Waslalas de la imaginación. Imaginar la realidad sigue siendo tan importante como construirla”.
La búsqueda de Waslala está signada por lo mejor y lo peor de los seres humanos y las sociedades que con nosotros han sido y son. El fin de la expedición es apenas el comienzo, una rendija para recordar el futuro, la memoria de lo que habremos de ser.
Tal vez haya alguna manera de asir la utopía para no volverla a extraviar, para creer, para tener la certeza, que Waslala es un lugar posible, la utopía realizable que Belli nos regala para seguir soñando irrevocablemente juntos el porvenir.
“Todos los personajes de esta historia, igual que nosotros, de vez en cuando encuentran Waslala. Y la vuelven a perder”.
* Publicado en el Diario de Guayana, domingoo 03 de mayo de 2009

Galeano: Las venas abiertas de América Latina

Hay libros que son ventanas, que son puertas, rendijas siempre abiertas. Hay libros a los que es necesario volver una y otra vez, para recuperar el rumbo y sobre todo, para no desmemoriarse. De esos es precisamente, Las venas abiertas de América Latina. Publicado en su primera edición en 1971, narra el porqué del hambre, la miseria, la esperanza y las luchas de esta geografía sembrada de cantos y de sangre.
Interesante, porque representa una inflexión en la historia, que un Presidente en cuyo rostro reverbera toda la mezcla de sueños y de pueblos de aquí y de más allá, le haya regalado precisamente este libro a un Presidente negro, un Presidente estadounidense. Por eso, y aunque ya se ha hablado bastante de uno de los libros más leídos de Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), sobre todo después del obsequio, aprovechamos la oportunidad para hablar de él, como quién cuenta la historia de nuestras historias.
Todo esto que somos, este enredo de idiomas, sones, guerras, hambres, pasiones, miserias y a eces también victorias, se entrecruzan en este libro y nos deja asomarnos a lo que fue y a lo que necesariamente será.
Las venas abiertas de América Latina narra la historia de los vencidos, de esta América tan poco nuestra, que ha estado casi siempre al servicio de los poco que mucho tienen, por eso es que no ha perdido vigencia y por eso mismo, hay que volver a él cada vez que olvidemos de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
“Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial”.
Desde las páginas de Las venas abiertas de América Latina, Galeano acusa al sistema capitalista, opresor por naturaleza, de ser el responsable del atraso y la miseria latinoamericana. Es un libro para abrir los ojos, para encontrarse y encontrarnos, para sabernos compañeras y compañeros en la lucha por las libertades, las individuales y sobre todo, las colectivas.
Tal vez más que nunca o por lo menos más que antes, los pueblos de esta tierra saqueada y hambreada durante centurias andan en busca de un nuevo orden socioeconómico, ahora cuando es precisamente el sistema capitalista el que cayendo sobre sus propios pueblos ha demostrado ser, incluso para el norte desarrollado, inviable.
“Para que el imperialismo norteamericano pueda, hoy día, integrar para reinar en América Latina, fue necesario que ayer el Imperio británico contribuyera a dividirnos con los mismos fines. Un archipiélago de países, desconectados entre sí, nació como consecuencia de la frustración de nuestra unidad nacional”.
Memoria del tiempo que vivimos, Las venas abiertas es un libro que dice, que sigue diciendo, que lo hará siempre. Porque el presente es la oportunidad que tenemos, como pueblos, de gritar los dolores para parir el mañana, para hacerlo nacer con justicia, con libertad, con respeto, y sobre todo con y desde la solidaridad. Este libro, escrito desde el amor, hace nacer desde lo más profundo todos los llantos que se nos han ido sumando desde hace más de quinientos años, lleva también entre sus pliegues la risa, esa que despierta en el ALBA de nuestros días.
“Toda memoria es subversiva”, dice Galeano, y así es.

“Palabras de Abril de 2002”

La historia se funda en las vivencias colectivas, en los pasajes del vivir de las mujeres y hombres de un tiempo y una geografía determinada. Así, a un año más del 11 de abril de 2002, es inevitable repensar los días vividos. Seguro cada quién tendrá su acercamiento vivencial a esos días, a sus propias dudas, miedos, llantos… tal vez, algunas y algunos habremos rememorado las alamedas de Allende, mientras otras y otros festejaron la sangre.
Y porque la memoria de los pueblos es fuente del presente, proponemos la lectura de “Palabras de Abril de 2002”, texto editado por el fondo editorial del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, que puede leer en formato digital en la página web de ese Ministerio.
Tres momentos de inflexión recoge Palabras de Abril. Primero, el discurso del Presidente Chávez el 11 de abril. Segundo, la intervención de Isaías Rodríguez, en ese momento Fiscal General de la República, y por último, las palabras del Presidente Chávez cuando retomó y retornó al poder de la mano del pueblo.
Marginados durante décadas, muchas y muchos venezolanos ese día fueron a las puertas de Palacio de Miraflores. Mientras el Presidente hablaba por cadena nacional las industrias de información dividían la pantalla en dos. La situación, claro no era inédita, Nuestra América está llena de ejemplos de presidentes latinoamericanos forzados a renunciar y a dar la vida en nombre de la libertad.
Silencio, fueron días de silencio, de complicidades, de búsquedas… Creíamos por esos días que estábamos reeditando la historia de nuestros padres, que el país caería en manos del miedo y la fuerza.
“Hacemos un llamado a los que están llamando todavía, de manera ilógica, a un paro supuestamente indefinido, a que depongan esa actitud”. Y no se acordaron y no se acuerdan aún. Porque muchas empresas de información continúan negando su vinculación con la violencia.
Sin nadie para contradecirlos y con Chávez preso desde la noche anterior, los medios anunciaron la renuncia del Presidente. Dudábamos, sin duda dudábamos. Fue precisamente en ese escenario que en una rueda de prensa el Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, quien había manifestado que renunciaría, logra que las televisoras transmitan en vivo sus declaraciones. Engañando los medios fueron engañados, pero para cuando se dieron cuenta ya era tarde, sabíamos que el Presidente no había renunciado, vivíamos un Golpe de Estado.
“El Presidente no ha renunciado. (…) Es decir, aquí hay una situación en donde, efectivamente para nosotros, no hay ninguna duda de que se ha violentado totalmente el Estado constitucional y de que estamos ante una situación que no se puede calificar sino de golpe de Estado”, y en ese instante Globovisión interrumpía la voz de Isaías Rodríguez, segundos después RCTV silenciaba también la verdad.
Faltaban veinte minutos para las cinco de la mañana del 14 de abril de 2002. Chávez de vuelta en el Palacio de Miraflores da una rueda de prensa. “Hablando del pueblo, debo decir que lo que ha ocurrido en Venezuela, en estas últimas horas, es en verdad inédito en el mundo. El pueblo venezolano y sus verdaderos soldados (…) han escrito una nueva página, y qué gran página, para la historia venezolana. Es el ejemplo de un pueblo que ha despertado definitivamente, de un pueblo que ha reconocido y asumido sus derechos, sus obligaciones”.
El resto de la historia la seguimos escribiendo, juntos.
* Publicado en Diario de Guayana, 15 de abril de 2009

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