lunes, 23 de junio de 2014

Fabricio Ojeda no renunció nunca a la esperanza


** En la clandestinidad asumió la presidencia de la Junta Patriótica que logró finalmente encontrar el camino a la paz y a la democracia, el 23 de enero de 1958.

A lo que no renunció nunca fue a la vida. Apostó por la esperanza y se quedó para siempre en la palabra que supo desde antes nombrarnos las heridas y con ellas alumbrar un camino que hoy tiene la dirección del futuro.
Fabricio Ojeda, el Comandante “Roberto”, (Boconó, estado Trujillo, el 6 de febrero de 1929 – Caracas, 21 de junio de 1966) se instaló en la juventud para alumbrar el tiempo que empezó a nacer de sus sueños y que hoy lleva su nombre, entre tantos otros amorosos quijotes que dieron su vida por las causas más justas y hermosas de la humanidad.
Cuentan que trabajó como maestro en Cabimas, y que luego anduvo libre y contestatario por las aulas de la escuela de periodismo de la Universidad Central de Venezuela, y que con su palabra que sabía encender la memoria trabajó en los diarios El Nacional, La Calle y El Heraldo.
Desde muy joven la política, esa que con mayúsculas anda tratando de hacer más libres a los pueblos, lo llamó a su lado. Eran los tiempos del silencio, de la fuerza sin la razón, por eso en agosto de 1952 fue detenido en Maturín, estado Monagas, por agentes de la Seguridad Nacional.
A partir de 1957 se dedicó a organizar un movimiento civil que fuera capaz de luchar por el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En la clandestinidad asumió la presidencia de la Junta Patriótica que logró finalmente encontrar el camino a la paz y a la democracia, el 23 de enero de 1958.
Fabricio Ojeda fue electo diputado al Congreso Nacional por su partido, Unión Republicana Democrática (URD). Pronto decidió dejar su curul para acompañar ell movimiento guerrillero que tomó las armas contra el régimen de Rómulo Betancourt de Acción Democrática.

Renuncia
Con la voz clara y rotunda de las verdades irrevocables, Fabricio Ojeda consignó ante la historia uno de los documentos políticos más importantes de una generación, una que se negó a traicionar al Pueblo. Cuando decidió dejar el Congreso para tomar el cielo por asalto, el líder revolucionario escribió una carta de renuncia que hoy sigue siendo una prueba fehaciente de sus sueños, de su convicción libertaria y una denuncia contra el Puntofijismo.
Ya convertido en el Comandante Roberto del Frente de Liberación Nacional, bajó de las montañas, para tratar de evitar lo que parecía una división de las fuerzas revolucionarias. En Caracas fue capturado por el Ejército el 12 de octubre de 1962, y condenado por el Consejo de Guerra Occidental a 18 años y 8 meses de prisión. De la cárcel de Trujillo donde se encontraba recluido logró evadirse, junto a un grupo de compañeros guerrilleros y militares, el 15 de septiembre de 1963.
Apenas tres años después, el 20 de junio de 1966, fue nuevamente capturado en La Guaira por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). El 21 de junio apareció en su celda muerto en extrañas circunstancias.
Él que se animó a cambiar un curul por las montañas, que transformó la fe en acción revolucionaria, sigue tan indeteniblemente joven, tan amante de la palabra que sabe decir las verdades, que siempre será ejemplo para los amorosos y los libres que aspiran a un mundo mejor.


“Si muero, no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad, lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo”.
       Fabricio Ojeda


Carta de renuncia de Fabricio Ojeda 
al Congreso de la República (fragmento)
“Estoy consciente de lo que esta decisión implica, de los riesgos, peligros y sacrificios que ella conlleva; pero no otro puede ser el camino de un revolucionario verdadero. Venezuela – lo sabemos y los sentimos todos -, necesita un cambio a fondo para recobrar su perfil de nación soberana, recuperar los medios de riqueza hoy en manos del capital extranjero y convertirlos en instrumento de progreso colectivo. Necesitamos un cambio a fondo para liberar al trabajador de la miseria, la ignorancia y la explotación; para poner la enseñanza, la técnica y la ciencia al alcance del pueblo: para que el obrero tenga trabajo permanente y sus hijos amparo y protección. Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías. Pero nada de esto podrá lograrse en un país subdesarrollado y dependiente, como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya con la conquista del Poder Político por parte del pueblo”.
(La carta completa puede leerla en la página del PSUV del Gobernador Aristóbulo Istúriz)

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