miércoles, 20 de agosto de 2014

Un par de postales...

Estela
36 años pasaron para que Estela por fin pudiera abrazar a su nieto. Ella que tanto luchó por recuperar los nombres y las vidas de otros nietos extraviados en el impuesto silencio de la dictadura se reencuentra con los ojos de su hija en él, que hoy la miran esperando los cuentos que nunca le pudo contar en las noches de miedo y de frío.


Sofía
Cada tanto se pone a desempolvar la biblioteca. Y de vez en cuando al abrir alguno de los libros la asalta una flor que después de tanto tiempo entre las hojas conserva la fragilidad de las alas de las mariposas. Los libros así engalanados tienen para Sofía el color y tal vez el tacto de un amor o de una tarde de parque en la que la soledad le obsequió un momento para guardar en la memoria.



Andrés Eloy el poeta que supo pintar angelitos negros



** El pueblo venezolano sabe de la obra del escritor cumanés porque anda siempre prendido a los caminos más hondos de esta tierra de ternuras y solidaridades.



En estos días nos sorprendió la muerte. Lo que pensábamos lejos nos tocó próximos y prójimos. Y convocados todos a la ternura nos conmueven los cientos de niños asesinados en Gaza. De ese dolor hondo vinieron los versos de Andrés Eloy Blanco, porque “Cuando se tienen dos hijos / se tiene todo el miedo del planeta, / todo el miedo a los hombres luminosos / que quieren asesinar la luz y arriar las velas / y ensangrentar las pelotas de goma / y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda”. Es el mismo poeta venezolano que nos cantó el Coloquio bajo la palma, animándonos a ser mejores, a “dar más sin decir lo que se ha dado” porque “lo que hay que dar es un modo de no tener demasiado y un modo de que otros tengan su modo de tener algo”.
Este poeta nuestro fue un escritor, dramaturgo, humorista, abogado y político, que nació en Cumaná el 06 de agosto de 1896 y falleció en Ciudad de México, el 21 de mayo de 1955.
El supo conjugar la vocación de quijote con la de poeta, para ser un político capaz de sumarse a las causas más justas y un escritor convencido de la magia y la palabra que tiene sabor a pueblo. En él todo fue canto y entrega. Y tal vez por esta razón, sea uno de los poetas venezolanos más queridos y más recordados. ¿O es que hay alguien que no sepa recitar “píntame angelitos negros”? ¿Y que no ponga alguna emisora AM, el 31 de diciembre, un ratito antes de las doce, para esperar el año nuevo con las Uvas del tiempo?
El poeta cumanés estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la agitada vida estudiantil de aquellos años lo envolvieron pronto en el encendido ejercicio de la libertad. Aunque ya desde antes, cuando apenas contaba ochos años, partió con sus padres a Margarita por desavenencias con el gobierno de Cipriano Castro.
Se incorporó al Círculo de Bellas Artes en 1913 y apenas cinco años después recibió su primer galardón por el poema “Canto a la Espiga y al Arado”, mientras publicó El huerto de la epopeya, su primera obra dramática. Ese mismo año (1918), siendo estudiante de derecho, fue encarcelado por participar en manifestaciones contra el régimen de Juan Vicente Gómez.
Luego de recibir el título de abogado, Andrés Eloy Blanco comenzó a ejercer pero sin abandonar jamás su vocación por la palabra. En 1923 obtuvo el primer premio en los Juegos Florales de Santander, en España, por su poema “Canto a España”. Durante su viaje a recibir el galardón decidió quedarse durante un año en la península ibérica y tuvo la oportunidad de relacionarse con los poetas españoles de esos tiempos. Nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, en 1924, se trasladó a La Habana donde sostuvo encuentros con intelectuales y escritores cubanos, y venezolanos que se encontraban en el exilio.

El imparcial
Porque el ser humano siempre tiene cosas que contar y sueños por cumplir, empezó a editar en la clandestinidad, en 1928, el periódico disidente “El Imparcial”, que pronto se convirtió en el órgano de difusión de la Unión Social Constructiva Americana y el Frente de Acción Revolucionaria.
Tras el golpe de Estado del 7 de abril fue confinado en Puerto Cabello hasta 1932, cuando lo liberaron por motivos de salud. Encerrado escribió Barco de Piedra, dicen que son sus poemas más tristes. Cuando finalmente le devolvieron la libertad, se la dieron a medias, tenía prohibido realizar cualquier tipo de manifestación pública, por lo que se volcó nuevamente a las letras, publicando Poda en 1934, libro donde se encuentran Las uvas del tiempo y La renuncia, poemas entrañables del pueblo venezolano.
Fue nombrado jefe del Servicio de Gabinete en el Ministerio de Obras Públicas por Eleazar López Contreras. Aunque su posición siempre crítica y libertaria lo alejaron del gobierno después de la represión de las manifestaciones del 14 de febrero de 1936 y su militancia en la Organización Revolucionaria Venezolana.
Como diputado del Partido Democrático Nacional llegó al Congreso, pero jamás abandonó los versos. Y comenzando 1940 integró su partido en la recién fundada Acción Democrática, desde donde trabajó para la candidatura de Rómulo Gallegos.
Fue electo presidente de la Asamblea Nacional Constituyente en 1946. Y dos años después fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Gallegos. Tras su derrocamiento por Carlos Delgado Chalbaud, se exilió en México, donde dedicó el resto de su vida la poesía.
Andrés Eloy es una de las voces imprescindibles de la poesía venezolana, porque en él habitaron la belleza y la justicia. Supo darse entero a la construcción de un país que hoy sigue germinando en sus versos. Jamás se alejó de sus convicciones, por eso tal vez, su obra sigue sonando en los radios cada diciembre y en las calles las madres venezolanas se alegran cuando ven pintados angelitos negros que le dan la bienvenida al futuro.







Píntame angelitos negros (fragmento)

Por Andrés Eloy Blanco



“No hay un pintor que pintara

angelitos de mi pueblo.

Yo quiero angelitos blancos

con angelitos morenos.

Ángel de buena familia

no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,

si queda un pintor de cielos,

que haga el cielo de mi tierra,

con los tonos de mi pueblo,

con su ángel de perla fina,

con su ángel de medio pelo,

con sus ángeles catires,

con sus ángeles morenos,

con sus angelitos blancos,

con sus angelitos indios,

con sus angelitos negros,

que vayan comiendo mangos

por las barriadas del cielo”.

 

jueves, 7 de agosto de 2014

Buñuel sin discreciones

 
Ilustración de Xulio Formoso
** El cineasta español encontró en la magia del cine una manera de contar el mundo que hoy sigue invitando a pensar.


Nada pasó sin conmoverlo. Las grandes corrientes históricas y estéticas lo encontraron siempre dispuesto a defender los mejores sueños de los hombres. Luis Buñuel (Calanda, España, 22 de febrero de 1900 – Ciudad de México, 29 de julio de 1983), el gran hacedor de imágenes, se acercó al cine haciendo títeres y encendiendo las linternas mágicas que supieron alumbrarle el futuro.
Alentado por su padre, luego de terminar el bachillerato, partió cuando tenía 17 años a estudiar ingeniería agrónoma en Madrid. Alojado en la Residencia de Estudiantes, durante siete años compartió con el artista Salvador Dalí y los escritores Federico García Lorca, Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, entre otros. Allí se enamoró del cine, aunque de niño las puestas en escenas eran también su forma de volar. Por esos años participó en las tertulias ultraístas que dirigía Ramón Gómez de la Serna. Fueron éstos tiempos de encuentro y de exploración, tal vez por eso de la ingeniería pasó a la Historia, que después terminaría por contarla con los recursos infinitos de la imagen, el movimiento, la música y la palabra.
Cuentan que con sus compañeros de la Residencia llevó adelante sus primeros ensayos teatrales con versiones delirantes de Don Juan Tenorio en las que actuaban García Lorca y Dalí. La ciudad de Toledo se abrió infinita y esplendorosa, llena de nuevas ideas, cuando la visitó en 1921. El dadaísmo despertó su curiosidad y exploró la obra de Louis Aragon y André Bretón.
La segunda década del siglo lo tomó con la palabra por decir, desde 1922 comenzó a publicar poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias, en especial aquellas que sirvieron de espacio de encuentro para el ultraísmo y la Generación del 27, entre las que se encontraban Ultra, Horizonte, Alfar, Helix y La Gaceta Literaria.
En 1923 el padre de Buñuel falleció en Zaragoza. Justamente en ese tiempo inició el servicio militar. La palabra que en él era una ofrenda vital floreció en artículos, cuentos y poemas que publicaba en revistas de vanguardia, y que juntos dieron origen a un libro con el título de Un perro andaluz. Las imágenes de esos textos formaron parte de su discurso cinematográfico. Un año después, en 1924, se licenció en Historia y decidió partir a París donde todas las manifestaciones culturales de vanguardia se convocaban a quienes andaban buscando nuevas formas de expresión.

Surrealismo
cartel un perro andaluz Buñuel sin discrecionesEl filme Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang le abrió finalmente el mundo del cine ya para siempre. Luis Buñuel decidido a aprender sobre la magia de la imagen trabajó como asistente de dirección con el francés Jean Epstein.
Seducido por el surrealismo su vida fue el cine definitivamente. Era una voz entre muchas voces, una que encontraría un tono que ha quedado prendido en el tiempo.
En 1929 empezó a trabajar con Dalí en la película Un perro andaluz, que se estrenaría el 6 de julio de ese año en un cineclub parisino. El éxito alcanzado le abrió las puertas del grupo surrealista que se reunía en un café para sentar posición política, y escribir manifiestos y cartas. Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, fueron algunos de los exponentes de esa corriente con los que Buñuel trabó amistad.
Después vino La edad de oro, película que sería censurada por cincuenta años y que finalmente fue exhibida en 1980 en Nueva York y un año después en París.
Después de un viaje a Estados Unidos, en 1931, Luis Buñuel regresó a Madrid. La segunda República Española despuntaba los anhelos de libertad y justicia. Allí proyectó La edad de oro. Después de romper con los surrealistas, Buñuel asistió en 1932 a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios.
En abril de 1933, inició la filmación del documental Las Hurdes, tierra sin pan. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1935, Buñuel ya casado con Jeanne Rucar, fundó con Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, con la cual se produjo Don Quintín el amargao, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? y ¡Centinela alerta!, entre otras.
El golpe de Estado franquista tomó a Buñuel por sorpresa en Madrid. Decidido a estar al lado de la República española, durante 1937 se encargó de supervisar el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Terminada la Guerra Civil, en 1941, quedó desempleado en EEUU. A lo mejor por eso aceptó un puesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado para el área documental, y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos. En 1943 fue despedido por haber sido señalado por quien fuera su amigo de muchos años Salvador Dalí como un ateo y “hombre de izquierda”.
Superado el tránsito amargo volvió a Hollywood a trabajar con Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina.

Exilio mexicano
A México llegó a dirigir Gran Casino, una película comercial con el mexicano Jorge Negrete y la argentina Libertad Lamarque. Finalmente en 1950 rodó Los olvidados, película por la cual obtuvo en 1951 el premio al mejor director del Festival de Cannes.
En 1952 filmó Subida al cielo, con la que volvió a Cannes. Y ese mismo año salió Robinson Crusoe. Después siguieron La ilusión viaja en tranvía, El río y la muerte, y Así es la aurora (rodada en Francia).
Fiel a las ideas de paz y solidaridad con los pueblos, Luis Buñuel firmó un manifiesto contra la bomba atómica estadounidense, lo que junto a su apoyo a la revista antifascista España Libre le valió su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975.
Después vinieron en 1956 La muerte en ese jardín y Nazarín (1958). En 1959 rodó Los ambiciosos, una película de compromiso político y social. Regresó a España para dirigir Viridiana, una coproducción hispano-mexicana que obtuvo la Palma de Oro en Cannes de 1961 y que fue censurada por el franquismo hasta 1977. El ángel exterminador, tal vez una de sus filmes más personales, fue rodada en 1962. Con Diario de una camarera volvió a Francia. Y en 1966 filmó Belle de jour.
Luis Buñuel se convirtió en 1972 en ser el primer director español galardonado con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El discreto encanto de la burguesía sigue siendo una de los filmes más sugerentes y polémicos, que sabe abordar desde el humor las mañas y decires de los integrantes de esta clase social. Y vale anotar que junto a La Vía Láctea (1968) y El fantasma de la libertad (1974), componen una serie de cine con contenido social que fractura los cimientos de la narrativa cinematográfica convencional.
Buñuel sigue vivo en sus creaciones. Con él los espectadores nos dimos cuenta que hay cientos de formas expresivas que encuentran de la mano de los espectadores recrear la realidad desde la magia. Hay miles de formas de contar y Buñuel supo invitarnos a ser partícipes del mundo que en las pantallas sabe nombrarnos a pesar del tiempo.

** NOTA: Texto originalmente publicado en  Periodistas en español.com

Earle Herrera y la magia de contar

Fotos de www.albaciudad.org
** Por su trabajo de investigación sobre medios este profesor y poeta ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo.

Es domingo. Se asoma la mañana en uno de esos días en que la vida pasa un poco más lenta. El ajetreo empieza después de hora. Cuando prendes el televisor, a las diez de la mañana, un kiosko se abre a la pantalla. Allí está él, entre periódicos y libros. Tiene un tipo algo desgarbado, como de poeta amanecido, de esos que saben rehacer el amor aunque esté a trasmano. Earle Herrera, ese profesor universitario que transitó por las aulas de la Universidad Central de Venezuela, a enseñarle a quien quiera leer en serio, reaviva el oficio esta vez junto al pueblo pero no ya en un recinto cerrado sino en la televisión del Estado. Con él andamos el descanso dominguero leyendo los diarios, es decir desenredando lo que los medios impresos que circulan en el país, quieren hacernos creer que es una verdad tajante. Análisis crítico de contenido de medios en tiempos de revolución es tarea imprescindible e impostergable, y este periodista, que es diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, lo asume como un compromiso con nosotros, sus kioskos videntes.
Por su trabajo en el área de medios de información ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo y su obra sobre la investigación literaria y periodística se encuentra en libros como ¿Por qué se ha reducido el territorio venezolano? (1978), Hay libidos que matan. Ecosonograma de un país (1984), La Magia de la crónica (1987-1991), Caracas 9 mm. Valle de balas (1993), Del desAmparo al 27 de febrero. Epílogo de la Gran Venezuela (1993), Memorias incómodas de una barragana (1996), Del amor constituyente al amor constituido (1999), El que se robó el periodismo que lo devuelva (2005) y Ficción y realidad en el Caracazo: Periodismo, literatura y violencia (2011), entre otros.
Este diputado y periodista es además de poeta, un cronista. Earle ha sabido a lo largo de su carrera abordar este género que cabalga entre el periodismo y la literatura, que lamentablemente se ha ido perdiendo de los grandes medios. Él mismo señaló que “La crónica es la necesidad del ser humano de contar su vida para perdurar. También es inherente a las personas de todos los tiempos relatar lo que se ve y lo que se oye”.
Pero con este escritor y político que nació en El Tigrito, estado Anzoátegui, en 1949, la crónica tiene un tono particular, y es el humor.
Los cronistas que he tenido la oportunidad de conocer, son todos unos señores de guayabera y de lentes de marcos gruesos que se toman muy en serio el cuento de contar. Porque ellos guardan para mantenerla viva, a la memoria colectiva. Por eso y hago un paréntesis, es toda una inspiración y una invitación a volver a contarnos para encontrarnos y reconocernos, que la quinta edición de la Feria del Libro de Caracas le rinda homenaje a la crónica y con ella a un venezolano que la ha asumido como amoroso quijote.
Venezuela tiene grandes cronistas como Aníbal Nazoa y Orlando Araujo, ellos también desde el humor supieron mostrarnos el país que todos callaban. Eso tiene precisamente de magia este oficio de contar desde la realidad, pero con el tono de lo subjetivo, es decir del hombre que siente, respira, llora y se da los pies contra las piedras, el hombre que aviva el fuego de la esperanza y es capaz de narrar desde el mínimo gesto cotidiano hasta los actos heroicos o las grandes tragedias, porque nada le es ajeno a la crónica. Tal vez muchos lo intentamos sin conseguirlo, porque la crónica tiene que atrapar al lector, como Earle hace con nosotros cuando publica sus microcrónicas en Ciudad Caracas.
Comparto una de esas instantáneas que Earle nos regala para pensar, son un destello de luz, la fotografía de un tiempo que queda detenido en las palabras de este periodista.

Fin de fiesta, publicado el 15 de julio.
“Cerró la fiesta del fútbol con el guayabo de América. Brasil puso el baile y lo sacaron de su casa. La lesión de Di María, la prueba masiva antidoping contra Costa Rica, la dura sanción a Luis Suárez y el tacle sin sanción que sacó a Neymar de la copa, las tarjetas a Thiago Silva, el penalti contra Higuaín, el premio a Messi que este no quería, colmaron el césped de sospechas. En lo inmediato, así seguirá el fútbol, con la FIFA poniendo la música y las grandes marcas la plata”.

Entre el humor y la denuncia Earle es cronista de su tiempo. Sus textos abordan el tema político nacional y todo aquello que levante sospechas en el manipulado mundo de los medios nacionales e internacionales. Y cierto es también que estas microcrónicas que se leen tan sabrosas, como un cafecito endulzado con papelón, requieren un vasto conocimiento del ejercicio y el oficio de narrar.
Seguro que dentro de poco Fundarte nos regala una antología de crónicas y microcrónicas de Earle, para que queden además como constancia de los tiempos que a esta generación nos ha tocado vivir.
Por cierto, que el mismo profesor que viste y calza, en una entrevista que le hicieron en el marco de la Feria, dice sobre sus crónicas que en ellas aborda “Un día la política, otro día un accidente, luego una fiesta”. Pero como del Tigrito se vino a Caracas asegura que sus textos brevísimos son reflejo de esta ciudad: “Pero a esa Caracas hay que quererla así. No es que sea una colcha de retazos, es Caracas, en sus distintas expresiones con sus múltiples voces y perspectivas que hacen la esencia de la ciudad. Más allá de los avisos de neón y las pantallas de televisión, es la Caracas humana, aquella Caracas que respira, que uno ve en la arepera, en el tránsito, en una parada y que la ves los fines de semana en la Guaira o en el Junquito. ¡Esa es Caracas!” y agrego yo, que a final de cuentas ese es el país. Y estos andares nuestros necesitan quien los cuente, quien los viva con nosotros, quien los reseñe y los guarde en la memoria, para que no se nos olvide nunca de dónde venimos y a dónde queremos llegar. Para eso hay que registrar los pequeños gestos, las caricias con que la vida nos despierta y los sobresaltos que nos estremecen para replantearnos y crecernos siempre mejores, siempre más juntos. Por eso la crónica es un género indispensable para retratar este tiempo de nacimientos, este de nacernos al futuro. Eso es lo que hace precisamente Earle Herrera con sus párrafos, incisivos, en los que no falta nada ni nada sobra.
Pero a todas estas habíamos asomado que el profesor, político y periodista, es también, y sobre todo, poeta. Será por eso que le habrá dado por desmorir de amor.
Es un poeta que milita en las mejores causas, las del amor y sus reversos, las de la vida que nace del vientre de la luna y sus entuertos, de la esperanza que germina una noche de mayo y reverdece una mañana de febrero.
El tiempo y el país se hacen presentes también en los versos del poeta. La geografía que sabe de nomeolvides y cantos más viejos nacen de la palabra de Earle como un hondo suspiro, como una lluvia a destiempo, como un sol de sabanas, como un crujir del aguacero. Y aquí estos versos...

“Por todos los mayos de tus ojos
mayo para la cruz o los velorios 
de caña y canto 
procesión y credo 
de luna y contracanto 
y yo tan lejos (…) 
Rosas regadas en París 
aquel Mayo del 68 
O rosas fusiladas en Praga 
otra oscurecida primavera 
Mayo también 
aquella mirada la primera 
que se quedó en la tuya 
hasta la última mirada de tus mayos 
por todos los mayos de tus ojos.”
(Te amaré en mayo, fragmento)

Y como poeta también nos regaló en Al sur canto al sur, este sur indeleble...

“Venir a este mundo 
Nacer en el Sur 
es un compromiso 
No un azar. 
Un camino 
no un destino 
Demasiada historia 
Para llegar a ti 
Demasiada lucha 
para ser fortuito 
Por más que migres 
el Sur andará en ti 
como tu sombra 
como tu luz 
como tu norte”.

Entre sus libros de poemas y cuentos se encuentran Penúltima tarde (1978), con el que obtuvo el Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Caracas en 1977, Los caminos borrados (1979), Sábado que nunca llega (1982), Piedra derramada (1995), Desmorir de amor (2009), Penúltima Tarde y Otras Tardes (2010) y Al sur canto al sur, entre otros.
En fin, este es Earle Herrera, el homenajeado de esta quinta edición de la Feria del Libro de Caracas, la que dedica el encuentro a la crónica y nos invita a contar y a contarnos. Vale la pena intentar darle forma a la mirada, conservarla en el papel, compartirla una tarde y echarse a andar por esta ciudad donde la magia transita a plena luz del día, como contagiándonos con las ganas de ser una voz entre todas las voces de esta Venezuela donde hemos hecho que la esperanza se hiciera realidad. Caracas, ustedes, nosotros, tenemos la palabra.

Caracas, 25 de julio de 2014


** NOTA: Texto leído en la V Feria del Libro de Caracas que organiza la Alcaldía de Libertador que rindió homenaje a la palabra de Earle Herrera.

Cien veces Chávez reúne minocrónicas de Earle Herrera, está editado por Fundarte y es una belleza de libro.
 

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