El Che, poeta revolucionario

** Fue el 08 de octubre de 1967 cuando Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, y por él se conmemora el Día del Guerrillero Heroico.



Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires por la América Mayúscula, derramado en las solidaridades y en las luchas, Ernesto Che Guevara (Rosario, 14 de junio 1928 – Bolivia, 09 de octubre de 1967) está más vivo que nunca, más vivo que siempre.
Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en souvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba de tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta.
Su imagen, la imagen del hombre, se repite en muchas paredes, una y otra vez su mirada convoca a la ternura. Ese Guevara infinito que vive y sufre la América contradictoria, es y será siempre una llamarada de esperanza. Ese revolucionario inmortal legó además de su ejemplo y su convicción de lucha, los versos que son memoria de sus días, de sus ires y venires.
Voz de los silenciados, de los olvidados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y de mañana. Guevara es el imprescindible Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura”. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.

MÉDICO REVOLUCIONARIO
Fue en 1947 cuando Ernesto Guevara ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante 1952 viajó por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela en compañía de Alberto Granados. El título de médico lo recibió en 1953.
Luego de sus vivencias en Bolivia y su posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú, llegó a Guatemala en diciembre de ese mismo año. Apenas un mes después, en enero de 1954, entabló amistad con Antonio Ñico López, uno de los participantes del asalto al Cuartel Moncada. Y precisamente después del golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el Che partió a México, donde conoció a Fidel Castro y se enlistó como médico en la futura expedición del Granma. En 1956 los revolucionarios partieron con destino a Cuba. El desembarco se produjo el 2 de diciembre.
De allí en adelante el Che se convirtió en uno de los más valientes combatientes que tuvo la revolución cubana. Y su entereza y honestidad lo llevaron a ocupar importantes cargos en la naciente Cuba revolucionaria, entre ellos el de Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias.
El 3 de octubre de 1965, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Fidel leyó la carta de despedida del Che. El guerrillero heroico partía a Bolivia con el nombre de Adolfo Mena González.
Fue el 08 de octubre de 1967 cuando Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, y un día después asesinado en la Higuera.

Las voces del Che
La América india, negra, pobre, saqueada… se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías necesariamente realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.
Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.
Su canción es himno de lucha, viento que despeina el polvo, lluvia que moja lo que no puede seguir siendo. Resurrecto en las horas, el Che permanece en la estatura de su ejemplo. Su mirada estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. Él sigue cantándonos rebeldías, indicando caminos, señalando errores, amando la palabra y la tierra. El Che vive y vivirá siempre que alguien lo nombre, que alguien lo invoque a mitad de una tarde sin sombra. Vive en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.

Vieja María, vas a morir
Toma esta mano de hombre que parece de niño
entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora. LO JURO”.
Ernesto Che Guevara





Despedida a Tomás
Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos, hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir”.
Ernesto Che Guevara



Rafael Alberti, voz de la España libre

** El poeta luchó incansablemente por la II República, y su canto libertario sigue siendo presente en una tierra que se forja de amores y utopías realizables

Vive en su voz la mar, las aguas del destierro, el vaivén de la esperanza y la vida que no muere ni espera sino que se agita libre entre las olas. Poesía marinera es la de Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 16 de diciembre de 1902 - ibídem, 28 de octubre de 1999), poesía que supo y sabe cantar las sombras, los musgos, el sexo, la muerte, los ires y los venires de todo cuanto está vivo y late en la memoria.
Rafael Alberti poeta de la República Española, el que tiene voz de exilio, voz de aguas, de ríos, de mares, de sueños. Rafael Alberti el poeta marinero que surca las hojas con que llega libre y colorido a esta otra orilla que también lo nombra.

Una generación de voces
Rafael Alberti junto a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y otros jóvenes autores, constituyen la generación del 27. Marcados por las pasiones y dolores de su tiempo, son ellos y sus obras, el reflejo de una búsqueda ética y estética que lega a los lectores de hoy la realidad vista a través de sus miradas.
Luego de la consolidación de la Generación del 27, que se da con ocasión del homenaje que estos poetas ofrecieron en el marco del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora, Alberti signado por una delicada salud vuelve sus ojos a sí mismo, y termina por emerger más hondo, más comprometido, más humanamente divino.
El poeta, colaborador y soñador activo de la II República Española, termina por militar en el Partido Comunista. Los versos se convierten en él en armas necesarias, capaces de sacudir conciencias y transformar el mundo.
En 1930 Alberti conoce a María Teresa León y funda con ella la revista revolucionaria “Octubre”.
Cuando en 1936 estalla la Guerra Civil Española, Alberti quien era miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas denunció el ascenso del fascismo que representaba el franquismo. Asimismo, colaboró en la redacción de boletines y publicaciones entre las que destacó El Mono Azul.
El poeta marinero en tierra, ayudó a salvar los cuadros del Museo del Prado de los bombardeos, mientras se sumaba irrevocablemente a la resistencia del Madrid asediado recitando versos que se difundían hasta en los frentes de batalla.
Tras la caída de la República, Alberti y María Teresa León se ven obligados a exiliarse. Primero en París y, en 1940 y ante la amenaza alemana, se trasladan a Chile acompañados por Pablo Neruda.
Alberti vivió un largo exilio en el que arraigó querencias y ausencias en Buenos Aires y Roma. Regresó a España en 1977, después de la muerte del dictador Franco. Ese año fue elegido diputado al Congreso en las listas del Partido Comunista, pero pronto renunció al escaño porque su vocación era el Pueblo.
Recitales, conferencias y homenajes multitudinarios fueron la cotidianidad de Rafael Alberti, quien recibió el Premio Cervantes en 1983. Entre otros galardones fue distinguido con el Lenin de la Paz (1965) y el premio Roma de Literatura (1991), además del Nacional de Teatro (1980), entre ellos renunció al Príncipe de Asturias, debido a sus convicciones republicanas.
El poeta, autor de Marinero en Tierra, El poeta en la calle, Nuestra diaria palabra, Pleamar, Coplas de Juan Panadero, Oda marítima seguido de Baladas y canciones del Paraná, Golfo de Sombras y Canciones para Altair, falleció en 1999
en su casa de El Puerto de Santa María, en su pueblo natal.

Amores
Alberti amó lo más libre, lo más alto y hondo de las gentes. En sus andares llegó al Chile de Allende de la mano de Neruda y desgarró su voz y su suerte con sus muertes. Porque supo del compromiso del poema y abonó la tierra con sus versos es que viven los que mueren por la vida, como cantó Alí Primera. Por eso, por su palabra profunda, por su canto encendido de esperanzas, por sus verbos libres y adjetivos justos es que Alberti, poeta marinero, es voz de la España que quiso ser República y que hoy renace en estas tierras.
La mar es en Alberti una mujer. Enamorado de su silueta, de sus formas y sus orillas, el poeta marinero, alza la humedad en el verso. Su poética del compromiso, sabia y paciente, le abre espacios al deseo, savia y simiente. La mar dice Alberti, la mar con sus estrepitosas olas, con sus vientos y sus sales, sus aromas. La mar es una mujer y el verso la desnuda.
Alberti, poeta y pintor de los mañanas imprescindibles, ese que supo decir el color y pintar la palabra, fue y será siempre voz necesaria. Hay que volver, una y otra vez al recuerdo, al futuro. Decir presente a los presentes y no olvidar nunca. Ese es el amor poema, versos nacidos desde el siempre y el ahora. Artista plástico y poeta, Alberti no vendió su palabra, sino que vivió el tiempo y el mañana. Fundó con su obra una proclama, una bandera sin mástil, creyó lo creíble y cantó para siempre la esperanza.



Canción 37 (fragmento)

Creemos el hombre nuevo
cantando.
El hombre nuevo de España,
cantando.
El hombre nuevo del mundo,
cantando.
Canto esta noche de estrellas
en que estoy solo, desterrado.
Pero en la tierra no hay nadie
que esté solo si está cantando”.

Rafael Alberti




Mercedes es un canto de vida

** A un año del adiós de la Pachamama cantora los pueblos de Nuestra América siguen entonando su voz como una bandera henchida de sueños y libertades

Hace un año se nos fue la Pachamama Cantora, hace un año, un 04 de octubre, la voz de Nuestra América hizo silencio para nombrarla y hoy su recuerdo sigue vigente.
Hay voces y hay sueños que perdurarán mientras la historia sigan escribiéndola los pueblos. Hay palabras que nacieron para quedarse, porque en ellas habita lo más hondo y lo más alto de las gentes y sus anhelos. Hay cómo no, dolorosas despedidas y largos desconsuelos, y hay siembras que germinan infinitamente en los días por vivir.
Y así es la voz de Mercedes. Porque a la Negra aprendimos a quererla de la mano y los discos de nuestros padres, en las largas reuniones, en la vida que era, en la que queríamos que fuera.
Ella y toda la fuerza de los pueblos de esta América tan poco nuestra vivirá siempre en la memoria de éstos que fuimos y que de alguna manera seguimos sobreviviendo, como cantaba, como canta La Negra.
Cada Madre de Plaza de Mayo es Mercedes, cada niño, cada niña, cada anciano, cada joven capaz de levantar una bandera de lucha, cada pueblo en revolución, cada intento de liberación es Mercedes. Cada sueño de todos, cada canto libertario, cada grito, cada memoria es Mercedes.

LA TUCUMANA
Haydée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1935. Un hogar humilde cobijó sus primeros años y precisamente de allí viene su apego por el arte del pueblo.
En octubre de 1950, con el seudónimo de Gladys Osorio, ganó un certamen radial, cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora. Una década después, el nombre de Mercedes Sosa ya estaba comprometido con el canto popular, integraba el Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente renovadora del folclore argentino.
En esos años, diversos escenarios abrían sus telones para recibir su canto. Fue cuando La Negra grabó su primer disco: “Canciones con fundamento”. Y en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en 1965, Argentina pudo conocerla.
En marzo de 1966, grabó “Yo no canto por cantar” y un año después “Hermano”. A fines de 1967, La Negra hizo conocer “Para cantarle a mi gente”, un disco teñido por la poesía argentina y latinoamericana.
En abril de 1967 se había presentado en Europa y Estados Unidos. Durante esa gira conoció a Ariel Ramírez quien le propuso ser la voz de “Mujeres Argentinas”, trabajo que se concretaría en 1969.

CANCIÓN DEL COMPROMISO
Mercedes Sosa” y “Traigo un pueblo en mi voz” aparecieron en 1973. En 1977, surgió como homenaje “Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui”. El clima político que vivía el país cada vez se sentía más opresivo.
En 1979, se editó “Serenata para la tierra de uno”. Aún en medio de la violencia que sacudía a Argentina, Mercedes seguía cantándole a la vida. El hostigamiento y el cerco que se fue formando en torno de ella la obligaron a exiliarse. Ese mismo año se instaló en París y en 1980 se mudó a Madrid.
Aunque supuestamente, Mercedes podía entrar y salir del país, porque no tenía causa judicial alguna, no podía cantar. Pudo regresar a un escenario argentino el 18 de febrero de 1982, un par de meses antes que la dictadura se embarcara en la Guerra de Las Malvinas.
En el Teatro Ópera de Buenos Aires realizó más de una docena de conciertos. Con estas actuaciones Mercedes no sólo se reencontró con su público de siempre, sino que allí la vieron por primera vez miles de jóvenes que desde entonces la convirtieron en su voz. Poco tiempo después regresó definitivamente a su país.

MEMORIA VIVA
Como productora, organizó Sin fronteras, uno de los espectáculos más importantes presentados en Argentina, en el que reunió en el estadio Luna Park de Buenos Aires, a siete cantantes latinoamericanas: las argentinas Teresa Parodi y Silvina Garré, la colombiana Leonor González Mina, la venezolana Lilia Vera, la brasileña Beth Carvalho y la mexicana Amparo Ochoa. Sus últimas producciones Cantora 1 y 2 son un cancionero que entre amigos pronuncian todos sus sueños, todos los nuestros.
La Negra Mercedes dedicó su vida a cantar la tierra y sus gentes. Por eso su voz jamás dejará de estar presente, de ser una bandera que baila con el viento de los tiempos por venir. En ella se hicieron universales otras voces y otras palabras. En ella siguen anidados y anudados los mejores sueños latinoamericanos.
En ella cantan todas las voces y toda la América. Mercedes es territorio de lo posible, de esa Patria que hecha jirones se crece en las ganas y en las luchas.

Allende, el sueño existe

Eran las once y cincuenta y dos minutos, del 11 de septiembre de 1973, cuando estalló la primera bomba sobre La Moneda, pero él resistió. Estaba allí, esperando que su vida fuera una voz para decir y decirnos el futuro necesario. Por eso no pudieron asesinarlo, no pudieron, ni podrán.

Salvador Allende (Valparaíso, 26 de junio de 1908), el compañero presidente, está vivo porque el sueño existe, porque respira en cada fábrica, en cada escuela, en cada hospital, y vibra su voz clara en el tacto de las manos obreras y en las del niño que aprende a sumar. Todo en él fue dignidad del pueblo, todo en él fue esperanza y lucha, todo en él fue caricia y combate por la vida.

Allende, voz del sur infinito, voz de los sin voz del mundo, voz necesaria, como bandera henchida de libertades, voz nuestra para siempre.

“Nuestra responsabilidad se acrecienta, sobre todo en momentos en que sólo se descubren horas caracterizadas por amenazas reaccionarias o dictatoriales que, de concretarse significarán violencia y represión contra la juventud y los trabajadores. Personalmente, sólo aliento un anhelo íntimo: que vaya donde vaya, esté donde estuviere, seguiré siendo para el pueblo el “compañero Allende”, anunció ante el senado chileno, en enero de 1970.

Médico revolucionario, Allende fue el presidente del pueblo chileno, de la unidad popular, desde 1970 hasta 1973, cuando un Golpe de Estado, uno de los más cruentos del sur de continente hizo estallar la esperanza de Chile y la de los pueblos latinoamericanos. El primer presidente socialista que llegó al poder a través de los votos fue y seguirá siendo un incendio de conciencia. Por eso su palabra, comprometida y honda, es un estandarte henchido de sueños y su memoria un espejo donde el futuro, urgente e imprescindible, se refleja.

“Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. (fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973, a las 9:10 AM)

Y la historia, lo lleva a él, prendido de sus alforjas, convencida de que las páginas que faltan ser escritas, que aún no son contadas, tendrán su nombre y su figura como una ofrenda. Tiempo, tiempo que viene sin pausa, tiempo que se edifica en los andares del mundo y sus gentes, en los pasos victoriosos de los pueblos que hacen nacer las libertades, le dirán presente una y otra vez, al compañero presidente.

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. (Fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973)

Y porque él vive y viven los pueblos, el sueño de un mundo libre, solidario y justo, sigue siendo posible y sobre todo, imprescindible.

Mil grullas por la paz

** El 06 de agosto de 1945 el gobierno estadounidense de Harry Truman dejó caer sobre Hiroshima una bomba atómica, Little Boy se llamaba.

Seiscientas cuarenta y cuatro grullas alcanzó a hacer Sadako Sasaki antes de mirar la vida por última vez. Ella, una niña japonesa, de once años, internada en un hospital de Japón trató de burlar a la muerte aferrándose a la tradición de su país que cuenta que haciendo mil grullas de origami, los deseos se cumplen. Sadako no terminó sus aves de papel, pero ella, aunque tal vez no lo sepa, sigue viviendo.

Esa niña japonesa que murió de leucemia ocasionada por la exposición a las radiaciones de la Little Boy, la bomba atómica que Estados Unidos arrojó sobre Hiroshima, el 06 de agosto de 1945, es una llamarada de conciencia, un fueguito que sigue diciendo y diciéndonos, que la paz es el único camino posible de transitar hacia el futuro.

“Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria: paz en el mundo”, dice la inscripción en la Plaza de la Paz de Hiroshima, justo debajo de un monumento desde donde la imagen de Sadako, con una grulla entre las manos alzada en vuelo, contempla el porvenir. Esa misma plaza, cada 06 de agosto, se puebla de papeles rojos y blancos, doblados, volando con el viento y recordando, recordándonos lo que los seres humanos somos capaces de hacer.


HIROSHIMA
Hace sesenta y cinco años, la mañana del 06 de agosto de 1945, en Hiroshima, Japón, un niño contemplaba su rostro en el espejo por última vez. Y por última vez una anciana servía el té. Una madre veía el rostro de su hijo, mientras le cantaba una canción de cuna. Un poeta escribía el primer verso de un haikú. Una niña se trenzaba los largos cabellos negros. Un hombre leía un libro. Una abuela contaba un cuento. No sabían, no sabían que ese sería su último aliento.

El reloj de la ciudad quedó detenido en las 8:15 de la mañana, la hora exacta en que el bombardero militar estadounidense “Enola Gay”, arrojó una bomba atómica en el corazón de Hiroshima.

Con sus 4 toneladas de peso, la bomba de uranio enriquecido, fue detonada a 600 metros de altura sobre la ciudad, estallando con una fuerza equivalente a la de 12.500 toneladas de explosivo. Hiroshima quedó prácticamente reducida a escombros. Se estima que 200 mil habitantes fallecieron en el acto. Pero peor aún resulta imaginar que pese a la desolación causada por el gobierno de Harry Truman, apenas tres días después otra bomba nuclear, pero de plutonio, bautizada como “Fat Man”, fue arrojada sobre Nagasaki.

Sombras, a eso se redujeron los miles de habitantes de Hiroshima y Nagasaki. Sombras como dibujadas sobre las calles y sobre los muros. Lo que fue un hombre, una mujer o un niño, apenas quedó como una mancha impregnada sobre la piedra inerte.

Aquellos que no se convirtieron en polvo ardieron por los 5.000ºC de temperatura, y los pocos que alcanzaron a sobrevivir sólo lo hicieron por unos días más.


SOMBRAS
Resulta que además de los efectos inmediatos de la bomba atómica, pronto aparecieron otras alteraciones de la salud en aquellas personas que aparentaban haber resultado ilesas, así como pasó con Sadako.

“Hibakusha” se llaman los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, muchos de ellos están afectados por aquellas explosiones cuyos efectos sufren todavía en forma de anemia, leucemia y tumores malignos, además de la extensa lista de trastornos psíquicos y emocionales. Aún hoy cientos de miles de personas siguen necesitando tratamiento médico.

No existe la certeza del por qué el gobierno estadounidense decidió arrojar una y otra bomba. La Segunda Guerra Mundial ya la habían ganado los aliados, los japoneses no podían seguir combatiendo, así que para qué. Algunos investigadores afirman que los bombardeos fueron experimentos nucleares que permitieron demostrar el predominio militar de Estados Unidos en la realidad que emergía tras la conflagración que dividió en dos al mundo.

Lo que sí demostraron es que son capaces de asesinar, destruir y aniquilar. Lo que dejaron de manifiesto es lo peor de los seres humanos, la posibilidad de suprimir al otro que se encuentra indefenso. Pero también, nos legaron no ellos, sino los pueblos y las gentes, así como Sadako, la fuerza que nace del dolor más hondo. Ojalá hayamos aprendido a guardar la memoria como una ofrenda, como una grulla, como mil grullas, capaces de surcar el infinito cielo de todas nuestras esperanzas.



Semba-Tsuru, mil grullas



Es una creencia popular japonesa, que asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)– se logra alcanzar larga vida y felicidad, y también cumplir deseos.
 

Earle Herrera desmuere de amor

Como un aleteo a pesar de las cenizas, o más bien un batir de alas gracias al fuego, ese desmorirse que tiene tanto de inusitado amor, tanto de asombro a pesar de los asombros, tanta conmoción a pesar de las esperanzas rotas, de los años idos o gracias a ellos. Desmorir de amor, nacer de nuevo, capitular una y otra vez, sin saldar las cuentas con las bancarrotas del alma, con las caricias que se han olvidado y que de pronto asaltan.

Habría que preguntarle al poeta si el amor es, a final de cuentas, una cuenta por pagar o una por cobrar, una por vivir, sentir, cantar y publicar a los cuatro vientos, porque los amores buenos, los amores limpios no pueden menos que anunciarse al mundo con la imagen de un santo y un sueño.

Desmorir de amor, publicado por la editorial El Perro y La Rana, en 2009, es el hondo manifiesto de Earle Herrera, del hombre, del poeta. Ese que anda saltando los charcos de los fracasos y de las ilusiones, de los reveses del mar contenido en los ojos y de la palabra que emerge tras una puerta que se cierra y una ventana que se abre.

Earle Herrera, periodista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, ha sido en tres ocasiones galardonado con el Premio Nacional de Periodismo. Nació en El Tigrito, estado Anzoátegui, en 1949, y actualmente es diputado a la Asamblea Nacional. Con Desmorir de amor, regala la lectura de sus versos más conmovidos de esperanzas.

“Ya no le canto al desengaño el amor / ha tocado a mis puertas cuando no lo esperaba / cuando no lo creía y lo daba por muerto / (…) / Voy a desmorir pronto a desmorirme todo / a desenterrarme y volver a entregarme / para que me queme lo que ayer me quemó”. (Desmorir de amor, fragmento)

Tierra y cuerpo, noción de patria y sueños. La vida transcurre en los ires y venires de los roces que se quedaron prendidos en la memoria del beso. La mujer es territorio que yace en las agujas de los relojes y su imagen se multiplica en los cristales de las copas que apuran un trago en el bar de una esquina, poblada de fantasmas que nombran y la nombran.

“Anduve a ciegas / sin rosa de los vientos / que a tu rosa me llevaran / El norte fue embriagante / palabra y verbo / la palabra silente, el verbo de fuego / (…) / Bajé al sur / ¡oh el sur! Tierra húmeda, grama tibia / sur huracanado / Frenesí / Entrega / Extraviado / ya no pude volver a los otros puntos / perdido como estaba / en el sur profundo / en tu sur / donde arrié mi bandera”. (Al sur del amor, fragmento)

El tiempo y el país se hacen presentes en los versos del poeta. La geografía que sabe de nomeolvides y cantos más viejos, más añejos, germinan de la palabra de Earle como un hondo suspiro, como una lluvia a destiempo, como un sol de sabanas, como un crujir del aguacero.

“Por todos los mayos de tus ojos / mayo para la cruz o los velorios / de caña y canto procesión y credo / de luna y contracanto / y yo tan lejos / (…) / Rosas regadas en París / aquel Mayo del 68 / O rosas fusiladas en Praga / otra oscurecida primavera / Mayo también / aquella mirada la primera / que se quedó en la tuya / hasta la última mirada de tus mayos / por todos los mayos de tus ojos”. (Te amaré en mayo, fragmento)

Earle Herrera, poeta, militante de las mejores causas, de la patria y el eco, del amor y sus reversos, de la vida que nace del vientre de la luna y sus entuertos, de la esperanza que germina una noche de mayo y una mañana de febrero. Con estos poemas se percibe al hombre, se perfila al poeta de la patria, al que es capaz de nombrar la ternura y conservar para todos la razón de las luchas.

Este desmorir de amor que lo invoca es una invitación a beberse el agua fresca que cruje en las calles y alza vuelo en una hoja mecida por el viento, que despacio, que lenta, se hace verso.

“Desmorir de amor en la selva profunda / amarse entre las lianas hasta la vida / Amar a la amada amar al mundo / amar la vida hasta la muerte / Amar a los niños y a los árboles / amar a los pobres y al planeta / Amarte a ti con pasión y deseo / amarte a ti sin lógica posible / Amarte hasta más allá de la vida / desmorir para amarte más allá de la muerte”. (Amar hasta desmorir, fragmento)

Rosa Chávez, el corazón de la piedra

La memoria es tiempo sagrado, ritual de vida, suma de voces que viajan con el viento, herida y risa abierta, flor y fruto, semilla que pare el futuro. Y hay versos que son recuerdo, que son mañana, que son profundas miradas de la tierra y del agua, y en el centro vibrando el corazón de la piedra. Los poemas de Rosa Chávez (Guatemala, 1980) llevan entre pliegues y aristas el sabor de la memoria, de esa vida que cruje entre llamas, incendiando el día que se abre para inaugurar el alba.

El corazón de la piedra, publicado por Monte Ávila Editores, en 2010, en la colección Literaturas Indígenas de América, es una invocación a las diosas y dioses que nos habitan, a los ecos próximos y prójimos que convergen en la memoria de la tierra y sus gentes.

“Hablame en el idioma del tiempo / sacudime en el silencio de las estrellas / despertame temprano antes de volver a dormir / para amarte con mi lengua domesticada/ para que tu voz descalza juegue en mi cuerpo”. (fragmento)

El futuro incierto, quemado de pasados renace en los versos de una joven poeta que rescata sus voces más hondas, las de su pueblo, los rumores de los árboles y las hojas, el susurro de la semilla brotando de la tierra y el sonido del agua inundada de adioses.

“De dos corazones salí al mundo, / ardientes mis pasos / temporales mis huesos / salí al mundo de dos corazones / con los signos sellados / disfrazadas ahora mis carnes / vuelvo a la tierra / (…) / mis dos corazones / son de nuevo amasados / y vuelvo a salir al mundo”. (fragmento)

Pero la piedra es también el impuesto silencio, la ola que se estrella en el acantilado, la muerte que no tiene tumbas ni despedidas, la vida que vive en otra parte, el dolor que nace en los gestos y el miedo que late en mitad de las certezas.

“Los ojos de los desaparecidos / miran hacia adentro / no se pueden cerrar amarrados en el tiempo / flotan sus nombres al viento como bandera de nadie / dicen adiós esperando el retorno”.

Rosa Chávez hace del poema un canto, imprescindible canta de esta América Nuestra. Bailan en sus ojos las llamas encendidas, suenan en su cuerpo las ondulaciones de las montañas y las rocas, late, palpita y nos regala un verso que como un puñal se adentra en los adentros. Esa es la joven voz de este sur que clama libertades y construye y sueña y lucha, y se instala en los vientos que traen banderas como alas de esperanzas.

“Desgranada camino de espaldas / no quiero ir delante ni detrás del tiempo / quiero ir a su lado / cortando estrellas / calculando el tamaño de mis células”.

Hoy y siempre. La vida se escinde y reverdecen de un lado y del otro los miedos y las risas, la pregunta sin respuesta y la certeza que desayuna una duda. Dos orillas, dos mundos, dos tiempos, dos mujeres que habitan en una. Mitad sagrada que aflora en los labios, mitad que nace para siempre ahora.

“Mis ojos de tortuga triste delatan el cansancio / conozco el camino acuático que recorre mi sangre / en búsqueda de aguas tibias / voy despacio con nadie / quebranto los dientes de mis depredadores / en mi espalda la memoria de todas mis vidas juntas / soy una tortuga alucinada y melancólica”.

Comunicado de la Red de Escritoras y Escritores por el ALBA

Nuestra América, 26 de julio de 2010




Comunicado de la Red de Escritoras y Escritores
por el ALBA
Ante la agresión del Gobierno de Colombia al pueblo venezolano




El 26 de julio representa un punto de inflexión para la historia latinoamericana. El asalto al Cuartel Moncada es el inicio de la conquista de muchos de los sueños de los pueblos latinoamericanos. Por eso, encendemos la memoria libertaria no sólo de los jóvenes que se sumaron a la heroica batalla que llevaron adelante el Che, Camilo y Fidel, sino que nos prendemos al ejemplo libertario de esos jóvenes que siguen siendo Simón Bolívar, José Martí, José Gervasio Artigas y tantas mujeres y hombres que lucharon por hacer de nuestras tierras cobijo para la paz, la solidaridad y la libertad.

Hoy Nuestra América se levanta, empuñando la espada de Bolívar y los versos libertarios de Martí, para construir el futuro que se merecen las generaciones por venir.


Venezuela es hoy ejemplo de construcción de un nuevo orden social, que abranzando las de la revolución, transita junto a Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Uruguay, entre otros pueblos y gobiernos, hacia el futuro que no sólo es posible, sino imprescindible.


Por eso, CONSIDERANDO
Que el Pueblo Venezolano ha elegido libre y soberanamente el camino del socialismo, como única vía posible para sentar las bases de un país más justo y solidario.


Que el Ejército Libertador que dio su vida por el ideario bolivariano sólo ha traspasado las fronteras patrias para contribuir con la libertad latinoamericana.
Que Venezuela es hogar y cobijo de millones de colombianas y colombianos que han sido víctimas de la tortura, la desaparición y el asesinato que comete el gobierno paramilitar y genocida de Álvaro Uribe.


Que el imperialismo, armado siempre de falsos positivos y un manifiesto odio contra todo lo que sabe, huele y siente pueblo.


Que tenemos la certeza que la agresión del gobierno de Colombia contra Venezuela no 
posee el respaldo del pueblo colombiano, sino que es estrategia del imperialismo estadounidense para apoderarse de los recursos enérgeticos de Venezuela y método para trata de detener el avance libertario de los pueblos nuestroamericanos.



Declaramos
Nuestro irrestricto apoyo a las decisiones que soberanamente tome el pueblo venezolano y todos los pueblos del mundo, para construir una sociedad de paz y de solidaridad.


El compromiso de tomar los versos, los cantos y las palabras para denunciar cualquier atropello contra los pueblos, y si eso no bastara dejaremos la palabra para empuñar las armas que garanticen el futuro.


Declaramos en fin, que si es necesaria sembrar la vida para edificar el mañana, sepa el pueblo venezolano y todos los pueblos de Nuestra América, que seremos fértil semilla de sueños para las hijas e hijos que vivirán los tiempos que juntos y juntas, haremos nacer.




Firman por la Red de Escritoras y Escritores por el ALBA:

Carlos Manuel Duque (Venezuela. Escritor)
Daniela Saidman (Venezuela. Poeta y periodista)
Dannybal Reyes (Venezuela. Escritor)
Diego Arturo Grueso (Colombia. Escritor y Defensor de Derechos Humanos)
Gabriel Figueredo (Venezuela. Escritor)
Germán Gana Muñoz (Chile. Poeta y diseñador)
Germán Ramírez (Venezuela. Escritor)
Gilberto Agüero Gómez (Venezuela. Dramaturgo)
Gladys Mendía (Venezuela - Chile. Escritora)
Fernando Vargas Valencia (Colombia. Poeta y gestor cultural)
Isaac Morales Fernández (Venezuela. Escritor)
Iván Cruz (México. Escritor)
Iván Padilla Bravo (Venezuela. Poeta y Periodista)
José León (Venezuela. Docente)
José Javier Sánchez (Venezuela Escritor)
Juan Manuel Parada (Venezuela. Escritor)
Leonardo Cabrera (Uruguay. Escritor)
María Eugenia López (Argentina. Escritora)
Norys Saavedra (Venezuela. Luchadora Social y Poeta)
Rodolfo Quintero-Noguera (Venezuela. Ensayista y Poeta)
Sacha López Pineda (Venezuela. Poeta y actriz)
Simón Petit (Venezuela. Poeta y ensayista)
Simón Zambrano (Venezuela. Escritor)
Yuri Patiño (Venezuela. Escritora)



La literatura de Nuestra América sabe de revolución

** El 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes cubanos tomaron por asalto el Cuartel Moncada, un hecho histórico que marcó un punto de inflexión para estas tierras y sus gentes


El asalto al Cuartel Moncada y el posterior triunfo de la revolución cubana, fue también el inicio de un movimiento literario latinoamericano que se fundó en la posibilidad de construir a través de la palabra y la concreción de aquellos sueños libertarios, una literatura mágica, profundamente humana y capaz de comprometerse con los sueños colectivos de los pueblos.



Militantes de la esperanza, estos jóvenes escritores de la década del sesenta y setenta, demostraron que eran capaces de hacer una literatura en toda la dimensión humana de los oprimidos pueblos de Latinoamérica.



Denominado el boom latinoamericano esta corriente –que tiene aproximadamente una década de extensión temporal- que hizo nacer o mejor, consolidar el realismo mágico que había creado el cubano Alejo Carpentier, dio al mundo obras como Cien años de soledad, Rayuela, La ciudad y los perros, y La muerte de Artemio Cruz, entre otros.



El boom no fue una escuela literaria, en todo caso, algunos críticos literarios afirman que se debió a la convergencia de una coyuntura histórica que despertó en muchas y en muchos la necesidad de dejar de manifiesto la originalidad del pensamiento latinoamericano. Y aunque, el paso del tiempo haya hecho que algunos de estos escritores hayan cruzado la orilla de sus pensamientos, por suerte, otros mantienen encendida la mirada crítica y comprometida de su juventud.



Con el boom, Latinoamérica dijo presente, rompió los esquemas europeos de la escrituralidad y se sembró en el imaginario colectivo de este lado del mundo. Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Adriano González León y José Donoso, fueron algunos de sus exponentes, y sus obras siguen siendo hoy referencia obligada para aquellos que deseen entender el coleidoscopio de colores, texturas, formas, sabores y olores que representa este subcontinente.



EL BOOM

Claro que el boom no nació espontáneamente y tiene a qué negarlo variadas influencias. Lo cierto es que los iniciadores de la novela contemporánea latinoamericana fracturaron definitivamente con el realismo. Echaron mano de la fantasía, el ocultismo, la riqueza mítica y la cosmogonía de las culturas indígenas para (re)crear la realidad, una realidad mágica, diversa y profundamente latinoamericana.



Esta pluriculturalidad y multietnicidad del realismo mágico le imprimió tal dinamismo a la producción literaria del boom que pudo cohesionar la novela latinoamericana en un macrocosmos con cierta unidad geográfica, cultural, social y lingüística. 
 
REVOLUCIONES

Casualidades o causalidades, la revolución cubana y el boom latinoamericano, irrumpieron en el escenario de los pueblos y las gentes. Ambos llevan el signo de la juventud y la libertad, ambos tienen como escenario la geografía de nuestro sur, ambos triunfaron y siguen viviendo entre los pueblos. La revolución cubana fue sin duda alguna un boom y el boom latinoamericano fue también una revolución. Así, en la década del sesenta esta tierra dejó por fin de ser el espacio de los impuestos silencios para convertirse en un canto a la esperanza. Los jóvenes barbudos que hicieron la revolución hace más de cincuenta años, en Cuba, le dijeron al mundo que era posible un nuevo orden y hoy, continúan diciendo y diciéndonos que más que posible es imprescindible continuar edificando una realidad más justa, más solidaria, en fin, más humana. Por su parte, los jóvenes que escribieron Rayuela y Modelo para armar, Cien años de Soledad o La Hojarasca y Juntacadáveres, entre tantos libros, siguen siendo esos libertarios quijotes que conquistaron el papel para regalarnos la magia de sabernos posibles. Ellos y sus libros, tienen ya cincuenta años cabalgando nuestro presente, porque hicieron una literatura joven e imprescindible.



A propósito del hilo conductor –a veces ideológico de los escritores del boom- José Donoso afirmó por aquellos años “creo que si en algo tuvo unidad completa el ‘boom’, fue precisamente en la causa de la revolución cubana”.



Y es que el surgimiento de la nueva literatura latinoamericana estuvo signada por un complejo contexto continental y mundial, en todos los órdenes: cultural, político, social, económico, religioso, antropológico, tecnológico y científico.



COMPROMISO

Aquellos años del nacimiento de una literatura que supo contar y contarnos cumplió junto a la revolución cubana cinco décadas. Cincuenta años de andar y soñar el mundo, de crearlo, fundarlo, hacerlo y escribirlo para los lectores de hoy. Y éste es buen tiempo para volver a esas lecturas, para volver a tomar la adarga y montar sobre Rocinante para continuar escribiendo nuestra historia. Tal vez, nazca un nuevo boom, con otra piel, pero con el mismo sabor a pueblo y a la mágica sonoridad de los pasos de este sur bañado por los vientos insomnes de las esperanzas.



Porque así como Latinoamérica ha renacido en esta última década, una literatura más comprometida, más mágica, presente, contestaria, lúcida, amorosa, radiante, sonora… debe también nacer de las mujeres y hombres que contando la tierra y sus rabias, sus alegrías y heridas, debe surgir del fuego de la palabra que diciendo habrá de nombrarnos.

LECTURAS DEL BOOM

Si está interesado en conocer a algunos de los escritores del boom latinoamericano, aunque no todos están considerados por los críticos literarios como de éste movimiento, puede adentrarse en la lectura de: El coronel no tiene quien le escriba (1958) y Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez; La ciudad y los perros (1963), La Casa Verde (1965) y Conversación en La Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa; Aura (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962), Cambio de piel (1967) y Terra nostra (1975) de Carlos Fuentes; Los premios (1961), Rayuela (1963), 62: modelo para armar (1968) y Libro de Manuel (1973) de Julio Cortázar; Tres tristes tigres (1967) y La Habana para un Infante Difunto (1967) de Guillermo Cabrera Infante; El obsceno pájaro de la noche (1970) de José Donoso; Sobre héroes y tumbas (1962) y Abaddón, el exterminador (1974) de Ernesto Sábato; Boquitas pintadas de Manuel Puig; El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964) de Juan Carlos Onetti; Yo, el Supremo (1975) de Augusto Roa Bastos; El reino de este mundo (1949) y El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier; Paradiso (1966) de José Lezama Lima, y Un mundo para Julius (1970) de Alfredo Bryce Echenique.
 
 
CORTÁZAR FRENTE A LA REVOLUCIÓN CUBANA


“No creo que se pueda enjuiciar nada sin haberlo vivido. Eso es una pedantería y es una insolencia. Si hay escritores que sin participar en esos procesos los condenan, por razones de tipo teórico, allá ellos. Su opinión a mí no me interesa, ni me parecen importantes históricamente. Esos críticos responden a motivaciones muy diversas y la mayoría son gente de derecha que tienen especial interés en enjuiciar cualquier revolución o que son anti o contra revolución por definición. O bien son personas que tienen una tal suficiencia que consideran que sin haber conocido lo que está sucediendo en un país, en una sociedad, se permiten juzgarla desde afuera”.



Julio Cortázar

Iván Padilla Bravo: con permiso de la urgencia

Estallan las voces con las que hay que nombrar el silencio. Se pronuncia desde antes y desde lejos el roce detenido en la hoja de un árbol, en la espuma que se demora frente al mar definitivo. A veces, sobran los adjetivos y no se encuentra la palabra justa para decir y decirnos los sentidos. A veces, el poeta le pide permiso a la urgencia y entonces los versos son canción de bienvenida.

“Azul / es un borde apenas / donde la mirada llega / Un muelle / El látigo de luz / con el que se despide la tarde / Puerto para la ilusión del poeta / Flagelo / cuando la noche es lo único que queda”.
(Azul)

Iván Padilla Bravo (Caracas, 1950), es un poeta prestado a los andares de la palabra impresa, periodista cierto, sus versos tienen el sabor y el tacto de la caricia que inaugura el día, que bienviene al alba. Estos poemas urgentes, que no saben de tiempo, tienen en cambio la vigencia de un hombre enamorado, de ese propio y ajeno que se escurre tal vez al cruzar la calle al final de una avenida. Como si esperara, esperando, con la certeza del día que muere y de la noche que trae los rumores de algún recuerdo próximo y lejano.

“Voy / de inútiles tumbos / la noche / Oscura / como ella misma / Soy un ciego / en el ocaso / es decir muy cerca / de las sombras del día / que se arrincona / donde menos había ganas / No veo / siento / que soy un sol / al que le arrancaron / el calor / y la vida / Voy / de inútiles gritos / que nadie oye que nadie sabe / Una luctuosa voz / hecha de rascacielos en / Catuche / en nada / ¡Es mentira!”.

Cuerpo adentro, la piel se teje y se entreteje en el papel que titila de pantallas, la mujer se vuelve eco y se torna verso. Le nace al poeta la humedad compartida, le brota la voz y la nombra. Se dice en ella y se siembra, cosechando las cotidianidades y las sombras y los roces y la vida, la que es y la que quisiera que fuera. Entonces, los escritorios hacen un alto y el tiempo alza vuelo, despeinando heridas, salvando las batallas.

“Esta mujer me hace temblar / desde las plantas / Me arranca lunas / me inventa mañanas / Esta mujer es una tormenta / me llueve de abrazos / moja mis adentros / alborota todas mis instancias / Esta mujer es / toda una noche de centellas / desgarrar de cielo / pero también un alba”.
(Previo, fragmento)

Son éstos, poemas urgentes. Turgentes en piel y en alma. Apurados de besos y de versos, como si cada palabra tuviera la exacta dimensión de la memoria henchida de ganas. Todo en él es convocada ternura, fuego que fragua y enciende.

Iván Padilla, poeta necesario, voz del sur que clama, tiene entre el corazón y la espalda un augurio que se hace palabra. Hombre de pasos y abrazos, hombre que lleva entre las manos el andar del mundo y del futuro y la mañana. Tendrá tal vez la memoria de lo que calla, de lo que dicen sus versos, de lo que invita y en él se hace cierta herida que se derrama. Fecunda siembra la de este poeta que hoy canta, dulce abismo y definitiva palabra que nos llama.

“Algún día / voy a ser viejo como Bagdad / Entonces escribiré versos / después de las cicatrices / Y sólo estarás presente / como una centella en el recuerdo / Algún día / tendré la piel torcida de recorridos / pero guardaré una sonrisa infantil / en el gesto / Y sólo estarás presente como marzo / como el mes más alegre / de este año que se me volvió eterno”.

Manuela y Simón: “un conjuro contra la idiotez”

Estos dos que se amaron incendiando y encendiendo la historia de Nuestra América son espejo y reflejo del tiempo que fue y del que haremos nacer. La historia de Manuela y Simón fue durante mucho tiempo acallada por la historiografía oficial o abordada tangencialmente, sin la dimensión humana que hoy estamos redescubriendo en ellos.

Por eso, la periodista Marialcira Matute, fundadora de la Librería Mediática y TV Lecturas, integrante del Movimiento por el Periodismo Necesario, comenta entorno a la figura de estos imprescindibles de nuestra historia que “el amor de Manuela y Simón era incómodo y lo es aún para una sociedad pacata, falsa y resistente al cambio. El juntarlos es un conjuro contra la idiotez, un homenaje a la inteligencia prodigiosa de ambos que los reveló no sólo como profundos ideólogos de la americanidad sino como escritores apasionados. Su reunión material es la celebración de la valentía y el arrojo y un paso adelante en la unión amorosa de toda Nuestra América”.

Y es que ese Bolívar Libertador, padre de Patrias y hacedor de sueños, era para Manuela Sáenz, el hombre cotidiano que desvelaba sus días y también viceversa, así da fe la profunda y cálida correspondencia que durante años llevaron adelante.

Los restos simbólicos de Manuelita llegaron, provenientes de Ecuador, para entrar al Panteón Nacional acompañados de pueblo. Se trata, de reivindicar la vida de una mujer que representa un punto de inflexión en la historia independentista de toda América Latina.

El Presidente de Ecuador, Rafael Correa, orador de orden de los actos conmemorativos del 05 de julio, subrayó al referirse a los restos simbólicos de Manuela Sáenz, que “no se trata de átomos o partículas que regatean su autenticidad por un certificado forense, ¡no! La generala vive en cada ecuatoriana y ecuatoriano, en cada venezolana y venezolano amantes de la Patria que ella contribuyó a liberar y construir, igual que vive en cada panameño, colombiano, peruano, boliviano, en cada latinoamericano, en el corazón de todas y todos quienes amamos esta Patria inmensa que celebra el bicentenario de las declaraciones libertarias”.

MANUELITA
Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador, nació en Quito, Ecuador, el 27 de diciembre de 1797 y falleció en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1856. Su vocación por la causa patriota y la liberación americana la llevaron desde temprano a ser ejemplo y heroína de estas tierras y todos los tiempos.

Combatiente en la Batalla de Pichincha a su regreso del Perú, recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador. Expuso también su vida en la Batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, participación que le valió su ascenso a coronela. El 22 de mayo de 2007, en el marco de la conmemoración de la Batalla de Pichincha el Presidente Correa le concedió a Sáenz el grado de Generala de Honor de la República de Ecuador. Y en los actos de conmemoración del 199 aniversario de la Firma del Acta de Independencia de Venezuela, se le concedió póstumamente el ascenso a Generala de División del Ejército Nacional Bolivariano de Venezuela, por su participación y actuación en la gesta independentista. Y es precisamente en este sentido, que la profesora y periodista, Ana María Hernández, indica que “la historiografía machista, en casi dos siglos no ha permitido conocer a una Manuela heroína que se ganó los títulos militares en batalla. Siempre nos presentaron la versión de ser la amante del Libertador y por eso es que lo pudo salvar de los atentados, como si el amor en plena guerra fuera sólo caricias y no acciones, ideas, compromiso de vida”.

AMOROSAS VOCES
Convocados por la pasión libertaria y amorosa de estos dos grandes de la América Mayúscula, el pueblo venezolano reconoce en el amor de Manuela y Simón la brisa que vuelve y vuela en estas tierras que guardan los ecos y los roces de la vida sembrada de esperanzas.

La entrada de Manuela Sáenz al Panteón Nacional es sin duda un acto de rebelde ternura, una manifestación más de que éstos son tiempos de cambio, en el que las viejas establecidas verdades se contraponen finalmente a las voces no menos ciertas de los pueblos silenciados durante centurias.

Por eso, el escritor y profesor de la Universidad Bolivariana del Zulia, José León, refiriendo una frase del filósofo Walter Benjamin, que dice que “ni los muertos estarán a salvo si vence el enemigo”, señalaba que al Panteón Nacional “sólo entraba la memoria, como sabemos, oficial, es decir, la que le recordaba a la Oligarquía que sus reales (sus asientos reales, quiero decir) estaban a buen resguardo. Con la llegada de Manuela (y no importa que sus restos sean declarativamente simbólicos, porque todos los "restos" lo son) se sigue abonando la tierra sagrada de la memoria”.

MEMORIAS
Definitivamente a Manuela no podemos dejar de amarla, porque ella reivindica a la mujer, a todas las mujeres. Ella demostró con su vida las pasiones, los miedos, los cantos y esperanzas que nos habitan. Siempre será un estandarte libertario esa Manuela que ha dejado de ser el exilio eterno que esperaba, porque ahora es luz iluminando la sonrisa enamorada.

Cuerpos

F rente al espejo nos sentimos vulnerables. Al amor o a la soledad. Sin embargo, el cuerpo nos acompaña desde la primera memoria. Llega...