jueves, 7 de octubre de 2010

El Che, poeta revolucionario

** Fue el 08 de octubre de 1967 cuando Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, y por él se conmemora el Día del Guerrillero Heroico.



Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires por la América Mayúscula, derramado en las solidaridades y en las luchas, Ernesto Che Guevara (Rosario, 14 de junio 1928 – Bolivia, 09 de octubre de 1967) está más vivo que nunca, más vivo que siempre.
Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en souvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba de tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta.
Su imagen, la imagen del hombre, se repite en muchas paredes, una y otra vez su mirada convoca a la ternura. Ese Guevara infinito que vive y sufre la América contradictoria, es y será siempre una llamarada de esperanza. Ese revolucionario inmortal legó además de su ejemplo y su convicción de lucha, los versos que son memoria de sus días, de sus ires y venires.
Voz de los silenciados, de los olvidados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y de mañana. Guevara es el imprescindible Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura”. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.

MÉDICO REVOLUCIONARIO
Fue en 1947 cuando Ernesto Guevara ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante 1952 viajó por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela en compañía de Alberto Granados. El título de médico lo recibió en 1953.
Luego de sus vivencias en Bolivia y su posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú, llegó a Guatemala en diciembre de ese mismo año. Apenas un mes después, en enero de 1954, entabló amistad con Antonio Ñico López, uno de los participantes del asalto al Cuartel Moncada. Y precisamente después del golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el Che partió a México, donde conoció a Fidel Castro y se enlistó como médico en la futura expedición del Granma. En 1956 los revolucionarios partieron con destino a Cuba. El desembarco se produjo el 2 de diciembre.
De allí en adelante el Che se convirtió en uno de los más valientes combatientes que tuvo la revolución cubana. Y su entereza y honestidad lo llevaron a ocupar importantes cargos en la naciente Cuba revolucionaria, entre ellos el de Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias.
El 3 de octubre de 1965, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Fidel leyó la carta de despedida del Che. El guerrillero heroico partía a Bolivia con el nombre de Adolfo Mena González.
Fue el 08 de octubre de 1967 cuando Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, y un día después asesinado en la Higuera.

Las voces del Che
La América india, negra, pobre, saqueada… se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías necesariamente realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.
Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.
Su canción es himno de lucha, viento que despeina el polvo, lluvia que moja lo que no puede seguir siendo. Resurrecto en las horas, el Che permanece en la estatura de su ejemplo. Su mirada estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. Él sigue cantándonos rebeldías, indicando caminos, señalando errores, amando la palabra y la tierra. El Che vive y vivirá siempre que alguien lo nombre, que alguien lo invoque a mitad de una tarde sin sombra. Vive en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.

Vieja María, vas a morir
Toma esta mano de hombre que parece de niño
entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora. LO JURO”.
Ernesto Che Guevara





Despedida a Tomás
Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos, hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir”.
Ernesto Che Guevara



Rafael Alberti, voz de la España libre

** El poeta luchó incansablemente por la II República, y su canto libertario sigue siendo presente en una tierra que se forja de amores y utopías realizables

Vive en su voz la mar, las aguas del destierro, el vaivén de la esperanza y la vida que no muere ni espera sino que se agita libre entre las olas. Poesía marinera es la de Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 16 de diciembre de 1902 - ibídem, 28 de octubre de 1999), poesía que supo y sabe cantar las sombras, los musgos, el sexo, la muerte, los ires y los venires de todo cuanto está vivo y late en la memoria.
Rafael Alberti poeta de la República Española, el que tiene voz de exilio, voz de aguas, de ríos, de mares, de sueños. Rafael Alberti el poeta marinero que surca las hojas con que llega libre y colorido a esta otra orilla que también lo nombra.

Una generación de voces
Rafael Alberti junto a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y otros jóvenes autores, constituyen la generación del 27. Marcados por las pasiones y dolores de su tiempo, son ellos y sus obras, el reflejo de una búsqueda ética y estética que lega a los lectores de hoy la realidad vista a través de sus miradas.
Luego de la consolidación de la Generación del 27, que se da con ocasión del homenaje que estos poetas ofrecieron en el marco del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora, Alberti signado por una delicada salud vuelve sus ojos a sí mismo, y termina por emerger más hondo, más comprometido, más humanamente divino.
El poeta, colaborador y soñador activo de la II República Española, termina por militar en el Partido Comunista. Los versos se convierten en él en armas necesarias, capaces de sacudir conciencias y transformar el mundo.
En 1930 Alberti conoce a María Teresa León y funda con ella la revista revolucionaria “Octubre”.
Cuando en 1936 estalla la Guerra Civil Española, Alberti quien era miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas denunció el ascenso del fascismo que representaba el franquismo. Asimismo, colaboró en la redacción de boletines y publicaciones entre las que destacó El Mono Azul.
El poeta marinero en tierra, ayudó a salvar los cuadros del Museo del Prado de los bombardeos, mientras se sumaba irrevocablemente a la resistencia del Madrid asediado recitando versos que se difundían hasta en los frentes de batalla.
Tras la caída de la República, Alberti y María Teresa León se ven obligados a exiliarse. Primero en París y, en 1940 y ante la amenaza alemana, se trasladan a Chile acompañados por Pablo Neruda.
Alberti vivió un largo exilio en el que arraigó querencias y ausencias en Buenos Aires y Roma. Regresó a España en 1977, después de la muerte del dictador Franco. Ese año fue elegido diputado al Congreso en las listas del Partido Comunista, pero pronto renunció al escaño porque su vocación era el Pueblo.
Recitales, conferencias y homenajes multitudinarios fueron la cotidianidad de Rafael Alberti, quien recibió el Premio Cervantes en 1983. Entre otros galardones fue distinguido con el Lenin de la Paz (1965) y el premio Roma de Literatura (1991), además del Nacional de Teatro (1980), entre ellos renunció al Príncipe de Asturias, debido a sus convicciones republicanas.
El poeta, autor de Marinero en Tierra, El poeta en la calle, Nuestra diaria palabra, Pleamar, Coplas de Juan Panadero, Oda marítima seguido de Baladas y canciones del Paraná, Golfo de Sombras y Canciones para Altair, falleció en 1999
en su casa de El Puerto de Santa María, en su pueblo natal.

Amores
Alberti amó lo más libre, lo más alto y hondo de las gentes. En sus andares llegó al Chile de Allende de la mano de Neruda y desgarró su voz y su suerte con sus muertes. Porque supo del compromiso del poema y abonó la tierra con sus versos es que viven los que mueren por la vida, como cantó Alí Primera. Por eso, por su palabra profunda, por su canto encendido de esperanzas, por sus verbos libres y adjetivos justos es que Alberti, poeta marinero, es voz de la España que quiso ser República y que hoy renace en estas tierras.
La mar es en Alberti una mujer. Enamorado de su silueta, de sus formas y sus orillas, el poeta marinero, alza la humedad en el verso. Su poética del compromiso, sabia y paciente, le abre espacios al deseo, savia y simiente. La mar dice Alberti, la mar con sus estrepitosas olas, con sus vientos y sus sales, sus aromas. La mar es una mujer y el verso la desnuda.
Alberti, poeta y pintor de los mañanas imprescindibles, ese que supo decir el color y pintar la palabra, fue y será siempre voz necesaria. Hay que volver, una y otra vez al recuerdo, al futuro. Decir presente a los presentes y no olvidar nunca. Ese es el amor poema, versos nacidos desde el siempre y el ahora. Artista plástico y poeta, Alberti no vendió su palabra, sino que vivió el tiempo y el mañana. Fundó con su obra una proclama, una bandera sin mástil, creyó lo creíble y cantó para siempre la esperanza.



Canción 37 (fragmento)

Creemos el hombre nuevo
cantando.
El hombre nuevo de España,
cantando.
El hombre nuevo del mundo,
cantando.
Canto esta noche de estrellas
en que estoy solo, desterrado.
Pero en la tierra no hay nadie
que esté solo si está cantando”.

Rafael Alberti




Mercedes es un canto de vida

** A un año del adiós de la Pachamama cantora los pueblos de Nuestra América siguen entonando su voz como una bandera henchida de sueños y libertades

Hace un año se nos fue la Pachamama Cantora, hace un año, un 04 de octubre, la voz de Nuestra América hizo silencio para nombrarla y hoy su recuerdo sigue vigente.
Hay voces y hay sueños que perdurarán mientras la historia sigan escribiéndola los pueblos. Hay palabras que nacieron para quedarse, porque en ellas habita lo más hondo y lo más alto de las gentes y sus anhelos. Hay cómo no, dolorosas despedidas y largos desconsuelos, y hay siembras que germinan infinitamente en los días por vivir.
Y así es la voz de Mercedes. Porque a la Negra aprendimos a quererla de la mano y los discos de nuestros padres, en las largas reuniones, en la vida que era, en la que queríamos que fuera.
Ella y toda la fuerza de los pueblos de esta América tan poco nuestra vivirá siempre en la memoria de éstos que fuimos y que de alguna manera seguimos sobreviviendo, como cantaba, como canta La Negra.
Cada Madre de Plaza de Mayo es Mercedes, cada niño, cada niña, cada anciano, cada joven capaz de levantar una bandera de lucha, cada pueblo en revolución, cada intento de liberación es Mercedes. Cada sueño de todos, cada canto libertario, cada grito, cada memoria es Mercedes.

LA TUCUMANA
Haydée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1935. Un hogar humilde cobijó sus primeros años y precisamente de allí viene su apego por el arte del pueblo.
En octubre de 1950, con el seudónimo de Gladys Osorio, ganó un certamen radial, cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora. Una década después, el nombre de Mercedes Sosa ya estaba comprometido con el canto popular, integraba el Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente renovadora del folclore argentino.
En esos años, diversos escenarios abrían sus telones para recibir su canto. Fue cuando La Negra grabó su primer disco: “Canciones con fundamento”. Y en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en 1965, Argentina pudo conocerla.
En marzo de 1966, grabó “Yo no canto por cantar” y un año después “Hermano”. A fines de 1967, La Negra hizo conocer “Para cantarle a mi gente”, un disco teñido por la poesía argentina y latinoamericana.
En abril de 1967 se había presentado en Europa y Estados Unidos. Durante esa gira conoció a Ariel Ramírez quien le propuso ser la voz de “Mujeres Argentinas”, trabajo que se concretaría en 1969.

CANCIÓN DEL COMPROMISO
Mercedes Sosa” y “Traigo un pueblo en mi voz” aparecieron en 1973. En 1977, surgió como homenaje “Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui”. El clima político que vivía el país cada vez se sentía más opresivo.
En 1979, se editó “Serenata para la tierra de uno”. Aún en medio de la violencia que sacudía a Argentina, Mercedes seguía cantándole a la vida. El hostigamiento y el cerco que se fue formando en torno de ella la obligaron a exiliarse. Ese mismo año se instaló en París y en 1980 se mudó a Madrid.
Aunque supuestamente, Mercedes podía entrar y salir del país, porque no tenía causa judicial alguna, no podía cantar. Pudo regresar a un escenario argentino el 18 de febrero de 1982, un par de meses antes que la dictadura se embarcara en la Guerra de Las Malvinas.
En el Teatro Ópera de Buenos Aires realizó más de una docena de conciertos. Con estas actuaciones Mercedes no sólo se reencontró con su público de siempre, sino que allí la vieron por primera vez miles de jóvenes que desde entonces la convirtieron en su voz. Poco tiempo después regresó definitivamente a su país.

MEMORIA VIVA
Como productora, organizó Sin fronteras, uno de los espectáculos más importantes presentados en Argentina, en el que reunió en el estadio Luna Park de Buenos Aires, a siete cantantes latinoamericanas: las argentinas Teresa Parodi y Silvina Garré, la colombiana Leonor González Mina, la venezolana Lilia Vera, la brasileña Beth Carvalho y la mexicana Amparo Ochoa. Sus últimas producciones Cantora 1 y 2 son un cancionero que entre amigos pronuncian todos sus sueños, todos los nuestros.
La Negra Mercedes dedicó su vida a cantar la tierra y sus gentes. Por eso su voz jamás dejará de estar presente, de ser una bandera que baila con el viento de los tiempos por venir. En ella se hicieron universales otras voces y otras palabras. En ella siguen anidados y anudados los mejores sueños latinoamericanos.
En ella cantan todas las voces y toda la América. Mercedes es territorio de lo posible, de esa Patria que hecha jirones se crece en las ganas y en las luchas.

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