José Ernesto Schulman, Argentina en la memoria


Por suerte alcazan los asombros. Por suerte, siempre hay palabras y gentes que se salvan, y nos salvan. Por suerte, en estos tiempos de virtualidades llegan palabras que eclipsan las cotidianidades y entonces, aparecen las posibilidades del encuentro.

Precisamente por esas casualidades de la web llegué hasta algunos textos de José Ernesto Schulman, su nombre me liga a mis propios recuerdos y a las conversas en el patio de la casa de mi padre, en las que la memoria siempre se vuelve bandera y ritual de presente.

Las crónicas, cuentos, ensayos y poemas recrean la juventud de aquellos que fueron y son, voces imprescindibles, de aquellos jóvenes que se sembraron y que hoy siguen diciendo el necesario futuro que debe nacernos.

El tema de la memoria como reivindicación histórica de los vencidos viene una y otra vez, porque no es posible la libertad sin justicia, porque es imposible el futuro sin saldar las cuentas con el pasado, porque para que haya mañana es necesaria la solidaridad y el recuerdo.

Por eso y más, estas Voces del Sur dicen también los versos de José Ernesto Schulman, que pueden leerse en su blog titulado Las crónicas del nuevo siglo (http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/).

Secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, entidad fundada en 1937, José Ernesto Schulman, aborda en su poética la canta necesaria del pueblo argentino, de los pueblos latinoamericanos. Sus palabras saben a las noches de los bastones largos y a la noche de los lápices que vino después, tienen sus versos el tacto del agua que no quiso tragarse los cuerpos de una de las dictaduras más cruentas del sur de Nuestra América. Saben sus palabras del dolor irrevocable de los desaparecidos, de la sombra que habitan los padres y los hijos que lloran las ausencias sin tumbas, pero mecidas por la gloria de saberse vivos en la historia.

Cada globo rojo con cartitas de alumnos de tu escuela dice que cuando nadie se acuerde de los represores, cuando nadie sepa ya el nombre del General de la Nación Santiago Omar Riveros ni tampoco el del otro General Fernando Verplaetsen, cuando ni polvo quede del hueso de tus míseros asesinos, todavía en la Argentina se acordarán de vos, el Negrito Avellaneda, y habrá plazas y habrá escuelas con tu nombre. / Y por las calles polvorientas de algún barrio pobre de la zona norte del Gran Buenos Aires, un niño correrá con un globo rojo en la mano y una remera que diga tu nombre en el pecho, que viene ser el lugar del corazón. / O sea, el Negrito Vive”. 
(Un cielo para el Negrito Avellaneda, fragmento) 
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Son las imágenes que quedaron, las que se salvaron de la hecatombe, las que perviven como trinchera de lucha, como fuego capaz de incendiar e incendiarnos. Son los ojos, los labios, las manos, el sueño de esos que viven en cada gesto, en el tiempo de la resistencia y de la muerte que se niega a morir. Son sus ecos, sus gritos, su tiempo habitando las cotidianidades y los pasos de éstos que somos hoy.

Será entonces / que no les duele / tu ausencia / sino la dura / presencia / de tu ausencia / Porque hay / presencias vacías / y hay ausencias / que acusan / con más fuerza / que un grito. / Y eso eres, / ahora comprendo, / el grito / indómito /de aquellos / que creyeron borrar / y los hicieron / sueños / de esos que nunca morirán”.
(Quién le teme a Alicia López, fragmento)

Estas ausencias no tienen olvido, porque viven en la exacta dimensión del hombre. No hay tregua ni resquicio, porque queda la memoria iluminando los pasos, los abrazos, la caricia y el tiempo. Y este es tiempo de memoria infinita. 

http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/ 


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