domingo, 14 de marzo de 2010

Ismael Serrano, trovando la vida

Hay poemas y canciones que son un instante de tregua. Un minuto que se salta las rutinas, que siembra y hace germinar los silencios, la memoria de los viejos y los buenos amores, el dolor de la tierra y la esperanza por el tiempo por vivir. Así canta Ismael Serrano (Madrid, 9 de marzo de 1974), trovador necesario, mago del sortilegio hecho palabra y canción.

Tiene voz de caverna y su palabra canta, canta el sueño, el encuentro, los cuerpos, la historia. Por la casualidad de aprehenderlo, por las ganas que provoca, por el recuerdo que llega con sus versos es que es voz del sur, de la imprescindible historia que escriben los pueblos.

“Ni un momento, ni un recuerdo, / para los que perdieron, los que construyeron / la tumba, el mausoleo, de la miseria, del carnicero. / ¿Cómo esperas ganar sin ellos / las batallas que anteriormente perdieron?/ Si han de callar, que callen aquellos, / los que firmaron pactos de silencio”.
(Al bando vencido, fragmento)

La canción necesaria se hace en él presente. Son los sueños todos, las manos que hilan los anhelos, la caricia niña, el agua en la calle donde navegan infinitos los barcos de papel de la infancia. En su voz caben los matices de la historia mínima, la de los días vividos, la de todos, la de todas...

“Puede que las redes traigan / cuellos rotos, negras plumas de cormorán,/ que tiemblen los semáforos, / las radios callen y se derrumbe la ciudad. / Puede que te saque de mis brazos / tu marido o el despertador, / que te interrumpa el desayuno / el vuelo de un B-52”. 
(Principio de incertidumbre, fragmento)

El tiempo que transcurre entre hora y hora, sueño y realidad, amor y soledad, se hace presente en la voz de Serrano como canto y espejo que nos devuelve entre castañuelas y nomeolvides, el reflejo de nuestros pasos por una ciudad que podría estar en cualquier habitada estancia. Es él y somos nosotros transitando los espacios de la vida colmada de causas y salpicada de azares, esos que sin querer a veces nos empujan a la insospechada alegría de verse en la mirada de un ajeno por reconocer.

“Estamos a salvo del mar y su pureza, / de libros que escribieron preguntas sin respuestas, / de estar sin cobertura, de hablar con el vecino / que duerme en la escalera, del azar y sus hijos. / Del aire estás a salvo en que tiemblan mis ladridos./ De ti estamos a salvo. Mi vida estoy perdido”. 
(Estamos a salvo, fragmento)

Capaz de recomponer la tierra ultrajada por esa España dolorosa, que sembró la rabia y el miedo, Serrano canta la voz de América. La dulce pequeña que anda buscándose a través de los siglos, que anda cantando y cantándonos, mecidos por el rumor del agua y el calor de la madera ardiendo en la memoria. América niña, dulce estancia del mundo, esperanza y utopía posible.

“Duerme, mi pequeño, / que en el país al que vas dormido / escriben la verdadera historia los vencidos / No temas despertarte, / que la luz que se cuela por el tamiz de tus sueños / alumbra esta noche y limpia el cielo del mundo./ Duérmete y que vuestro sueño custodie el futuro. / Duerme mi wawa,/ la Pachamama besa tu frente y en su interior / guarda su oro negro y volátil, para ofrecértelo a ti, mi amor. / Duerme que un sueño nos salvará de tanto olvido, / y espantará al águila que acecha al puma herido”. 
(Nana para un niño indígena, fragmento)

Su voz tiene el color de la vida y su trova le canta, nos canta, abriendo las rendijas por donde asomarse al mundo... para salvarse y salvarnos del quieto silencio y de la muda soledad.

3 comentarios:

Romano dijo...

Saludos,,,muy buen blog,,,,

Rodolfo Serrano dijo...

Lego hasta este blog de casualidad. Y me encanta, además de por razones obvias, por su calidad y belleza.

Daniela Saidman dijo...

Gracias por sus visitas y sobre todo por sus cálidas palabras... Serrano es un buen pretexto para tender puentes de encuentro y seguir soñando amores y los mañanas que deben ser...
Abrazos,
Daniela

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