sábado, 19 de diciembre de 2009

José Javier Sánchez, memorias de hace poco


Hay una poesía que surge de las nuevas voces, de las voces jóvenes, que sin embargo llevan entre sus pliegues todo el dolor y la memoria de las gentes, sus sueños y sus derrotas. Hay una poesía que aunque joven tiene el sabor de otros años, la textura de la vida ida, de las ancestrales desgarraduras del alma. Esa es la voz de José Javier Sánchez (Caracas, 1970), poeta venezolano, palabreante de la magia que sabe nacer del papel y entregarnos sin envoltorios los ecos de las calles de Caracas, de la vida que nace y muere en un país colmado de ausencias y de esperanzas.

“El hambre de los barrios no es igual al hambre de los pueblos, / ni a la de las urbanizaciones, ni a la de los conventos. / Es un hambre distinta. / A fin de cuentas lo importante es no ser desnutridos del alma / y aunque el niño, el joven o el anciano le dan un distinto tratamiento / si usted es un niño del barrio y llega a ser del barrio anciano / seguro pasará por todo esto”.
(Allá arriba en los barrios de Caracas, fragmento)

Fragmentos para una memoria, publicado por la Editorial El Perro y La Rana, en 2007, es una colección de imágenes, de fotografías que muestran barriadas y amores, hambres y anhelos. Cada verso es un trazo, una pincelada… cada poema un grito, una angustia, una verdad sin cortapisas, sin sombras. Tiene su poética las voces todas, las risas y los llantos, el amanecer de un día cualquiera y la bala que cruza la rabia en cada palabra.

“lástima que la muerte insista en imponerse / y le ofrezca pistolas o pipas de crack a los adolescentes / y les garantice una nota de prensa en el mejor de los casos / lástima que ya no sea tan muchacho / la mayoría de ellos no crea en lo que escribo / y ahora los vea desde la otra acera / pistola en cintura soñando con comerse una parrilla en El Junquito / o tener una moto o pisar los dieciséis a regañadientes”.
(Estos versos que no pretender ser un epitafio, fragmento)

El poema es también denuncia, porque el poeta es pueblo y sabe del café colado y del hambre y de la muerte. Sabe también de amores y buenos vientos, aunque de vez en cuando se le crucen borrascas de llantos. Esta poesía joven bañada de augurios y de algunas certezas encuentra en el poeta el silbido y el naufragio, porque en la voz de José Javier Sánchez bullen todas las otras voces, las nuestras.

“Allá arriba en los barrios de Caracas / El hambre es el sol y el firmamento / los niños la espantan en la calle jugando fusilando callejero / se le ocultan jugando al escondite, / en un papagayo la elevan al cielo. / La baten contra el piso con sus trompos / le golpean con sus metras el rostro / con sus gurrufíos la mutilan, la aniquilan, / siempre la corren con sus juegos”.
(Allá arriba en los barrios de Caracas, fragmento)

Y un poema de amor que no salva el mundo, como escribió Pereira, estalla en el papel. Amando los odios y los cuerpos José Javier Sánchez desanda los caminos y desata las humedades. Una mujer como una imagen, como un susurro, como una caricia que se convierte en la palabra justa, en el roce y en el verso.

“Esperaré a que usted llegue y se desnude / para endulzar mi aliento con sus besos, / calmar mi sed en el mar de sus entrañas, / encontrar la paz en el regazo de su orgasmo. / Luego la adoraré; la haré santa; Diosa Africana. / Será usted mía y le daré la libertad de partir cuando le plazca”.
(Despójese de sus harapos y sus trastos, fragmento)

Se presiente la calidez de los sonrojos en los versos de José Javier, como una invitación a recorrer sus versos para adentrarse en esa Venezuela de roces, de contradicciones, de luchas, de avanzadas. Todo lo humano, lo divinamente humano, cabe en su poesía, por eso es tal vez es un descubrimiento hallar sus palabras que tienen la dimensión exacta de la memoria y del eco.

5 comentarios:

José Javier Sánchez dijo...

Daniela, Gracias por la calidez, el tiempo y el corazón entregados en estas palabras "..., memorias de hace poco".
Me enteré de su publicación en la boda del siglo
las recibo con alegria y con el compromiso de seguir avanzando en ese sueño común que nos une a ti a mi y a los pasajeros del bandido. abrazos

gracial mil

José Javier Sánchez

Escafandra dijo...

Daniela: coincidir en un poema, suele pasar... pero en un millón de versos del siempre lúcido duende José Javier, hermano de botiquines y miradas al mar de las nenas de los barrios, imposible no recordarlos a los dos y no decirles que mi soledad colombiana los recuerda y añora sin medida... Fernando.

JUAN MANUEL PARADA dijo...

El poeta José Javier, el pana, el caraqueño, visto a través de los ojos de Daniela... qué privilegio para uno como lector.

Un abrazo para ambos... para cada uno, digo.

arturo dijo...

Conocer a JJ es reafirmar que el tiempo no existe. Pocos años han pasado desde que nos vimos por primera vez, y lo siento mi hermano, esa familia que la vida te regala. Gracias Daniela, por eliminar las distancias y ubicarnos a todos en la misma orilla.

Daniela Saidman dijo...

Arturo las distancias no existen cuando se trata de José Javier, poeta y ser humano excepcional. Saludos siempre desde la orilla más luminosa...

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