lunes, 26 de junio de 2017

Somos

Somos esta voz que se junta, que ondula su tersura sobre el tiempo vivido, que canta, que llora, que sigue diciendo esperanza. Somos los amantes de la vida y de los sueños. Las manos que tocan, siembran y le cierran las puertas al odio cada vez que abrimos las ventanas para que entre a raudales la luz. Somos tierra. Selva infinita, verdor y mar. La mar y la pesca. El agua y la cosecha. Somos palabra, sobre todo eso. Somos la alegría, los muchos que creímos siempre que podríamos conquistar el futuro. Somos. Somos el porvenir. La certeza de que no volverá el miedo. Somos el abrazo de los juntos, de los que se saben hermanos. Somos papagayo multicolor y caleidoscopio de sueños. Somos esto que vemos, tocamos y sentimos. Somos la utopía con la que tendemos puentes para juntos cruzar hacia el mañana. ¿Quiénes somos? Nosotros, los hijos e hijas del porvenir. 

viernes, 9 de junio de 2017

Afilador

Hay días en que la nostalgia rasga la madrugada. En esas ocasiones los sonidos se vuelven compañeros de las horas que esperan el amanecer. Hay ruidos que se provocan como el del agua al hervir para colar el café, otros que se descubren aguzando los sentidos, como el vuelo de un pájaro extraviado en la noche, un frenazo a lo lejos o la voz recortada entre las paredes de alguien más que abrió los ojos antes de tiempo. Hay también algunos que asaltan durante el insomnio y que no hay cómo retener para que se queden después y nos sigan hablando durante la vigilia. Es la melancolía que a veces llega sonora.
Hace apenas unas horas me hizo compañía el recuerdo del afilador de tijeras cuando llamaba desde su bicicleta.
¿Qué se habrá hecho de quienes practicaban ese oficio, los amoladores que recorrían las calles haciendo saltar estrellas y notas? La nostalgia me trajo un retazo de infancia en la armónica que todavía pasea las calles de la memoria.

miércoles, 7 de junio de 2017

Del odio y del fuego

Esta semana me ha dolido el cuerpo. Esta sensación sorda que me invadió por partes hizo que entendiera que tengo tobillos, rodillas, muñecas, ojos, riñones y cabeza. Esta sustancia que viene desde afuera, porque la enfermedad viene de algún lugar lejano, se apoderó de cada pliegue, hasta tal punto que quise irme. Por suerte pasó, no sé si del todo, pero lo suficiente para querer quedarme por ahora.
Esta semana me ha dolido el alma. Es decir las entrañas, el corazón, los ojos, la boca y cada una de las partes de mí que sirven para expresarse. Me ha dolido la humanidad que me habita.
Cuando un ser humano es asesinado por el odio de otro igual a él, cuando un hombre muere a manos del desprecio y el rencor, lo más terrible y lo más temible de nuestra historia emerge. 
Un hombre caído a manos del fuego que otro hombre enciende es convertir a Prometeo en un animal que no vale la pena ni llorar, justamente a él que nos hizo sabios y eternos. Esta semana entendí la soledad con la que hemos llorado juntos la muerte de un hermano y he visto cómo el silencio es capaz de asesinar al caído.

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