sábado, 4 de abril de 2009

Argentina, palabra, resistencia y memoria

A treinta tres años de la dictadura de Videla en Argentina (1976 a 1983) la palabra sigue siendo una trinchera para las luchas y el rescate de la memoria colectiva

El 24 de marzo de 1976 una Junta Militar, integrada por los comandantes Jorge Videla (Ejército), Emilio Massera (Marina) y Orlando Agosti (Aeronáutica), derrocó al gobierno argentino de María Estela Martínez de Perón e inauguró lo que denominó el “Proceso de Reorganización Nacional”. La cuenta oficial al final de una de las dictaduras más cruentas del sur de nuestro subcontinente (terminó en 1983) arrojó un saldo de 30 mil desaparecidos, centenares de niñas y niños robados y profundas heridas en el seno de la sociedad.
Dedicamos este espacio no sólo a contar lo que pasó sino a la reflexión, porque la memoria es imprescindible en las luchas por las libertades, las múltiples, complejas y diversas, esas libertades grandes y chicas que se anidan en todas partes, en todas donde habiten las mujeres y los hombres.

A esta altura tenemos la certeza que sin memoria no hay resistencia posible. Porque el recuerdo colectivo de lo que hemos sido es el inicio del para dónde, cómo y con quién vamos.

Se trata en consecuencia de no extraviar la historia forjada a sablazos y sembrada en la tierra bañada de sangre y esperanzas. Se trata de no extraviarse, no olvidarse del tambor y los sonidos del África en nuestras pieles lejanas, del tararear acompañados de charangos, de rendir tributo al sol y la tierra, se trata en fin de saber que somos por lo que hemos sido, pueblos de originarios cantos mezclados con el asombro de las conquistas.

RESISTENCIA
Por siglos nos han impuesto la desmemoria, nos han doblegado a cuenta de olvidar nuestras entrañas, nos han vendido la industrialización a cuenta de nuestros lagos, ríos, llanuras y selvas. Y por mucho tiempo hemos resistido.

Pero la peor dominación de la que hemos sido víctimas ha sido precisamente a través del mundo que nos contaron y que nos cuentan. No hay nada menos inocente que el lenguaje, porque está repleto de dobleces y a veces sin querer dejamos de cuestionar lo que decimos y entonces también nos perdemos. Decimos libertad y pronunciamos americanos a los estadounidenses, decimos rebeldía y denigramos al artista nombrándolo artesano. Toda una maraña que debemos ir reconociendo, desovillando para encontrarnos, para poder por fin mirarnos el ombligo y saber que nuestras voces son por fin nuestras voces, aunque al principio sean sollozos, llantos, gritos, cantos…

PALABRAS
En esto de decir y narrar el mundo y sus realidades deberíamos reconocer que hay algunos compromisos que son ineludibles. Por ejemplo, deberíamos todas y todos tener la obligación al cuestionamiento y no dar las cosas por sentado para que no se nos cuelen algunas medias verdades o verdades a medias, deberíamos saber que los libros de historia de la escuela primaria están escritos por los vencedores y por lo tanto deberíamos tener también la obligación de querer saber la historia de los vencidos, que es nuestra historia. Y que la televisión y los diarios mienten y nos han mentido casi siempre.

HOGUERAS, LIBROS
Lo que cometió el colonialismo primero y el imperialismo después fue un memoricidio, expresión de Fernando Báez, escritor venezolano que ha ahondado sobre el tema del saqueo cultural en Iraq y también en América Latina. El memoricidio es la única manera eficaz que tienen los verdugos para dominarnos, porque si nos arrebatan nuestros cantos, nuestras diosas, nuestros dioses, nuestros cuentos e historias y nuestros libros, si además nos quitan la tierra que fue nuestro primer sustento, nos vaciamos de contenido, porque somos lo que recordamos que somos.

Y miren si los libros son peligrosos que los bárbaros conquistadores han quemado millones de libros en la historia de la infamia universal. Sin contar las atrocidades cometidas por los españoles durante la dominación de América, el siglo XX fue escenario propicio para ultrajar la memoria colectiva de los pueblos. Los alemanes nazis durante la II Guerra Mundial incendiaron miles de libros, la dictadura franquista, los gobiernos de facto de Pinochet, Videla y Stroessner, fueron verdugos de cientos de hombres y mujeres, y de la palabra escrita que proclamaba verdades y sueños.

Por suerte la voz humana cuando tiene algo que contar siempre, siempre encuentra caminos para decir y decirse, los sueños, los miedos, la esperanza, los amores, la muerte… Y por eso, para recordar y recordarnos, es que la palabra debe tender puentes hacia el encuentro de las manos y los ojos de los otros, de nosotros.

Por eso para resistir hay que necesariamente tener memoria. Y no una cortita, o recortada en los regionalismos, sino una vasta, vastísima memoria, que nos sirva de estandarte, de bandera, de plegaria, de fusil, de sueño y suelo, de esperanza, de trinchera…

ARGENTINA, 33 AÑOS DE RESISTENCIA
El pueblo argentino ha pasado la historia resistiendo, resistiéndose, les arrebataron la juventud en una noche y aún siguieron resistiendo… de eso se trata precisamente, la rebeldía, de resistir y de resistir juntos, desde el ALBA de nuestros tiempos, para fundar una nueva gran Patria donde la memoria nos muestre nuestras heridas, para decir y decirnos que hay otros mundos posibles y que vamos tras ellos, juntos, con la memoria de lo que fuimos y de lo que queremos ser.

MAÑANAS
Con ladrillos de nuestra tierra, con las vigas hechas de memoria y con nuestros sueños por techo podremos habitar el mundo que hagamos, que debemos hacer desde ahora. Un mundo que tendrá las palabras justas para nombrar y nombrarnos, para darle la dimensión exacta y necesaria al ser humano. Si es preciso empujar la carreta, empuñar las ganas y empeñar la vida, lo haremos como lo hicieron antes los jóvenes que fueron y que ya no son. Sigamos resistiéndonos a los olvidos, las desmemorias, los atropellos, el hambre, la miseria… todos los espacios de lucha son necesarios. Desde las escuelas, las universidades, las fábricas, las calles, las plazas, los libros, debemos aportar y comprometernos para poder contar la historia que legaremos al mañana.

* Publicado en el Diario de Guayana

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