sábado, 1 de agosto de 2015

Ramos Sucre: la vigilia de un poeta




** La Biblioteca Ayacucho editó la obra completa del poeta cumanés, a la cual es posible acceder de forma gratuita en su página web, además de otros títulos que hacen una de las más importantes colecciones literarias de América Latina y del mundo.






¿Qué sueños habrá tenido quien no pudo dormir nunca? ¿Qué caricia de horas nocturnas habrá recibido? ¿Qué mares de tormenta y silencio lo arrullaron durante el desvelo? Tal vez no lo sabremos nunca o tal vez haya que volver una y otra vez a sus palabras para saberlo.

A José Antonio Ramos Sucre  (Cumaná, 9 de junio de 1890 - Ginebra, Suiza, 13 de junio de 1930) lo llaman maldito por su poesía, pero parece más bien un frágil jinete de los cielos, un ángel sin alas que escribió para arrimar peldaños a la escalera que lo llevara nuevamente al paraíso del que había partido, probablemente con tristeza.

Él es uno de los escritores más hondos que ha dado Venezuela. Su voz sigue siendo hoy un misterio capaz de encender los ojos y el alma de quien seducido por el vértigo se deje caer en los versos que hacen del papel una espesa telaraña de claridades y sombras.

Escribió en prosa es verdad y escribió una poesía que ha estado desde el principio llena de incomprensiones y equívocos. Los críticos estudian a este poeta que decidió irse al arribar a los 40 años de edad con una poética desgarradora, capaz de cruzar mares y adentrarse en las cotidianidades de la ventana en la oscuridad de la noche.

A los diez años fue enviado por su padre a Carúpano a formarse con su tío paterno, el historiador y letrado, José Antonio Ramos Martínez, quien lo inició en el latín y la literatura, y a lo mejor también en la rigurosidad del estudio.

En 1912 inició las carreras de Derecho y Literatura en la Universidad Central de Venezuela, a la par que continuó estudiando de forma autodidacta idiomas, entre ellos el griego antiguo y moderno, el francés, inglés, italiano, portugués, alemán, danés, sueco y sánscrito. Por los tiempos de represión que vivía el país en manos del gobierno de Juan Vicente Gómez fue obligado a suspender sus estudios debido al cierre de la universidad. Al abrirse la UCV en 1916 y durante los tres semestres siguientes, Ramos Sucre presentó los exámenes de la carrera de Derecho. Un año después terminó sus estudios. Y en 1925 obtuvo el grado de Doctor en Leyes. Cuentan que poco ejerció la abogacía, pero que una vez fue juez accidental y su erudición y buen tino le permitieron sentar precedente sobre un caso de divorcio.

El poeta se dedicó durante muchos años a dar clases de Historia y Geografía Universal y de Venezuela, latín y griego, en liceos de educación media. Además trabajó en el servicio interno del Ministerio de Relaciones Exteriores como intérprete y traductor. Y en 1929 fue nombrado Cónsul en Ginebra.

Trizas de papel, su primer libro, fue publicado en 1921. Allí están reunidos los textos que habían ido apareciendo en periódicos y revistas. Sobre las huellas de Humboldt apareció en 1923 y dos años después La torre de Timón.

Las formas del fuego y El cielo de esmalte sus dos últimos libros fueron publicados en 1929, año en el que partió a Europa a ocupar el cargo para el que había sido nombrado.

Discursos y semblanzas sobre héroes patrios, reflexiones sobre literatura, historia y arte, son algunos de los temas sobre los que Ramos Sucre reflexionó y dejó por escrito sus pensares. Su poética, nocturna y llena de sombras, abordan todo lo humano, el hombre con sus dudas, el amor y sus demonios, los sueños sin noches para soñarlos, todo cabe en la palabra de Ramos Sucre.

La obra de este escritor atormentado y lúcido fue publicada por Monte Ávila Editores (1969 y 1985); por la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela (1979) y la editorial española Siruela (1988). Por cierto que en 1980 la Biblioteca Ayacucho hizo una edición de su obra y está disponible para su descarga en la página web http://www.bibliotecayacucho.gob.ve. Y en el marco del Festival Mundial de Poesía 2015 esta importante editorial del Estado venezolano publicó Meditación Inquieta.

El que tal vez sea el más onírico de los escritores de estas tierras no pudo conciliar el sueño y así decidió partir, con los ojos abiertos, aunque nos dejó para saber de la hondura de su vuelo una obra marcada por la universalidad y la inteligencia.

“Yo soy ahora un mar callado al pie de una columna de basalto, orillas de un reino de escaldas, donde no alcanza el sol oblicuo”.





El Desesperado

Por José Antonio Ramos Sucre


“Yo regaba de lágrimas la almohada en el secreto de la noche. Distinguía los rumores perdidos en la oscuridad firme. Había caído, un mes antes, herido de muerte en un lance comprometido.

La mujer idolatrada rehusaba aliviar, con su presencia, los dolores inhumanos.

Decidí levantarme del lecho, para concluir de una vez la vida intolerable y me dirigí a la ventana de recios balaustres, alzada vertiginosamente sobre un terreno fragoso.

Esperaba mirar, en la crisis de la agonía, el destello de la mañana sobre la cúspide serena del monte.

Provoqué el rompimiento de las suturas al esforzar el paso vacilante y desfallecí cuando sobrevino el súbito raudal de sangre.

Volví en mi acuerdo por efecto de la diligencia de los criados.

He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Una aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto los cisnes del alba”.




El Rezagado

Por José Antonio Ramos Sucre


“La tempestad invade la noche. El viento imita los resoplidos de un cetáceo y bate las puertas y ventanas. El agua barre los canales del tejado.

He dejado mi lecho, y me he asomado, por mirar la calle, a la ventana de la sala en ruinas. Los meteoros alumbran un panorama blanco.

Estoy a solas en la oscuridad restablecida, velando el sueño de la tierra”. (…)


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