viernes, 9 de junio de 2017

Afilador

Hay días en que la nostalgia rasga la madrugada. En esas ocasiones los sonidos se vuelven compañeros de las horas que esperan el amanecer. Hay ruidos que se provocan como el del agua al hervir para colar el café, otros que se descubren aguzando los sentidos, como el vuelo de un pájaro extraviado en la noche, un frenazo a lo lejos o la voz recortada entre las paredes de alguien más que abrió los ojos antes de tiempo. Hay también algunos que asaltan durante el insomnio y que no hay cómo retener para que se queden después y nos sigan hablando durante la vigilia. Es la melancolía que a veces llega sonora.
Hace apenas unas horas me hizo compañía el recuerdo del afilador de tijeras cuando llamaba desde su bicicleta.
¿Qué se habrá hecho de quienes practicaban ese oficio, los amoladores que recorrían las calles haciendo saltar estrellas y notas? La nostalgia me trajo un retazo de infancia en la armónica que todavía pasea las calles de la memoria.

1 comentario:

Nestor Enrique Quiñonez Martinez dijo...

Hermosa manera de hacerlo juntar las letras .

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