sábado, 23 de abril de 2011

El Bolívar de Angostura

** El 15 de febrero de 1819 el Libertador expuso ante el Congreso, una de las piezas políticas fundamentales del ideario de Nuestra América.


Era la Venezuela que estaba naciendo, la tierra regada de vidas que se negaban a la esclavitud y que fueron germinando libres y cálidas al calor de los siglos que vinieron después. Era esa Venezuela que es una voz más de la América Mayúscula, un candor, una esperanza, que traía entre los ruedos del vestido el rumor del Orinoco humedeciendo esa Angostura que desde entonces es hogar de las palabras que surgieron al fragor de las luchas libertarias. La voz que aún perdura se asomaba en el recinto que se alza frente a la Plaza Bolívar de esa ciudad que representa la octava estrella del tricolor nacional.

Fue un 15 de febrero de 1819 cuando un hombre, joven, apasionado, terriblemente sabio, gigante en su estatura, tronó desde lo más hondo una de las piezas políticas más profundas de ese tiempo y de todos los tiempos.

Bolívar, Simón, pronunció su discurso en el Congreso de Angostura frente a veintiséis diputados. Palabras que después fueron publicadas en el Correo del Orinoco, en las ediciones 19, 20, 21 y 22 del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819. Largos años han pasado desde entonces, y aún este pueblo nuestroamericano, en la visión integracionista del Libertador, lucha por su segunda y definitiva independencia.

El discurso
Bolívar libró su más apasionada batalla por la unidad de la Gran Colombia, esa Patria Grande que debía estar al servicio de los pueblos e iluminada por los más hondos principios. Ese febrero de 1819, Bolívar estaba proponiendo una constitución para la naciones que confluían en su idea integracionista. Por eso, el discurso ante el Congreso de Angostura, aborda en cinco partes todo el ideario de este hombre que con su ejemplo ha trascendido las fronteras del tiempo.

En la introducción del discurso Bolívar mecido por los ires y venires de la construcción de la República, retorna el poder al Congreso. “Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra Libertad”. A la vez que ratifica que su esfuerzo seguirá en los campos de batalla para sostener la independencia de la Patria.

El tiempo
En un segundo espacio de su pieza oratoria, Bolívar expone los hechos que impactan la Nación de esos tiempos. En un análisis crítico reflexiona sobre los aconteceres y peligros que corre la recién nacida Patria. Evalúa la amenaza de la monarquía y lo esencial de fortalecer un sistema democrático que libere tierras y hombres, conciencias y sueños, y sobre todo que haga realidad las esperanzas. “Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República Democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir”, decía un Simón enamorado del futuro que estaban edificando juntos las mujeres y hombres de la América Nuestra.

Después de esbozar distintas formas de gobierno, Bolívar se adentra en la propuesta de Constitución para la Venezuela que cabalgaba a lomos de su historia y de las utopías que hoy, doscientos años después, empiezan a hacerse realidad.

Y en esta tercera parte de su discurso el Libertador dimensiona el perfil de las mujeres y hombres que habitan la geografía siempre verde de esta Venezuela mineral y contradictoria. Allí delinea los sentires y los tactos, los sabores, los olores, los sonidos de una tierra que es confluencia de ritmos y colores. “Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa”.

El discurso prosigue con una síntesis que narra lo hecho hasta entonces. Abolición de la esclavitud, reparto de tierras, institución de la orden de los libertadores y ratificación del voto comprometido con la decisión del patria a muerte. Así también el funcionamiento del gobierno y sus poderes, que deben necesariamente fortalecerse para sustentar la democracia. Y propone un cuarto poder, el Moral, uno que fuera capaz de darle sentido a las acciones humanas, además de enfatizar la prioridad que debe tener la educación como proyecto emancipador.

El discurso de Bolívar en Angostura es la concreción del pensamiento bolivariano, por eso su lectura es siempre una rendija abierta al tiempo que fue y al que debe ser. De su pluma y de la voz que aún impregna las paredes de la Casa del Congreso germina una Venezuela que hoy es llama encendida, fuego que alumbra los presentes que están por venir.



Discurso ante el Congreso de Angostura
Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. (...) Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías”.

Simón Bolívar

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