lunes, 14 de diciembre de 2009

Juan Gelman, hacia el sur


La poesía no se hace sola, no la escriben los poetas encerrados en sus soledades, sino que es más bien, voz y verso de todos. Son ecos de los ecos, de los tiempos idos y de los bares, de las calles, de las plazas, de los sueños. Así son precisamente los versos de Juan Gelman (Buenos Aires, mayo de 1930), ese poeta que sabe de torturas, de desapariciones, de exilios, de luchas y de esperanzas. En él, en sus palabras que esgrimen el canto y el fusil, cabe la América mayúscula, la que duele y resuella la siembra y la sangre. Gelman poeta imprescindible de estas tierras y estas gentes, poeta que a viva voz denuncia el miedo y el atropello, la pérdida y la memoria, escribe y canta el poema, escribiéndonos y cantándonos las risas y los llantos.

“A este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre”
(Arte poética, fragmento)
Se trata de resistir, a la muerte, al odio y sobre todo al olvido. Resistir, resistiendo juntos, amando en los odios y en las desgarraduras del alma. A Gelman le asesinó la dictadura lo más hondo de sus entrañas y siguió resistiendo, aunque un poco más muerto. Trataron de acallarlo y su silencio estalló en todas las esquinas, desempolvando las sombras con las que incendiaron el Sur. Por eso su palabra es siempre presente y es grito y faro y es nomeolvides.

“Sentado al borde una silla desfondada, / mareado, enfermo, casi vivo, / escribo versos previamente llorados por la ciudad donde nací. / Hay que atraparlos, también aquí / nacieron hijos dulces míos / que entre tanto castigo te endulzan bellamente. / Hay que aprender a resistir. / Ni a irse ni a quedarse, / a resistir, / aunque es seguro / que habrá más penas y olvido”.
(Mi Buenos Aires querido)

Gelman interroga con sus versos y las respuestas son las lecturas que cada quien y cada cual hace de sus palabras. Y porque calla la certeza es que despierta la duda en cada página. Son sus poemas un viaje al sur, al sur de América y a América del Sur, donde anidan los cóndores y las altas cordilleras. Su poética es la del combatiente que no ha perdido jamás la ternura y se entrega con la hondura de todas las humanas pasiones.

“te escribo en una hojita de papel / caída del cuaderno del hijo / con una baca un vurro / sumas restas / esta carta que enviaré jamás / tiene delicias y tristezas / y cuando la leías te ponías muy dulce / porque yo no escribía nada / pero cantaban los pájaros / azules de la izquierda / volaban a tu sombra y callaban / con los ojos abiertos / como memorias en la noche”.
(Carta)

El amor con todos sus nombres aparece en los versos del poeta argentino. Es la mujer con nombre de patria, de tierra olorosa al campo y a la labranza, a la ciudad y sus recovecos y a los ecos del alma. Cada vértice, cada cóncavo sentimiento emerge de las fronteras, la de la piel y la de los mapas.

“ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mí paciencia para mí dime qué diablos hago por qué te necesito quién eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte acabarte mezclarme en tus huesitos y eres única patria contra las bestias el olvido”
(Preguntas)
Es el poeta y el poema un gesto, una caricia, un batir de alas, una mañana, una duda, la sombra, la noche, la tregua, la mirada. Poesía que sabe mostrar y mostrarse abierta al recuerdo y a las entrañas, la voz de Gelman es voz del sur que aún reclama
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