Los viajes de Antonio Machado




Camina hacia el infinito, hacia la memoria abierta de ecos, de roces, de pueblos. Camina siempre sobre la vida, nombrando y nombrándonos, reconociéndonos en los amores abiertos y en las ganas justas. Antonio Machado (España, 1875 – Francia, 1939) poeta cantor, sigue vivo en sus versos y en los ojos que tropezamos en ellos, recuperando su batir de alas en pleno vuelo.

Todo en él sigue siendo presente, la infancia, el recuerdo todo y la gracia de saberse vivo por sobre el hambre y el miedo, vivo para entonar poemas como fusiles, como banderas, como utopías, como sueños.

Antonio Machado hombre y mago, que supo encantar las palabras para trocarlas en palomas blancas le escribió a las heridas y a los anhelos, al tiempo que fue y al que será, empeñado en las cotidianidades que han sabido alzarse a los días que vinieron después.

“Y cuando llegue el día del último viaje / y esté a partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar”. (Retrato, fragmento)

Amante de las libertades, Antonio Machado falleció con un verso escondido en el bolsillo, un verso que es definición de su existencia y de sus sentires. “Estos días azules y este sol de la infancia". Recuperar su palabra, es de algún modo reencontrarse con lo mejor del ser humano, con su capacidad inquebrantable de amar lo más libre y más hondo que nos habita. Antonio, un marinero de océanos y de vidas…

“Algunos lienzos del recuerdo tienen / luz de jardín y soledad de campo; / la placidez del sueño / en el paisaje familiar soñado. / Otros guardan las fiestas de días aún lejanos; / figurillas sutiles / que pone un titerero en su retablo”.

En sus manos la palabra fue pincel para esbozar el mundo y sus paisajes, tal vez por eso la magia y el eclipse y el sol que sabe alumbrar el día. Sencillo en la exacta dimensión del hombre, Machado, exponente de la Generación del 98, es voz entre todos los ecos.

“Este hombre del casino provinciano / que vio a Carancha recibir un día, / tiene mustia la tez, el pelo cano, / ojos velados por melancolía; / bajo el bigote gris, labios de hastío, / y una triste expresión, que no es tristeza, / sino algo más y menos: el vacío / del mundo en la oquedad de su cabeza. / (…) / Este hombre no es de ayer ni es de mañana, / sino de nunca; de la cepa hispana / no es el fruto maduro ni podrido, / es una fruta vana / de aquella España que pasó y no ha sido, / esa que hoy tiene la cabeza cana”. (Del pasado efímero, fragmentos)

A Antonio Machado supo cantarlo Joan Manuel Serrat, un español que canta a otro y cantándolo nos canta también a nosotros aunque estemos más lejos. Universal en la evocación y en el anhelo, Machado es presente de los presentes, por eso hoy sus versos que saben decirnos la tierra y sus campos y sobre todo, los andares por el mundo y sus mares. Machado, limpio de peros… en sus versos anidan los vuelos y algún que otro naufragio.

“Guitarra del mesón que hoy suenas jota, / mañana petenera, / según quien llega y tañe / las empolvadas cuerdas. / Guitarra del mesón de los caminos, / no fuiste nunca, ni serás, poeta. / Tú eres alma que dice su armonía / solitaria a las almas pasajeras... / Y siempre que te escucha el caminante / sueña escuchar un aire de su tierra”.

Todo fue posible en su palabra, la sal, el llanto, el sueño, la vida, la risa y el cauce viejo. Machado, poeta de esa España que no pudo ser y que tal vez hoy sea en otras geografías, aquí tu voz de pasos y abrazos, aquí nosotros saltándonos los ecos.

“Poetas, con el alma / atenta al hondo cielo, / en la cruel batalla / o en el tranquilo huerto, / la nueva miel labramos / con los dolores viejos, / la veste blanca y pura / pacientemente hacemos, / y bajo el sol bruñimos / el fuerte arnés de hierro”.




* Publicado en el Diario de Guayana, domingo 16 de agosto de 2009

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