Subimos la cuesta con Chávez

Nací en este país de siempre verdes y rojos minerales hace ya algunas décadas. Pero como muchos y muchas de esta América Nuestra me crié en el sur, en el seno de una familia de zurdos que supieron conjugar el amor con los ñoquis, la política con los almuerzos de domingos y las buenas conversas con aquella canción que decía “me voy a vestir de fiesta con mi bata colorada porque la guerra ha sido ganada y que viva la paz”.

Tengo la edad exacta de los jóvenes que fueron desaparecidos durante esas dictaduras que dejaron heridas abiertas. Tengo el rostro y los años de los hijos de esos desaparecidos. Quiere decir, que pude yo ser uno de ellos, quiere decir que me duelen sus dolores y sus orfandades. Ese es el estigma de esta generación de la que soy miembro, de la que soy arte y parte. Y todo esto viene a confesión, porque con casi veinte años de regreso en Venezuela, me costó más de una discusión y unos cuántos dolores de cabeza, entender lo que pasaba aquí, cuando un militar -de los que nunca me gustaron y a los que siempre les he tenido miedo- se lanzó a una campaña electoral en la que el pueblo lo asumió como su Presidente. En esa ocasión preferí no votar, me hice a un lado, no comprendía lo que ocurría. Me preguntaba una y otra vez cómo era posible que un milico fuera capaz de enarbolar las banderas que sujetaban mis mayores, con las que se arropaba mi bisabuela, las que levantaban mis abuelos, mis padres... no, no podía ser cierto.

Después vino el referéndum por la Constitución y ahí sí me sumé, con dudas, es cierto. Pero pensaba que si la derecha de siempre se oponía, entonces algo tenía que ver con esa esperanza que las gentes siempre guardan. Y como el Pueblo es sabio, dejé a un lado las cavilaciones y me tomé de las manos de las mayorías. Luego vino el Golpe y si aún quedaban algunas preguntas, todas se respondieron. Estaba yo también al lado de Chávez. Esos días me costó mi trabajo, me despidieron y pagué el saldo con una sonrisa y seguí adelante.

Desde aquel entonces hasta hoy me he mantenido de este lado de la orilla con la certeza de que estoy en el lugar correcto. No quiere decir que no tenga diferencias de forma e incluso de fondo, con lo que ocurre en nuestro país, lo que sí quiere decir es que por fin entendí cuál es el lugar correcto. El que canta con sabor a Pueblo. Al que se oponen los mismos que se han opuesto siempre, en todas partes, a todo lo que huele, sabe, mira y toca con manos pobres, originarias y negras.

Me costó sentarme a escribir estas líneas. Han pasado algunos días desde la aparición del Presidente, quien desde La Habana de Fidel, el Che, Camilo, Haydeé... nos dijo que estaba remontando la cuesta. Y como ya dije de qué lado de la orilla estoy, pues entonces también le doy la mano a este hombre, divinamente humano, que sube y yo también subo con él. Pero caminamos no sólo al lado del Chávez Presidente, sino sobre todo del ser humano que sueña, siente, se asusta, se demora, avanza, ama, resiente de su condición y abriga todos los sueños y esperanzas. Ese Chávez que estamos viendo hoy, es más hermoso, más humano, más frágil, en fin, más nuestro. Y por eso hoy entiendo, entiendo todo lo que no entendí entonces. Me doy cuenta ahora que mientras más suba más hombre se hace, más pueblo se nace. Y mientras más lo ataquen, más unimos en torno a él, a ese ser humano que viene a la vanguardia de la América toda, para animarnos a sumarnos a la tarea impostergable de parir el futuro. Él es pueblo y los pueblos ni mueren ni se acallan, son grito primigenio, son canto, tacto, verso, caricia, anhelo, prendido en todas las voces nuestras, en todos nosotros, que empujamos hacia adelante, que alumbramos el camino que nos lleva hacia el mañana. Hay mucho que hacer, mucho trecho por recorrer, muchos errores que corregir, muchos sueños que hacer realidad.

Por eso pa'lante Comandante, que vamos juntos como decía Benedetti, con tu puedo y con mi quiero, nuestro quiero.

2 comentarios:

Wil S-Guerrero dijo...

Maravilloso texto, la verdad es que a más de un mes de toda esa sacudida la frialdad de los "análisis" siguen dándonos (dándome) esa sensación de tanteo sigiloso que se asoma en tus palabras. Es un hombre admirable, pero es un hombre, y la masa de hombres, de pueblo, que estamos a su zaga hemos de trascenderlo más allá de sus profundas y elevadas o cualidades y sus bajitas y mezquinas miserias. Pa´alante comandante, y pa alante pueblo que lo empuja.

Wil S-Guerrero dijo...

De hombres y mujeres... claro!

Cuerpos

F rente al espejo nos sentimos vulnerables. Al amor o a la soledad. Sin embargo, el cuerpo nos acompaña desde la primera memoria. Llega...