viernes, 29 de noviembre de 2013

Una crónica, un cuento y el ministro Fidel

** El titular del Ministerio del Poder Popular para la Cultura visitó Guayana en el marco del Gobierno de Eficiencia en la Calle. En San Félix, Municipio Caroní, constató el avance y fortalezas del Sistema Nacional de Culturas Populares.

Sistema Nacional de Culturas Populares
Cuando llegó lo esperaban con tambores y charrascas niños y niñas que no pasaban los once años de edad, pero que tenían en los ojitos todo el brillo que se guarda entre esperanzas y sueños. Pieles morenas las de esta tierra cruzada por dos ríos inmensos. El Roble estaba de fiesta, engalanada de música y diablos coloridos típicos de El Callao. Como una nube multicolor, de mariposas y otros vuelos, los niños regaban con música las calles.
Algunas paredes rescatadas del abandono y de la propaganda electoral que se suma una sobre la otra, mostraban paisajes de esta Venezuela tan llenita de futuro. Y es que además de músicos nuestros niños también agarraron los pinceles y abrieron en las paredes, ventanas inmensas donde si uno pasa desprevenido se puede asomar a un atardecer en el mar, a una mañanita recién nacida de Los Llanos o al frío de Los Andes, todo el país cabe en los muros que ahora hacen de esa comunidad un museo a cielo abierto.
Pero el asombró no terminó allí. Sino que al frente de casa de Delia, mujer chiquita que anda siempre dando brincos y organizando cuanto evento cultural pueda, dos toldos esperaban con muestras de dulce de lechoza casero, máscaras de diablos danzantes, café coladito y unos niños que también están aprendiendo a componer décimas. Porque Guayana que sabe de calipso, también es experta en galerones y otros bailes.
Fidel, el ministro, no dejaba de sonreír. Claro, no era para menos. Si los niños revoloteaban queriendo cantarle y tomarle fotos. Hasta agarró un cuatro y se puso a tocar. No había más cámaras que las de los teléfonos móviles de todos nosotros que queríamos congelar el momento para que no se nos olvide la voz de Benjamín Jin Jin y su aprendiz el Cristofué. A José Lugo le debemos la alegría de los tambores, y a Oscar Presilla, Darvis Paraguacuto, Héctor Filgueira y Miguel Salas los murales que adornan esa comunidad de San Félix, donde además el Padre Matías Camuña siembra solidaridades. El Sistema Nacional de Culturas Populares está barrio adentro, corazón adentro, haciendo nacer el futuro.

Luis, constructor de instrumentos
Como buen músico, el ministro Barbarito, quiso visitar a un constructor de instrumentos. Y allá nos fuimos sin aviso a casa de Luis Pérez, en Chirica Vieja. Apenas llegamos nos recibió un patio inmenso, perfecto para correrías, para una hamaca a la sombra y una buena lectura. Árboles frondosos, además de matas de lechoza, un níspero cargadito y un fragante limonero. Dos perros se echaron a la sombra mientras nos veían de lejos pero sin asombro, conmovernos al tantear la madera que de tan noble se convierte en la manos de Luis, en guitarras, cuatros y bandolas. Ahora, al pasar estos días, sigo pensando en la magia de las cuerdas, en la Viajera del Río y Manuel Yánez, en Antonio Lauro... y constato que esta Guayana inmensa es un caleidoscopio colorido.
Luis nos permitió darle dimensión a su oficio, que no es otro que el de hechicero, porque hay que saber encantar los materiales para que con ellos puedan hablarnos todas las pasiones humanas. ¿Acaso la música no sabe de nosotros en todas las formas?
Luis y Fidel soñaron juntos. Y nosotros los veíamos soñar tomando un café que diligente el hijo y ayudante del constructor de sonidos nos alcanzó a cada uno. Una proveeduría de materiales para la construcción de instrumentos, un taller para que los pequeños que se inician en la música sepan de dónde vienen esos frágiles compañeros y una canción entre todas las voces. Y todo esto ya empezó a ser presente nuestro.

Del Orinoco a Caracas
La Sala de Arte Sidor fue el último punto del recorrido que Ciudad Guayana le tenía preparado a Fidel Barbarito. Es una sala de exposiciones con una larga historia. Por esas paredes han pasado artistas como Oswaldo Vigas, han dado recitales poetas como Juan Calzadilla, y además se han presentado corales, pequeñas obras de teatro, conciertos y un sinfín de actividades. Pero sobre todo es un punto de encuentro para los cultores de esta ciudad y la gente que la habita. El profesor José Lanz, artista plástico que llegó hace años a Guayana, a trabajar en los hornos de Sidor, la primera siderúrgica del país es quien con tesón y amor infinito por la creación humana, se encarga ahora de que la Sala siempre tenga algo que ofrecer. Está en un punto especial de la ciudad y quienes vivimos aquí queremos verla siempre luminosa, siempre de puertas abiertas para recibirnos.
Fidel pudo ver, antes de la inauguración, una muestra plástica de Ramón Moreles Rossi. Un artista de Ciudad Bolívar con un trabajo que habla de nosotros, del río Padre, de ese Orinoco que vio a Bolívar pronunciar la que tal vez sea su pieza oratoria más importante, el Discurso ante el Congreso del Angostura.
De Fidel nos quedamos con su humildad, con su promesa de seguir trabajando para garantizar el acceso del pueblo a la cultura, a los bienes culturales. Con él compartimos la preocupación por hacer de ella un eje transversal de acción del Gobierno Bolivariano, para ser cada vez más pueblo comprometido con el porvenir. Con él queremos seguir contribuyendo a difundir los logros hermosos que hemos conquistado en esta década de Revolución, estos primeros catorce años en los que conseguimos juntos ser un territorio libre de analfabetismo, un país cada vez más lector y sobre todo un pueblo que ahora es visible, que por fin tiene voz. Lo que el presidente Chávez empezó tiene continuidad en Nicolás Maduro, vemos su entusiasmo por el teatro y la música, por crear una televisión más crítica y liberadora del pensamiento. Y Fidel, como antes Pedro Calzadilla, son hacedores de la magia que nace siempre de las manifestaciones con que los seres humanos cuentan la vida, y es que hay tanta vida que contar.

(Fotos de Felipe Siva Bayola / Gabinete de Cultura Estado Bolívar)

Andrés Bello, ese amoroso desconocido

** En estos tiempos en que la memoria nos enciende, en estos días de revolución y canto, de la palabra liberadora, hay que volver a lo más libre y más tierno que nos pronuncia.


Tal vez por olvido o simple desgana. Tal vez por las malas imposiciones que fuimos cargando en los salones de clase, el nombre de Andrés Bello se fue borrando del imaginario popular. Sin embargo, todo estudiante venezolano desde el bachillerato hasta las escuelas de letras de las universidades públicas y privadas han estudiado a Don Andrés Bello.
Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida y la Gramática de la Lengua Española son obras obligatorias. Pero Bello es más que ese poema y ese libro donde se encuentra plasmada con integridad el ejercicio de nuestra lengua, fue y vale la pena recordarlo por ello, un hombre adelantado al tiempo que le tocó vivir, un quijote que por el contrario no se volvió loco por tantas lecturas, sino que ganó en agudeza, inteligencia y compromiso. Y es que este venezolano fue y sigue siendo un intelectual que ejerció el amoroso oficio de la palabra que piensa, describe, enseña y a fin de cuentas salva.

Breve semblanza
Andrés de Jesús María y José Bello López nació en Caracas, el 29 de noviembre de 1781 y falleció en Santiago de Chile, el 15 de octubre de 1865. Fue filósofo, poeta, filólogo, educador y jurista, y sin duda uno de los humanistas más importantes de la América Nuestra.
En estos tiempos en que la memoria nos enciende, en estos tiempos de revolución y canto, de la palabra liberadora, hay que volver a él, a ese hombre necesario para pensarnos, entendernos, conocernos, amarnos, vivirnos y sobre todo liberarnos, porque Andrés Bello fue todo eso y todavía más. Y ante un nuevo año de su nacimiento no hay mejor homenaje que estudiarlo para aprendernos, porque no bastan los monumentos en las plazas, el mármol que se opaca con el tiempo y el bronce que no es más que nido de palomas.
A veces y sin querer dejamos que nuestros héroes sólo sean aquellos que blandieron las espadas y se nos quedan en los recovecos de la desmemoria, esos otros que combatieron pero en otras trincheras, esos que hicieron y hacen revolución desde la palabra, desde la vida que enseña a ser más libres, más justos, sabios y humanos.
Por eso el poeta Luis Alberto Crespo dijo en una ocasión sobre de Bello que “sus armas fueron otras, las del libro y la escritura, la de la enseñanza pública, la del orden contra el caos, la de las luces contra la oscuridad del analfabetismo para beneficio de la enseñanza académica del hombre nuevo sanado de la larga herida de las batallas, las de Bolívar y su sueño de civilización y redención americanas”.
El joven que fue Andrés Bello realizó estudios de derecho y medicina, aprendió de forma autodidacta el inglés y francés, además de dominar el latín. Daba clases particulares y entre sus alumnos estuvo Simón Bolívar. Además fue reconocido por su trabajo como traductor de textos clásicos.

La historia y el tiempo
Los sucesos revolucionarios del 19 de abril de 1810 tuvieron a Bello entre sus hijos. Y la Junta lo nombró Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores. En junio de ese año partió con Simón Bolívar y Luis López Méndez en la misión diplomática que tenía como objetivo lograr el apoyo británico a la causa independentista. En Londres conoció a Miranda y a otros hombres vinculados a las luchas por la independencia de los pueblos latinoamericanos. Pasó largos años en aquellas tierras, muchos de estrecheces económicas y aunque quiso volver a Venezuela, nunca lo logró.
Bello llegó a Chile en 1829 gracias al gobierno de ese país, donde fue designado como Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda y Académico del Instituto Nacional. Allí fundó el Colegio de Santiago y en 1842 con la fundación de la nueva Universidad de Chile se le otorgó el título de primer rector. Además participó en la edición del diario El Araucano y junto con el argentino Domingo Faustino Sarmiento en el debate sobre el carácter de la educación pública. Durante su residencia en el país austral publicó sus principales obras sobre gramática y derecho, por las cuales fue reconocido en 1851 como miembro honorario de la Real Academia Española.
Su vida política en Chile lo llevó a desempeñarse como senador por la ciudad de Santiago entre los años 1837 y 1864. Fue el principal y casi exclusivo redactor del Código Civil chileno. Mientras que en su obra literaria destacan A la vacuna y al Anauco, El romance a un samán, A un artista, Mis deseos, Venezuela consolada y España restaurada, y Resumen de la Historia de Venezuela, todas escritas en Caracas. De su exilio en Londres son Alocución a la Poesía y Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida. Mientras que en Chile escribió Principios de Derecho Internacional y Cosmografía o descripción del universo conforme a los últimos descubrimientos, entre otros.
Por todo lo que escribió, pensó, luchó y legó a los tiempos venideros, Andrés Bello es una de las imprescindibles voces del sur. Es un venezolano universal, un latinoamericano necesario, que supo sentir la tierra y los ecos del mañana, que en la Venezuela que lo nombra, hace finalmente realidad sus sueños.


Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida de Andrés Bello
(fragmento)
“¿Qué miro? Alto torrente
de sonorosa llama
corre, y sobre las áridas ruinas
de la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
y el humo en negro remolino sube,
aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
verdor hermoso y fresca lozanía,
sólo difuntos troncos,
sólo cenizas quedan; monumento
de la lucha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
de las tupidas plantas montaraces,
sucede ya el fructífero plantío
en muestra ufana de ordenadas haces.
Ya ramo a ramo alcanza,
y a los rollizos tallos hurta el día;
ya la primera flor desvuelve el seno,
bello a la vista, alegre a la esperanza;
a la esperanza, que riendo enjuga.
del fatigado agricultor la frente,
y allá a lo lejos el opimo fruto,
y la cosecha apañadora pinta,
que lleva de los campos el tributo,
colmado el cesto, y con la falda en cinta,
y bajo el peso de los largos bienes
con que al colono acude,

hace crujir los vastos almacenes”. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

La paz

I
Cuando Jorge empezó a construir parques, antes, mucho antes de que estuvieran listos, aparecieron sin aviso, niños de todos los colores. Con pelotas, bicis y patinetas, y también con trenzas, patines y muñecas. Algunas se animaron a tomar por asalto los columpios para poder tocar el cielo con la punta de los zapatos. Otros demostraron sus destrezas en los sube y baja. Corriendo y dando gritos, de los alegres y entusiastas, se adueñaron sin permiso de cada rincón. No les importó que aún no se hubieran cortado cintas y llegado la televisión para mostrarlos. Con los niños llegaron también los padres, que en los parques y en las plazas siempre parecen menos viejos y gritones, porque se acuerdan, cómo no acordarse, de sus trompos, gurrufíos, escondidas y tanto juego con que la niñez se gana la vida. Allí, justo allí, donde cantan pájaros de trópico y montaña, se convirtieron pronto, los parques, en espacios habitados por correrías y brincos donde no caben más que las ganas de crecer.

II
Scherezada ha pasado más de mil y una noches contando y cantando anécdotas y hazañas. Claro, narraba para ganarse la indulgencia de cierto monarca, pero sobre todo por el mero placer de deleitar con palabras. Ella sabía hace más de mil años, que la memoria de los pueblos se guarda a grandes voces y se cuida entre todos. Por eso, sus cuentos eran los cuentos que había escuchado o que había leído, y que tenían entre pliegues y velos, toda la memoria de esas tierras que hoy nos lega aunque se encuentra amenazada. En Las mil y una noches toda la riqueza cultural de Siria, la delicadeza de Egipto, la belleza de Irak y los matices de Irán, se encuentran, se dan la mano y caminan juntitos como enamorados para mostrarnos, lo que siempre o casi siempre ha estado opacado por los grandes medios, las industrias del miedo, que nos han querido alejar siempre de ese mundo de magia y de saberes, que vivió antes que nosotros, que estaba desde antes y que atesora la primera palabra escrita del hombre.

III

Septiembre es un mes memorioso. Habita en él, el ejemplo irreductible de Salvador Allende, de su entrega amorosa, de su vida que vive a cuatro vientos y en la memoria de los Pueblos. Tiene también la dimensión exacta de los versos de Neruda y la textura de los de Benedetti. Estos días son tiempo propicio para acordarnos que la intolerancia, reina y hermana de la prepotencia y el olvido, invade países y cercena sueños, destruye parques y quema libros. A lo mejor es buen tiempo para sacudir desde las ventanas pañuelos blancos que canten las canciones de nuestros abuelos y se agiten con ellos la promesa de futuro que le hemos hecho a nuestros hijos. Porque como dijo el Pepe Mujica, ese guerrillero de ojos chicos que sabe mirar el mundo, la vida humana es un milagro que bien vale la pena preservar.

martes, 17 de septiembre de 2013

Ahora es cuándo: socialismo es cultura

Alicia está sentada dejando pasar la tarde, viendo los buses repletos de gente, de niños con uniformes de escuela, trabajadores que vuelven o van de fábricas o tiendas. Tiene en los ojos la convicción de todas las derrotas, las manos ásperas de las escobas y el futuro guardado en un billete de lotería. Está como se puede estar en un mundo de solos. Una casa para mi hija, un carro para mi hermano y la vida entera para mí piensa, mientras palpa en el bolsillo el boleto que seguro le regalaría por lo menos una sonrisa. Y el domingo, con el sol recién amadrugado, se mira en el rostro las ausencias y se sienta acompañada de la misma soledad con que se queja el mundo. Tal vez, la próxima vez llegue la buena suerte.

Mientras Esther…
Va y vuelve. O tal vez, vuelve y va, con el alma en un hilo. Esperando, esperándola. Se alisa la falda y el pelo, como si con esos gestos las horas pasaran más a prisa. Esther aguarda como siempre, como casi siempre. Con los pies cansados de tantas puertas que no se abren, tanta olla vacía, tanta piel gastada en jabón azul, tanta ropa guindada al sol y tanta lluvia cuando lava. Pasa un minuto, dos, horas, semanas, meses. Pero la suerte se niega y no termina de llegar.
Así era la vida de Alicia y Esther y la de tantas como ellas y ellos, que con todos los nombres que saben a nuestro pueblo desesperaban de tanto esperar. Así era la vida, en la que las oportunidades siempre eran para otros. La vida que se gastaba en el deseo de que cambiara, en que las ollas dejaran de estar vacías, en  la que la escuela fuera para todos, en la que los niños pudieran jugar en vez de trabajar, en la que pudiéramos escribir los nombres de nuestros hijos. Era la vida que era para los otros, porque a nosotros sólo nos alcanzaba el empeño de sobrevivir. Estábamos hechos de sombras, miedos, rabias y silencios…  Y por eso nos desbordamos aquel 27 de febrero, por eso cansados de tanta soledad nos animamos a gritar juntos, a decir basta… y después, nació la esperanza aquel 4 de febrero, que nos nació luminosos.
Por eso, tomamos el cielo por asalto cuando elegimos a uno de nosotros Presidente. Chávez, el Comandante de la esperanza, nos devolvió la voz, la palabra, se hizo grito en nuestro grito y cantó con nosotros las canciones viejas, lloró con nosotros los dolores y se disolvió en nuestras voces para alumbrar el futuro.
Chávez recuperó para nosotros la voz que desde antes era silencio forjado a golpe de hambre y tortura. Y seguro que no estaremos dispuestos a perder la mejor conquista que hemos ganado después de más de quinientos años en los que nos dijeron que éramos flojos y que valíamos menos que la última página donde siempre publicaron nuestras muertes.
Chávez nos enseñó que juntos y solamente juntos, podemos edificar el mañana que merecen las generaciones que están por venir. Somos Chávez, sí, pero mientras nos sumemos indisolubles en la misma voz, que no por eso deja de ser única e irrepetible.
Y al recuperar la voz estamos también salvando la memoria. Antes de Chávez, Bolívar por ejemplo, era nada más que un prócer a quien rendirle homenaje en feriados y puentes. Miranda apenas si existía y ni hablar de Luisa Cáceres, José Leonardo Chirinos, Guaicaipuro y tantos otros nombres que nos han hecho ser quienes somos. 
Precisamente con esa voz y esa memoria que nos atraviesa, y que nos volvió canto, el Comandante de la esperanza, el Presidente indio, negro, mestizo, pobre y soñador, como nosotros, hizo posible por ejemplo que las Cofradías de los Diablos Danzantes de Corpus Christi fueran declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Nos dio también las alas y todo lo que hacía falta para que se realice año a año el Festival Mundial de Poesía; la Feria Internacional del Libro de Venezuela, esa que deambula libre por todo el territorio nacional; y se hayan distribuido gratuitamente más de cien millones de libros. Pero no conforme con eso, impulsó la instalación de imprentas regionales que abren espacios a todos los que tienen cosas que contar, fundó la Universidad de las Artes y creó la Misión Cultura para que lo más hondo y lo más alto de las gentes esté barrio y país adentro. Fortaleció la producción cinematográfica nacional con recursos y apoyo del Estado en la Villa del Cine y en el Centro Nacional de Cinematografía, posibilitó que los músicos puedan editar sus discos y sobre todo, que tengamos la conciencia para alzar junto a la bandera de ocho estrellas todo el ideario bolivariano, que ellos, los otros, se empeñan en opacar y bajar de los mástiles que guarda para el mañana el pueblo valiente de Venezuela. 
Chávez fue y seguirá siendo siempre nuestra voz, porque ese ha sido y es su mejor legado. Darnos la oportundidad de reencontrarnos en cada herida y sobre todo en cada sueño que aún está por hacerse realidad. 
Con él aprendimos a reconocernos diversos. Por fin nos enteramos que los pueblos originarios tienen idiomas y no dialectos, que tienen y hacen cultura, que en ellos habita la voz más antigua que nos dice y nos nombra. Y por eso, en el texto fundamental que nos deja para siempre el Presidente Chávez, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, hay un capítulo especial sobre los derechos de los pueblos originarios que tributa por cierto, en la descolonización de lo que siempre nos dijeron que era folclore y que hoy respetamos y debemos respetar como el pensar – hacer y sentir de nuestros pueblos. Pero no solamente eso, sino que además el preámbulo de nuestro texto fundamental como sociedad, está escrito por un poeta, y quien dijo poeta, quien dijo poesía, dijo pueblo y Revolución.
Y es que Chávez es quien salvó para el futuro lo más auténtico que nos habita. Él puso el acento en el hombre, en su capacidad infinita de creación y de crecimiento, para que vuelen libres las potencialidades que durante centurias estuvieron silenciadas, calladitas, en el fondo mismo de nuestra conciencia.
En cada alocución, cada vez que aparecía, el Comandante de la esperanza, comentaba un libro, nos hablaba de algún escritor. ¿No fue precisamente él, el primer promotor de la lectura en este país? ¿No es acaso precisamente eso lo que esperábamos todos los hacedores de cultura y todo el pueblo? ¿No aprendimos precisamente con él que la revolución para que sea posible tiene que ser cultural?
¿Y cultura en revolución para qué? Para reconocernos, encontrarnos, pensarnos, liberarnos, y en fin hacernos más humanos, más sensibles, más justos y solidarios… para eso, la cultura. Para que seamos voz junta que asegure para siempre el proceso de transformación que nos hemos dado la mayoría de los venezolanos. Y que además podamos en el camino repensar, corregir y seguir avanzando hacia la transformación que garantice finalmente una justa distribución de la riqueza y un país en el que todas y todos tengamos la posibilidad de vivir una vida digna, en la que la educación, la salud, el trabajo, la recreación, el acceso a la cultura y la seguridad no sean un privilegio, sino puro y simplemente vivir cotidiano. 
Es cierto, que a lo mejor cuando los artistas, cultores e intelectuales toman posición política, los acusan de panfletarios y de estar a favor del poder. Hace un tiempo, pensando precisamente en esto escribí sobre la tarea que imagino deben asumir los cultores en tiempo de revolución.
No hay neutralidad en el hacer y quehacer cultural. No podemos ser neutrales porque no vivimos en una burbuja de cristal, por el contrario andamos por las calles como Alicia y como Esther, como los juanes del mundo, tanteando las sombras y convocando las esperanzas. Los artistas, cultores e intelectuales tienen, cada quien desde su esquina, desde la orilla del mundo que habitan y eligieron, el compromiso de asumirse como parte del pueblo, hay sin duda una valoración moral en la concepción de la obra desde el punto de vista de la convicción ideológica. Allí están para confirmarlo los versos militantes del Chino Valera Mora y la canción necesaria de nuestro padre cantor Alí Primera, sólo por citar dos nombres de nuestra Patria.
Lo cierto es que aprendimos que el arte está siempre contra el poder. Lo aprendimos a golpe de silencio, de persecución, de exclusión y tantas formas que pretendieron ponernos de rodillas o a leer las páginas de sociales de las industrias informativas, las empresas del miedo. Supimos también que los artistas se comprometen con lo más hondo y lo más alto del ser humano, quiere decir con lo más y mejor de los hombres y mujeres del mundo entero. Y contra el poder quiere decir, contra el poder hegemónico, contra el pensamiento único, contra los menos que mucho tienen como diría Galeano, y que quieren imponernos cómo mirar, pensar, sentir y expresarnos. Contra el poder también significa que nos oponemos a las opresiones, a las miserias, al hambre, a la falta de escuelas, a las dictaduras y las dictablandas y a la escasez de sensibilidad expresada por cualquier medio o de cualquier forma. 
Por eso mismo, celebramos que desde hace más de una década un hombre se animó a cantarnos y a soñarnos distintos, y nos permitió abrir estas alamedas para transitar hacia el futuro. 
Quién de nosotros pudo imaginarse siquiera que este país nuestro sería declarado libre de analfabetismo, que cientos de adultos mayores de todos los rincones de la geografía nacional tendrían la oportunidad de saber escribir su nombre y leer cada letrero en las calles. Quién de nosotros se hubiera imaginado hace apenas veinte años que el amor circularía por cada esquina de esta Venezuela en las palabras tiernas de Manuela y de Simón, y el Quijote cabalgaría libre por nuestras calles. Y quién podría haber siquiera soñado que la poesía llenaría nuestra geografía con versos del mundo entero, en eso que año a año nos invita a sumarnos a la palabra que diciendo nos cuenta y contándonos nos nombra. Y además se abrirían escuelas de arte, de danza, de teatro, de circo... Finalmente, que el arte dejaría ser un lujo para unos pocos, para convertirse en el disfrute de todos..  Ese es el regalo que nos dejó el Comandante… la cultura al alcance de todos y para todos…
Cultura a favor de la unidad, del reconocimiento y de la paz, pero la paz no es posible sin justicia y esta a su vez, converge con la memoria. La tarea que tenemos por delante es continuar haciendo de la cultura y el acceso del pueblo a los bienes culturales un eje transversal, tal y como está planteado en el Plan de la Patria. 
En fin, la tarea es forjar la Patria Cultural. Hacer la revolución que nos convoque a ser más libres, más tiernos, más nuestros… la revolución cultural que nos ayude a sentar las bases espirituales del Socialismo Bolivariano que nos encuentra no sólo a los venezolanos, sino a todos los hombres y mujeres que creemos posible una América Nuestra que perpetúe ya para siempre las voces y las palabras que nos definen y nos proyectan hacia el porvenir. Por eso ahora más que nunca cultura y revolución, más que nunca cultura y socialismo, más que nunca compromiso y unidad revolucionaria para hacer realidad los sueños de un mañana que conquistamos y que estamos obligados a defender y preservar para todas las generaciones venideras.

martes, 25 de junio de 2013

Comandante de la esperanza

El querido Enrique Valles, un hombre que con guitarra en mano sabe cantar y contar la vida, tomó el texto Comandante de la esperanza y lo convirtió en canción... Música y letra se conjugan en un juego mágico que han querido ser tributo cantor a ese Quijote imprescindible que se nos fue antes...

Comparto entonces la canción de Enrique...

http://www.goear.com/listen/af9cb43/comandante-de-la-esperanza-enrique-valles

sábado, 9 de marzo de 2013

Bienvenido a la vida Comandante de la esperanza


Aquí tu rostro de quijote valiente, aquí tus manos de obrero y campesino, tu voz de trueno, tu gesto de niño travieso, tus labios de padre y tu abrazo de abuelo, tus pies de guerrero... Aquí tú, aquí siempre, para siempre, ardiendo en llama viva, incendiando las palabras que buscamos para llamarte.

Comandante de la esperanza, de los sueños buenos, de los sueños todos, estás presente, porque no cabes en un adiós. Estás repartido en el viento y sembrado en la tierra, anidado en cada árbol y sujeto a cada estrella. Cómo entonces despedirte...

Cabalgas a lomo de la historia por estas calles y estos campos, por esta América Nuestra, que se funda en cada una de las canciones que supiste enarbolar como bandera en un mástil de nubes.

Y nosotros aquí, contigo. Cada quien a su manera te da la bienvenida con la certeza de que tu ejemplo se multiplicará en los días que vendrán. Cada niño llevará tu nombre, cada madre te alumbrará el futuro, cada mujer y cada hombre te abrirá puertas y ventanas para que nos acompañes en el café de la mañana donde tu voz nos lloverá las bendiciones del futuro que viene y viene sin pausa.

Compañero Presidente, Comandante de la alegría, tu risa será nuestra risa, tu caricia la nuestra, porque nos muestras dónde forjar la historia que por fin nos pertenece. Te escribiremos en las hojas de los árboles que plantamos para crecernos y en las olas de la mar de nuestras costas donde navegan libres los ecos de quienes antes surcaron el silencio para abrirse contigo canto y grito.

Estás vivo para siempre en nuestras voces, naciendo una y otra vez. Comandante sólo se bienvienen a los hombres necesarios, a los imprescindibles como tú, a los que viven viviendo porque la muerte no los alcanza. ¿Quién pudiera detenerte si te llevamos corazón adentro? El cielo se descubrió de nubes y tormentas, y se abrió para abrigarte con el sol a medio cielo...

Aquí estás en este llanto que es de tristeza, pero también de alegría, porque vibras en el aire que respiran nuestros niños con escuelas, bailas en el viento que hincha las banderas que te llevan para siempre entre colores y estrellas. Tienes Comandante la talla infinita de nuestros sueños... Ya no hay por ahora, porque este es tu tiempo y el tiempo del Pueblo, esta voz tuya y nuestra, estos tus ojos y tus manos y tus pasos, y tu vida en la nuestra.
Bienvenido Presidente, bienvenido siempre al futuro que te ha nacido en tu Pueblo.

¡Hasta la victoria siempre Comandante!

viernes, 1 de marzo de 2013

Semblanzas, ¿literatura o periodismo?


En la Sala Alejo Carpentier de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, sede de esta 22 Feria Internacional del Libro, la escritora y periodista venezolana, Daniela Saidman, inauguró el programa de presentación de la República Bolivariana de Venezuela con la ponencia “Semblanzas, ¿literatura o periodismo?”, un acercamiento al periodismo literario y a la polémica que sobre las posibles fronteras entre estos géneros existe. En el preámbulo a su exposición agradeció al pueblo cubano y a los 14 años de Revolución en su país, que le “han abierto las puertas a las nuevas generaciones de escritores, haciendo realidad sus sueños”.
En el Siglo de Oro fueron los dramaturgos, en el XVIII los enciclopedistas y en el XIX los novelistas burgueses, quienes nos contaron el tiempo que fue a través de los grandes personajes de la historia. Reales o inventados, esos hombres y mujeres, son la rendija sobre la cual nos asomamos hoy para entrever los sentires y haceres de un tiempo del que ellos son protagonistas indiscutibles. Allí Napoleón y más allá Julieta, por ahí Bolívar o Martí. ¿Acaso Kafka no fue capaz, por ejemplo, de dar con el signo de la locura de su tiempo? Lo que tienen en común todos ellos es que son capaces de narrarnos la vida desde sus victorias y derrotas, desde las cotidianidades con las que apreciaron el mundo y sus aristas.
Imagen: La Jiribilla
La historia está precisamente allí en las obras de teatro de Shakespeare y Calderón, y no solamente en los libros que narran fechas y hechos como si fueran verdades indiscutibles de las que solo son un fragmento. El espíritu de la vida de los tiempos pasados está en las obras, en los pasos pequeños que hicieron del tiempo este tiempo que tenemos hoy. Y tal vez podamos entender el siglo XIX gracias a la vida de seres humanos como Charles Darwin, Honoré de Balzac y Karl Marx, entre tantos otros nombres forjados a canto y fuego en la memoria.
Pero si esto es cierto, el siglo XX está marcado por el periodismo, el género literario que define a nuestra época. Fue precisamente a partir de la Primera Guerra Mundial cuando el periodismo se convirtió en el alma de su tiempo. Cómo sabríamos si no del racismo de EE.UU. si no fuera por las recopilaciones memoriosas de los diarios sobre la entrega vital de Malcom X y Luther King, cómo de las luchas de los obreros cuando pedían jornadas laborales más justas. El periodismo, ese género que nació antes con Voltaire y sus hojas sueltas, y del que Bolívar y Martí fueron en la América Nuestra sus precursores más aventajados tiene ya un alto vuelo en estas tierras, porque amalgama las humanas pasiones.
Hoy, cuando los medios digitales y el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación tienen más espacio y adeptos, el periodismo se ha vuelto en un teclear y parpadear de pantallas que en menos de un segundo está al alcance de miles de personas en el mundo que a su vez pueden compartir y redifundir en instantes la noticia.
Imagen: La Jiribilla
El periodismo se ha vuelto así en un oficio  del que todos somos parte y que vuela intangible a través de esta aldea global que se nos ha vuelto el mundo. Y si la literatura tiene entre sus características la ficción, el periodismo tiene cada vez más la literatura, en cuanto no somos capaces de discernir lo real de lo imaginario en medio del abrumador torbellino de noticias que vuela a nuestro alrededor.
Dice el periodista y novelista español Manuel Vicent que “el periodismo puede considerarse un género literario, porque la sobrecarga de información a la que estamos sometidos desde la mañana a la noche, e incluso durante el insomnio, hace que la realidad se rompa en mil pedazos cada día y se convierta en una ficción: cada esquina de ese vidrio nos devuelve un fragmento quebrado de lo que creemos que es la actualidad que estamos viviendo. Las noticias de la radio, las imágenes de la televisión, la lectura del periódico en el metro o en el autobús se inmiscuye en nuestras vidas hasta constituir una sola amalgama con nuestros sentimientos, con nuestra ideología, con cada uno de nuestros deseos, y al final ya no podemos distinguir lo que oímos, lo que vemos y lo que leemos de lo que soñamos”.
Periodismo literario
Pero volvamos al periodismo. En el último tercio del siglo pasado ha ido tomando cada vez más fuerza el llamado periodismo literario, un género que aún en discusión por los estudiosos de la comunicación, pudiéramos asegurar que ampara los siguientes subgéneros: primero según las definiciones más europeas del periodismo y con más asiento en nuestros medios, encontramos la crónica, la entrevista, el artículo de opinión con naturaleza narrativa, anecdótica o ensayística, y la columna. En segundo lugar, los subgéneros abordados con más profusión por el periodismo anglosajón y que tiene menos espacios en los medios latinoamericanos, el reportaje novelado, la novela-reportaje o novelas de no ficción, y el perfil o semblanza.
Pero ese periodismo literario se enfrenta a los prejuicios con los que casi todos los lectores de Occidente, explicamos la función social asignada al periodismo, así como el perfil de los lectores a los que se dirige y la preocupación ética, que es básica en la profesión periodística que se fundamenta sobre la separación de hechos y opiniones y la búsqueda de la objetividad, en la que esperamos la neutralidad, imparcialidad, equilibrio y equidad, valores que levantan un muro entre el relato y el comentario, y entre el periodismo y la literatura.
En este transitar por el periodismo literario del siglo XXI, hay una herramienta que me parece fundamental para contar el tiempo. Se trata de las semblanzas o perfiles. Cuenta Francisco Umbral, otro periodista y escritor español, que “para hacer literatura en el periódico no basta con necesitar dinero, sino hay que pulsar este género literario como el solo de violín del periodismo, como un soneto con sus reglas y medidas. Hay grandes escritores que nunca han sabido escribir un artículo, y hay articulistas que nunca han dado la medida de otros géneros, como el narrador en corto, que tiene más que ver con el poeta que con el novelista”.
Si revisamos los periódicos impresos y digitales nos daremos cuenta que cada vez cobra mayor fuerza, abordar un tema de actualidad centrándolo en sus protagonistas. Probablemente han venido surgiendo en estos últimos años artículos sobre personas y personajes concretos. Se trata de los perfiles, retratos, personajes de la semana, entre otros encabezados que suelen  utilizarse, en este creciente interés por quienes hacen o viven en forma directa los acontecimientos.
El perfil como herramienta del periodismo, con sus fuertes raíces literarias, surgió a partir de los años XX del siglo pasado, en EE.UU., en la revista New Yorker. Los escritores no querían dar declaraciones públicas y empezaron a elaborar retratos de persona. El primer escritor de perfiles fue Alva Jhonson, luego le siguieron Lillian Ross y Truman Capote, entre otros.
La semblanza o el perfil aún no están absolutamente definidos. En todo caso, sabemos que no es una entrevista de personalidad ni una presentación meramente biográfica aunque pueda utilizar características de ambas. Y pretende casi siempre mostrar las personalidad del sujeto y la vida que acontece alrededor de él.
Entonces, podríamos sostener que a través de una semblanza y a través de estilos propios de cada redactor, se abordan de diferentes maneras, que pudieran ser simultáneas, el carácter del personaje con un análisis en profundidad, de un solo aspecto, o tal vez señalando la devolución de la personalidad de este.
En todo caso, el desarrollo del carácter del relato permitirá que el lector se forme una opinión sobre el personaje así como cuando se hace la magia de la palabra, quien  se enfrente a la semblanza pueda sentirse próximo y prójimo al protagonista.
Tal vez uno de los rasgos fundamentales que deben tener las semblanzas es la actualidad. Se trata de que el lector sienta al personaje vivo, vibrando en el tiempo presente, capaz de revivir el ayer en el ahora, para esto el trabajo de investigación es fundamental, porque al final de cuentas se trata de darle cuerpo y vida al papel para que pueda tener la textura del presente. Cada quien juzgará cuáles son los datos biográficos que forman el carácter de una persona y será a través de las palabras que podremos darle veracidad y actualidad al texto, que en todo caso, debe ser una invitación al lector, a adentrarse en la vida y en los sueños de determinadas personas que de una u otra manera le han dado y le dan matices al presente.
Ese es el periodismo de estos años, ese que se puede tomar el tiempo de contarnos y proyectarnos hacia el futuro, y no solo quedarse en las páginas de sucesos que dan cuenta de los muertos y los olvidos.
El periodismo nos da hoy a unos hombres que pueden a través de la inmediatez contar el sueño de millones de seres humanos, ellos son la voz de los sin voz, de ahí el compromiso que debieran asumir, aunque ese es tema de otro relato.
Por ejemplo, cuando los hombres del futuro quieran saber qué pasó en la América Latina a finales del siglo XX y principios del XXI, se encontrarán sin duda alguna con un personaje maravilloso y lleno de matices que se llama Hugo Chávez, de su mano podrán entender cómo era el mundo que vivimos, cómo él, cual Quijote, fue capaz de enarbolar las banderas de la justicia ya no como una utopía, sino como un estandarte en el que se fundaron las esperanzas de estos pueblos. A través de él, de su vida, podrán acercarse a Venezuela como un epicentro de los cambios que se sucedieron en el continente americano. Y así, serán los periodistas quienes a través de sus palabras nos dibujen a ese ser humano irrepetible y nuestro que nos alumbró el futuro, como si hubiera salido de una novela, aunque en este caso esté dibujado en los periódicos y delineado por la tinta indeleble de las rotativas.
Pero si el ejemplo anterior tenía el acento puesto en un ser humano, es porque recopilar la historia a partir de noticias fragmentadas es casi imposible. Pero en cambio, dibujar el pasado a partir de los hombres puede darnos el contexto y la textura de una época precisa, de la cual él o ellos fueron sus protagonistas. Y solo lo digo en pasado, pensando en los tiempos por venir que ya llevan entre sus pies todo el color y el ritmo de sus palabras, de sus haceres, de sus sentires y de su particular manera de entender la realidad.
En conclusión, el periodismo literario es periodismo en cuanto, en primer lugar no es literatura, no ficciona la realidad, sino que la presenta con los recursos propios de la literatura, con su lenguaje abierto y expansivo, pero manteniendo los requisitos del Periodismo sobre la actualidad, la veracidad y la intención comunicativa sobre el lector.
El perfil o la semblanza se inscribe así en el periodismo de este nuevo tipo y este nuevo tiempo que se adentra en la vida y obra de un personaje de la historia para que nazcan a partir de allí las características sociales o el ejemplo de quienes fundaron a partir de su entrega vital nuevas percepciones sobre la realidad o generaron facturas en la vida colectiva o también marcaron puntos de inflexión sobre la realidad. En todo caso, lo fundamental, es que desde la semblanza el ser humano se alza sobre el papel e invite al lector a adentrarse en ese personaje, a saberlo parte del mundo, a querer aprehenderlo para entender el tiempo que le tocó vivir. La semblanza es así, un  recurso periodístico y literario, que nos define a través de los hombres el tiempo que hemos vivido o el que estamos por hacer nacer, sumándonos a lo que se nos propone como ejemplo o reflexionando sobre épocas completas, no ya como un texto historiográfico, sino más bien como una rendija abierta desde la cotidianidad.
Las semblanzas nos ofrecen pues rendijas para asomarnos al tiempo que fue, al tiempo que es, y por qué no, al tiempo que está por venir.
Les propongo, un ejemplo de semblanza para intentar ilustrar mejor todo lo anterior… el lenguaje y sus características de actualidad…

lunes, 21 de enero de 2013

Somos Chávez


Somos Chávez porque amanecimos sembrados entre la sangre y la rabia un 27 de febrero, cuando todo era oscurana.
Somos Chávez porque nos levantamos un 4 de febrero, abrazados a la ternura de un hombre que se instaló para siempre en nuestros gestos y nos dijo presente con el alma y con el cuerpo.
Somos Chávez porque un abril defendimos a golpe de cantos y piedras lo que por fin habíamos conquistado. Y nos instalamos al borde del futuro convencidos de que juntos y juntas andábamos la historia.
Somos Chávez porque creemos en los libros que por primera vez escribimos haciendo realidad los sueños.
Somos Chávez porque aprendimos a hermanarnos en los dolores viejos para hacer nacer el día nuevo que canta de esperanzas y futuros.
Somos Chávez porque amamos lo más libre, lo más alto y lo más hondo de las gentes y los pueblos.
Somos Chávez en cada nota de nuestros himnos y en cada estrella de las ocho que nos alumbran  el camino.
Somos Chávez porque él es Pueblo. Porque él es canto y memoria, porque es voz nuestra y nuestro es el presente que construimos.
Somos Chávez porque somos el futuro irrevocable.
Somos Chávez porque tenemos el compromiso de avanzar y consolidar para siempre la Patria que él nos enseñó a querer como un hijo, como un árbol y como un cielo estrellado.
Somos Chávez y con él somos la vida que se prolonga, se extiende y nos convoca siempre a ser cada vez más justos, leales y tiernos. Somos los hombres y mujeres que tienen el horizonte en los ojos, somos el Pueblo que hace realidad las utopías.
Somos Chávez porque elegimos la Patria buena. Porque entre el amor y la rabia nos pusimos al lado de la caricia. Y entre el olvido y la memoria, recuperamos las voces viejas que cantan la vida nueva.
Somos millones de Chávez para siempre en cada rincón de la Patria, en cada escuela, barrio, industria, plaza… y desde la América Nuestra andamos a galope por la historia que se abre a las grandes alamedas por donde transitamos hacia el porvenir.  

¡Chávez vive y vivirá!

martes, 8 de enero de 2013

Carta al Comandante de la esperanza


Querido Presidente
Te has vuelto Quijote de este y todos los pueblos de Nuestra América. Te has convertido en lluvia fresca nacedora de la tierra fértil. Y golpe de tambor y verso ardiente y amanecer y árbol y caricia. Eres en cada una de las sonrisas de nuestros niños con escuela y estás en los ojos de cada mujer y hombre que aprendió a leer, en cada familia que tiene casa, en cada trabajador, en cada hijo que ahora sí tiene porvenir.
Te has vuelto río y brisa, palabra y sueño, porque nos hiciste nacer una y otra vez, porque nos regalaste la posibilidad de encontrarnos para andar juntos hacia el mañana. Te has vuelto pueblo porque nos hiciste memoria viva, porque finalmente aprendimos a mirarnos, descubrirnos nuevos pese a las heridas, al silencio de décadas y a la sangre de centurias.
Te has vuelto utopía necesaria y fuego. Incendiaste el pasado para renacernos de las cenizas y hacernos volar irreductiblemente jóvenes y nuevos.
Te has vuelto Comandante de la Esperanza y eres voz de todas nuestras voces, eres cada gesto que nos pronuncia, porque eres uno de los nuestros, uno de nosotros. Y qué hermoso saberte cada día repartido en millones de ojos, manos, bocas… saberte en el aire, el sol, la arena, el mar, la selva y el horizonte de nuestra tierra.
Eres y serás siempre la historia que nos convoca a ser más y mejores seres humanos. Eres y serás siempre la alegría del futuro que se hace canto, verso, caricia y sueño.
Comandante de la esperanza, esta Venezuela que tiene en sus estrellas las voces de nuestro Pueblo te pide hoy que vuelvas pronto, que vuelvas siempre. Y te esperamos como esperamos que amanezca con el café dulcito y los rayos entibiando las ganas de un día nuevo.
No tengo, Comandante, más que darte que estas palabras y por eso te escribo. Si somos un mar de decires y cantos, te doy entonces cada vuelo. Tengo la certeza de que cada uno a su manera, ha pedido tu regreso… y cuando vuelvas nos encontrarás más juntos, convencidos de que el futuro nos pertenece porque nos hemos ganado el derecho a hacer realidad los sueños. Y también nos encontrarás más fuertes y más sabios, porque nos hemos por fin animado a no dejarnos arrebatar la esperanza. Si hace falta cada día será un 13 de abril de victoria popular, un 04 de febrero rebelde y un 07 de octubre que te lleva prendido en sus alforjas. Cada día Comandante será un día de lucha, de amor derramado en cada hora que contamos para seguir haciendo nacer la Patria, esa que nos enseñaste a ser más libre y ser más justa y en definitiva, a ser más nuestra. Esta Patria Comandante que te reclama ahora y siempre en la victoria.

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