viernes, 25 de abril de 2014

Ana Enriqueta Terán: volver a la poesía

Su obra es vital para pensar y repensar la literatura venezolana, ha sido traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de diversas universidades. En 2007, la cuarta edición del Festival Mundial de Poesía le rindió homenaje.


Ana Enriqueta Terán Madrid (Valera, estado Trujillo, 04 de mayo de 1918) es una poeta que sabe de los silencios y de los gritos, de las montañas y del sol, del cielo claro y la lluvia espesa. En su palabra cabe todo el rumor del agua y el viento despeinando las copas de los árboles, porque su poesía sabe también del roce y de la herida, del descubrimiento y la canción, del miedo y sus contrarios.
Es miembro de una familia de reconocidos intelectuales. Tal vez precisamente de su estirpe de luchadores heredó el amor por la lectura y por los sueños libres. Imposible no imaginársela vistiendo de gala para adentrarse en su primera juventud a los clásicos del Siglo de Oro Español. Y más tarde, conmoverse con los versos de Baudelaire y Rimbaud, y los poetas del romanticismo alemán.
Años más tarde, cumplió funciones diplomáticas. Entre 1946 y 1952 estuvo en el sur de Nuestra América, repartida entre Uruguay y Argentina. Justamente, en 1952 renunció a su cargo en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires en rechazo a la autoproclamación del dictador Marcos Pérez Jiménez como Presidente de la República. Y así, abandonó la cancillería para dedicarse completamente a las letras. Por esos años sus palabras y sus andares estuvieron en Norteamérica y París, para finalmente en 1954 instalarse nuevamente en la casa materna.

De versos como trincheras
Hermosa como pocas, Ana Enriqueta siempre ha estado comprometida con un cambio en las relaciones de poder. Quijota de ojos grandes nunca ha olvidado sus ideales progresistas y de tierna militancia con la izquierda latinoamericana.
Seguramente por conveniencia algunos críticos literarios han optado por marginar a la Ana Enriqueta revolucionaria y sólo reconocen a la gran escritora, pero su obra literaria tiene la fuerza y los matices de quién sabe bien en qué lado de la orilla del mundo se encuentra.
Precisamente en un artículo publicado en Correo del Orinoco, en 2013, la lúcida poeta trujillana contando sobre su infancia y la geografía que la rodeaba, dijo que con el río Santo Domingo comenzó su complicidad “con los ríos llaneros, esta vez, para siempre de la mano de Hugo Chávez, el héroe-poeta que cuando nombra al Arauca, al Apure, se siente lo que es un río de tierra plana: la superficie, espejo inmutable de aves, de árboles ribereños asomados al cauce. Por dentro, el gran empuje sin vuelta atrás, que ya no es cuerpo de agua sino esencia pura de amor patrio, de vigilancia por lo que debe cumplirse a cabalidad: Socialismo del Siglo XXI; Revolución bolivariana; unión del Sur (UNASUR). Así debe llamarse el continente suramericano. UNASUR. Yo quiero ser unasureña”.
La autora de libros como Al norte de la sangre (Caracas, 1946), Verdor secreto (Montevideo, 1949), Testimonio (Valencia, en 1954), De bosque a bosque (Caracas, 1970), El libro de los oficios (Caracas, 1975), Libro en cifra nueva para alabanza y Confesión de islas (textos escritos entre 1967 y 1975), Música con pie de salmo (de 1985, con textos escritos entre 1952 y 1964), Casa de hablas (Caracas, en 1991) y Décimas andinas (1998), entre otros, recibió en 1989 el Premio Nacional de Literatura y fue distinguida con un doctorado Honoris Causa por la Universidad de Carabobo.
Su obra es vital para pensar y repensar la literatura venezolana, ha sido traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de universidades como Princeton y Oxford. En 2007, la cuarta edición del Festival Mundial de Poesía le rindió homenaje.
Si aprovecha estos días para visitar la Feria Internacional del Libro de Venezuela o pasa por alguna de las Librerías del Sur en cualquiera de los estados del país, pregunte por la antología poética de Ana Enriqueta Terán, publicada por Monte Ávila Editores, en la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, en 2004. Allí están las voces de esta mujer imprescindible para nuestros decires de pueblo. Sus versos, son sus versos sí, pero son también los nuestros, porque la poesía nace de las entrañas de las gentes y sus tierras. Ana Enriqueta tiene en su palabra la dimensión exacta de esta geografía. Ella sabe de los miedos ancestrales, de las esperanzas todas, de los paisajes posibles, donde a veces también lloramos a los nuestros desandando la muerte.
Ana Enriqueta tiene en cada verso una canción. Su poesía es de las que cantan, de las que suenan y resuenan. A ella hay que volver cada vez que se nos pierda la tonada. Volver una y otra vez que se nos extravíe el tacto. Volver para reconocernos. Volver siempre a su palabra, al verso que llueve araguaneyes en flor una tarde de mayo. Volver para no irse más.



Yo apoyo a Nicolás Maduro
Por Ana Enriqueta Terán
“Amo el Sur. Traspaso nostalgias, saudades del Orinoco al Amazonas, del Río de la Plata al Paraná que recuerda este último el despliegue de la Victoria regia, nenúfares con hojas de casi dos metros de diámetro y supe de ella por la descripción que me hiciera Antonio de Undurraga, el gran poeta chileno.
Amo el Sur. Apoyo a Nicolás Maduro no sólo por su condición de Presidente de todos los venezolanos (ASÍ ES QUE SE GOBIERNA) sino por haber sido señalado, ya sabemos por quién y “tan pleno como la luna llena” para conducir una Venezuela que bracea fuerte contra una minoría signada por lo banal en todos los ámbitos que dignifican el ser humano.
Apoyo a Nicolás Maduro porque levanta el Pabellón Nacional tal como lo recibiera Hugo Chávez de nuestro Simón y lo ha puesto a ondear fino en MERCOSUR.
Desde esta casa: “Casa de Hablas”, tal vez sin mucha fuerza pero “coronada de buenos deseos” se apoya la gestión de Nicolás Maduro: prodigiosa mezcla de bondad y “mano dura”.
La Revolución Bolivariana es nuestra salvación. Amén”.

Fragmento de un artículo publicado en Correo del Orinoco, del 14 octubre 2013 (http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/yo-apoyo-a-nicolas-maduro-opinion/)

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