sábado, 4 de abril de 2009

Rodolfo Walsh: el periodismo necesario

Eligió la palabra como una trinchera de lucha, para ganarse los sueños por asalto, para contar los miedos y las humanas pasiones. La eligió tal vez sabiendo que de él quedaría lo dicho y lo hecho, páginas de ires y venires que nos siguen diciendo que el periodismo es oficio valientes cuando se narra desde las verdades y los sudores y los pueblos.

Rodolfo Walsh, oficiante de la palabra, sigue acusando desde la memoria la siembra del pueblo argentino en una de las dictaduras más cruentas del sur del subcontinente. Rebelde de todas las causas justas, nació en Choele-Choel, provincia de Río Negro, Argentina, el 9 de enero de 1927 y se encuentra desaparecido desde el 25 de marzo de 1977.


Su voz sigue denunciando pese a la desmemoria y la imposición de los silencios. Su palabra es un arma capaz de demostrar las traiciones. Aunque hayan querido acallarlo su voz retumba en el papel, como el vértigo develado de las sombras.


“No es el menor de esos espejismos la idea de que un lugar así no puede estar tan tranquilo, tan silencioso y olvidado bajo el sol que se va a poner, sin que nadie vigile la historia prisionera en la basura cortada por la falsa marea de metales muertos que brillan reflexivamente”, dice Walsh en Operación Masacre, un libro que es una llamarada de conciencia.


Porque era precisamente su compromiso, ese, el de decir dónde nadie más se atrevía a nombrar las verdades. Hay palabras que mostrando, nos muestran las heridas, esa es la de Walsh, sur entre los sures, humano en su dimensión de hombre, voz de los sin voz, de esos otros que caminan el destino con hambre.


Se asomó a ver qué pasaba y se sumó a las luchas. No resistió la pasiva mirada desde los muros, sino que se internó en las profundidades de la violencia y allí nació para siempre, joven, rebelde, con la razón a cuestas. Rodolfo Walsh, incendiario en su palabra, un día antes de haber sido detenido ilegalmente, envió una carta a la Junta Militar.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”.
Son éstos, tiempos de volver a su lectura, para anudarse a la geografía de las verdades necesarias. Él es un llamado a los jóvenes periodistas de hoy, para que no se vendan, para que se mantengan del lado de los pueblos. Su ejemplo de lucha y de convicción libertaria, revolucionaria, es un llamado a la palabra certera, a la que debe decir y decirnos los caminos y los sueños.
“Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las tres Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”.
Aquí la voz desgarrada, cascada de tanto grito para despertar al alba, aquí su nombre de periodista cierto, de periodista comprometido con la historia del tiempo que le tocó vivir. Su palabra seguirá encendiendo las mañanas de las mujeres y hombres que leyéndolo viven a través de él y de todas y todos los que andan construyendo juntos el mañana que necesariamente habrá de venir.

Argentina, palabra, resistencia y memoria

A treinta tres años de la dictadura de Videla en Argentina (1976 a 1983) la palabra sigue siendo una trinchera para las luchas y el rescate de la memoria colectiva

El 24 de marzo de 1976 una Junta Militar, integrada por los comandantes Jorge Videla (Ejército), Emilio Massera (Marina) y Orlando Agosti (Aeronáutica), derrocó al gobierno argentino de María Estela Martínez de Perón e inauguró lo que denominó el “Proceso de Reorganización Nacional”. La cuenta oficial al final de una de las dictaduras más cruentas del sur de nuestro subcontinente (terminó en 1983) arrojó un saldo de 30 mil desaparecidos, centenares de niñas y niños robados y profundas heridas en el seno de la sociedad.
Dedicamos este espacio no sólo a contar lo que pasó sino a la reflexión, porque la memoria es imprescindible en las luchas por las libertades, las múltiples, complejas y diversas, esas libertades grandes y chicas que se anidan en todas partes, en todas donde habiten las mujeres y los hombres.

A esta altura tenemos la certeza que sin memoria no hay resistencia posible. Porque el recuerdo colectivo de lo que hemos sido es el inicio del para dónde, cómo y con quién vamos.

Se trata en consecuencia de no extraviar la historia forjada a sablazos y sembrada en la tierra bañada de sangre y esperanzas. Se trata de no extraviarse, no olvidarse del tambor y los sonidos del África en nuestras pieles lejanas, del tararear acompañados de charangos, de rendir tributo al sol y la tierra, se trata en fin de saber que somos por lo que hemos sido, pueblos de originarios cantos mezclados con el asombro de las conquistas.

RESISTENCIA
Por siglos nos han impuesto la desmemoria, nos han doblegado a cuenta de olvidar nuestras entrañas, nos han vendido la industrialización a cuenta de nuestros lagos, ríos, llanuras y selvas. Y por mucho tiempo hemos resistido.

Pero la peor dominación de la que hemos sido víctimas ha sido precisamente a través del mundo que nos contaron y que nos cuentan. No hay nada menos inocente que el lenguaje, porque está repleto de dobleces y a veces sin querer dejamos de cuestionar lo que decimos y entonces también nos perdemos. Decimos libertad y pronunciamos americanos a los estadounidenses, decimos rebeldía y denigramos al artista nombrándolo artesano. Toda una maraña que debemos ir reconociendo, desovillando para encontrarnos, para poder por fin mirarnos el ombligo y saber que nuestras voces son por fin nuestras voces, aunque al principio sean sollozos, llantos, gritos, cantos…

PALABRAS
En esto de decir y narrar el mundo y sus realidades deberíamos reconocer que hay algunos compromisos que son ineludibles. Por ejemplo, deberíamos todas y todos tener la obligación al cuestionamiento y no dar las cosas por sentado para que no se nos cuelen algunas medias verdades o verdades a medias, deberíamos saber que los libros de historia de la escuela primaria están escritos por los vencedores y por lo tanto deberíamos tener también la obligación de querer saber la historia de los vencidos, que es nuestra historia. Y que la televisión y los diarios mienten y nos han mentido casi siempre.

HOGUERAS, LIBROS
Lo que cometió el colonialismo primero y el imperialismo después fue un memoricidio, expresión de Fernando Báez, escritor venezolano que ha ahondado sobre el tema del saqueo cultural en Iraq y también en América Latina. El memoricidio es la única manera eficaz que tienen los verdugos para dominarnos, porque si nos arrebatan nuestros cantos, nuestras diosas, nuestros dioses, nuestros cuentos e historias y nuestros libros, si además nos quitan la tierra que fue nuestro primer sustento, nos vaciamos de contenido, porque somos lo que recordamos que somos.

Y miren si los libros son peligrosos que los bárbaros conquistadores han quemado millones de libros en la historia de la infamia universal. Sin contar las atrocidades cometidas por los españoles durante la dominación de América, el siglo XX fue escenario propicio para ultrajar la memoria colectiva de los pueblos. Los alemanes nazis durante la II Guerra Mundial incendiaron miles de libros, la dictadura franquista, los gobiernos de facto de Pinochet, Videla y Stroessner, fueron verdugos de cientos de hombres y mujeres, y de la palabra escrita que proclamaba verdades y sueños.

Por suerte la voz humana cuando tiene algo que contar siempre, siempre encuentra caminos para decir y decirse, los sueños, los miedos, la esperanza, los amores, la muerte… Y por eso, para recordar y recordarnos, es que la palabra debe tender puentes hacia el encuentro de las manos y los ojos de los otros, de nosotros.

Por eso para resistir hay que necesariamente tener memoria. Y no una cortita, o recortada en los regionalismos, sino una vasta, vastísima memoria, que nos sirva de estandarte, de bandera, de plegaria, de fusil, de sueño y suelo, de esperanza, de trinchera…

ARGENTINA, 33 AÑOS DE RESISTENCIA
El pueblo argentino ha pasado la historia resistiendo, resistiéndose, les arrebataron la juventud en una noche y aún siguieron resistiendo… de eso se trata precisamente, la rebeldía, de resistir y de resistir juntos, desde el ALBA de nuestros tiempos, para fundar una nueva gran Patria donde la memoria nos muestre nuestras heridas, para decir y decirnos que hay otros mundos posibles y que vamos tras ellos, juntos, con la memoria de lo que fuimos y de lo que queremos ser.

MAÑANAS
Con ladrillos de nuestra tierra, con las vigas hechas de memoria y con nuestros sueños por techo podremos habitar el mundo que hagamos, que debemos hacer desde ahora. Un mundo que tendrá las palabras justas para nombrar y nombrarnos, para darle la dimensión exacta y necesaria al ser humano. Si es preciso empujar la carreta, empuñar las ganas y empeñar la vida, lo haremos como lo hicieron antes los jóvenes que fueron y que ya no son. Sigamos resistiéndonos a los olvidos, las desmemorias, los atropellos, el hambre, la miseria… todos los espacios de lucha son necesarios. Desde las escuelas, las universidades, las fábricas, las calles, las plazas, los libros, debemos aportar y comprometernos para poder contar la historia que legaremos al mañana.

* Publicado en el Diario de Guayana

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