sábado, 23 de abril de 2011

María Elena Walsh un canto para siempre

** Escritora, poeta y compositora, creadora de entrañables personajes, como Manuelita la tortuga y la Reina Batata, así como de canciones inolvidables, escribió más de cuarenta libros, sin evadir su compromiso con el pensamiento libertario.


Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, cuántas noches pasarás desesperando. Y a la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando” fueron los primeros versos que cantó la Negra Mercedes cuando volvió del exilio a su Argentina natal. Como la cigarra, esa canción que es bandera de tantas y tantos latinoamericanos que sufrieron el destierro a causa de la represión que vivió la América Mayúscula durante las décadas del sesenta, setenta y ochenta, fue escrita por María Elena Walsh, una maestra que diciendo y diciéndonos cuentos y canciones se nos ha quedado prendida para siempre en la memoria. María Elena (Buenos Aires, 1 de febrero de 1930 – 10 de enero de 2011) es la maga que supo sacar de sus labios, de sus manos, de las cuerdas de la guitarra a esos personajes que acompañaron la niñez de unos niños que hemos dejado de ser y ahora van de la mano de nuestros hijos. Allí está la Manuelita inolvidable que se marchó a buscar a su tortugo, y el jacarandá con sus flores lilas derramadas al este y al oeste, y la reina batata sentada en su trono de lata, el reino del revés que imaginó para nosotros María Elena vive en las canciones que seguirán cantando las maestras en las aulas de América.

Semblanza
Joven empezó María Elena sus andares por la palabra. A los diecisiete años publicó su primer poemario, Otoño imperdonable, con el cual obtuvo el segundo premio Municipal de Poesía. 
 
La Walsh, como le dicen con afecto en el Sur, escribió más de cuarenta libros infantiles y compuso temas que fueron interpretados por algunos de los más notables trovadores iberoamericanos, como Mercedes Sosa o Joan Manuel Serrat.
 
En 1948, al finalizar sus estudios en los que se graduó como profesora de Dibujo y Pintura, aceptó la invitación del autor de Platero y yo, el español Juan Ramón Jiménez, para visitarlo en su casa de Maryland (Estados Unidos), donde permanecería seis meses en 1949.
Al borde de la mitad del siglo XX, ya de vuelta en Buenos Aires, publicó Baladas con Ángel (1951), su segundo poemario.

Un año después se instaló en París junto a la cantante Leda Valladares. En la capital francesa empezaron a cantar canciones folclóricas del norte argentino. En esa ciudad se relacionaron con artistas de la talla de la chilena Violeta Parra y grabaron sus primeros álbumes como dúo.
 
De vuelta a Argentina en 1956, Leda y María Elena realizaron una extensa gira por el noroeste argentino. Y en 1958 María Elena publicó su tercer libro de poemas, Casi milagro.
 
Ese mismo año María Herminia Avellaneda le ofreció a Walsh escribir guiones de televisión para programas infantiles. La experiencia la llevó a crear un género similar a un “cabaret para chicos”, que sin duda revolucionaría el mundo del espectáculo, el folclore y la música infantil.

De 1960 son los discos Canciones de Tutú Marambá, en el que están incluidas algunas de las más famosas canciones infantiles como La vaca estudiosa, Canción del pescador, El Reino del Revés y Canción de Titina. En 1963 grabó Canciones para mirar. Doña Disparate y Bambuco fue la última presentación de Leda y María. Precisamente en esta obra aparecen el Mono Liso, y la tortuga Manuelita, el personaje más paradigmático y conocido del universo infantil creado por María Elena Walsh.

Canciones para mirar fueron seguidas de la publicación de cinco libros para niños: El reino del revés (1964), Zoo loco (1964), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Aire libre (1967), libros que consolidaron el imaginario que la compositora edificó en esa década para los niños y que han marcado a varias generaciones de argentinos y latinoamericanos.
Hecho a mano, poemario para adultos, fue publicado en 1965.
 
En 1968 estrenó Juguemos en el mundo, un espectáculo para adultos, inscrito en el nuevo cancionero argentino, que reivindicaba desde la creatividad y la innovación los temas sociales y políticos.
 
En julio de 1978 y en medio de la Copa Mundial de Fútbol, María Elena, tal vez asfixiada por la censura impuesta por la dictadura militar, decidió “no seguir componiendo ni cantar más en público”. Durante esos años algunas de sus canciones se volvieron un estandarte de la lucha por conquistar la democracia, miles de argentinos y latinoamericanos entonaban como una bandera henchida de sueños Como la cigarra, Canción de cuna para un gobernante, Oración a la Justicia, Dame la mano y vamos ya, Balada del Comudus Viscach o Postal de guerra.
 
Fue nombrada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1985 y en 1990, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba y Personalidad Ilustre de la Provincia de Buenos Aires. Una recopilación completa de sus canciones para niños y adultos fue publicada en 1994 y en 1997, Manuelita ¿dónde vas?

Despedidas
Y aunque hay despedidas que son siempre una bienvenida, porque la vida trasciende el presente, porque se instala en todas las cotidianidades, María Elena vivirá en cada niño que se anime a crecer desprovisto de las miradas adultas que muchas veces enturbian los paisajes del alma y los otros. La vida de María Elena está y estará siempre en su obra. En las canciones que los niños que fuimos cantamos a los niños que son. Y es que al final, las niñas y niños de ayer, las mujeres y los hombres de hoy que siguen y seguimos cantando a coro a Manuelita, la que vivía en Pehuajó, tienen y tenemos, una pena infinita.



Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo,
mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines,
mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable,
mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te lastiman,
mi amor,
yo quiero vivir en vos”.

María Elena Walsh

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