miércoles, 27 de febrero de 2008

El amor en los tiempos del cólera

Algunos libros son para releerlos en el tiempo, descubrir nuevas miradas cuando nuestros ojos ven otras aristas y realidades con el paso de los años.

A veces, uno se reencuentra con una novela gracias al comentario de un amigo, al azar de encontrar una carta donde se lo nombra o porque alguien ha llevado, o mal llevado, su historia a la gran pantalla. Y entonces, como por arte de magia, las páginas vuelven a encender algunas noches.

¿Y cómo no caer ante la tentación de hablar sobre las emociones y las sensaciones que despierta esa nueva lectura?

Cincuentaiún años y nueve meses aguardó Florentino Ariza el reencuentro con Fermina Daza. Dos personajes nacidos de la palabra y la voz de Gabriel García Márquez, en 1985.

Tal vez más que una historia de amor, El amor en los tiempos del cólera, es una excusa para contar y contarnos una época de la colombiana Cartagena, o para ahondar en el significado de la muerte y del amor y sus idas y venidas, y sobre todo los extraños recovecos de la memoria y del paso del tiempo.

En ella, es inevitable, buscarse a sí mismo, preguntarse sus dudas y soñar con la tibieza de las aguas del Magdalena, que recorren esa vecina geografía.

Es una Cartagena de Indias que podría no ser o podría ser otra, una historia que se desarrolla al inicio del siglo XX, pero que lleva impresa todas las dudas y desazones que nos pueblan a los habitantes de este desigual siglo XXI.

Más allá de la compleja, circunspecta y sabia crítica literaria, que ha asumido esta novela como una de las más terminadas del Gabo, El amor en los tiempos del cólera es la recreación de los olores, los sabores, las texturas… de los sentimientos humanos.

Curiosidad, pasión, resignación, despecho, sexo, vejez, muerte, vida, fidelidad, incomprensión, familia, encuentro, rencuentro y desencuentro son algunas de las palabras que nacen cuando se evocan las historias que se tejen alrededor de esta novela, pero las palabras del Gabo les da movimiento y musicalidad a medida que se adentra en una de las narraciones más cálidas y divinamente humanas que nos ha regalado.


“… pero se dejó llevar por su convicción de que los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy está muy bella tu página, me encantan las fotos.Flo

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