El poeta Ho Chi Minh
** La
del líder vietnamita fue una poesía militante, que supo apreciar la
ternura y dejó de manifiesto la hechura humana de un hombre que supo volar
para hacer libre a su pueblo.
A
veces los nombres vienen de tanto vivir, como si con el que se hubiera nacido
no alcanzara para contenernos. Tal vez eso fue lo que le pasó a Nguyen Tat
Thanh, aunque en sus biografías digan que sus nombres fueron apodos y que surgieron
de la clandestinidad. También lo que suele suceder es que los poetas tienen la
cualidad de cambiar con los versos, de hacerse viento y agua, escombro, eco y
claro, caricia y consuelo.
En
1911, el joven que había nacido en Vietnam, el 19 de mayo de 1890, se embarcó
como ayudante de cocina en un buque francés. Durante los dos años que duró la travesía
usó el nombre de Ba. Y en 1914 partió a Nueva York.
Poco
después se instaló en Londres. Allí ejerció de barredor de nieve, lava platos y
ayudante de uno de los grandes cocineros del siglo: Escoffier. Pero de la
cocina se escapaba a los libros y a la militancia en una organización
clandestina asiática.
Se
instaló nuevamente en París en 1917. Y otra vez cambió de piel. Una tras otra, como
una mariposa que lentamente va abriendo las alas, cada vez más tensas, más
coloridas, más experimentadas en el vuelo que nace de la necesidad honda de la
libertad absoluta.
Nguyen
Ai Quôc, algo así como Nguyen el Patriota, fue el nombre que mejor se adaptada
al hombre que iba haciéndose y con el que se conoció hasta 1942, mientras se
ganaba la vida retocando fotos. Leía incansable durante aquellos años y empezó
a escribir sus primeros artículos que publicó con el nieto de Marx en algunos
periódicos de la época.
Después
de 1920, Nguyen militó en el Partido Comunista Francés. De ese tiempo es Proceso
de la colonización francesa, uno de sus libros más conocidos, que compila buena
parte de sus artículos.
Alrededor
de 1922 llegó a Moscú donde conoció a Trotski, Radek, Zinoviev, Stalin y Dimitrov,
entre otros. Y en 1925 se instaló en China, aunque fue obligado a salir cuando se
impusieron medidas contra las actividades comunistas. Regresó en 1930 para
fundar el Partido Comunista de Indochina. Se quedó en Hong Kong como
representante de la Internacional Comunista. En 1931 fue arrestado y
encarcelado por la policía británica hasta su liberación en 1933. Al poco
tiempo regresó a la Unión Soviética.
Regresó
a China en 1938 para servir como asesor en las fuerzas armadas. Pero cuando
Japón ocupó Vietnam en 1941, ayudó a fundar un nuevo movimiento de
independencia conocido popularmente como el Vietminh.
En
1942, Ho Chi Minh fue apresado por las autoridades chinas, mientras cruzaba la
frontera. Durante 14 meses lo trasladaron a distintas prisiones, sometiéndolo
a toda suerte de maltratos.
En
agosto de 1945, al final de la segunda guerra, cuando Japón se rindió, el
Vietminh tomó el poder y proclamó la República Democrática de Vietnam en Hanoi.
Ya
él era todo luz y canto. Y sus alas inmensas se desplegaron como velas para
surcar infinitas los mares. Ho Chi Minh (el que trae la luz) fue desde entonces
y hasta siempre. Se convirtió en Presidente.
El
gobierno francés no estuvo dispuesto a conceder la independencia a sus súbditos
coloniales, y a finales de 1946 estalló la guerra. Durante ocho años las
guerrillas del Vietminh combatieron a las tropas francesas en las montañas y los
arrozales. Y como suele suceder cuando la razón acompaña una lucha popular, finalmente
el ejército francés fue derrotado en 1954.
La
historia es larga. A pesar del triunfo de Ho, de la inspiración con la que
animó a su pueblo a alcanzar la libertad, Vietnam fue divido en dos y solo el
Norte fue asignado al Vietminh.
En
la década de 1960 estalló la guerra de Vietnam. Estados Unidos apoyó, dotó de
armamento militar e intervino directamente en el conflicto, como siempre
tratando de dominar a un pueblo que crecía luminoso.
En
la segunda mitad del 60 la salud de Ho fue deteriorándose, aunque su figura, su
temple de hombre sencillo y comprometido siguió siendo siempre una inspiración
para su pueblo. El 3 de septiembre de 1969 Ho Chi Minh falleció en Hanoi.
Su voz
sigue acompañando los sueños de la humanidad, porque si de volar se trata, el
tío Ho tiene mucho de maestro y sus alas son una breve caricia que alumbra el
viento que hay que seguir.
El poeta Ho
Tal
vez se sepa menos de Ho Chi Minh como poeta. Pero, ¿es que acaso es posible
trascender sino es por la amorosa entrega que tiene tanto de verso y de sueño?
Entre
septiembre 1942 y octubre de 1943 Ho, con poco más de cincuenta años de edad,
estuvo en distintas prisiones, de allí su Diario de prisión. Cuentan que en un
rincón en penumbras dejaba testimonio en el idioma de sus carceleros (la lengua
clásica de los letrados chinos, y según la poética de la dinastía Tang). En un cuaderno
de tapas verdes Ho escribía lo que en el transcurrir del día llenaba sus ojos,
fuera la tristeza, la melancolía o la esperanza, de un paisaje o un gesto.
Son
unos brevísimos poemas que hacen pensar en un instante detenido, en una imagen
quieta que sin embargo tiene dentro de sí el movimiento constante de las alas
de un colibrí. Justamente en su palabra está la estatura de un hombre que fue
libre en lo más libre de los seres humanos.
En
su último poema en prisión Ho dice: “Hoy debemos fundir los versos en acero / Y
ser cada poeta un bravo combatiente”.
Noche de otoño
Por Ho Chi Minh
“Ante
la puerta, un guardia
con
el rifle al hombro.
En
el cielo, la luna huye
a
través de las nubes.
Insectos
escaladores de camas
como
tanques negros en la noche.
Escuadrones
de mosquitos,
como
olas de aviones enemigos.
Pienso
en mi patria.
Sueño
que vuelo muy lejos.
Sueño
maravillas atrapado
en
telarañas de dolor.
Un
año ha terminado aquí.
¿Qué
crimen cometí?
Con
mis lágrimas escribo
otro poema en la
prisión".
Comentarios