miércoles, 13 de julio de 2011

Palabras en el II Premio Aníbal Nazoa de la Fundación Movimiento Periodismo Necesario 25 6 11

A propósito de Aníbal Nazoa / Daniela Saidman

Buenos días a todas y todos los ganadores del Aníbal Nazoa que nos acompañan hoy… a todas y todos los que no pudieron estar aquí, a nuestro queridísimo Orador de Orden, José Vicente Rangel; a los miembros del Movimiento Periodismo Necesario y sobre todo al Pueblo venezolano que ha hecho posible que renazca con más fuerza que antes y que nunca, un periodismo honesto, comprometido y de militante ternura.
Ese ejercicio hondo de la palabra cierta, que sabe de pueblos y dolores, por las que tantas y tantos seres humanos han dado la vida y se han sembrado en la memoria, sigue siendo hoy un estandarte henchido de esperanzas.
Y es que la obra y fundamentalmente la vida de Aníbal Nazoa es una manera de constatar que estamos menos solos, más acompañados de esos imprescindibles compañeros de la palabra cierta, esa que nace de la honda e imperiosa necesidad de contar y contarnos.
Por eso, este es uno de los premios que no se vanagloria de ser aséptico, por el contrario es un reconocimiento que celebrando la vida de Aníbal, agradece el trabajo comprometido de quienes han asumido el oficio de contar, mostrar, investigar y decir siempre desde la orilla donde están y estamos la mayoría del pueblo que durante centurias fue acallado, silenciado, ninguneado y cuando se negó al silencio, fue también desaparecido y asesinado.
Así, con las manos nacidas de siembra, nos reunimos hoy para dejar de manifiesto que celebramos y enarbolamos como nuestra bandera de ocho estrellas, ese periodismo que tiene rostro y tacto, voz y sueño, de Pueblo.
Por eso este grupo de periodistas que retomaron el nombre de Aníbal Nazoa para reconocer el trabajo de aquellas y aquellos, hombres y mujeres, y colectivos, son tan necesarios como el nombre donde se reúnen para fijar posición, para debatir y soñar los medios que necesitamos para ser más libres y sobre todo, más humanos.
Pero es bueno hacer la acotación que aunque Movimiento Periodismo Necesario tiene la certeza de qué lado de la batalla se encuentra, no quiere decir que sea un colectivo acomodaticio o genuflexo, por el contrario se han dado y se dan importantes discusiones, que critican los errores, pero sobre la base de la construcción de propuestas que tienen como objetivo continuar avanzando y profundizando el modelo de desarrollo que nos dimos la mayoría de las venezolanas y venezolanos cuando aprobamos, en un ejercicio cierto de democracia auténtica, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Hay escenarios dónde decir lo que no nos gusta, lo que no está bien, los desaciertos que se cometen desde las ganas de transformar todas las estructuras que heredamos. Y eso es precisamente hacer revolución desde la revolución y no desde la orilla de enfrente.
Pero hoy estamos aquí para decir y decirnos que ustedes son parte de ese periodismo necesario, auténtico y militante.
Movimiento Periodismo Necesario está integrado en definitiva, por voces que son pueblo y que se han sumado a la tarea irrevocable de edificar juntos el mañana que ya no sólo es posible, sino que es imprescindible para que pueda haber futuro.
Periodismo necesario quiere decir reflexivo, sustantivo y sustancial, cálido, justo, honesto y comprometido. Seguramente más de un crítico, de esos que andan pregonando imparcialidades, nos acusará de chaviztas y sí, creo, y me tomo el atrevimiento de hablar por el resto de los compañeros y compañeras que están aquí presentes, que efectivamente somos bolivarianos y revolucionarios, porque esa es la opción de lucha, esa es la esperanza, esa es la voluntad popular, y por eso, estamos y estaremos siempre donde el pueblo canta futuros y donde canta heridas que aún no cierran.
Tengo la convicción y la certeza de que somos muchos y podemos mucho, podemos avanzar, aprender del pasado y regalarnos los días que finalmente estamos haciendo venir. Porque también nosotros y también nosotras estamos llamados a contar la historia de los vencidos, que por una vez, y eso sí, para siempre, y aunque fue durante centurias marginada de la historia oficial, es ahora presente. Y eso es también periodismo necesario.
Así que no me queda más que agradecerles hacernos parte de este sueño que estamos construyendo juntos y juntas, con los dolores a cuestas, con la pasión y la vida que nace de otras siembras.
Ustedes, los galardonados de estos Aníbal Nazoa 2011 son demostración de que en este país hay cientos de periodistas que no se venden, que no se traicionan, que no se arrodillan, sino que son imprescindibles en la palabra que narrando, transforma.
Y con estas reflexiones, que nacieron al calor de algunas noches entradas en aguas, quiero darle la bienvenida, y le agradezco esta posibilidad a Movimiento Periodismo Necesario, a José Vicente Rangel, nuestro orador de orden.
Es un privilegio estar aquí y poder ver a uno de los hombres que son historia de nuestro Pueblo. Es un honor que la valiente palabra de Aníbal Nazoa se una, una vez más, a la de este hombre, que supo en tiempos del miedo y de la amnesia obligatoria, como diría Galeano, a gritar y a jugarse la vida, por la vida de los otros, de nosotros. Su incansable trabajo en defensa de los detenidos y desaparecidos de esos gobiernos que nos vendieron la democracia a garrotazos y en latas de refresco, es la demostración de por qué José Vicente es tan necesario y tan periodista. Su ejercicio no ha terminado, aún hay tantas cosas por decir, que su trabajo es y será siempre, una llama encendida de conciencia. Su palabra memoriosa nos recuerda que para ser libres necesitamos mantener la memoria, porque no se puede y no se debe permitir el olvido, porque para transitar el futuro necesitamos de las voces que fueron tierra, llanto y grito. Por eso José Vicente es maestro y camino andado, es ejemplo y convicción de lucha, de compromiso cierto. Su palabra, que también es nuestra, nos dice una y otra vez que para hacer nacer el futuro tenemos que saber de dónde venimos y porqué venimos así, desgarrados pero alegres, mutilados pero íntegros, cantando, llorando, riendo, tocándonos los costados y sabiéndonos cada vez menos solos y más nuestros.
José Vicente Rangel es tiempo presente y estará siempre, como Aníbal Nazoa, entre esos quijotes que andan sembrando vida para parir luminoso el futuro.
José Vicente, bienvenido a la entrega de la segunda edición de los Premios Aníbal Nazoa…


domingo, 3 de julio de 2011

Subimos la cuesta con Chávez

Nací en este país de siempre verdes y rojos minerales hace ya algunas décadas. Pero como muchos y muchas de esta América Nuestra me crié en el sur, en el seno de una familia de zurdos que supieron conjugar el amor con los ñoquis, la política con los almuerzos de domingos y las buenas conversas con aquella canción que decía “me voy a vestir de fiesta con mi bata colorada porque la guerra ha sido ganada y que viva la paz”.

Tengo la edad exacta de los jóvenes que fueron desaparecidos durante esas dictaduras que dejaron heridas abiertas. Tengo el rostro y los años de los hijos de esos desaparecidos. Quiere decir, que pude yo ser uno de ellos, quiere decir que me duelen sus dolores y sus orfandades. Ese es el estigma de esta generación de la que soy miembro, de la que soy arte y parte. Y todo esto viene a confesión, porque con casi veinte años de regreso en Venezuela, me costó más de una discusión y unos cuántos dolores de cabeza, entender lo que pasaba aquí, cuando un militar -de los que nunca me gustaron y a los que siempre les he tenido miedo- se lanzó a una campaña electoral en la que el pueblo lo asumió como su Presidente. En esa ocasión preferí no votar, me hice a un lado, no comprendía lo que ocurría. Me preguntaba una y otra vez cómo era posible que un milico fuera capaz de enarbolar las banderas que sujetaban mis mayores, con las que se arropaba mi bisabuela, las que levantaban mis abuelos, mis padres... no, no podía ser cierto.

Después vino el referéndum por la Constitución y ahí sí me sumé, con dudas, es cierto. Pero pensaba que si la derecha de siempre se oponía, entonces algo tenía que ver con esa esperanza que las gentes siempre guardan. Y como el Pueblo es sabio, dejé a un lado las cavilaciones y me tomé de las manos de las mayorías. Luego vino el Golpe y si aún quedaban algunas preguntas, todas se respondieron. Estaba yo también al lado de Chávez. Esos días me costó mi trabajo, me despidieron y pagué el saldo con una sonrisa y seguí adelante.

Desde aquel entonces hasta hoy me he mantenido de este lado de la orilla con la certeza de que estoy en el lugar correcto. No quiere decir que no tenga diferencias de forma e incluso de fondo, con lo que ocurre en nuestro país, lo que sí quiere decir es que por fin entendí cuál es el lugar correcto. El que canta con sabor a Pueblo. Al que se oponen los mismos que se han opuesto siempre, en todas partes, a todo lo que huele, sabe, mira y toca con manos pobres, originarias y negras.

Me costó sentarme a escribir estas líneas. Han pasado algunos días desde la aparición del Presidente, quien desde La Habana de Fidel, el Che, Camilo, Haydeé... nos dijo que estaba remontando la cuesta. Y como ya dije de qué lado de la orilla estoy, pues entonces también le doy la mano a este hombre, divinamente humano, que sube y yo también subo con él. Pero caminamos no sólo al lado del Chávez Presidente, sino sobre todo del ser humano que sueña, siente, se asusta, se demora, avanza, ama, resiente de su condición y abriga todos los sueños y esperanzas. Ese Chávez que estamos viendo hoy, es más hermoso, más humano, más frágil, en fin, más nuestro. Y por eso hoy entiendo, entiendo todo lo que no entendí entonces. Me doy cuenta ahora que mientras más suba más hombre se hace, más pueblo se nace. Y mientras más lo ataquen, más unimos en torno a él, a ese ser humano que viene a la vanguardia de la América toda, para animarnos a sumarnos a la tarea impostergable de parir el futuro. Él es pueblo y los pueblos ni mueren ni se acallan, son grito primigenio, son canto, tacto, verso, caricia, anhelo, prendido en todas las voces nuestras, en todos nosotros, que empujamos hacia adelante, que alumbramos el camino que nos lleva hacia el mañana. Hay mucho que hacer, mucho trecho por recorrer, muchos errores que corregir, muchos sueños que hacer realidad.

Por eso pa'lante Comandante, que vamos juntos como decía Benedetti, con tu puedo y con mi quiero, nuestro quiero.

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