miércoles, 7 de junio de 2017

Del odio y del fuego

Esta semana me ha dolido el cuerpo. Esta sensación sorda que me invadió por partes hizo que entendiera que tengo tobillos, rodillas, muñecas, ojos, riñones y cabeza. Esta sustancia que viene desde afuera, porque la enfermedad viene de algún lugar lejano, se apoderó de cada pliegue, hasta tal punto que quise irme. Por suerte pasó, no sé si del todo, pero lo suficiente para querer quedarme por ahora.
Esta semana me ha dolido el alma. Es decir las entrañas, el corazón, los ojos, la boca y cada una de las partes de mí que sirven para expresarse. Me ha dolido la humanidad que me habita.
Cuando un ser humano es asesinado por el odio de otro igual a él, cuando un hombre muere a manos del desprecio y el rencor, lo más terrible y lo más temible de nuestra historia emerge. 
Un hombre caído a manos del fuego que otro hombre enciende es convertir a Prometeo en un animal que no vale la pena ni llorar, justamente a él que nos hizo sabios y eternos. Esta semana entendí la soledad con la que hemos llorado juntos la muerte de un hermano y he visto cómo el silencio es capaz de asesinar al caído.

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails