La noche de las antorchas

Esa noche de mayo de 1933 caminaron por las calles. Llevaban antorchas encendidas y una lista de libros peligrosos. La mayoría de ellos eran jóvenes estudiantes. Doble propósito tuvo aquel fuego. Con él saludaron al terror y al odio, y se lanzaron ciegos a la destrucción del papel como si con aquel gesto pudieran exterminar la sensibilidad y la inteligencia.
Más de 15 millones de judíos, polacos, gitanos, homosexuales y comunistas fueron asesinados durante el reinado del nazismo en Europa.
También por aquellos años, en octubre de 1936, el fundador de la legión española, el general Millán Astray tuvo un encuentro con Miguel de Unamuno. El primero, viejo fascista español, irritado ante el verbo del poeta vasco, le espetó “Qué viva la muerte”, una rara paradoja que dejó al descubierto la irritación que el fascismo le ha tenido siempre a la inteligencia humana.
200 mil desaparecidos tiene España como una herida abierta.
84 años después, en mayo de 2017, muy lejos de la Europa de Hitler, Mussolini y Franco, resuenan aquellos ecos y encienden la noche las antiguas antorchas que creíamos apagadas.
“Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión”, dicen que dijo Unamuno en la Universidad de Salamanca.

El odio no puede convencer sino a aquellos pocos que pretenden convertir la vida en una hoguera y de esos, no somos nosotros. 

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