domingo, 8 de junio de 2008

Eduardo Galeano: "Espejos, una historia casi universal"


** Pensar el mundo real, presente, a través de las páginas de la historia humana, no la de los vencedores, sino la de los vencidos, es darse cuenta que la sociedad está dominada por la dictadura mundial del miedo


Contar el devenir humano, las idas y venidas del hambre y de los sueños, la historia de los vencidos, la de los que desesperan de tanto esperar, y también la de los que sueñan el mundo y los mundos posibles e imprescindibles, es parte del quehacer de algunas mujeres y hombres, que como Eduardo Galeano, han hecho de la palabra un puente tendido a los encuentros.
El escritor uruguayo, autor de las Venas abiertas de América Latina, del Libro de los Abrazos y de la trilogía de Memoria del Fuego, entre otros, presentó recientemente Espejos, una historia casi universal. Alrededor de seiscientos breves relatos se reúnen para narrar el mundo de hoy.
Galeano es sin duda alguna, uno de los escritores que mejor representan a esta América Nuestra, a este Sur, que de tanto silencio impuesto y sangre sembrada ha olvidado mirarse el ombligo y se extravía muchas veces queriendo ser lo que no es, silenciada de su propia historia, que como un viejo amigo decía anda sobre su estómago y sus terribles pies descalzos.

ASOMBROS
Durante la presentación de su libro en Casa de América, en la capital española, Galeano consideró que esta nueva obra está llena “de asombros” que le llevaron a pensar que “el mundo está embarazado de otros mundos”, y esos son, precisamente, los que relata en las páginas de Espejos.
La obra, que fue publicada en el mes de Marzo, insta al lector a pensar sobre las circunstancias de la sociedad contemporánea, pero también le hace remontarse incluso hasta Adán y Eva, sobre los que se cuestiona si “eran negros”.

LA NEGRITUD

En ese sentido, Galeano recordó que si el hombre blanco también procede de África, entonces “somos todos africanos”, y en consecuencia todas y todos “somos negros”, lo que subrayó, “no viene mal recordar en estos tiempos”.
“De allí –de África- emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta... Ahora las mujeres y los hombres, tenemos más colores que el arco iris del cielo; pero somos todos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África”.
Y continuó contando que “en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido”, y añadió que las pateras -pequeñas embarcaciones de fondo plano y sin quilla- de hoy “son nietas de los navíos de negreros”.
Quienes van en las pateras “no se van, los empujan, porque nadie emigra porque quiere” y denunció que “la venta de carne humana sigue siendo el negocio más exitoso del sur”, pero los que llegan al norte “serán usados mientras sirvan y después serán arrojados”.

ENTRE MUROS
A pesar que durante décadas el “civilizado” mundo de Occidente se quejó del Muro de Berlín, mientras exigía a gritos su caída, “otros muros siguen surgiendo y, aunque son más grandes, no se dice nada”. Éstos, dijo, son por ejemplo el kilométrico muro que Estados Unidos construye en su frontera con México, por el que “pueden pasar el dinero y las mercancías pero no la gente, porque ésta no es digna de confianza” o las alambradas de Ceuta y Melilla o el de Cisjordania o el existente entre Marruecos y el Sáhara Occidental.

LOS NADIES
Los olvidados de la historia oficial, los nadies, que como el mismo Galeano escribió en el Libro de los Abrazos, “cuestan menos que las balas que los matan” son, aunque quieran negarlos los oficiantes del hambre y la desmemoria impuesta, protagonistas de las palabras divinamente humanas de este escritor uruguayo, tan latinoamericano que hace de su palabra, voz de los sin voz.
“Este es el libro de los olvidados... de las historias no vistas”, dijo Galeano en la presentación, en la que se declaró “unido a la causa saharaui porque es un pueblo al que le robaron la Patria”. Y sin embargo, el escritor señaló también que los humanos pueden “ser compatriotas de gente nacida en otros países y sentirse contemporáneos de personas que vivieron en otras épocas, y que, además de ser los exterminadores de todo, los creadores de la bomba atómica, los únicos que torturan o violan o matan por placer, también los humanitos –precisó-, son los únicos que sueñan despiertos, los que convierten la basura en hermosura, los que descubren colores que el arco iris no conoce, los que dan nuevas músicas a las voces del mundo y crean palabras, para que no sean mudas la realidad ni su memoria”.

GLOBALIZACIÓN

En su andar por el mundo Galeano aprendió y aprehendió qué es el “internacionalismo”, y en este sentido enfatizó que Espejos es fruto de su larga certeza internacionalista. Aclaró que ese concepto “no tiene nada que ver” con la globalización, que considera como el “libre el tránsito del dinero y de las mercancías, pero no el de las personas”, y lamentó que los países sur del mundo “han sido articulados al servicio del mercado mundial”. Por esto, consideró que esos países “desarrollados hacia afuera –los explotados del mal nombrado Tercer Mundo-, en función de las necesidades de otros, necesitan reconocer el camino hacia adentro”. (Texto basado en información de prensa)

ESPEJOS
Eduardo Galeano
"Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?
De deseo somos
La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también".

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