martes, 11 de diciembre de 2007

Hipócritas medios de difusión social


Dicen que dicen, pero lo que callan es al pueblo. La tinta que corre por el papel esconde con letras invisibles un desgarrado cúmulo de voces que llevan quinientos años tratando de pronunciarse. Proclaman la libertad de expresión pero silencian las realidades que no comparten. Son las genuflexas palabras de las minorías que siempre han mandado como mayorías, porque son menos pero tienen más.

Dicen que piensan, pero otros piensan por ellos y hablan a través de sus páginas. Los medios impresos son acaso el árbol caído sin frutos, porque el papel viene de las entrañas de la tierra, aunque seguro quisiera otro propósito para su tala.

Dicen que muestran, pero lo cierto es que arman una realidad a su conveniencia y a la talla exacta de los intereses del capital, que no tiene más nacionalidad, religión e ideología que la acumulación.

Dicen que representan la pluralidad, sin embargo atentan contra la democracia cuando incitan al odio y venden racismos y sectarismos a su medida.

Dicen que el régimen no aprueba la importación del papel pinochetista para sus pasquines, pero olvidan mencionar qué hicieron con los dólares preferenciales de Recadi (Régimen de Cambios Preferenciales), allá en 1983. O mejor aún, qué expliquen cómo han hecho para mantener un periódico, una cadena de emisoras radiales y una televisora sin publicidad (y no porque el gobierno les haya negado los anuncios, sino porque nunca han estado interesados en ellos).

Dicen en mayúsculas que su compromiso histórico será indoblegable y como siempre mienten. Porque su compromiso está en los dólares que apuestan a la marginación y la exclusión de la mayoría, a la dictadura.

Dicen que no saldrán a las calles sus hojas manchadas de mentiras porque no tienen papel. Y mientras tanto, nosotros decimos que mejor que no salgan, que se queden en la sombra, con las rotativas apagadas. Decimos que queremos la veracidad o el silencio.

Y decimos también que tenemos el genuino derecho a ser libres, a soñar y construir el país que queremos, a educar a nuestros hijos con los valores de la solidaridad y el socialismo, que tenemos derecho a decir que este es el gobierno que hemos elegido y aunque se equivoque, asumimos que el error es nuestro, porque desde ahora decimos que tenemos la potestad de asumir los triunfos y también las derrotas de nuestro destino.

Dicen, pero nosotros, pueblo, también decimos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre acertada, apasionada desde el verbo, comprometida. Yo no diría que prefiero el silencio a la veracidad, pero sí creo que entre tanto decir que no dice y desdice la tinta manda un mensaje desde el capital. Su papel escaso será apenas echado en falta como piso de las jaulas de pájaros... está claro que en ese sentido su compromiso no es precisamente con la libertad. Saludos!

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