jueves, 7 de agosto de 2014

Earle Herrera y la magia de contar

Fotos de www.albaciudad.org
** Por su trabajo de investigación sobre medios este profesor y poeta ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo.

Es domingo. Se asoma la mañana en uno de esos días en que la vida pasa un poco más lenta. El ajetreo empieza después de hora. Cuando prendes el televisor, a las diez de la mañana, un kiosko se abre a la pantalla. Allí está él, entre periódicos y libros. Tiene un tipo algo desgarbado, como de poeta amanecido, de esos que saben rehacer el amor aunque esté a trasmano. Earle Herrera, ese profesor universitario que transitó por las aulas de la Universidad Central de Venezuela, a enseñarle a quien quiera leer en serio, reaviva el oficio esta vez junto al pueblo pero no ya en un recinto cerrado sino en la televisión del Estado. Con él andamos el descanso dominguero leyendo los diarios, es decir desenredando lo que los medios impresos que circulan en el país, quieren hacernos creer que es una verdad tajante. Análisis crítico de contenido de medios en tiempos de revolución es tarea imprescindible e impostergable, y este periodista, que es diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV, lo asume como un compromiso con nosotros, sus kioskos videntes.
Por su trabajo en el área de medios de información ha sido reconocido en cuatro oportunidades con el Premio Nacional de Periodismo y su obra sobre la investigación literaria y periodística se encuentra en libros como ¿Por qué se ha reducido el territorio venezolano? (1978), Hay libidos que matan. Ecosonograma de un país (1984), La Magia de la crónica (1987-1991), Caracas 9 mm. Valle de balas (1993), Del desAmparo al 27 de febrero. Epílogo de la Gran Venezuela (1993), Memorias incómodas de una barragana (1996), Del amor constituyente al amor constituido (1999), El que se robó el periodismo que lo devuelva (2005) y Ficción y realidad en el Caracazo: Periodismo, literatura y violencia (2011), entre otros.
Este diputado y periodista es además de poeta, un cronista. Earle ha sabido a lo largo de su carrera abordar este género que cabalga entre el periodismo y la literatura, que lamentablemente se ha ido perdiendo de los grandes medios. Él mismo señaló que “La crónica es la necesidad del ser humano de contar su vida para perdurar. También es inherente a las personas de todos los tiempos relatar lo que se ve y lo que se oye”.
Pero con este escritor y político que nació en El Tigrito, estado Anzoátegui, en 1949, la crónica tiene un tono particular, y es el humor.
Los cronistas que he tenido la oportunidad de conocer, son todos unos señores de guayabera y de lentes de marcos gruesos que se toman muy en serio el cuento de contar. Porque ellos guardan para mantenerla viva, a la memoria colectiva. Por eso y hago un paréntesis, es toda una inspiración y una invitación a volver a contarnos para encontrarnos y reconocernos, que la quinta edición de la Feria del Libro de Caracas le rinda homenaje a la crónica y con ella a un venezolano que la ha asumido como amoroso quijote.
Venezuela tiene grandes cronistas como Aníbal Nazoa y Orlando Araujo, ellos también desde el humor supieron mostrarnos el país que todos callaban. Eso tiene precisamente de magia este oficio de contar desde la realidad, pero con el tono de lo subjetivo, es decir del hombre que siente, respira, llora y se da los pies contra las piedras, el hombre que aviva el fuego de la esperanza y es capaz de narrar desde el mínimo gesto cotidiano hasta los actos heroicos o las grandes tragedias, porque nada le es ajeno a la crónica. Tal vez muchos lo intentamos sin conseguirlo, porque la crónica tiene que atrapar al lector, como Earle hace con nosotros cuando publica sus microcrónicas en Ciudad Caracas.
Comparto una de esas instantáneas que Earle nos regala para pensar, son un destello de luz, la fotografía de un tiempo que queda detenido en las palabras de este periodista.

Fin de fiesta, publicado el 15 de julio.
“Cerró la fiesta del fútbol con el guayabo de América. Brasil puso el baile y lo sacaron de su casa. La lesión de Di María, la prueba masiva antidoping contra Costa Rica, la dura sanción a Luis Suárez y el tacle sin sanción que sacó a Neymar de la copa, las tarjetas a Thiago Silva, el penalti contra Higuaín, el premio a Messi que este no quería, colmaron el césped de sospechas. En lo inmediato, así seguirá el fútbol, con la FIFA poniendo la música y las grandes marcas la plata”.

Entre el humor y la denuncia Earle es cronista de su tiempo. Sus textos abordan el tema político nacional y todo aquello que levante sospechas en el manipulado mundo de los medios nacionales e internacionales. Y cierto es también que estas microcrónicas que se leen tan sabrosas, como un cafecito endulzado con papelón, requieren un vasto conocimiento del ejercicio y el oficio de narrar.
Seguro que dentro de poco Fundarte nos regala una antología de crónicas y microcrónicas de Earle, para que queden además como constancia de los tiempos que a esta generación nos ha tocado vivir.
Por cierto, que el mismo profesor que viste y calza, en una entrevista que le hicieron en el marco de la Feria, dice sobre sus crónicas que en ellas aborda “Un día la política, otro día un accidente, luego una fiesta”. Pero como del Tigrito se vino a Caracas asegura que sus textos brevísimos son reflejo de esta ciudad: “Pero a esa Caracas hay que quererla así. No es que sea una colcha de retazos, es Caracas, en sus distintas expresiones con sus múltiples voces y perspectivas que hacen la esencia de la ciudad. Más allá de los avisos de neón y las pantallas de televisión, es la Caracas humana, aquella Caracas que respira, que uno ve en la arepera, en el tránsito, en una parada y que la ves los fines de semana en la Guaira o en el Junquito. ¡Esa es Caracas!” y agrego yo, que a final de cuentas ese es el país. Y estos andares nuestros necesitan quien los cuente, quien los viva con nosotros, quien los reseñe y los guarde en la memoria, para que no se nos olvide nunca de dónde venimos y a dónde queremos llegar. Para eso hay que registrar los pequeños gestos, las caricias con que la vida nos despierta y los sobresaltos que nos estremecen para replantearnos y crecernos siempre mejores, siempre más juntos. Por eso la crónica es un género indispensable para retratar este tiempo de nacimientos, este de nacernos al futuro. Eso es lo que hace precisamente Earle Herrera con sus párrafos, incisivos, en los que no falta nada ni nada sobra.
Pero a todas estas habíamos asomado que el profesor, político y periodista, es también, y sobre todo, poeta. Será por eso que le habrá dado por desmorir de amor.
Es un poeta que milita en las mejores causas, las del amor y sus reversos, las de la vida que nace del vientre de la luna y sus entuertos, de la esperanza que germina una noche de mayo y reverdece una mañana de febrero.
El tiempo y el país se hacen presentes también en los versos del poeta. La geografía que sabe de nomeolvides y cantos más viejos nacen de la palabra de Earle como un hondo suspiro, como una lluvia a destiempo, como un sol de sabanas, como un crujir del aguacero. Y aquí estos versos...

“Por todos los mayos de tus ojos
mayo para la cruz o los velorios 
de caña y canto 
procesión y credo 
de luna y contracanto 
y yo tan lejos (…) 
Rosas regadas en París 
aquel Mayo del 68 
O rosas fusiladas en Praga 
otra oscurecida primavera 
Mayo también 
aquella mirada la primera 
que se quedó en la tuya 
hasta la última mirada de tus mayos 
por todos los mayos de tus ojos.”
(Te amaré en mayo, fragmento)

Y como poeta también nos regaló en Al sur canto al sur, este sur indeleble...

“Venir a este mundo 
Nacer en el Sur 
es un compromiso 
No un azar. 
Un camino 
no un destino 
Demasiada historia 
Para llegar a ti 
Demasiada lucha 
para ser fortuito 
Por más que migres 
el Sur andará en ti 
como tu sombra 
como tu luz 
como tu norte”.

Entre sus libros de poemas y cuentos se encuentran Penúltima tarde (1978), con el que obtuvo el Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Caracas en 1977, Los caminos borrados (1979), Sábado que nunca llega (1982), Piedra derramada (1995), Desmorir de amor (2009), Penúltima Tarde y Otras Tardes (2010) y Al sur canto al sur, entre otros.
En fin, este es Earle Herrera, el homenajeado de esta quinta edición de la Feria del Libro de Caracas, la que dedica el encuentro a la crónica y nos invita a contar y a contarnos. Vale la pena intentar darle forma a la mirada, conservarla en el papel, compartirla una tarde y echarse a andar por esta ciudad donde la magia transita a plena luz del día, como contagiándonos con las ganas de ser una voz entre todas las voces de esta Venezuela donde hemos hecho que la esperanza se hiciera realidad. Caracas, ustedes, nosotros, tenemos la palabra.

Caracas, 25 de julio de 2014


** NOTA: Texto leído en la V Feria del Libro de Caracas que organiza la Alcaldía de Libertador que rindió homenaje a la palabra de Earle Herrera.

Cien veces Chávez reúne minocrónicas de Earle Herrera, está editado por Fundarte y es una belleza de libro.
 

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