jueves, 7 de agosto de 2014

Buñuel sin discreciones

 
Ilustración de Xulio Formoso
** El cineasta español encontró en la magia del cine una manera de contar el mundo que hoy sigue invitando a pensar.


Nada pasó sin conmoverlo. Las grandes corrientes históricas y estéticas lo encontraron siempre dispuesto a defender los mejores sueños de los hombres. Luis Buñuel (Calanda, España, 22 de febrero de 1900 – Ciudad de México, 29 de julio de 1983), el gran hacedor de imágenes, se acercó al cine haciendo títeres y encendiendo las linternas mágicas que supieron alumbrarle el futuro.
Alentado por su padre, luego de terminar el bachillerato, partió cuando tenía 17 años a estudiar ingeniería agrónoma en Madrid. Alojado en la Residencia de Estudiantes, durante siete años compartió con el artista Salvador Dalí y los escritores Federico García Lorca, Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, entre otros. Allí se enamoró del cine, aunque de niño las puestas en escenas eran también su forma de volar. Por esos años participó en las tertulias ultraístas que dirigía Ramón Gómez de la Serna. Fueron éstos tiempos de encuentro y de exploración, tal vez por eso de la ingeniería pasó a la Historia, que después terminaría por contarla con los recursos infinitos de la imagen, el movimiento, la música y la palabra.
Cuentan que con sus compañeros de la Residencia llevó adelante sus primeros ensayos teatrales con versiones delirantes de Don Juan Tenorio en las que actuaban García Lorca y Dalí. La ciudad de Toledo se abrió infinita y esplendorosa, llena de nuevas ideas, cuando la visitó en 1921. El dadaísmo despertó su curiosidad y exploró la obra de Louis Aragon y André Bretón.
La segunda década del siglo lo tomó con la palabra por decir, desde 1922 comenzó a publicar poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias, en especial aquellas que sirvieron de espacio de encuentro para el ultraísmo y la Generación del 27, entre las que se encontraban Ultra, Horizonte, Alfar, Helix y La Gaceta Literaria.
En 1923 el padre de Buñuel falleció en Zaragoza. Justamente en ese tiempo inició el servicio militar. La palabra que en él era una ofrenda vital floreció en artículos, cuentos y poemas que publicaba en revistas de vanguardia, y que juntos dieron origen a un libro con el título de Un perro andaluz. Las imágenes de esos textos formaron parte de su discurso cinematográfico. Un año después, en 1924, se licenció en Historia y decidió partir a París donde todas las manifestaciones culturales de vanguardia se convocaban a quienes andaban buscando nuevas formas de expresión.

Surrealismo
cartel un perro andaluz Buñuel sin discrecionesEl filme Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang le abrió finalmente el mundo del cine ya para siempre. Luis Buñuel decidido a aprender sobre la magia de la imagen trabajó como asistente de dirección con el francés Jean Epstein.
Seducido por el surrealismo su vida fue el cine definitivamente. Era una voz entre muchas voces, una que encontraría un tono que ha quedado prendido en el tiempo.
En 1929 empezó a trabajar con Dalí en la película Un perro andaluz, que se estrenaría el 6 de julio de ese año en un cineclub parisino. El éxito alcanzado le abrió las puertas del grupo surrealista que se reunía en un café para sentar posición política, y escribir manifiestos y cartas. Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, fueron algunos de los exponentes de esa corriente con los que Buñuel trabó amistad.
Después vino La edad de oro, película que sería censurada por cincuenta años y que finalmente fue exhibida en 1980 en Nueva York y un año después en París.
Después de un viaje a Estados Unidos, en 1931, Luis Buñuel regresó a Madrid. La segunda República Española despuntaba los anhelos de libertad y justicia. Allí proyectó La edad de oro. Después de romper con los surrealistas, Buñuel asistió en 1932 a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios.
En abril de 1933, inició la filmación del documental Las Hurdes, tierra sin pan. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1935, Buñuel ya casado con Jeanne Rucar, fundó con Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, con la cual se produjo Don Quintín el amargao, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? y ¡Centinela alerta!, entre otras.
El golpe de Estado franquista tomó a Buñuel por sorpresa en Madrid. Decidido a estar al lado de la República española, durante 1937 se encargó de supervisar el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Terminada la Guerra Civil, en 1941, quedó desempleado en EEUU. A lo mejor por eso aceptó un puesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, como productor asociado para el área documental, y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos. En 1943 fue despedido por haber sido señalado por quien fuera su amigo de muchos años Salvador Dalí como un ateo y “hombre de izquierda”.
Superado el tránsito amargo volvió a Hollywood a trabajar con Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina.

Exilio mexicano
A México llegó a dirigir Gran Casino, una película comercial con el mexicano Jorge Negrete y la argentina Libertad Lamarque. Finalmente en 1950 rodó Los olvidados, película por la cual obtuvo en 1951 el premio al mejor director del Festival de Cannes.
En 1952 filmó Subida al cielo, con la que volvió a Cannes. Y ese mismo año salió Robinson Crusoe. Después siguieron La ilusión viaja en tranvía, El río y la muerte, y Así es la aurora (rodada en Francia).
Fiel a las ideas de paz y solidaridad con los pueblos, Luis Buñuel firmó un manifiesto contra la bomba atómica estadounidense, lo que junto a su apoyo a la revista antifascista España Libre le valió su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975.
Después vinieron en 1956 La muerte en ese jardín y Nazarín (1958). En 1959 rodó Los ambiciosos, una película de compromiso político y social. Regresó a España para dirigir Viridiana, una coproducción hispano-mexicana que obtuvo la Palma de Oro en Cannes de 1961 y que fue censurada por el franquismo hasta 1977. El ángel exterminador, tal vez una de sus filmes más personales, fue rodada en 1962. Con Diario de una camarera volvió a Francia. Y en 1966 filmó Belle de jour.
Luis Buñuel se convirtió en 1972 en ser el primer director español galardonado con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El discreto encanto de la burguesía sigue siendo una de los filmes más sugerentes y polémicos, que sabe abordar desde el humor las mañas y decires de los integrantes de esta clase social. Y vale anotar que junto a La Vía Láctea (1968) y El fantasma de la libertad (1974), componen una serie de cine con contenido social que fractura los cimientos de la narrativa cinematográfica convencional.
Buñuel sigue vivo en sus creaciones. Con él los espectadores nos dimos cuenta que hay cientos de formas expresivas que encuentran de la mano de los espectadores recrear la realidad desde la magia. Hay miles de formas de contar y Buñuel supo invitarnos a ser partícipes del mundo que en las pantallas sabe nombrarnos a pesar del tiempo.

** NOTA: Texto originalmente publicado en  Periodistas en español.com

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails