miércoles, 29 de enero de 2014

De la epístola al correo electrónico

Imagen de una escena de Amelie
(Le fabuleux destin d'Amélie Poulain)

** Desde las primeras palabras que viajaban encerradas en sobres con matasellos y remitente, hasta hoy que lo que nos separa del otro es un clic, las cartas han sido siempre una forma de comunicación y un recurso literario. **



Nadie sabe qué pasará en el futuro. Pero resulta tentador imaginar algunas de las posibilidades. En cuanto a las palabras el trecho andado hasta hoy resulta vertiginoso. No podríamos haber dicho más de tantos distintos modos.
Ahora todo parece navegar en los mares 2.0, incluso el amor, la religión o la política. Nadie se atreverá a negar, aunque podría habernos parecido improbable hace apenas veinte años, que puede resultar de los más seductor un brevísimo tuit de 140 caracteres o un mensaje sin acentos que vibra en el teléfono celular a media mañana. Ni qué decir de las prédicas cristianas o los anuncios de gobierno en la famosa red social, que mueven opinión pública con menos palabras que un telegrama.
Seguramente será de lo más interesante pensar en cómo evolucionará el género epistolar en estos tiempos de redes sociales y correos electrónicos, en los que ya casi nadie se dedica a la filatelia. Esta es la época de la brevedad y tal vez también el de la levedad y lo público. Todo está ahí para quien quiera verlo.

Correos electrónicos
En este mar de modernidades casi nadie usa el correo convencional. Las cartas parecen haber quedado en el pasado. No es para menos. Los correos electrónicos llegan mucho más rápido, el otro está apenas a un clic de distancia. Lo que tal vez se perdió para siempre es el tacto del papel, el olor de quien envía, esconder las cartas de las miradas furtivas y el ejercicio de anudarlas con cintas. Estrujar ese pedacito del otro contra el pecho, como si abrazando el sobre y su contenido, abrazáramos al remitente. De eso queda apenas la nostalgia.
Cuán distinto hubiera sido todo si la supuesta transcripción del primer Diario de a bordo de Colón, que hizo o escribió completo según la discusión de literatos y críticos, Bartolomé de las Casas, donde la visión de América todo lo llena y conmueve, hubiera estado relatada por tuits. O si la inmediatez de hoy le hubiera permitido llevar un blog. Las nuevas tecnologías de la comunicación han cambiado el presente y no sólo para la información, que ya es bastante, sino también para la literatura.

La epístola como género
"Lo mejor del género epistolar no fue concebido como literatura".

Se supone que fue a partir de Isócrates (el logógrafo) y Platón cuando la correspondencia comenzó a delinearse como género literario, debido a que sus autores tomaron esta forma para que fuera pública, ya bien porque era un encargo o porque servía para la exposición de ideas. Podríamos decir entonces que una carta empieza a ser literatura cuando el autor decide escribirla como tal, a sabiendas que el destinatario no será una persona concreta, sino el lector. Y el valor literario se lo dará claro está el contenido tratado de forma estética.
Otra consideración, que parece amena en el tema epistolar, es que desde la época de los griegos la carta era consideraba como sustituto de la presencia, dejando de manifiesto el nexo vital entre la correspondencia escrita y la comunicación oral. Se escribía esperando respuesta, precisamente ese es el carácter bidireccional de toda comunicación humana.
Sin embargo, y aunque es una opinión bastante subjetiva, lo mejor del género epistolar no fue concebido como literatura. Las mejores cartas que hemos leído probablemente nos llegaron decenios o centurias después de que sus autores dejaron de existir. Las cartas de amor entre Manuela y Simón que el Gobierno Bolivariano de Venezuela editó para el disfrute del Pueblo son ejemplo de ello. Distinto es el caso de las cartas políticas que el Libertador dirigía a generales de la Independencia o a representantes políticos de otros gobiernos. En todo caso, en ambas experiencias, es precisamente gracias a su correspondencia que podemos tener una visión más humana, profunda e integral de un genio como Bolívar. Sin sus cartas sabríamos mucho menos de un hombre que se animó a contravenir todas las reglas para entregarnos este sueño que hoy seguimos andando, la libertad.

Del amor y otras cartas
"Es como si después de haberlos creído invencibles por sus obras, podemos asomarnos a su cotidianidad".
 
Si de amor se trata Hemingway, Flaubert, Wilde, Balzac, Víctor Hugo, Joyce y Goethe fueron algunos escritores, entre tantísimos, que dejaron para la posteridad hermosas cartas de amor, que bajan al teatro de las humanas pasiones a estos grandes de la palabra.
La lectura que hoy podemos hacer de la correspondencia que mantuvieron escritores y personajes de nuestra historia les da una dimensión política e histórica a la que sería muy difícil de llegar de otro modo, porque en sus cartas abordaron también sus preocupaciones y reflexionaron sobre todo lo que era de interés en aquellos años. Casi todos los protagonistas de los procesos independentistas nuestroamericanos dejaron una copiosa correspondencia que revela su talla de seres humanos, en los que convergen la luz y las sombras. Mitre, Bello, Sarmiento, Martí y Mariátegui son algunos de los personajes que han dejado su palabra como testimonio del tiempo que les tocó vivir.
Entre otras joyas de la literatura y la historia se han publicado por ejemplo un libro de cartas de Julio Cortázar y la correspondencia de Ernesto Che Guevara siempre ha sido fuente insaciable de conocimiento y ejemplo. También hemos tenido noticias epistolares de escritores como Carpentier, Bolaño y Mistral, entre otros, allí se muestran profundamente humanos. Es como si después de haberlos creído invencibles por sus obras, podemos asomarnos a su cotidianidad.

De la carta al género
Cartas desde la tierra de Mark Twain es un libro narrado bajo la forma de correspondencia al que siempre es una delicia volver. Porque no hay duda de que la literatura epistolar guarda un sabor a intimidad entre dos, en el que uno, el lector, es el espectador sentado en primera fila. Cartas cruzadas del colombiano Darío Jaramillo Agudelo es una muestra apasionada, profunda y concluyente sobre el tema del narcotráfico en Medellín.
Ni hablar por ejemplo de la desgarradora historia de la chilena Isabel Allende escribiéndole su historia familiar a su hija Paula, que también es la historia de Chile. Cartas, cartas donde queda al descubierto el yo más hondo y más auténtico de sus autores.
El cartero de Neruda de Antonio Skármeta y La amigdalitis de Tarzán de Alfredo Bryce Echenique, son otras dos novelas que usan la correspondencia como recurso para construir una historia en la que los lectores son la tercera voz que constata la relación de sus protagonistas. Abundan los ejemplos, aquí sólo nombramos unos pocos...
Está por verse cómo sobrevivirán las cartas a las nuevas tecnologías y cómo las novelas se las verán para incorporar lo instantáneo de la comunicación virtual a las historias donde el contacto con el otro es la primera piel de toda narración. El tiempo que habrá de transcurrir dirá si los escritores se seguirán desnudando en cartas y diarios. Muchos ya son asiduos de la redes sociales y no sólo los más jóvenes. Otros, como lo hizo Saramago antes de irse, llevan bitácoras virtuales (blog) donde comparten ideas, textos breves, artículos y poemas. Con darse una vuelta por la web podrá comprobarlo. Los lectores ahora sabemos más de nuestros escritores, ellos están ahí interactuando con nosotros. A lo mejor asistimos a un tiempo inaugural, uno de fundación de un nuevo género literario, ya no epistolar propiamente dicho sino virtual, más próximo y prójimo, nos separa un parpadeo en la pantalla y un clic. 

"A lo mejor asistimos a un tiempo inaugural, uno de fundación de un nuevo género literario, ya no epistolar propiamente dicho sino virtual, más próximo y prójimo, nos separa un parpadeo en la pantalla y un clic".

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